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“Una Iglesia pobre para los pobres”

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Con esta “bandera” -“Una Iglesia pobre para los pobres“- presentaron la nueva reunión de los obispos latinoamericanos, CELAM, celebrada en El Salvador, aprovechando el centenario del nacimiento de Oscar Romero, el obispo asesinado por su defensa de la Iglesia y de los hijos de la Iglesia frente a la tiranía de los poderosos, sean del signo que sean; que los hay -y los había también entonces- de todos los colores.

En páginas de religión más que “interesadas” -y en familias y entramados eclesiales determinados-, se quiere dar la impresión de que solo existe una maldad y una violencia denunciables: la que viene de los sectores “derechistas” -en el lenguaje secular-; a la vez, se propugna la “canonización” -es un mal necesario para el advenimiento de la justicia…- de la violencia que ejercen, de modo sanguinario y brutal, los sectores “izquierdistas”; que, precisamente por ser “izquierdistas”, pretenden bendecida por el mismo Dios. Y, por tanto -la conclusión es obligada, según ellos-, la Iglesia Católica no tiene más remedio que bendecirla también y con las dos manos, dándola por buena y legítima. Y “apropiarse” del obispo Romero -“secuestrando” y manipulando su persona, sus palabras y sus hechos-, no es más que una “táctica” para arrimar el ascua a su sardina.

Todo esto estaba y está en la “Teología de la liberación” que, gracias a esos “entramados” y a pesar de estar más que denunciada por la Jerarquía de la Iglesia Católica, se “resiste” a morir y desaparecer. Y sigue haciendo daño. Porque es un foco de podredumbre moral que está en las antípodas de lo que es la Iglesia. 

De hecho, no hay ni un solo sitio en hispanoamérica donde la TL pueda presentar resultados positivos de vida eclesial, de espiritualidad, de vocaciones…; ni siquiera de mejora material de aquellas “pobres” gentes -sus “preferidas”, y las del buen Jesús, y las de la Iglesia, según su casposo e inútil ideario- a las que les ha caído en “suerte” la tal TL. Ni un solo sitio. Ni un solo resultado positivo.

Al contrario: la descristianización y la “colonización” por parte de las sectas ha sido el resultado patente y palpable; eso sí, bien arropado todo y bien tapado por “palabritas” al uso. O silenciando sin más a sus opositores. Y así le va a la Iglesia Católica en esos paísesde retroceso en retroceso, caldo de cultivo de toda aberración doctrinal y litúrgica, y negación práctica de lo que no debe ser NUNCA la Iglesia.

Y, necesariamente, no puede ser de otra forma. Porque “Una Iglesia pobre para los pobres” no es la Iglesia Católica: es su negación; o su negativo. Y lo es porque esto no ha salido de Jesús, que es el que la fundó y, por lo mismo, es su fundamento. Esto es un “invento” humano, del que Jesús -ahora sí-, nos dio la clave de interpretación para desenmascararlo -a este y a cualquier otro que haya salido o salga-, precisamente en el marco de Sus enseñanzas sobre la verdadera Caridad: Por sus frutos los conoceréis (Mt 7, 16).

Guardaos de los falsos profetas [ojo a la entradilla, que dispara ni m´s ni menos que contra los ¡FALSOS PROFETAS!], que vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. [¡Impresionante el lenguaje tan “políticamente incorrecto” de Jesús en persona! “¿Quién lo podrá soportar?” (Jn 6)] Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos. [¡Es tan “lógico” Jesús! Y así es todo -lógico y sencillo- en la vida espiritual y en la vida eclesial cuando lo que se busca es amar a Dios, y amar a la Iglesia, y amar a los demás. Y remata Jesús sus discurso:] Todo árbol que no da fruto bueno es cortado y arrojado al fuego. Por tanto, por sus frutos los conoceréis (Mt 7, 15-20). Lo repite para que no se nos pase por alto.

El lema “Una Iglesia pobre para los pobres” me suena más a herejía que a catolicismo. Lo digo con total sinceridad y absoluta franqueza. ¿Me puedo equivocar? Me puedo equivocar. Pero agradecería que se me dijera en qué, cómo y de qué manera; no simplemente, “te equivocas” y punto.

Porque, y por poner una referencia ya que estamos en el tiempo pascual: uno se coge los discursos de Pedro en Pentecostés y días posteriores -los que hemos leído después de la Pascua-, discursos tras los que se convirtieron miles de personas, discursos en los que Pedro dice a los presentes que habían entregado a Jesús a la muerte, y que se arrepintiesen si querían salvarse…, y no hay ni una sola palabra al respecto: ¡es que ni nombra a los pobres!; y sería más que sorprendente inverosímil que algo tan esencial y fundamental como “la opción preferencial por los pobres” -para algunos, la única aportación “potable” del CV II- es que ni la nombrase. Y encima, ¡van y se convierten miles! que es lo más extraodinario y lo más incongruente si hubiese faltado lo más básico. Y finalmente y para más inri: la Iglesia no hubiese sido la Iglesia en casi dos mil años, cosa que es absolutamente no solo ilógico sino simplemente demencial.

A estas alturas -y con la que está cayendo-, pretender inventarse la Iglesia…, es como querer descubrir América.

Pues hay gente así. Y en la Iglesia. Fuera, también.

 José Luis Aberasturi (sacerdote, filólogo, filósofo y teólogo-moralista), InfoC/ 2017

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La liberación de Alepo fue un milagro de la Virgen de Guadalupe’

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 La hermana María de Guadalupe, misionera del Instituto Verbo Encarnado, relata cómo hace un año un grupo de mexicanos le entregó una copia del original de la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe para que la llevara a Siria.

 En aquel momento, uno de los mexicanos le dijo que la Virgen de Guadalupe sería la que protegería y liberaría a sus hijos. La imagen de la Virgen de Guadalupe llegó a Alepo en noviembre de 2016. Un mes más tarde, en diciembre, Alepo fue liberada.

“El día de la liberación de la ciudad fue el 12 de diciembre [fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe]. Fue claramente la Virgen, fue un milagro de la Virgen de Guadalupe, que también es la Madre del pueblo sirio”, asegura esta misionera.

