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John C. Eccles

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Primeros años

John Carew Eccles nació en Melbourne (estado de Victoria, en Australia) el 27 de enero de 1903. Era hijo de dos profesores católicos que practicaban la educación en casa (homeschooling), por lo que John no acudió al instituto Warrnambool hasta los 12 años. Alumno brillante, a los 17 años fue becado para estudiar medicina en la Universidad de Melbourne. Se graduó el primero de su clase con honores en 1925, siendo premiado con la prestigiosa beca Rodhes para hacer el doctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra.

 Allí escogió la especialidad de Filosofía de la ciencia, siendo discípulo de Charles Scott Sherrington, prestigioso neurofisiólogo (en 1932, premio nobel de medicina) y también creyente, obteniendo el grado de doctor en Filosofía en 1929, a los 26 años de edad. Poco antes se había casado con la neozelandesaIrene Frances Miller, con la que tendría nueve hijos (cuatro varones y cinco mujeres). Dos de sus hijos fueron también investigadores científicos y una de ellas, Rosamond, cooperó más adelante con él en sus investigaciones. En Reino Unido publicó un primer trabajo llamado “actividad refleja de la médula espinal” (1932).

 En 1937 regresó a Australia, donde se hizo cargo, junto a Bernard Katz (premio nobel de medicina en 1970) y Stephen Kuffler, del instituto Kanematsu, perteneciente a la Escuela médica de Sydney. Durante la Segunda guerra mundial llevó a cabo investigación militar, y a su término fue nombrado profesor de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, donde se hizo amigo del filósofo Karl Popper, que influyó poderosamente en su concepción filosófica. Ambos desarrollaron el concepto de “dualismo interaccionista”, por el cual el universo estaba formado de una sustancia física y otra mental, que interaccionaban entre sí.

Estudio de la sinapsis neural

Desde su época universitaria, Eccles sintió una gran insatisfacción ante la explicación corriente de la relación entre mente y cuerpo, lo cual le inclinó a desarrollar su investigación en el campo de la neurociencia. En 1952 fue nombrado profesor de la Escuela John Curtin de Investigación Médica, perteneciente a la Universidad Nacional de Australia en Camberra (la capital federal). Allí focalizó su trabajo en el estudio de las sinapsis en el sistema nervioso periférico, tomando como modelo el reflejo osteotendinoso, relativamente simple de observar.

 Aplicando corrientes en la neurona motora sensorial del cuádriceps y de los isquiotibiales, su equipo descubrió el modo en que la corriente eléctrica excitatoria desencadenaba el potencial de acción en la placa motora del músculo, por acumulación de potenciales postsinápticos excitatorios; y también el modo en que actuaban los potenciales inhibitorios. En 1953 publicó el libro “las bases de la neurofisioloía de la mente. Principios de neurofisiología”.

 Eccles y Katz estuvieron también entre los pioneros que demostraron experimentalmente que la transmisión sináptica era principalmente química, y no meramente eléctrica, y el papel que la acetilcolina tenía como neurotransmisor.

 Estos descubrimientos permitieron un salto fundamental en la neurofisiología, y le valieron un gran reconocimiento a nivel mundial. En 1957 publicó “la fisiología de las células nerviosas”, y en 1958 fue nombrado caballero del Imperio, reconocimiento del que siempre estuvo orgulloso (empleó desde entonces el título de Sir). Su principal honor lo recibió en 1963, cuando obtuvo, por sus trabajos sobre la sinapsis, el premio nobel de Medicina/Fisiología, compartido con los descubrimientos de Andrew Huxley y Alan Lloyd Hodgkin por sus trabajos sobre los potenciales de acción neural. Por ese motivo fue elegido “Australiano del año” en 1963.

 Publicó en 1964 “la fisiología de las sinapsis”, y en 1969 “las vías inhibitorias del sistema nervioso central”.

Sus trabajos filosóficos. El trialismo interaccionista

Cuando John Eccles se doctoró en filosofía de la ciencia ya mostraba un lado profundamente inquisitivo acerca de la naturaleza del hombre, más allá de sus estudios meramente físicos.

 Efectivamente, en 1965 ya había publicado “el cerebro y la unidad de la experiencia consciente”, y fue nombrado miembro honorario de la Sociedad Filosófica Americana. Un año más tarde se traladó a Estados Unidos, donde trabajó dos años en el Instituto de Investigación biomédica de Chicago, abandonándolo en 1968 para ser profesor en la universidad de Buffalo (estado de Nueva York).

 Desde el principio, el objeto del interés de Eccles fue la incógnita de la relación entre mente y cerebro. Deshechando el cartesianismo clásico que le insatisfacía, en unión de Popper, evolucionó el dualismo interaccionista y diseñó una teoría de los tres mundos que interaccionaban, el “trialismo interaccionista”.

