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Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María

corazon de maria

En respuesta al deseo del Santo Padre Francisco, la Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que es venerada en la Capilla de las Apariciones, estará en Roma el 12 y el 13 de octubre, en la Jornada Mariana promovida por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. En el día 13 de octubre, junto a la Imagen de Nuestra Señora, el Papa Francisco realizará la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María.

La Jornada Mariana es uno de los grandes eventos previstos en el calendario de celebraciones del Año de la Fe y congregará en Roma a centenares de movimientos e instituciones vinculadas a la devoción mariana.

En una carta dirigida al Obispo de Leiría-Fátima, Antonio Marto, el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, comunica que “todas las realidades eclesiales de espiritualidad mariana” están invitadas a participar en la Jornada Mariana: un encuentro que tiene previsto, en el día 12, una peregrinación a la tumba del Apóstol San Pedro y otros momentos de oración y meditación; y, en el día 13, la celebración eucarística presidida por el Papa Francisco, en la Plaza San Pedro.

“Es un vivo deseo del Santo padre que la Jornada Mariana pueda tener como especial signo uno de los íconos marianos que están entre los más significativos para los cristianos de todo el mundo y, por ese motivo, hemos pensado en la amada estatua original de Nuestra Señora de Fátima”, escribió Mons. Fisichella.

De este modo, la Imagen de Nuestra Señora dejará el Santuario de Fátima en Portugal en la mañana del día 12 de octubre y regresará en la del día 13. En su lugar, en la Capilla de las Apariciones, será colocada la primera Imagen de la Virgen Peregrina de Fátima, entronizada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario desde el 8 de diciembre de 2003.

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización dio a conocer el programa oficial de la Jornada Mariana que se celebrará en Roma los días 12 y 13 de octubre, evento en el que el Papa Francisco consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María ante la imagen de la Virgen de Fátima que será llevada desde su santuario en Portugal.

Este es el programa del evento en el que se espera participen centenares de grupos marianos de todas partes del mundo.

papa saluda

Sábado 12 de octubre

8.00 a.m. – 12.00 m. Peregrinación a la Tumba del Apóstol Pedro

9.00 a.m. – 12.00 m. Adoración eucarística y celebración del sacramento de la reconciliación en algunas iglesias cercanas a la Basílica de San Pedro

5.00 p.m. Plaza San Pedro. Acogida de la estatua original de la Virgen de Fátima por parte del Papa Francisco. Catequesis mariana

Desde las 7.00 p.m. Estadía de la estatua de la Virgen de Fátima en el Santuario romano del Divino Amor e inicio del momento de oración “Con María, más allá de la noche”*, el cual está organizado en dos momentos especiales:

a) Recitación del Santo Rosario en unión con algunos santuarios marianos del mundo (ore 7:00 p.m.)

b) Vigilia de oración (Desde las 10.00 p.m.)

Domingo 13 de octubre

8.00 a.m. Llegada a la Plaza San Pedro

10.00 a.m. Rezo del Santo Rosario

10.30 a.m. Santa Misa presidida por el Papa Francisco

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EL HOMBRE DIGITAL Y LA ORACION

El hombre «digital», al igual que el de las cavernas, busca en la experiencia religiosa los caminos para superar su finitud y para asegurar su precaria aventura terrena. Por lo demás, la vida sin un horizonte trascendente no tendría un sentido pleno, y la felicidad, a la que tendemos todos, se proyecta espontáneamente hacia el futuro, hacia un mañana que está todavía por realizarse. El concilio Vaticano II, en la declaración Nostra aetate, lo subrayó sintéticamente. Dice: «Los hombres esperan de las diferentes religiones una respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones. ¿Qué es el hombre? [—¿Quién soy yo?—] ¿Cuál es el sentido y el fin de nuestra vida? ¿Qué es el bien y qué el pecado? ¿Cuál es el origen y el fin del dolor? ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y la retribución después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, ese misterio último e inefable que abarca nuestra existencia, del que procedemos y hacia el que nos dirigimos?» (n. 1). El hombre sabe que no puede responder por sí mismo a su propia necesidad fundamental de entender. Aunque se haya creído y todavía se crea autosuficiente, sabe por experiencia que no se basta a sí mismo. Necesita abrirse a otro, a algo o a alguien, que pueda darle lo que le falta; debe salir de sí mismo hacia Aquel que pueda colmar la amplitud y la profundidad de su deseo.