InfoV. 2017

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La Doctrina Social en formato ágil, para los que se interesan por la política y la acción

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¿En 1902 Lenin publicó su manual comunista “¿Qué hacer?”. Ahora ya no le interesa a casi nadie y de hecho quedó caduco incluso con la revolución. Es quizá irónico que ahora en español circule el Docat: ¿qué hacer? que es un compendio de doctrina social de la Iglesia Católica pensando en los jóvenes, que con fotos y lenguaje ágil recoge enseñanzas inmemoriales de la Biblia, doctrinas sociales del siglo XIX de León XIII y reflexiones sobre el uso de las redes sociales en Internet.

 Para mover a la acción

El subtítulo “¿Qué Hacer?” reconoce su vocación práctica y transformadora: no quiere ser un libro para teorizar sino para mover a la acción.

En el prólogo, el Papa Francisco explica: “Queridos jóvenes, mi predecesor, el papa Benedicto XVI, puso en sus manos un Catecismo para jóvenes, el YOUCAT. Yo quisiera hacerles hoy entrega de un nuevo Catecismo, el DOCAT, que recoge la Doctrina Social de la Iglesia. El DOCAT quisiera responder a la importante pregunta «¿qué hacer?». Por eso está diseñado como un manual de instrucciones que, poniendo en práctica el Evangelio, nos ayuda a transformarnos primero a nosotros mismos, después nuestro entorno más cercano y, finalmente, todo el mundo”.

¿Piensa Francisco en Lenin y su “Qué hacer”? No parece. Él dice que piensa más bien en Cristo y su frase: “Cada vez que hicisteis así a estos pequeños míos, a mí me lo hacíais”, una frase que, asegura, hizo cambiar la vida de Francisco de Asís, de Madre Teesa y de Charles de Foucauld, palabras que los convirtieron. No es una frase devocional: es una frase de acción.

Jóvenes actuando, no sólo sentados bajo un árbol

Por eso el Papa, en el prólogo del DOCAT, pide “hacer algo más para que esta revolución del amor y la justicia se haga realidad en muchas partes de este maltratado planeta. A muchos les puede ayudar la Doctrina Social de la Iglesia.”

“No sueño con grupos de jóvenes sentados bajo los árboles discutriendo sobre ella. Bien está eso, háganlo. Pero mi sueño es más ambicioso: deseo un millón de jóvenes cristianos, o mejor, toda una generación, que sea para sus contemporáneos, la ‘Doctrina Social con pies’. Solamente transformarán la tierra aquellos que se entreguen a ella con Jesús y se dirijan, guiados por él, hacia los marginados que viven en medio de la suciedad. Involúcrense también ustedes en política y luchen por la justicia y la dignidad y sobre todo por los más pobres.”

No es folletito ni para niños

El DOCAT tiene “estilo joven” pero no es para adolescentes ni tampoco es un folletito: son 328 preguntas bien complejas y relevantes y es dudoso que los parroquianos que vemos en misa los domingos sepan responderlas con cierta seriedad.

Por ejemplo, “¿Se puede ser político y cristiano al mismo tiempo?” (pregunta 219). Sí, “pero en política se trata siempre de aquello que se puede hacer”, si faltan medios, mayorías, etc… “no se puede por ello reprochar a los políticos cristianos que tengan que aceptar ciertos acuerdos”, aunque “hay algunas decisiones a las que, por motivos de conciencia, ningún político cristiano debe asentir jamás”.

O la pregunta 321: “¿Existen trabajos o tareas sociales incompatibles con nuestra fe?” Se responde que “es imposible ser cristiano y trabajar al mismo tiempo en una clínica de abortos o de eutanasia, también están terminantemente prohibidos el negocio de la prostitución, la producción y difusión de pornografía, la participación directa o indirecta en negocios de droga y el tráfico de personas y cualquier otra práctica de opresión denigrante y dañina”. Por otra parte, los periodistas o financieros honestos pueden verse presionados a dejar una empresa si le fuerzan a engañar o estafar. “Pertenecer a Jesús significa decir también rotundamente no a ciertas cosas”, explica.

Por otra parte, a la pregunta “¿Debo involucrarme en asociaciones que no sean cristianas?” la respuesta es “sí, los cristianos no deben encerrarse en el gueto de los que piensan igual”. Aunque se avisa: cuidado con ser utlizado por otros intereses que manipulan a cristianos de buena voluntad para luego imponer otras intenciones.

Frases de grandes pensadores

Además de las preguntas, el libro cuenta con cientos de frases de pensadores, santos, filósofos, Papas y fragmentos bíblicos. Por ejemplo, hay una cita de Solzhenitsyn, Nobel de Literatura y autor de Archipiélago Gulag, que defiende el asociacionismo y la elección directa de representantes políticos sin necesidad de partidos: “Así puede ser destituido si lo hace mal, no entiendo la naturaleza de los partidos”. Y otra (en la edición española, que es la que comentamos) del escritor español Miguel Delibes: “A los políticos en el poder no les frena hoy la posición, sino los periódicos”.

Hay así 4 citas o pensamientos de Saint-Exupéry, diez de Teresa de Calcuta, once de Tomás de Aquino, siete de Hannah Arendt, 5 de la pensadora y mística Simone Weil, 2 de C.S.Lewis y otras 2 de Chesterton, 2 de Cervantes, 3 de Karl Marx, otras 3 de Martin Luther King, 2 de Cicerón, 13 de León XIII y una infinidad de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Solo con leer y meditar las preguntas, las citas de pensadores y la selección de textos de encíclicas y documentos especiales, el lector ya saldría convertido en un experto en Doctrina Social, mucho más que los alumnos que cursan esta materia en las universidades católicas españolas. Pero, además, el libro remite a párrafos y citas del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia (igual que el YouCat remitía al Catecismo), lo que permite profundizar más en la enseñanza.

¿Quién lo va a leer?

La gran pregunta es ¿quién y cómo leerá este libro que, aunque tenga fotos y dibujitos, cuenta con más de 300 páginas?