 Los que llamaba “tres mundos” estaban compuestos de: 1) Objetos y estados físicos: energía, materia inorgánica y orgánica (incluyendo el cerebro humano) y artefactos creados por el hombre (algunos no aparentemente materiales como la música). 2) Estados de consciencia: referido al conocimiento subjetivo, y a la experiencia de percepciones, pensamientos, emociones, memorias, sueños, imaginación y disposiciones interiores. 3) Conocimiento en sentido objetivo: ahí incluía toda la ciencia, tanto exacta como humanística, del ser humano.

 Según sus propias palabras, el primer mundo era el único que reconocían los materialistas estrictos.

 En cuanto al segundo mundo, admitía en él tres niveles diversos, uno correspondiente a los sentidos externos (luz, color, dolor, tacto, sonido, olfato, etc) que reconocía necesidad de elementos del mundo primero (como las ondas de sonido o las sustancias químicas del olfato), otro a los sentidos internos (pensamientos, memorias, alegrías, sentimientos, sueños, miedos, imaginaciones e intenciones) que pueden exteriorizarse por el gesto y la palabra, y un tercero correspondiente al “Puro Ego (el Yo o espíritu), que consideraba el corazón de la unidad y el pensamiento.

 La relación entre el mundo uno y el dos correspondería aproximadamente a la discusión secular entre el universo de las ideas y el de los objetos, desde Platón a Descartes, pasando por el realismo de Santo Tomás de Aquino o el nominalismo de Ockham.

 Por último, el mundo tercero corresponde a la cultura. Es decir, todo el mundo creado por el hombre y que recíprocamente le construye a lo largo de la historia. Esta era la principal adición del pensamiento de Popper a sus propias ideas. Incluía también los artefactos del mundo primero, no en tanto en cuanto meros objetos, sino por el significado trascendente que poseen.

 Publicó durante esos años diversos trabajos desarrollando progresivamente estas ideas: “Encarando la realidad: las aventuras filosóficas de un cientifico cerebral” (1970), “La comprensión del cerebro” (1973), y finalmente “el Yo y su cerebro”, en 1977, junto a Karl Popper, donde aquellas se plasman plenamente.

Últimos años

En 1975, Eccles (que contaba 72 años de edad) se retiró de la actividad académica e investigadora. Abandonó los Estados Unidos y se instaló en Suiza, donde obtuvo la nacionalidad. Allí siguió escribiendo sobre el problema “mente-cerebro”, sin que la edad avanzada le restara un ápice de lucidez. Publicó “El misterio humano” en 1979, la “Psique humana” en 1980, “La maravilla de ser Humano; nuestro cerebro y nuestra mente” (con Daniel N. Robinson) en 1984, “Mente y Cerebro” en 1985, y “La evolución del cerebro: la creación del Yo” en 1989.

 Su actividad no cesó. En 1977 pronunció las conferencias Gifford en la Universidad de Edimburgo, creadas para “promover y difundir el estudio de la teología natural”. Los temas de sus ponencias fueron “el mistrio humano” y “el psiquismo humano”. En 1981 fue miembro cofundador del Consejo Cultural Mundial, junto a otras 123 personalidades de la ciencia, la literatura, la filosofía o el arte. En 1990 recibió la Real Orden de Australia.

 En 1994, nada menos que con 91 años, publicó su último trabajo, y acaso el más perfilado y definitivo, “Cómo el Yo controla su cerebro”. Es el resultado de su relación con los trabajos del físico nuclear Friedrich Beck desde 1991.

 En él vuelve al dualismo interaccional entre mente y cerebro. Postula la existencia de unidades neurales en el córtex cerebral, a las que llama “dendrones”, formados por columnas neuronales cilíndricas en las seis últimas filas de la corteza, cada uno de 60 micrómetros de diámetro (habría unos 40 millones de dendrones). Cada dendrón estaría conectado con una unidad mental o “psicón”, representando una experiencia consciente unitaria. En los pensamientos y acciones voluntarias, los psicones actuarían sobre los dendrones, incrementando la posibilidad de activación de las neuronas seleccionadas a través del “efecto túnel” en la exocitosis sináptica.

 En 1997, John Carew Eccles murió en su casa de Locarno (Suiza), a los 94 años de edad. En la Escuela de investigación médica John Curtis de la Universidad Nacional de Australia, donde impartió clases, se inauguró en 2012 una nueva alaque lleva su nombre.

Visión filosófica y teológica de John Eccles

Eccles siempre se consideró católico practicante. Así lo afirmó en una biografía escrita por Alexander Karczmar, aunque admitía que no siempre había cumplido el precepto dominical. Más aún, su vida presentó al menos una incoherencia grave con su fe, cuando en 1968 (hijo de sus agitados días) se divorció de su esposa Irene, tras cuarenta años de matrimonio, y poco después se casó con una de sus discípulas, Helena Taboríkova, que colaboró en sus trabajos científicos.

 No obstante, era un hombre espiritual, con un profundo sentido del misterio, y una firme creencia en la Divina Providencia, y su operación por encima de los acontecimientos materiales de la evolución biológica. Estaba convencido de que la ciencia no bastaba para comprender el universo y el misterio de la vida.