El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de algún modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle. Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes teólogos de la historia, define la oración como «expresión del deseo que el hombre tiene de Dios». Esta atracción hacia Dios, que Dios mismo ha puesto en el hombre, es el alma de la oración, que se reviste de muchas formas y modalidades según la historia, el tiempo, el momento, la gracia e incluso el pecado de cada orante. De hecho, la historia del hombre ha conocido diversas formas de oración, porque él ha desarrollado diversas modalidades de apertura hacia el Otro y hacia el más allá, tanto que podemos reconocer la oración como una experiencia presente en toda religión y cultura…

 

… La oración no está vinculada a un contexto particular, sino que se encuentra inscrita en el corazón de toda persona y de toda civilización. Naturalmente, cuando hablamos de la oración como experiencia del hombre en cuanto tal, delhomo orans, es necesario tener presente que es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, un modo de estar frente a Dios, antes que de realizar actos de culto o pronunciar palabras. La oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona; por eso no es fácilmente descifrable y, por el mismo motivo, se puede prestar a malentendidos y mistificaciones. También en este sentido podemos entender la expresión: rezar es difícil. De hecho, la oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable. Por eso, para todos la experiencia de la oración es un desafío, una «gracia» que invocar, un don de Aquel al que nos dirigimos.

 

En la oración, en todas las épocas de la historia, el hombre se considera a sí mismo y su situación frente a Dios, a partir de Dios y en orden a Dios, y experimenta que es criatura necesitada de ayuda, incapaz de conseguir por sí misma la realización plena de su propia existencia y de su propia esperanza. El filósofo Ludwig Wittgenstein recordaba que «orar significa sentir que el sentido del mundo está fuera del mundo». En la dinámica de esta relación con quien da sentido a la existencia, con Dios, la oración tiene una de sus típicas expresiones en el gesto de ponerse de rodillas. Es un gesto que entraña una radical ambivalencia: de hecho, puedo ser obligado a ponerme de rodillas —condición de indigencia y de esclavitud—, pero también puedo arrodillarme espontáneamente, confesando mi límite y, por tanto, mi necesidad de Otro. A él le confieso que soy débil, necesitado, «pecador». En la experiencia de la oración la criatura humana expresa toda la conciencia de sí misma, todo lo que logra captar de su existencia y, a la vez, se dirige toda ella al Ser frente al cual está; orienta su alma a aquel Misterio del que espera la realización de sus deseos más profundos y la ayuda para superar la indigencia de su propia vida. En este mirar a Otro, en este dirigirse «más allá» está la esencia de la oración, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente.

Hombre-rezando

Sin embargo, la búsqueda del hombre sólo encuentra su plena realización en el Dios que se revela. La oración, que es apertura y elevación del corazón a Dios, se convierte así en una relación personal con él. Y aunque el hombre se olvide de su Creador, el Dios vivo y verdadero no deja de tomar la iniciativa llamando al hombre al misterioso encuentro de la oración. Como afirma elCatecismo: «Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración; la iniciativa del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de alianza. A través de palabras y de acciones, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación» (n. 2567).

 

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos a permanecer más tiempo delante de Dios, del Dios que se reveló en Jesucristo; aprendamos a reconocer en el silencio, en lo más íntimo de nosotros mismos, su voz que nos llama y nos reconduce a la profundidad de nuestra existencia, a la fuente de la vida, al manantial de la salvación, para llevarnos más allá del límite de nuestra vida y abrirnos a la medida de Dios, a la relación con él, que es Amor Infinito.

Benedicto XVI (2011)

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¿Por qué el nuevo Papa se llama Francisco I?