El formato ideal se supone que es el de jóvenes, probablemente de 17 años o más, que se reúnen para leer y comentar distintos capítulos, de forma más o menos sistemática. Los autores del libro (un equipo dirigido por el cardenal Schonborn de Viena y el cardenal Marx de Berlín) parecen suponer que eso será bastante frecuente. Pero en España no parece que todavía se haya difundido mucho tal práctica. Quizá puede hacerse en Hispanoamérica u otros países.

Lo que está claro es que quien lo trabajara así, sistemáticamente, recibiría mucha más formación, más amplia y mucho más trabajada y ambiciosa que la que reciben las juventudes de los partidos políticos en España, o incluso los adultos de esos partidos. El “qué hacer” de Lenin era un folletito de peleas internas frente al “DOCAT: qué hacer” que ha lanzado Francisco.

Un regalo para quien gusta de la política

Otra opción es, simplemente, regalarlo a cualquier joven que tenga inquietudes políticas. Para quien se toma en serio la política puede ser una lectura ágil y apasionante, también reveladora.

Incluso a militantes de formaciones fanáticamente dogmáticas y antisistema (como Arran, ligado a las CUP, o grupos de Podemos o del batasunismo) podría ser interesante repartirles el DOCAT y rotuladores de colores y proponerles un juego: “Marca de verde los párrafos que compartes, de rojo los que condenas y de amarillo los que hacen pensar y te parecen interesantes”.  Más de un “revolucionario” se llevaría una sorpresa. Por desgracia, no vivimos en épocas de leer 300 páginas marcando y reflexionando, sino de tuits groseros o frivolizantes y linchamientos en las redes.

Pero con el DOCAT la posibilidad real está ahí, para los que aún leen y reflexionan sobre lo social.

Pablo J. Ginés/ReL15 mayo 2017

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¿Puede un científico tomar en serio el Milagro del Sol en Fàtima?

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Responde Andrew Pinsent, director de investigación del Centro Ian Ramsey para la Ciencia y la Religión de la Universidad de Oxford y sacerdote de la Diócesis de Arundel y Brighton.

 A la pregunta del titular se podría esperar que la respuesta sea negativa, pero como científico especialista en física de partículas, mi respuesta es «¿Por qué no?»

Contrariamente al prejuicio común, una perspectiva científica no descarta la existencia de los milagros, y el evento en Fátima es, en opinión de muchos, particularmente creíble.

En cuanto a posibilidad de la existencia de los milagros en general, el prejuicio habitual contra ellos toma una de dos formas. El primero es afirmar que una cosmovisión científica excluye los milagros, erróneamente definidos como la ruptura de las leyes de la naturaleza o, específicamente, de la física.

Este prejuicio se basa en un malentendido del alcance de las leyes científicas, que describen cómo los sistemas ideales y simples se comportan de manera aislada. Tales leyes nos permiten realizar hazañas extraordinarias, como el viaje final de la nave espacial Cassini que ahora tiene lugar a través de los anillos de Saturno.

Pero tales leyes no dicen nada sobre lo que sucede cuando un sistema no está aislado, especialmente cuando interviene un agente personal libre. Para dar un ejemplo: si tiro una manzana en el aire, su trayectoria se aproximará a una parábola que se puede predecir desde su posición inicial, pero esa predicción no dice nada sobre si decido o no tomar la manzana. Y si puedo intervenir para cambiar la trayectoria de una manzana, presumiblemente Dios, que es todopoderoso, puede hacer lo mismo y mucho más. Por lo tanto, no hay ningún problema real con los milagros desde la perspectiva de las leyes científicas, ya que describir cómo se comporta un sistema en ausencia de intervención no dice nada acerca de si una intervención puede o tiene lugar.

Una segunda forma de prejuicio es afirmar que una combinación de causas naturales puede y debe ser encontrada para explicar lo que parece ser milagroso. Para dar uno de los muchos ejemplos, no es infrecuente que muchos sacerdotes que se avergüenzan de aceptar la existencia de los milagros afirmen que la multiplicación de los panes de Jesús de 5.000 personas fue simplemente un acto de solidaridad, un «compartir» en el que un conjunto de personas avergonzadas compartieron el alimento que ya tenían

Pero tales explicaciones rara vez encajan bien con los hechos, especialmente las reacciones de los testigos oculares. Estas explicaciones tampoco son necesarias ni útiles. Obviamente, necesitamos llevar nuestro juicio crítico cuando alguien afirma haber presenciado un milagro particular, pero decidir, antes de cualquier evidencia, que los milagros son imposibles o nunca pueden suceder, va en contra del espíritu de la investigación crítica y es una muestra de desesperación.

Después de todo, si no ocurren milagros, entonces estamos atrapados en un mundo de poderes naturales, inadecuado para nuestra felicidad, y condenado a la decadencia individual y cósmica y posteriormente la muerte.

Valoración del milagro de Fátima

¿Cómo, pues, debemos valorar Fátima, y sobre todo el milagro del sol del 13 de octubre de 1917? Este evento acompañó a las últimas seis apariciones a la beata Lucia Santos, de 10 años, y a sus primos Jacinta y Francisco Marto (fue fueron canonizados el día de ayer por el Papa Francisco).

La multitud de testigos fue numerada en decenas de miles y tenemos muchos testimonios, incluso de profesores universitarios y reporteros, compilados posteriormente en el libro de John Haffert, «Meet the Witnesses of the Miracle of the Sun» (Conoce los testigos del milagro del sol).

Fotos del milagro del Sol

Por ejemplo, Avelino de Almeida de O Século, un periódico anticlerical del gobierno, que antes se burlaba de los niños, atestiguó que el sol hacía movimientos repentinos e increíbles, «fuera de todas las leyes cósmicas».

Hoy, la Iglesia no exige que aceptemos el milagro, sólo afirma que las apariciones de Nuestra Señora son dignas de crédito. Sin embargo, dado el número y el alcance de los testigos oculares, y el choque político y eclesial que sufrió Portugal y que siguió a este acontecimiento, todo lo que sabemos es compatible con un milagro público de la clase más creíble y extraordinaria.