 Durante su célebre ponencia “el misterio humano” en las Lecturas Gifford de Edimburgo en 1978 dijo:

Acepto todos los descubrimientos y las hipótesis científicas bien corroboradas; no como la verdad absoluta, sino como la aproximación más cercana a la verdad a la que podemos llegar. Pero tales lecturas nos revelarán, un caso tras otro, quehay un importante residuo no explicado por la ciencia, y siempre más allá de cualquier futura explicación científica. […] Como dualista, creo en la realidad del mundo de la mente o el espíritu así como en la realidad del mundo material. Más aún, soy “finalista” en el sentido de creer que hay algún Diseño en el proceso de la evolución biológica que nos ha llevado eventualmente a la autoconsciencia con nuestra individualidad única. Sugeriré más adelante que somos criaturas con algún sentido sobrenatural como ya lo he definido.

 Un año más tarde, llamaba en un artículo a recuperar la ligazón entre filosofía y la teología, alertando sobre el totalitarismo sin alma al que aboca el materialismo estricto:

Repudio las filosofías y los sistemas políticos que identifican a los seres humanos como meros objetos de una existencia material de valor sólo como engranajes de la gran máquina burocrática del Estado, que así se convierte así en un estado esclavista. Las esclavitudes terribles y cínicas representadas en la obra de Orwell ‘1984′ están hundiendo más y más a nuestro planeta. ¿Aún hay tiempo para reconstruir la filosofía y la religión que nos pueden dar una fe renovada en esta gran aventura espiritual, que para cada uno de nosotros es una vida humana vivida en la libertad y en la dignidad?

 En el mismo, criticaba abiertamente el ciencismo o cientifismo, alertando sobre su capacidad de embaucar a los legos:

Ha habido una deplorable tendencia de muchos científicos de afirmar que la ciencia es tan poderosa y omnipresente que en un futuro no muy lejano se proporcionará una explicación en principio de todos los fenómenos del mundo de la naturaleza, incluido el hombre, incluso de la conciencia humana en todas sus manifestaciones. […] En nuestro reciente libro [se refiere a “El Yo y su cerebro”, de 1977], Popper ha llamado a esta pretensión como ‘materialismo promisorio’, que es exagerado e irrealizable. Sin embargo, debido a la alta consideración que se tiene por la ciencia, tiene un gran poder de persuasión con los laicos inteligentes, porque es defendida sin pensarlo por la gran mayoría de científicos que no han evaluado críticamente los peligros de esta afirmación falsa y arrogante.

 En su libro “El misterio humano” (1979) defiende la Providencia y critica el evolucionismo neo-darwinista:

Creo que hay una Providencia Divina operando en y por encima de los acontecimientos materialistas. […] El increíble éxito de la teoría de la evolución se ha protegido de la evaluación crítica significativa en los últimos tiempos, sin embargo, falla en un aspecto de lo más importante: no puede explicar la existencia de cada uno de nosotros como seres únicos, auto-conscientes.

 Invitado a escribir en la obra colectiva “Los intelectuales hablan sobre Dios: un manual para el estudiante cristiano en una sociedad secular” (1984), tituló a su artículo “la biología moderna y el giro a la creencia en Dios”, y decía:

La ciencia y la religión se parecen muchísimo. Ambas son aspectos creativos de la mente humana. El conflicto aparente es resultado de la ignorancia. Venimos a existir a través del acto divino. Esa guía divina es un tema desde el principio hasta el fin de nuestra vida, en nuestra muerte el cerebro se va, pero la orientación y el amor divino continúa. Cada uno de nosotros es un ser único, consciente, una creación divina; es el punto de vista religioso; es el único punto de vista consistente con toda la evidencia.

 En 1989, en su obra “evolución del cerebro; creación del Yo” afirmaba que “la teoría reduccionista prevalente era empobrecedora y vacía”, y añadía:

Expreso aquí mis esfuerzos por comprender con profunda humildad un Yo, mi Yo, como un experiencia. Lo ofrezco en la esperanza de que los Yos humanos puedan descubrir una fe transformadora en el sentido y significado de esta maravillosa aventura que se nos ha dado a cada uno en esta salubre Tierra nuestra; cada uno con su maravilloso cerebro, que es nuestro para controlar y usar, para nuestra memoria y disfrute, y creatividad, y con amor por los otros Yos humanos.

 En una conferencia en 1990, Eccles también se mostró crítico con la adoración de la Madre Tierra de la Nueva Era, poniendo en guardia frente al más preocupante materialismo:

Hablas de la protección de nuestra tierra como si fuera el objetivo más urgente en la actualidad. No estoy de acuerdo. Se trata de salvar a la humanidad de la degradación materialista; se presenta en los medios de comunicación, en la sociedad de consumo, en la predominante búsqueda de poder y dinero, en la degradación de nuestros valores (que solían estar basados en el amor, la verdad y la belleza), y en la desintegración de la familia humana.