16 de marzo, 2013. (Romereports.com) “¡Cómo querría una Iglesia pobre y para los pobres!”. El Papa Francisco no dejó lugar a dudas sobre cuáles serán las prioridades del pontificado del primer Papa latinoamericano de la Iglesia Católica.
En su discurso ante más de 5.000 periodistas en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco explicó también cómo la necesidad de centrarse en los más necesitados influyó en la elección de su nombre.
PAPA FRANCISCO
“Durante las votaciones, yo tenía a mi lado al arzobispo emérito de Sao Paulo y prefecto emérito de la Congregación para el Clero, el cardenal Claudio Hummes, un gran amigo. Cuando la cosa se puso un poco peligrosa, él me consolaba. Y cuando los votos han llegado a los dos tercios, se produce el aplauso previsto porque ha sido elegido el Papa y él me abrazó, me besó y me dijo:“No te olvides de los pobres”, y esa palabra me ha entrado aquí: ¡Los pobre, los pobres! Y justo después he pensado en Francisco de Asís”.
Aunque tenía el discurso escrito, con frecuencia improvisó e hizo varias bromas. Por ejemplo contó como un cardenal le había sugerido que tomara el nombre de Clemente XV para ‘vengar’ al Papa Clemente XIV que suprimió la orden de los jesuitas. Los miles de periodistas rompieron a reír entre aplausos.
 San Francisco de Asís
Aprovechó su intervención, relativamente breve,  para destacar el papel de los medios de comunicación. Explico que comparten la misión de la Iglesia de difundir la verdad, la belleza y la bondad.
Tras el discurso, saludó a los miembros del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, y a algunos periodistas. El director de la página web del Vaticano le dio un iPad, para que pueda seguir la estela de Benedicto XVI usando las nuevas tecnologías para llegar a más gente.
Al terminar la audiencia, pronunció sus primeras palabras en español, dando una bendición para los creyentes y no creyentes.
PAPA FRANCISCO 
“Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes. De corazón doy esta bendición en silencio a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios. ¡Qué Dios os bendiga!”

 

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Soy marcado desde siempre con la señal del Redentor
Que sobre el monte el Corcovado abraza el mundo con Su Amor
Cristo nos invita: “¡Vengan amigos míos!”
Cristo nos envía: “¡Sean Misioneros!”
Juventud Primavera: Esperanza del Amanecer
¡Quién escucha este llamado acoge el don de creer!
¡Nos gustaría que nuestra tierra nuestro mundo sea así!
No a la guerra fuera el odio sólo el bien y la paz no tendrá fin
Cristo nos invita: “¡Vengan mis amigos!”
Cristo nos envía: “¡Sean Misioneros!”
De occidente a oriente nuestra casa no tiene puerta
¡Nuestra tierra no tiene cerca ni límites de nuestro amor!
Esparcidos por el mundo conservamos el mismo ardor
¡Es tu gracia que nos sustenta nos mantiene fieles a Ti Señor!
Cristo nos invita: “¡Vengan mis amigos!”
Cristo nos envía: “¡Sean Misioneros!”
Atendiendo a tu llamado: “Vayan y hagan entre las naciones
Un pueblo nuevo en unidad para nuestros mismos corazones!”
Anunciar Tu Evangelio a todo la gente es transformar
Un viejo hombre en nuevo hombre en mundo nuevo que va a llegar.
Cristo nos invita: “Vengan mis amigos!” Cristo nos envía: “¡Sean Misioneros!”

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EL BAUTISMO IMPRIME EN LOS LAICOS SANTIDAD

El Obispo de Gualeguaychú (Argentina), Mons. Jorge Eduardo Lozano, recordó que el sacramento del Bautismo imprime en todos los laicos la vocación a la santidad, pues no se trata de un llamado sólo para sacerdotes y religiosos.

“Consagrados a Dios por medio del Bautismo, los laicos son los hombres y mujeres que viven en el mundo, y por su trabajo, estudio, la vida familiar y social son germen de santidad y pueden construir la sociedad según la voluntad de Dios”, precisó el Prelado en su columna semanal en el diario Crónica.

En ese sentido, destacó que los cristianos están llamados a construir la sociedad según el designio de Dios, “cada uno en su trabajo, pero también sanando las relaciones sociales”.