Desde la perspectiva de 2017, el momento también parece propicio. Las apariciones ocurrieron cuatro siglos después del inicio de la llamada «Reforma» Protestante en 1517 y dos siglos después de la fundación de la primera Gran Logia de los Francmasones en Londres en 1717, hitos donde los católicos comenzaron a ser infectados por el indiferentismo y el relativismo religioso. El mismo día del milagro del sol en 1917, el Soviet de Petrogrado tomó el control militar en Rusia, allanando el camino para que el comunismo ateo comenzara su dominación ruinosa de gran parte del mundo, persiguiendo a la Iglesia y llevando a la muerte cruel de decenas de millones de personas.

Por lo tanto, no es de extrañar que Dios nos haya concedido un milagro espectacular, con severas advertencias, cuando pidió arrepentimiento, conversión y penitencia para responder al don de gracia, para la salvación de nuestras almas y del mundo.

 CH/InfoC., 2017

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El milagro que llevó a la canonización de los niños de Fátima

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En el centenario de la primera aparición de Fátima, el Papa canonizó a los pastorcitos Jacinta y Francisco, testigos de las apariciones marianas. Conozca los detalles del milagro que permitió la canonización.

 El Papa destacó el milagro que allanó el camino para su canonización. El milagro involucró a un muchacho brasileño llamado Lucas, quien fue sanado milagrosamente por la intercesión de los pastores.

Jacinta y Francisco murieron antes de los 12 años y se convirtieron en los no mártires más jóvenes a ser canonizados. La hermana Lucía, la tercera visionaria, vivió mucho más tiempo, muriendo en 2005 a la edad de 97 años. La Iglesia está examinando documentos y recogiendo testimonios para su causa de beatificación.

Detalles del milagro

Al relatar la historia de la curación de su hijo ante una muerte casi segura, João Batista y su esposa Lucila Yurie no pudieron contener las lágrimas.

«El 3 de marzo de 2013, antes de las 8:00 pm, nuestro hijo Lucas, que estaba jugando con su hermana Eduarda, cayó de una ventana desde una altura de 20 pies. Tenía cinco años», relató el padre del niño.

«Su cabeza golpeó el suelo y sufrió una lesión muy grave, que causó pérdida de tejido cerebral», dijo Batista durante la conferencia de prensa en el Santuario de Fátima.

Debatiéndose entre la vida y la muerte «se le dio atención médica en nuestra ciudad y dada la severidad de su condición, fue trasladado al hospital de Campo Mourao, Paraná».

«Cuando llegamos allí, Lucas estaba en un profundo estado de coma. Su corazón se detuvo dos veces, y le realizaron una operación de emergencia.

Fue en ese momento cuando «comenzamos a rezar a Jesús y a Nuestra Señora de Fátima, a quienes tenemos una gran devoción», dijo Batista.

«Al día siguiente llamamos al convento carmelita de Campo Mouro para pedir a las hermanas que oraran por el niño», relató. Pero la comunidad estaba observando un período de silencio, por lo que el mensaje no les llegó.

A medida que pasaban los días, Lucas se agravó, relató su padre. El 6 de marzo, los médicos consideraron la posibilidad de trasladarlo a otro hospital, ya que sus instalaciones no tenían los recursos necesarios para tratar un niño de su edad.

«Nos dijeron que la posibilidad de que el niño sobreviviera era baja, y si sobrevivía, su recuperación sería muy lenta», probablemente sufrirá «graves discapacidades cognitivas o incluso puede permanecer en estado vegetativo».

El 7 de marzo, Batista dijo, «volvimos a llamar al convento». En esa ocasión, si pudieron recibir su petición de oración a las hermanas.

«Uno de ellos corrió a las reliquias del Beato Francisco y Jacinta, que estaban al lado del tabernáculo, y sintió el impulso de orar la siguiente oración: “Pastores, salven este niño, que es un niño como ustedes»… también persuadió a la otras hermanas a pedir la intercesión de los pastores».

«Y así lo hicieron», dijo Batista. «Del mismo modo, todos nosotros, la familia, comenzamos a pedir la intercesión de los pastores, y dos días después, el 9 de marzo, Lucas se despertó y comenzó a hablar, incluso pidiendo ver a su hermanita». El día 11, salió de la UCI y fue dado de alta del hospital unos días después.

Desde entonces, Lucas «ha estado completamente bien y no tiene síntomas ni efectos posteriores», dijo el padre del niño. «Tiene la misma inteligencia (que tenía antes del accidente), la misma personalidad, todo es igual».

«Los médicos, algunos de ellos no creyentes, dijeron que su recuperación no tenía explicación».

Agradecimiento de los padres

Batista y su esposa agradecen a los médicos que cuidaron a su hijo, y al postulador de la causa de canonización de los pastores, «por todo el cuidado dado a lo largo de este proceso».

Pero son especialmente agradecidos a Dios:

«Damos gracias a Dios por la sanación de Lucas y sabemos con toda la fe que tenemos en nuestros corazones, que este milagro fue realizado por Dios a través de la intercesión de los pastores Francisco y Jacinta».

«Sentimos una gran alegría porque este es el milagro permite su canonización, pero especialmente sentimos la bendición de la amistad de estos dos niños que ayudaron a nuestro hijo y que ahora ayudan a nuestra familia», dijo Batista.

CNA/InfoC, 2017

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La erosión de la disciplina de los sacramentos en Alemania

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Análisis y comentario de Christian Spaemann a la nota de prensa de la Conferencia Episcopal Alemana de 1 de febrero de 2017, sobre la «implementación» de AL y los sacramentos en el país.

 Ya ha llegado el momento. Los obispos alemanes han hecho algo para lo que carecen de autoridad. Han socavado la disciplina de los sacramentos de la Iglesia católica. Los creyentes en situaciones irregulares, es decir, aquellos que mantienen relaciones sexuales continuas fuera del matrimonio sacramental, tendrán la posibilidad de recibir los sacramentos. Será suficiente con “respetar su decisión a favor de la recepción de los sacramentos“.