 La espiritualidad pasaba a primer plano en su obra “Evolución del cerebro:creación del Yo” (1991):

Tenemos que reconocer que somos seres espirituales con almas existentes en un mundo espiritual, así como seres materiales con cuerpos y cerebros que existen en un mundo material. […] Me veo obligado a atribuir la exclusividad del Ser o el Alma a una creación espiritual sobrenatural. Para dar la explicación en términos teológicos: cada Alma es una nueva creación Divina, que se implanta en el feto en crecimiento en algún momento entre la concepción y el nacimiento. […] Podemos considerar a la muerte del cuerpo y del cerebro como la disolución de nuestra existencia dual. Con suerte, el alma liberada encontrará otro futuro de significado aún más profundo y de más experiencias fascinantes, quizás en alguna existencia renovada conforme a la enseñanza cristiana tradicional.

 En su obra cumbre, “Cómo el Yo controla su cerebro” (1994) es muy crítico hacia la filosofía materialista, y esa crítica le lleva a la fe en la creación sobrenatural:

El ‘materialismo promisorio’ es simplemente una superstición mantenida por materialistas dogmáticos. […] Observo que esta teoría no tiene fundamento. Cuanto más descubrimos científicamente acerca del cerebro, más claramente distinguimos entre los eventos cerebrales y los fenómenos mentales y más maravillosos se vuelven los fenómenos mentales. […] El misterio humano está increíblemente degradado por el reduccionismo científico, con su pretensión en el materialismo promisorio para considerar todo lo del mundo espiritual en términos de patrones de actividad neuronal. Dicha creencia debe ser calificada como una superstición. […] Puesto que las soluciones materialistas no tienen en cuenta nuestra unicidad experimentada, me veo obligado a atribuir la unicidad al ser o alma a una creación espiritual sobrenatural. Esta conclusión es de inestimable importancia teológica. Refuerza fuertemente nuestra creencia en el alma humana y en su origen milagroso en una creación divina.

 En la entrevista para la antología científica The Voice of Genius (1995) declaraba:

Hay un misterio fundamental de mi existencia personal, que sobrepasa las consideraciones biológicas del desarrollo de mi cuerpo y de mi cerebro. Esta creencia, por supuesto, mantiene el concepto religioso del alma, con su creación especial de Dios. […] Si considero la realidad como la experimento, la primera experiencia que tengo es de mi propia existencia como un ser único consciente de sí mismo que yo creo que fui creado por Dios.

Epílogo

Para muchos de sus colegas de filosofía de la ciencia, el dualismo era casi un residuo religioso de la filosofía de una época pasada, y Eccles se acostumbró a enfrentar frecuentes críticas. Por ello fue un activo participador de las Conferencias internacionales de la Unidad de Ciencia, patrocinadas por la Fundación Cultural internacional. En ellas fue uno de los principales impulsores de temas como “la ciencia y los valores absolutos”. Siempre se empeñó en que la ciencia no se cerrara en un estrecho camino que le llevara a despreciar la integración de sus conocimientos con la dimensión espiritual de la persona (como por ejemplo en sus ponencias sobre la neurociencia y el libre albedrío, la muerte o el sentido de la vida).

 Junto a su amigo Karl Popper, fue también un firme defensor del método hipotético-deductivo (formular una hipótesis y deducir de ella consecuencias que pudieran ser falsadas experimentalmente), y en sus propias investigaciones lo siguió escrupulosamente.

 John Carew Eccles estaba profundamente convencido de que se podían hallar los signos de lo sobrenatural junto a los hallazgos naturales de la ciencia, y persuadido de que no suponían una contradicción para ningún investigador científico.

Su experiencia en la investigación científica no supuso en absoluto la puesta en duda de la fe recibida. Muy al contrario, puso al día la teoría dualista de alma-cuerpo(en su caso mente-cerebro) de los teólogos cristianos más autorizados. De forma cuasi profética, advirtió contra los riesgos y errores del materialismo, muy particularmente del que llamó “materialismo promisorio” que consideraba muy cercano al cientifismo, así como de la adoración de la Madre Tierra, de las filosofías materialistas y su concepto del hombre como engranaje.

 En cambio, defendió el Diseño inteligente detrás de la evolución biológica. Propuso atribuir la unicidad de mente y cerebro a la creación divina, y la superioridad de la mente. Y predicó la transformación del Yo para recuperar una civilización (filosófico-religiosa) en la que el respeto a la dignidad del hombre, el disfrute, la libertad y el amor a los otros sentara las bases de una cultura basada en la reconciliación entre la ciencia y la religión, entre la razón y la fe.

 Sin duda, un buen ejemplo para cualquier católico, sobre todo los investigadores científicos.