Luego, tras citar el documento “Navega Mar Adentro” de la Conferencia Episcopal Argentina, resaltó la importancia de la promoción de la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta la muerte natural.

Asimismo, afirmando que son los laicos a quienes les corresponde velar por la vida política, resaltó que mediante ella es posible “ordenar la sociedad para alcanzar el bien común y promover la justicia social”.

Finalmente, Mons. Lozano agradeció a los laicos con vocación de construir una sociedad más justa e invitó a reflexionar sobre la misión de cada uno. “Todos tenemos vocación, porque Dios nos llama, nadie queda afuera de su corazón, es bueno preguntarnos ¿qué lugar pensó Dios para mí en este mundo y cuál es mi misión?”, concluyó.

Aci/EWTN

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EL BARRENDERO DE DIOS

Tras limpiar la pederastia y el dinero negro, quiere recentrar la Iglesia

Le llaman el “barrendero de Dios”. Benedicto XVI hace honor a su alias: lleva 7 años en el solio pontificio con la escoba de la purificación eclesial en la mano. Para barrer a las manzanas podridas del clero pederasta y a los garbanzos negros incrustados en el propio banco del Vaticano. Tolerancia cero para los pederastas y transparencia para los dineros del IOR. Ésa es la principal aportación estructural del Papa Ratzinger, acompañada de una vuelta a lo esencial de la fe, ofrecida al mundo, cansado y triste, como una esperanza segura y una oferta de sentido global.

El Papa alemán no engañó a nadie con su programa. Los cardenales lo eligieron, tras afirmar en la misa solemne previa al cónclave que los dos grandes peligros de la Iglesia eran el relativismo y la “suciedad” de la propia institución, que conocía mejor que nadie. Por sus manos de guardián de la ortodoxia pasaron durante décadas los casos más sangrantes y dolorosos del peor pecado que pueden cometer los eclesiásticos: el escándalo de los inocentes. Para ellos, el propio Cristo dice que “más les valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse al fondo del mar” (Mt. 18,6).

El ‘policía’ del Papa convertido en dueño de las llaves de Pedro se encontró con una barca en peor estado de lo que él mismo creía. La pederastia era un misil en plena línea de flotación de la credibilidad de la institución, que vive precisamente de eso: de generar confianza en la gente, que le entrega a sus hijos desde la más tierna infancia. Una confianza hecha añicos por curas sin escrúpulos, personificados en el icono de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, uno de los nuevos grupos mimados por Roma, porque le aportaban vocaciones y dinero fácil. Benedicto condenó a Maciel y puso a la congregación bajo supervisor vaticana, camino de la refundación. Y comenzó una limpieza nada fácil.

Pero al Papa no le tembló el pulso. Y eso que le pusieron todo tipo de trabas y zancadillas. El sistema de encubrimiento y de complicidad con los abusadores estaba incrustado en el alma de la institución. Benedicto tuvo que echar a obispos y mandar inspectores a varias iglesia nacionales. Y vencer las resistencias de su propia Curia a los más altos niveles. El cardenal Castrillón, por ejemplo, llegó a decir que un padre-obispo no puede entregar a un hijo-sacerdote a la Justicia civil, como tampoco lo haría un padre con su hijo.

Pero más rechinar de dientes hubo todavía en la Curia cuando el Papa Ratzinger decidió poner orden en las finanzas de su propia casa y acabar con la opacidad del IOR, su banco. Se comenzaron a filtrar informes y cartas. Las intrigas palaciegas si dirimieron en las portadas de los periódicos y hasta pusieron en la diana al brazo derecho de Su santidad, el Secretario de Estado, cardenal Bertone. Pero el Papa de los pasitos cortos y firmes sigue adelante. Quiere que el Vaticano sea incluido en la llamada “Lista Blanca” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el listado de países que están en primera fila contra el lavado de dinero.
El Papa de lo esencial

Limpieza, transparencia y búsqueda de lo esencial, sin perderse en florituras. Elegido Papa con 78 años, Ratzinger sabía que, por ley de vida, no tendría demasiado tiempo por delante. No tan poco como sus propios electores pensaban y, por eso, le llamaban Papa de transición. Ni tanto como necesitaría para dejar de ser un mero apéndice del pontificado extraordinario del Papa Magno, Juan Pablo II.