 Los sacerdotes que se aferren a la praxis en vigor hasta ahora se exponen, según el escrito de los obispos, a pasar por “rigoristas defensores de posiciones extremas” o bien a ser tachados de “inclinarse a hacer juicios rápidos“.

Con ello se sigue la lógica de un falso concepto de misericordia y de una caricatura de todos aquellos que siguen el magisterio de la Iglesia Católica y su lógica interna.

En su escrito, los obispos alemanes contravienen normas claras que establecieron de forma inequívoca innumerables papas, entre ellos Juan Pablo II, y el Catecismo de la Iglesia Católica, de acuerdo con toda la tradición magisterial de la Iglesia.

La referencia de los obispos a la exhortación apostólica Amoris Laetitia (AL) no justifica esta manera de proceder, ya que ésta debe ser interpretada a la luz de la tradición. En caso contrario, no se la debería seguir, ya que el Papa no está por encima de la tradición magisterial de la Iglesia.

En el fondo, de lo que se trata es de que, según el magisterio de la Iglesia, existen normas que son válidas sin excepciones y no se someten al juicio del caso particular, es decir, que no se deciden de forma diferente dependiendo de cada caso.

Esto tiene que ver con la naturaleza del ser humano, a quien le corresponde una dignidad que pone ciertos límites a su relación consigo mismo y con los demás.

Entre esos límites se encuentra el hecho de que la sexualidad humana no se puede instrumentalizar ni vivir fuera de determinados contextos sin herir su dignidad o incurrir en culpa, y todo ello independientemente de cómo se valoren las circunstancias subjetivas y, con ellas, la culpa personal.

Por ejemplo, si alguien tiene un trastorno cerebral que le lleva a no poder controlar sus afectos y, como consecuencia del mismo, insulta constantemente a su mujer, está aun así contaminando su relación con ella de forma que lo lamentará siempre, a pesar de que no pueda hacer nada por evitarlo.

 La sexualidad humana sólo se puede comprender a partir de su sentido

La sexualidad humana sólo se puede comprender a partir de su sentido. Desde el punto de vista cristiano, se trata de la expresión de la comunidad entre el hombre y la mujer en los planos biológico, corporal, moral y personal, un “símbolo real de la donación de toda la persona” (Juan Pablo II, exhortación apostólica Familiaris Consortio, FC 80).

La expresión “toda la persona” comprende tanto el pasado como el futuro y por eso la donación de toda la persona sólo es posible si incluimos su pasado y su futuro, tal y como expresa el “sí” del matrimonio.

En consecuencia, la Iglesia ha proclamado desde siempre que el matrimonio es el único lugar en el que se puede vivir la dignidad que la sexualidad humana ha recibido de Dios. Esto es un mandamiento y no un ideal, como ahora se dice continuamente.

Toda práctica de la sexualidad que no esté de acuerdo con este Mandamiento es, objetivamente, una brecha entre la persona y su destino, es decir, un pecado. Aquí no hay excepciones.

Del mismo modo, los métodos anticonceptivos artificiales vulneran siempre la dignidad del acto sexual, convirtiendo al otro en un objeto, incluso aunque existan circunstancias de especial dificultad y ambos miembros de la pareja tengan buenas intenciones. El lenguaje del cuerpo representa una realidad objetiva que no puede quedar eclipsada detrás de una posición subjetiva justa. Estamos hablando aquí del llamado actus intrinsice malus. Dicha expresión se refiere a actos o contextos de actos que en ningún caso pueden ser designados como buenos. Este tema fue desarrollado por Santo Tomás de Aquino y posteriormente Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis Splendor (VS 79), lo estableció como doctrina vinculante perteneciente al magisterio de la Iglesia.

Según dicha encíclica, “las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto, en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección” (VS 81). Este principio es válido en particular para la sexualidad humana.

Un punto fundamental que contribuye al enturbiamiento del magisterio eclesial en esta materia consiste en la intencionada deformación de las proposiciones de Juan Pablo II en Familiaris Consortio (FC 84). Una deformación que surge de la Relatio del grupo de obispos de habla alemana del sínodo de 21 de octubre de 2015 y que, más tarde, encontró acomodo en el documento final del sínodo. Fue luego repetida en innumerables declaraciones de obispos y cardenales, encontró su sitio en AL y resuena ahora en la nota de prensa de la conferencia episcopal alemana.

 Una decisión caso por caso es, por lo tanto, imposible

¿Qué ha sucedido? En el artículo 84 FC, que trata de los divorciados en una nueva unión, se establece la obligación de “discernir bien las situaciones”. En este punto se aducen algunos motivos, humanamente comprensibles, por los cuales los esposos se embarcan en una nueva unión.

Está claro que el Papa Juan Pablo II quería dirigir la atención hacia el punto de vista subjetivo de los implicados y observar la distinta valoración moral que merece cada caso particular, con el propósito de que los sacerdotes o directores espirituales puedan ejercer una pastoral con la debida sensibilidad. Y ahora viene el punto esencial: Juan Pablo II, NO saca de ello la conclusión de que en los casos particulares en los que la culpa subjetiva pudiera estar disminuida o incluso anulada sea posible la admisión a los sacramentos.

Muy al contrario, Juan Pablo II fija más tarde, con un claro “nihilominus” (“no obstante”), la frontera adecuada a la situación desordenada objetiva, que es válida para todos aquellos que viven en dicha situación:

“La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar“.

 Y luego viene una precisión decisiva: los divorciados casados de nuevo sólo pueden ser admitidos a los sacramentos si “asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos”.

Así, el lenguaje del cuerpo en la sexualidad humana no puede pasarse por alto por la simple existencia de circunstancias atenuantes, ni puede legitimarse una situación objetiva de pecado por medio de la administración de los sacramentos. Una decisión caso por caso es, por lo tanto, imposible.

Esta doctrina, junto a la disciplina de los sacramentos que resulta de la misma, ha sido explícitamente confirmada, de acuerdo con toda la tradición magisterial de la Iglesia, en los documentos posteriores del Magisterio, entre ellos el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 1650) y la exhortación postsinodal Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI (SC 29).