 Luis Ignacio Amorós (Valencia, 1972. Seglar católico. Doctor en Medicina, catequista de confirmación, voluntario de Cáritas en Atención al inmigrante, ministro extraordinario de la Comunión desde 2005, ha sido editor del portal de la CTC del Reino de Valencia desde 2004 a 2008). / InfoC. 2016

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¿La familia en peligro de extinción?

familia en crisis

Lo que hoy realmente debe preocuparnos, en primer término, es el futuro de la familia, que a mi modo de entender lo veo muy oscuro. Miremos a nuestro alrededor, en nuestros amigos y vecinos, incluso dentro de nuestras propias familias, y comprobamos que el rechazo al matrimonio canónico, al matrimonio “para toda la vida”, abunda…, pero además, está la plaga de divorcios de los que, en un principio, se comprometieron libremente, ante Dios, para toda la vida.

Para muchas personas, hoy lo que se lleva es el “arrejuntarse”, el amancebarse, el vivir “en pareja”, desdeñando todo compromiso formal y, con mucha frecuencia, la negación a la descendencia. Si acaso un hijo, uno sólo, no más…

matrimonio

Toda pareja, formal o no, está sometida a los vaivenes de la convivencia en común, pero la poca formación al respecto y la carencia de virtudes, las hace sumamente frágiles, inseguras, quebradizas, propensas a la ruptura, al trauma del divorcio a veces por motivos nimios, creando un mundo de seres desorientados e infelices abocados a toda clase de dramas.

¿Quién fomenta estas corrientes degradantes y perniciosas? No lo sé. Lo sospecho, pero a ciencia cierta no lo sé. Veo no obstante ciertos hechos, lo puede ver cualquier persona con ojos en la cara y quiera verlo, como, por ejemplo, la renuncia al matrimonio, constituyen una gran amenaza para la estabilidad familiar y, por consiguiente, la estabilidad social, dado que si la familia estable se descompone y desaparece, la sociedad correrá la misma suerte, con todos los males que ello puede traer consigo.

Otro hecho que actúa contra la familia regular, es la homologación del mal llamado “matrimonio homosexual o igualitario” al matrimonio verdadero, con lo que se pretende, no sólo “normalizar” legalmente lo que por naturaleza es anormal, sino banalizar, desfigurar el concepto de matrimonio, según lo entiende, no sólo la religión, sino las mismas leyes naturales. El matrimonio es la institución natural que tiene por fin, además de consagrar el amor entre los esposos, la conservación de la especie a través de ese amor precisamente. Y ello es imposible de conseguir con la unión homófila.

Sin embargo, ahora estamos, en gran parte de Occidente, bajo la dictadura del corporativismo gay y la ideología de género, que forman parte del mismo paquete corrosivo dispuesto a disolver las instituciones firmes que sostenían la civilización occidental.

Lo hemos visto en el último festival de Eurovisión, ese evento decadente, donde un tipo con barba, disfrazado de mujer, que se hace llamar Conchita, ganó, no por su voz, sino por su condición de afeminado, género que abunda en el mundo del espectáculo. Salió a provocar o a exhibir su condición, y consiguió plenamente su objetivo, con el gran apoyo del lobby gay. El tal Tomás, que es su nombre real, aunque se haga llamar Conchita, dijo al terminar aquel ruido, “no nos pararán”. Y, en efecto, están lanzadísimos, y no pararán hasta subvertir el orden natural de la sociedad imponiendo a todo el mundo la hegemonía de su estilo de vida.

Hemos vuelto, al cabo de miles de años, a Sodoma y Gomorra. ¡Todo un progreso de civilización! ¿Es un augurio alarmista infundado por mi parte? Bueno, el tiempo dirá. En todo caso, recemos por el próximo sínodo de los obispos sobre la familia, y que del él, salgan orientaciones claras y fieles a la Palabra, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia.

Vicente Alejandro Guillamón /RenL., 19 mayo 2014 (edit.)

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COMUNICADO ANTE LA SITUACIÓN ACTUAL DEL PAÍS

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, como organismo de representación y servicio de los laicos, cuya función primordial es la animación de la sociedad según los principios humanos y cristianos del Evangelio, se dirige a la opinión pública venezolana para señalar lo siguiente:

Los dramáticos acontecimientos que vivimos hoy, son una manifestación de la lucha que viene sosteniendo la población contra la implementación de un proyecto político-ideológico “moralmente inaceptable”.

Este calificativo que le dio la Conferencia Episcopal Venezolana a la propuesta de Reforma Constitucional del año 2007, fue proféticamente acertado. Aunque el proyecto fue negado, los poderes del Estado lo han venido instrumentando al margen de la Constitución agravando problemas antiguos y creando problemas nuevos que sufre la población en los más diversos ámbitos. La lucha que desarrollan principalmente los estudiantes, es una de las consecuencias de la instrumentación de dicho proyecto, pues ahora se percibe que el futuro está comprometido.

La grave situación actual del país exige una revisión profunda que genere un reencuentro de los Venezolanos sobre bases morales consistentes y ateniéndose a la letra y al espíritu de nuestra Constitución.

Los católicos junto a los creyentes y todas la personas de buena voluntad debemos poner nuestro mejor empeño y esfuerzo en el camino de este encuentro. El cual, antes que diluir la diversidad, ha de conjugar los diferentes aportes hacia el bien común de la nación en una democracia pluralista.