Pero va a comenzar su octavo año de pontificado. Benedicto está teniendo el tiempo suficiente, para marcar a la Iglesia con su propia impronta. Sin querer emular ni compararse con su “amado predecesor”. Sin buscar la gloria ni pasar a la Historia con algún gesto único, como un viaje a Moscú o a Pekín.

El Papa más culto e intelectual de la reciente historia de la Iglesia sólo se afana por cumplir con su deber: guiar la barca de la Iglesia con humildad y, con esa misma humildad, ofrecer al mundo la verdad de Dios. En el fondo y casi sin que se note, el Papa Ratzinger quiere conseguir la tan solicitada reforma de la Iglesia. Pero, a su manera. Está convencido de que es más urgente detener la sangrante crisis de fe del pueblo que poner en marcha las reformas estructurales de la institución. De ahí que, para él, la reforma pase por potenciar las iglesias locales y reevangelizar la vieja Europa.

Para lo primero, elige con sumo cuidado a los obispos de todas y cada una de las diócesis del mundo. Sin delegar esa ingente tarea en nadie. Quiere obispos seguros doctrinalmente, pero también serios, disciplinados, espirituales y sin afán de hacer carrera. En algunas ocasiones lo consigue. En otras, no tanto. Se le están colando, de hecho, bastantes prelados “talibanes”, a los que ni sus propios curas quieren, como ha pasado en España con el nombramiento de monseñor Munilla para San Sebastián. Un nombramiento en el que el Papa cedió por las presiones del cardenal Rouco.
La belleza del mensaje cristiano

Para reconquistar Europa, el programa papal consiste en predicar por activa y por pasiva que la fe no está reñida con la razón, que es razonable y coherente ser y proclamarse católico en el mundo de hoy. Más aún, que el mensaje de Jesús proporciona alegría profunda y belleza sin igual. Y, por lo tanto, puede seguir dando sentido a la vida de los hombres del siglo XXI y a la historia del viejo continente.

Una refundación del catolicismo. El evangelio según Ratzinger. Un evangelio conservador (nadie reniega de su memoria ni de su pasado), pero moderado, que intenta recentrar de nuevo el péndulo eclesiástico. Con la reforma de la reforma litúrgica (misas sin guitarras y vuelta al latín y al gregoriano), con la apertura a los lefebvrianos (que están a punto de volver al ‘redil’), pero confiando de nuevo en las clásicas órdenes y congregaciones religiosas, como jesuitas, dominicos, salesianos, franciscanos o redentoristas.

Sin embargo, las inercias son muchas y los engranajes siguen chirriando. Hay mucho miedo en algunas iglesia locales, como la española. Y teólogos denunciados, advertidos y perseguidos, como el gallego Andrés Torres Queiruga, uno de nuestros mejores y más prestigiosos intelectuales. Los sectores más talibanizados se han enquistado en el poder eclesiástico y lo ejercen. Aunque, para ello, tengan que ser (y lo sean) más papistas que el Papa.

En cualquier caso, el reino de la moderación ha comenzado. El Papa quiere una Iglesia alegre, bella, samaritana y espiritual. ¿Le quedará tiempo suficiente para conseguirlo? ¿Tendrá las fuerzas suficientes para realizar esta gigantesca tarea? Si no las tuviera, renunciaría a su cargo, como él mismo ya dijo en varias ocasiones. Pero, por ahora, como le confesó a Fidel Castro: “Soy anciano, pero todavía puedo cumplir con mi deber”.

José Manuel Vidal Madrid

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¿COMPRENDEMOS A DIOS?

Comprender a Dios, no es nada fácil. Saber exactamente lo que Dios quiere de nosotros, asimilar sus deseos para interpretar correctamente en cada momento cual es su voluntad, no es tarea fácil. Y no es esto tarea fácil, esencialmente porque no somos dóciles a las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo en nosotros, nos creemos muy listos y queremos gobernar nuestra vida de espaldas a lo que Dios desea para nosotros, que siempre aunque no lo veamos ni lo comprendamos es lo mejor, lo que más nos conviene y no me refiero a lo que más nos convendrá en el más allá, sino también a lo que más nos conviene en el más acá. Nuestra corta inteligencia, queremos sobreponerla a la ilimitada de Nuestro Señor, y nuestra soberbia no nos permite entregar el timón del gobierno de nuestra vida al Señor y así nos va.