En cambio, este decisivo párrafo de la FC ha sido ignorado de forma sistemática en los documentos más recientes. Un intento evidentemente poco honrado de armonizar textos contradictorios.

 Lógica interna de una tal pastoral de la misericordia orientada únicamente a la subjetividad del creyente

En lugar de tomar posición acerca del claro límite impuesto por el “nihilominus”, se opta en las citadas publicaciones por mantener el punto de vista subjetivo de las situaciones irregulares.

Así, se recomienda un examen general de conciencia en el cual los aludidos deben reflexionar, en su llamado forum internum, su conciencia individual, sobre el pasado y el presente de sus relaciones (cf., entre otros, AL 300). Con ello se sugiere que la aclaración y superación de las consecuencias morales y psicológicas de un divorcio y posterior unión civil, por ejemplo la culpa frente a la pareja anterior o la relación con los hijos del primer matrimonio, podrían ser condiciones suficientes para la admisión a los sacramentos.

Sin embargo, de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia, en estos casos las condiciones sólo se dan cuando se observa el cumplimiento de los criterios objetivos del orden de vida cristiano, es decir, o la abstinencia sexual o la declaración de nulidad del matrimonio sacramental, ésta última probablemente sólo demostrable de forma verosímil en el forum internum. Exactamente aquí se sitúa la línea de ruptura con el Magisterio de la Iglesia, el cual, justo en este tema, al contrario de lo que se suele afirmar, no es susceptible de desarrollo, evolución o profundización.

La lógica interna de una tal pastoral de la misericordia orientada únicamente a la subjetividad del creyente, nos lleva naturalmente mucho más allá de los divorciados en una nueva unión civil. Tanto en los documentos citados como en la declaración de los obispos alemanes, se habla una y otra vez de “situaciones irregulares”. Se menciona, por ejemplo, en el mismo contexto, a aquellos que “todavía no son capaces de decidirse por el matrimonio”.

En este contexto, resulta lógico que la comunidad LGBT pida la palabra en la Iglesia y reclamara también las ventajas de esta relajación, ver:

¿Por qué habría que excluirlos? Por supuesto que este desarrollo de los acontecimientos también se lleva por delante la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, la cual, debido a su claridad es puesta en cuestión (Instrumentum Laboris 2015, art. 137), ver por ejemplo también: http://www.kath.net/news/54124

Las consecuencias del nuevo concepto de misericordia no se limitan en absoluto al ámbito de la pareja y la sexualidad. Así, una parte de los obispos canadienses ha decidido, invocando la AL, acompañar con los sacramentos de la Iglesia a aquellos que recurran al suicidio asistido o la eutanasia: https://cruxnow.com/global-church/2016/09/21/canadian-bishops-issue-guidelines-assisted-suicide-cases/

 Esto alimenta, por supuesto, el Relativismo

Estamos sólo en el comienzo del desarrollo derivado de esta interpretación de la misericordia. Situados en una pendiente resbaladiza, se puede predecir con bastante exactitud lo que va a venir.

 Sólo hace falta seguir la lógica. Lo que aquí está pasando también resulta letal debido a que es evidente que en los últimos documentos eclesiásticos ya no se busca una conexión razonable con la Tradición de la Iglesia. De esta forma, se pone en duda la unidad interna entre fe y razón.

 Muchos fieles empiezan así a tener la impresión de una especie de viabilidad en los ámbitos de la fe, de la moral y de la pastoral. Esto alimenta, por supuesto, el relativismo.

 Y en esta extendida concepción según la cual el cristianismo católico puede sostenerse sin Derecho Natural, antropología y rigor interno…, parece encajar perfectamente el tweet del jesuita italiano Antonio Spadaro, miembro del comité de redacción del documento final del sínodo de los obispos: “La Teología no es matemáticas. 2+2 en Teología pueden ser 5” (Epifanía 2017).

 Ahora se plantea la cuestión de si los sacerdotes que se aferren a la disciplina tradicional de los sacramentos podrían ser tachados de rigoristas, extremistas o inmisericordes. ¿Alcanzará también este veredicto a San Juan Pablo II y, con él, a innumerables sacerdotes en todo el mundo? Por supuesto que no. Poner límites no es, de por sí, inmisericorde.

 Rigorista sería, por ejemplo, un sacerdote que, sin tener en cuenta contexto o consecuencias, presionara a una mujer con tres hijos, divorciada y vuelta a casar, exigiéndole que rechace a su pareja bajo amenaza del infierno. Rigorista sería también un sacerdote que negara todo acompañamiento pastoral a una persona que ha decidido recibir una inyección letal. Difícilmente puede privarse a alguien acompañamiento, bendición y oración. Sin embargo, explicar al interesado por qué no puede recibir la absolución sacramental o la comunión no tiene nada que ver con el rigorismo.

 Conozco a sacerdotes que mantienen una excelente relación con personas en situaciones irregulares, los tratan con respeto y los integran en la parroquia, todo ello sin administrarles los sacramentos.

 Los principios sociológicos de “inclusión” o “nadie debe ser rechazado“, que con tanta alegría se usan hoy en la Iglesia, son muchas veces objeto de malentendido. Cuando un paciente reclama mi ayuda como médico, ni el seguidor más radical de la psiquiatría social sería capaz de exigirme que le prescriba justo el medicamento que dicho paciente desea.

 “Tu palabra es lámpara para mis pies” (Sal 119, 105)

Desde siempre se ha dado por supuesto, y de hecho forma parte de la liturgia occidental y oriental, que los fieles confiesen sus pecados de forma general antes de unirse en comunión con el Señor. Nos apartamos de nuestros pecados, nos volvemos al Señor y obtenemos su perdón en la comunión. En caso de pecado mortal, el sacramento de la confesión debe preceder a la comunión. Por ello es también evidente que las personas que viven en relaciones sexuales objetivamente desordenadas no tienen acceso a la comunión si, por los motivos que sean, no se ven en condiciones de abandonarlas.