Manifestamos nuestra solidaridad con las familias de las víctimas de la violencia y hacemos votos ante Dios para que su sacrificio no sea inútil, sino que fructifique en reconciliación y paz de todos los venezolanos.

Hacemos nuestros los mensajes de la Conferencia Episcopal Venezolana y otros sectores e instituciones del país donde se establecen las condiciones para un diálogo sincero y efectivo que propicie la justicia y la paz.

Instamos a todos nuestros hermanos en la fe a orar y realizar jornadas de oración y adoración ante el Santísimo Sacramento con estas intenciones.

Encomendemos a la Virgen de Coromoto que interceda por la unión y fraternidad de todos los Venezolanos.

En Caracas, a los 04 días del mes de marzo de 2014

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Herejías Sutiles: mentiras atractivas

Desde este trípode se abre un inmenso abanico de sub-herejías que van conformando el pensamiento y la praxis de una gran mayoría de católicos.

Muchos teólogos modernistas o «progres» definen la HEREJÍA como «Verdad que se vuelve loca». Yo prefiero definir la Herejía como «mentira que parece cuerda», sobre todo cuando se trata de herejías aceptadas de forma muy sutil que aparecen ante las personas sin defensas (o sea con poca o nula formación, o formación deformada) con unos componentes atractivos que las hacen asumirse como normales dentro de las mismas comunidades cristianas. En este artículo voy a señalar tres bastante sutiles que ya son casi «tópicos» en el pensamiento occidental:

1: Herejía de la FALSA HUMILDAD

«Es una soberbia creer que el ser humano puede ofender a Dios» . De manera que, según esto, no existe el pecado personal sino solo el pecado «estructural» contra el que se lucha desde la praxis social y política. Esta idea ha conseguido que muchas personas se olviden de confesar sus pecados, pues si llegan a pensar que ofenden a Dios a la vez creerán que son soberbios con ese pensamiento. Y aquí se cae en la típica, pero no evidente, contradicción de la herejía. Si se niega el pecado (la ofensa a Dios), ¿cómo calificar con otro pecado (soberbia) la máxima de que No hay pecado?; ahora bien, ¿cómo responder a esta herejía?; pues el camino más corto es acudir al Sagrado Corazón de Jesús. Dios no es un Dios lejano e insensible (al estilo del deísmo ilustrado) sino un Dios cercano que se encarna, que se hace hombre (igual a cualquier hombre menos en el pecado), y que precisamente muere en la cruz a causa de nuestros pecados. Pero su Divino Corazón siente las ofensas de los pecadores, igual que en vida Cristo sintió la traición de Judas, la negación de Pedro, el abandono de los suyos…etc.

Por tanto, SI. El ser humano puede ofender a Dios y eso sucede cada vez que se peca, sobre todo si se peca gravemente pues en ese caso se pone en peligro la salvación del alma y Dios quiere la salvación de todas las almas. Y además, si decimos que el ser humano no puede ofender a Dios con el pecado, ¿para qué murió Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz?

confesionario
2: Herejía de la PRESUNCIÓN AUTOSUFICIENTE

«Haz lo que quieras que al final estás salvado». Esta herejía enlaza perfectamente con la segunda tentación del diablo a Cristo que aparece en Mateo capítulo 4: «tírate al abismo que tus ángeles no permitirán que tu pie tropiece contra una piedra». El Salvador responde. «No tentarás al Señor tu Dios». Pues esta herejía está hoy tan extendida que ha provocado que muchos creyentes se hayan metido a Dios «en el bolsillo» y no en el corazón. Esta idea paraliza el esfuerzo moral personal, nubla el compromiso, anula la buena voluntad, rebaja la vocación al concepto de opción provisional, seculariza la vida de la Iglesia….etc, pues esta mentira tan sutil priva al ser humano del don de «Temor de Dios» que no es servilismo sino amor reverencial a quien tanto nos ama y a quien nos debiera doler el ofenderle. La respuesta es bien sencilla: atendamos a la Palabra de Cristo. En Mateo capítulo 25 (juicio final) aparece muy clara la situación eterna de cada ser humano: si sus obras fueron conforme a la fe, se salva. Pero si solo hay fe y no hay obras, o éstas fueran malas y no hay arrepentimiento, se condena.

Por tanto, NO. Para salvarse el camino no es hacer la propia voluntad sino la voluntad de Dios que, además, es la única que nos hace felices ya en la tierra. La «Fe sola» NO es suficiente.