Para mejor comprender a Dios es necesario estar muy cerca de Él, el alma que más cerca está de Él, que tiene un mayor grado de entrega a Él, es siempre la más feliz de las personas. Es de cajón, cuanto es mayor y más fuerte la presencia de Dios en la intimidad del ser de una persona, mayor es el grado de comprensión que de Dios tiene esa persona. Por esto es importante comprender a Dios, para avanzar más rápidamente hacia Él.

San Juan de la Cruz escribía: “Los israelitas entendían las profecías a su modo fijándose en lo menos principal, que era el dominio y la libertad temporal. Y esto para Dios ni es reino, ni es libertad. Por eso ciegos por la letra, sin entender su espíritu y verdad mataron a su Dios y Señor. Como se dice en los hechos de los Apóstoles: “Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús y, al condenarlo cumplieron las profecías que se leen los sábados”. (Hech 13,27).

Como principio básico y fundamental, hay que recomendar que si uno quiere entender a Dios, comprenderle, hay que olvidarse de la propia inteligencia: A Dios, no se le alcanza con la inteligencia sino solo con el amor, porque su esencia es amor y nada más que amor. San Juan evangelista, en su primera epístola es rotundo a estos efectos. “Dios es solo amor” (1Jn 4,16). Dios no puede ser totalmente comprendido por la inteligencia humana. Por eso forzar la mente y centrarse en ella con el propósito de comprenderlo totalmente es vano e inútil esfuerzo, que puede incluso poner en peligro el equilibrio de la personalidad. La luz en el orden espiritual, tiene una función esclarecedora, alumbra la inteligencia para que esta pueda discernir y comprender, pero existe un determinado grado de luminosidad en este orden espiritual, un grado que solo Dios conoce, a partir de este grado la luz no esclarece sino que por su intensidad deslumbra y no permite ver. La cabeza es entonces aquí un estorbo y es necesario para ver, entender y comprender, dejar que funcione el corazón.

No tratemos de comprender a Dios, juzgando lo que en esta vida nos envía o permite, ni tampoco acerca del lugar y papel que nos ha asignado. No pensemos: ¡Ah! Sí yo hubiese nacido hijo de tal o cual persona importante y por lo tanto hubiese sido rico toda la vida, ¡Ah! si Dios me hubiese dado la oportunidad que le dio a fulano, que distintas hubiesen sido las cosas para mí, ¡Ah! si Dios, me hubiese dotado de la inteligencia y oportunidades que le ha dado a zutano, cuán distinto hubiese sido todo. Pues sí, estoy de acuerdo contigo, en que las cosas hubiesen sido distintas, pero discrepo de ti, porque te afirmo que hubiesen sido distintas para ir a peor. Todo hubiese sido peor para ti, aunque nuestra incontrolada imaginación, alimentada la mayoría de las veces, con figuraciones proporcionadas por el demonio, nos haga pensar o ver lo contrario. Lo comprendamos o no Dios, siempre dispone lo mejor para cada uno de nosotros. Nos envía o nos da siempre o permite en cada momento, aquello que más nos conviene, aunque esto desde nuestro punto de vista sean males o desgracias. Si vivimos en el amor del Señor, siempre consideraremos, que nuestra vida ha sido es y será la más maravillosa que un ser humano haya podido vivir en este desdichado mundo. No pensaremos nunca nada más que en darle gracias al Señor por todos los bienes y males que ha permitido que nos sucedan, pues junto con ellos nos ha regalado su gracia para soportarlos y aumentar así nuestra futura gloria en el cielo. A San Pablo cuando se quejó le dijo el Señor: “Por esto rogué tres veces al Señor que se retirase de mi, y Él me dijo: Te basta mi gracia que en la flaqueza llega al colmo del poder”. (2Co 12,8).