 Está fuera de duda que existen numerosas situaciones vitales en las que las relaciones sexuales fuera del matrimonio válido son humanamente comprensibles. Sin embargo, aquí hay una diferencia fundamental entre guardar respeto a la santidad de Dios a través de la abstinencia eucarística y, con ello, esperar en su misericordia, y arrogarse uno mismo el juicio, sin cambiar la situación vital que contradice los Mandamientos, pensando que con la confesión de otros pecados y la unión con Cristo en la comunión se queda exculpado.

La constatación de circunstancias atenuantes, es decir, el juicio subjetivo del que administra y del que recibe los sacramentos, no puede situarse por encima de la situación objetiva. La Iglesia no tiene poder para esto.

La gracia de Dios no está ligada a los sacramentos, pero sólo a Él le corresponde el juicio, y no lo conocemos. “Tu palabra es lámpara para mís pies” (Sal 119, 105). Especialmente en aquellos casos en los que parezca contra -intuitiva la existencia de un pecado, tanto al interesado como a su entorno o incluso a su director espiritual, sería importante no perder de vista que no conocemos de forma absoluta la voluntad de Dios, por lo que no deberíamos sobrepasar los límites de la luz que se nos ha dado. Aquí hace falta humildad y no administración de sacramentos. La misericordia de Dios no puede ser objeto de decretos.

 Las cosas hay que verlas con la suficiente profundidad como para que resulten sencillas

La declaración de los obispos alemanes de que, en el proceso de búsqueda de la decisión en favor de la recepción de los sacramentos en situaciones irregulares, “la conciencia de todos los interesados debe ser considerada en su más alta medida”, el discurso de los representantes del nuevo concepto de misericordia en “situaciones complejas“ y la alegación de que no hay “soluciones fáciles“ aparecen aquí como afirmaciones protectoras que sólo contribuyen al oscurecimiento de situaciones que, en sí, son muy sencillas.

 ¿Por qué hay que considerar que es difícil para cualquier interesado el constatar si vive o no en abstinencia?

Incluso el aclarar si un matrimonio sacramental ha sido válido o no se puede llevar a cabo sin mucho sufrimiento con la ayuda de un experto en derecho canónico.

En una de sus últimas entrevistas, el viejo y sabio Konrad Adenauer, preguntado por su tendencia a las simplificaciones, dijo que las cosas hay que verlas con la suficiente profundidad como para que resulten sencillas. Si nos quedamos en la superficie de las cosas, éstas no son simples, pero si las analizamos en profundidad, podemos ver la realidad, y esa siempre es sencilla.

 Aquéllos que pretenden reblandecer la disciplina católica de los sacramentos harían bien en no apoyarse en la misericordia divina. Tampoco les hacen ningún bien a los interesados.

 Es vergonzoso ver cómo en estos temas se llega a apelar al diario de Santa Faustina Kowalska. Fue precisamente San Juan Pablo II el que descubrió su importancia y el que declaró santa a esta sencilla religiosa. Yo mismo estudié este libro en profundidad hace unos años y no he descubierto en él ni un atisbo de inclinación hacia una transgresión de los límites basada en la imponente misericordia de Dios. Al contrario, el espíritu y la letra de este escrito apuntan en la dirección contraria.

 Animo a todos los fieles que viven en relaciones sexuales irregulares, sobre todo a aquéllos que están en el campo de las víctimas, que han sido heridos, abandonados, incluso quizás maltratados, que se han esforzado muchas veces en vivir en castidad, en resumen, a aquéllos que merecen de forma especial la comprensión de la Iglesia, a que no hagan uso de las nuevas posibilidades de recepción de los sacramentos.

Al contrario, ellos tienen la ocasión de dar testimonio de la santidad de Dios y de sus Mandamientos a través de la abstinencia eucarística. De esta forma seguro que estarán más cerca de Dios que alguno de los que, en nombre de un falso concepto de misericordia, pretenden administrarles los sacramentos.

Christian Spaemann /en Kath.net ( http://www.kath.net/news/58530 ) – InfoC., 2017

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Bultmann sigue vivo

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Luego de que el superior de los Jesuitas, Arturo Sosa Abascal, pusiera en duda las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio respecto a que «lo que Dios unió, no lo separe el hombre»,  en un programa titulado «Bultmann sigue vivo» de «Magnificat TV», el conocido sacerdote y predicador Santiago Martín ha explicado en detalle el origen del error de Sosa.

 Origen del Bultmannianismo

El final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX es considerada en filosofía la época de los llamados «padres de la sospecha». Filósofos de gran peso que pusieron en entredicho algunos de los principios en los que se basaba la sociedad anterior y que marcaron realmente su época. Gente como Hegel, Marx,  Feuerbach, Nietzsche, Freud, quienes generaron dudas, sospechas e incertidumbre, y también, en el conjunto de las iglesias, más que todo en las iglesias protestantes, sobre todo en Alemania, se dejaron influir por este sentimiento de sospecha sobre aquellas cosas que habían sido las certezas y seguridades precedentes.

Sobre todo, se dedicaron a investigar la autenticidad de los evangelios y llegaron a investigar si realmente Jesucristo existió, y si el que existió es aquel que reflejan los Evangelios.

 Distinción entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe»

Se empezó a hablar entonces de la diferencia entre el llamado «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe». Una diferencia que cada vez se fue acentuando más, y llegaron a la conclusión de que los Evangelios eran «mitificaciones» de un personaje originario del cual prácticamente no podíamos saber nada.

A finales del siglo XIX Strauss (David Friedrich Strauss) concluyó que el «colmo» de la mitificación era el Evangelio de San Juan, y que este no tenía que ser tenido en cuenta en absoluto.

Posteriormente se «cargaron» el Evangelio de San Mateo y el de San Lucas, y después el único que quedaba que era el Evangelio de San Marcos lo desprestigiaron también.

 Rudolf Bultmann

En este contexto, aparece una de las grandes figuras «desmitificadoras», Rudolf Bultmann, que no es tan antiguo en el tiempo. Bultmann muere en el año 1976, no estamos hablando de un personaje que se remota a la noche de los tiempos, sino que es relativamente reciente.