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3: Herejía del INDIVIDUALISMO RELIGIOSO

«Se cristiano, sí, pero no te metas en la vida de los demás». Esta herejía bloquea el sentido misionero, el apostolado inherente a la condición de hijo de Dios. Por supuesto que Dios no quiere que impongamos la fe, que no respetemos la legítima libertad del prójimo, eso es claro. Pero otra cosa es renunciar a compartir la alegría de la fe, pretender guardar el talento recibido bajo una piedra y no hacerlo rendir (ver otra vez Mateo capítulo 25). Si los primeros cristianos hubieran escuchado ese llamado de la posmodernidad, entonces el cristianismo no se hubiera extendido por todo el mundo conocido. La respuesta también es muy sencilla, y vemos en Mateo capítulo 28 el mandato misionero de Cristo: «Id por todo el mundo y bautizad a todos anunciando el Evangelio». Dios nos ha creado «hermanos», o sea, nos pertenecemos. La caridad hace que todo cristiano que se precie de ello rece para que todos sean cristianos y gocen del tesoro verdadero.
pies misioneros
Por tanto, SI. Hay que «meterse» en la vida de los demás….hay que tener CELO APOSTÓLICO y no estar indiferentes ante el alejamiento de Dios de nuestros amigos y familiares, ni siquiera ante el alejamiento de los que ni son amigos o hasta son enemigos. Rezar por todos, dar buen ejemplo y misionar constantemente porque así nos lo ha pedido el Redentor.

Herejías sutiles: mentiras atractivas desde una óptica posmoderna que incluye la falsa humildad, la presunción autosuficiente y el individualismo religioso. Ideas que han encontrado su cauce en la teología modernista que resalta:

– La negación de la libertad del ser humano (por eso no es capaz de ofender a Dios)

– La afirmación de la auto-salvación del ser humano («Ser como Dioses» del pecado original)

– La consideración del cristianismo como una creencia más entre otras muchas

Desde este trípode se abre un inmenso abanico de sub-herejías que van conformando el pensamiento y la praxis de una gran mayoría de católicos. Por eso creo conveniente denunciar el origen de estos pensamientos que son producto de la cultura posmoderna y la teología modernista filoprotestante.

P. Santiago González, sacerdote

Publicado originalmente en Adelante la Fe, Nov. 2013

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Familia, Divorcio, Hijos, Sociedad

Familia Católica

Francis Fukuyama constata que el cambio social que está originando más vivencias traumáticas ha sido el aumento de divorcios y rupturas familiares. Sin embargo, a pesar de la crisis por la que atraviesa, la familia no parece tener alternativa viable: es la institución educativa más sencilla y universal, la más económica y eficaz, y también, la única capaz de proporcionar una educación completa. De ella se ha dicho que es el primer y mejor Ministerio de Sanidad, el primer y mejor Ministerio de Educación, el primer y mejor Ministerio de Bienestar Social. Si imaginamos un mundo envuelto en los terrores del Apocalipsis, es seguro que encontraríamos, un organismo superviviente: la bacteria, un mamífero con grandes posibilidades de resistir: las ratas, y una institución llamada a construir de nuevo el orden: la familia consanguínea (padre, madre, hijos, abuelos, tíos, primos…). Por eso, los que se apresuran a firmar su acta de defunción, morirán sin ver cumplido su pronóstico.

Divorcio ¿Quiénes son las víctimas?

Con una asombrosa clarividencia G.K. Chesterton, abordó esta problemática hace un siglo, y dedicó sus mejores energías a defender la más hermosa y necesaria de las formas de vida: decía que quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen. Pues, antes que ciudadano, el ser humano es miembro de una familia, de la primera y más importante de las formas de convivencia, de la tradición más antigua de nuestra especie. Si la humanidad no se hubiera organizado en familias, tampoco habría podido organizarse en naciones.
familia unida

Entre los rasgos esenciales de la familia figuran: la comunidad de vida, los lazos de sangre, una unión basada en el amor, y tres fines de máxima importancia: proporcionar a sus miembros los bienes necesarios para vivir, criar y educar a los hijos, ser la célula de la sociedad. Aristóteles afirma que el ser humano es naturalmente más conyugal que civil. En primer lugar, porque la sociedad civil presupone las sociedades domésticas. En segundo lugar, porque la generación y crianza de los hijos, son más necesarias para la vida humana que los bienes proporcionados por la sociedad.

oracion matrimonio

Sin familia, la especie humana no es viable, comenzando por el aspecto biológico. Un niño, una anciana, un hombre enfermo, no se valen por sí mismos y necesitan un hogar donde vivir, amar y ser amados, alimentados, cuidados. El ser humano es familiar, precisamente porque nace, crece y muere, necesitado. Además, todo hombre es siempre hijo, y esa condición es tan radical, como el hecho de ser varón y mujer. Ningún niño nace de un árbol, escribió Homero, y tampoco en soledad, sino en brazos de sus padres: nace para ser hijo.