En el orden espiritual el tratar de equiparar situaciones, y sobre todo el agravio comparativo son consideraciones nefastas, que a ninguna parte llevan. Las cosas son como son y no como nosotros desearíamos que fuesen; mejor dicho las cosas son como Dios quiere que sean para nuestro bien, aunque así no lo veamos ni lo comprendamos, porque Él para nosotros solo quiere el bien. Y esto es así, porque todos y cada uno de nosotros somos una pieza única e insustituible, del plan de Dios.

El plan de Dios, está perfectamente estructurado para proporcionarnos a todos, absolutamente a todos en general y a cada uno de nosotros en especial, la mayor y mejor de las oportunidades para ser felices, ya aquí abajo y eternamente en el cielo. Lo que ocurre es que diariamente este plan nos lo estamos cargando todos, con nuestras faltas y pecados. Y frente a este desbarajuste que creamos con nuestras ofensas a Él, Dios arregla el desorden que creamos, sacando bien de nuestro mal, tal como vulgarmente se dice: Dios escribe derecho con renglones torcidos.

Nosotros somos cada uno una pieza de este plan divino, una pieza que tiene un carácter insustituible, cualesquiera que sea o haya sido nuestra situación material en el mundo. El ser humano tiene siempre la tendencia a valorar más lo material que lo espiritual y para comprender a Dios uno de los presupuestos básicos es saber que a Dios lo que más le interesa es nuestra alma no nuestro cuerpo.

La situación material de riqueza, el estatus social, el nivel de conocimientos en disciplinas humanas de una persona, a Dios no le interesa ni le impresiona nada, porque con su intervención en nuestras vidas, esto lo modificará según lo que el cree que sea más conveniente, nos lo cambia en un santiamén. Dios nos lo da y Dios nos lo puede quitar. ¡Cuántas personas han descendido de la opulencia y cuántas otras, de la nada han llegado a la opulencia! Él lo dispone todo, pero al regalarnos el libre albedrío, hay un algo que no toca y es la voluntad humana. Desde luego que Él quiere que todos caminemos hacía su encuentro, pero libremente por nuestra propia voluntad, no por disposición u orden suya. Y esto es precisamente, lo que hace que sea tan importante para Él, nuestro nivel de vida espiritual, porque este nivel, es el barómetro que Él tiene para constatar nuestra decidida voluntad de amor hacia Él.

A Dios es imposible conocerle y comprenderte plenamente, pero es posible buscarle, amarte y entonces llegaremos a encontrarle. Dios es un Ser, imposible de conocer ni espiritual ni materialmente en su plenitud, porque Él es un ser increado e ilimitado en todas sus manifestaciones. Nosotros somos criaturas creadas por Él, y totalmente limitadas en todo, en concreto en cuanto a nuestro intelecto. No es posible para la mente humana abarcar a Dios, poniendo un mal ejemplo, sería como tratar de meter las aguas de todos los océanos del mundo, en un dedal de costura.

Nunca comprenderemos totalmente a Dios, pero algo si es posible, por ello queremos conocerle para después de comprenderle y poderle amar más. El camino para alcanzar esta situación, es el que nos enseña María nuestra Madre, que es el del abandono en Él. María nos enseña como abandonarnos en Dios, en todas aquellas experiencias que no comprendemos, y cuyo sentido conoceremos, tal vez sólo en la vida futura. Dios quiere que ante las pruebas de la fe, que quieras reconocer con humildad sus insondables designios y que aceptes que no comprenderás muchas de sus decisiones.

En distintas ocasiones los evangelistas, para expresar la actitud de Nuestra Señora, ante acontecimientos que la sobrepasaban, ellos dicen que: María guardaba todas estas cosas en su corazón. La fe de ella, jamás le creaba duda alguna, aunque lo que ocurría a su alrededor era inexplicable. Ella sabía guardar estas cosas en su corazón, pues sabía que todo tenía una explicación que más tarde conocería. Imitemos a Nuestra Madre celestial y entreguémonos a Ella, que así siempre tendremos el mejor y más fácil camino para llegar a su Hijo.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

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