Es Bultmann quien concluye que «no hay nada que hacer». Es decir, que tenemos que «olvidarnos» del Jesús histórico, y que tenemos que acercarnos a los Evangelios como un relato «mítico» elaborado posteriormente, y sobre todo elaborado a raíz de la «invención» del cristianismo, que va  a «hacer San Pablo». Según esta óptica ese «Cristo de la fe» no tiene nada que ver con la realidad. Que el «Cristo de la fe» es alguien que «nos han contado» pero que no existió realmente.  Es decir, que el que existió, no es aquel que cuentan los Evangelios, que son libros simplemente «míticos» e «inventados» sobre todo por San Pablo.

 Demolición durante el post-concilio

Con esta actitud de fondo, nos hemos enfrentado no solo al Concilio Vaticano II [que reafirma la historicidad de los Evangelios en su Constitución Dogmática Dei Verbum], sino al post-concilio, que es en el cual todavía estamos viviendo.

Naturalmente esta «demolición» de las raíces de nuestra fe y de la Palabra de Dios, esta demolición del cristianismo, no se ha hecho sin consecuencias. Las consecuencias han sido muy graves.

 Religión del supermercado

Es lo que alguno denominó la «religión del supermercado». Tu vas con tu carrito de supermercado, y ves las estanterías más o menos repletas de productos, y vas eligiendo lo que a ti te conviene, en función de tus gustos, o en función de simplemente de que aquella marca te resulte más económica o esa otra marca, según tu opinión, te da mejor resultado.

Llegas con tu carrito a la caja, pero si en el camino a la caja te encuentras con alguien que te dice: «¿Cómo ha comprado usted ese detergente?, Ese no es bueno, mejor compre este otro», pues no hay ningún problema. Dejas ese producto, lo sacas de tu carrito, y vas y eliges otro o no eliges ninguno.

Es la religión del supermercado, en la que estábamos y por desgracia todavía estamos. Y esta religión del supermercado no es una religión solo para ti. Es decir, tu coges tu carrito y vas poniendo tus productos, quitas y pones tu antojo, ya sea quizá por la influencia que hacen en ti en el último momento o a lo largo de tu compra. Pero lo mismo está haciendo otro.

 Ejemplos varios

Pongamos un ejemplo. A ti te parece muy importante y esencial insistir en que el Señor dijo «lo que hagas al más pequeño a mí me lo hicieron», el compromiso social, la ayuda a los pobres, y a ti te parece eso muy importante, muy bien. Pero a ti no te parece importante en cambio, que el Señor haya dicho «lo que Dios unió que no lo separe el hombre», que «el que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra la primera», eso no te parece importante, entonces lo segundo, que no te parece importante, lo pones en duda, y dices: «¿Lo dijo Cristo?», primera cuestión, «no había grabadoras». En el caso de que dijera algo parecido, «¿en qué contexto?, «¿quién lo escuchó?, ¿cómo lo entendió y cómo lo contó?, ¿cómo lo escribió el que años después lo escribió?» No merece la pena hacer un problema por eso.

 Luego otro, con los mismos derechos que tu, con su carrito de supermercado, ha elegido otro producto y ha dicho «a mí eso sí me parece muy importante, pero no me parece importante que el Señor dijera «Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», o que el Señor dijera «Tomad y comed que esto es mi cuerpo», o que Cristo resucitara, o que Cristo en la cruz nos dijera que es importante pedir ayuda para perdonar como Él estaba perdonando cuando exclamó «Padre, perdónales que no saben lo que hacen».

 Es decir, la religión del supermercado es muy cómoda, pues es una religión a tu manera y a tu gusto, para que no te moleste, pero eso que tú haces lo puede hacer exactamente igual cualquier otro,  y naturalmente eligiendo productos que a ti no te gustan nada pero que aquel alega que tiene el mismo derecho a hacerlo. De esto se dieron cuenta, gracias a Dios, muchos, entre ellos, el profesor Joseph Ratzinger, después arzobispo Ratzinger, luego Cardenal Ratzinger, y después Papa Benedicto XVI. Fue precisamente él quien denominó a este tipo de «religión» la «religión del supermercado» y el escribe unos de los mejores libros que se han escrito que son la trilogía sobre Jesús de Nazaret, y que yo recomiendo a todos que al menos lean el prólogo, o la introducción del primero de los libros, porque sitúa perfectamente el problema. Es decir, nos dice cómo está la Iglesia en ese momento y las consecuencias terribles que tiene para todos, no solamente para los de izquierda o para los de derecha, la llamada «desmitificación» de Jesucristo, de decir que Jesucristo no existió, o que el que existió no tiene nada que ver con el que nos cuentan, o que el que nos cuentan hay que ver lo que dijo, si es que realmente nos dijo algo.

 Sobre las palabras del Superior de la Compañía de Jesús

Por qué hablo de todo esto, porque eso es adonde estamos llegando. Poner en duda la Palabra del Señor, a propósito del divorcio, decir que hay que «reinterpretar a Cristo» porque «en aquella época no había grabadoras» abre la puerta sí o sí, sin ninguna duda, a poner en duda la palabra del Señor en otras cosas. No puedes pretender que lo que a ti te conviene poner en duda, sea lo único que se ponga en duda. A ti te conviene poner eso en duda, por la razón que sea. Quizá porque tienes un concepto de la misericordia que te lleva a decir que hay que dar la comunión a todo el mundo. Pero tienes que ser consciente de que si tu pones en duda eso, estás permitiendo, con los mismos derechos, que otro ponga en duda otra cosa.

 Para finalizar solo quisiera hacer una pregunta: ¿De verdad nadie se da cuenta de a dónde nos conduce todo esto?, ¿De verdad nadie se da cuenta del tipo de «demolición» de nuestra fe al cual estamos yendo?, es decir, a ese nihilismo, a esa falta absoluta de certezas, porque destrozando una parte del mensaje, porque nos «conviene» destrozarla, estamos empezando a destrozar el conjunto del mensaje. Solo quiero hacer esta pregunta porque el tiempo presente es tan serio, que merece la pena que antes de seguir «destrozando» el cristianismo, nos paremos a pensar en qué es lo que estamos haciendo.

Santiago Martín / InfoC., 2017

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