El Hecho de ser hombre y mujer hace a los padres naturalmente complementarios: son distintos entre sí, pero mutuamente necesitados, desde las profundidades del cuerpo hasta las cimas del alma. Y en su unión familiar, ambos (hombre y mujer), han de aceptar la obligación de un compromiso protector, entre otras cosas, porque los hijos necesitan su tiempo, su dinero, su ejemplo, sus conocimientos y sus energías. Aunque hoy se cuestione, la familia aparece como naturalmente estable y monógama, de acuerdo con los sentimientos naturales de sus miembros más débiles: los niños, quienes a duras penas soportan la separación de sus padres. La humanidad descubrió muy pronto que el amor, la unión sexual, el nacimiento de un hijo, su crianza y educación, sólo son posibles si existe una institución que sancione la unión permanente de un varón y una mujer. La fuerza del impulso sexual es tan grande y la crianza de los hijos tan larga que, si no se logra esa unión con estabilidad y exclusividad, esas funciones se malogran, y la misma sociedad se ve seriamente perjudicada.

mujer y hombre

Sería equivocado ver la familia como célula de la sociedad tan solo en sentido biológico, pues también lo es en el aspecto social, político, cultural y moral. Virtudes sociales tan importantes como la justicia y el respeto a los demás se aprenden principalmente en su seno, y también el ejercicio humano de la autoridad y su acatamiento. La familia es, por tanto, insustituible desde el punto de vista de la pedagogía social. Su propia travesía, por encima del oleaje de los pequeños o los grandes conflictos inevitables, es ya una escuela de esfuerzo y ayuda mutua. En esa escuela se forman los hijos en unos hábitos cuyo campo de aplicación puede fácilmente ampliarse a la convivencia ciudadana. De hecho, la convivencia familiar es una enseñanza incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento abstracto sobre la tolerancia o la paz social.

Como todo lo humano, la familia es una organización de efectos reales, y estaría ciego quien no lo viera, pero es una ilusión pensar que existen sustitutivos mejores. Es la biología la que obliga a la mujer a descansar tras su maternidad. Es la misma naturaleza la que proporciona a los padres, niños muy pequeños, que requieren que se les enseñe, no cualquier cosa, sino todas las cosas. Durante décadas, el divorcio se ha recomendado como panacea para matrimonios mal avenidos. Pero se ha comprobado que el remedio es peor que la enfermedad. Hoy los psiquiatras y los psicólogos serios (como Paul Pearson o Daniel Goleman), desautorizan el lema: “si su matrimonio no funciona, busque una nueva pareja”; dicen que ha llegado la hora de sustituirlo por otro más sabio: “si su matrimonio no funciona, arréglelo”.

Madre y Padre

No podemos negar los casos difíciles, los que calificamos como tragedias. En cambio, podemos afirmar que el divorcio no elimina la tragedia. La diferencia consiste, para Chesterton, en que dentro del matrimonio la tragedia puede estar cargada de sentido, como la de un hombre que cae luchando por su país o que muere dando testimonio de la verdad. De hecho, el matrimonio ha sido comparado con la justicia, la libertad, el patriotismo, la democracia o cualquiera de los ideales que, a menudo, han tenido que ser defendidos con las armas en una guerra. Por eso, si los hombres siempre han sufrido por conquistar lo que entendían como felicidad, es razonable que ahora haya que sufrir por defender el matrimonio entre un hombre y una mujer, pues es un ideal y una institución a favor de la libertad de todos.

La estabilidad del matrimonio es una pretensión de estricto sentido común. Así argumentaba Chesterton: “Usted no puede deshacerse de su socio en el negocio porque no le gusta el tono de su voz. Ni puede despedir a un empleado porque no le gusta la forma de su nariz. Pero el pensamiento divorcista propone que la mujer de un hombre esté menos atada a él que su propio socio o cualquiera de sus empleados. Los divorcistas tratan de hacer del matrimonio algo mucho más fácil de disolver que cualquier contrato.”

Responsabilidad compartida
Un siglo más tarde, William Bennet, desde su amplia experiencia como Secretario de Educación y Comisario Nacional del Plan contra la Droga de Estados Unidos, después de reconocer que “demasiados chicos norteamericanos son víctimas del fracaso parcial de nuestra cultura, de nuestros valores y de nuestras normas morales”, llega a la siguiente conclusión: “Cuando la familia fracasa, tenemos la obligación de intentar suplirla con buenos sustitutos, como orfanatos. Pero nuestras mejores instituciones son, respecto a la familia, lo que un corazón artificial respecto de un corazón auténtico. Puede que no funcionen. Incluso, puede que funcionen mucho tiempo, pero nunca serán tan buenas como aquello a lo que sustituyen”.

Espectadores de una crisis familiar sin precedentes, que afecta sobre todo a las democracias occidentales, nuestros mejores analistas sociales llegan a la misma conclusión que Chesterton: que la familia es la más amable de las creaciones humanas, la más delicada mezcla de necesidad y libertad; que solo ella es capaz de transmitir con eficacia los valores fundamentales que dan sentido a la vida; y que eso la hace especialmente valiosa en un mundo que se va tornando surrealista.

José Ramón Ayllón, Licenciado en Filosofía y Letras, Especialista en Bioética, Profesor Universitario (del libro: “Ciudadano Chesterton, Una Antropología Escandalosa”, Ed. Palabra / Perfil de Chesterton: Chesterton y la Familia, Razones para la estabilidad)

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ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Benedicto XVI, Buenas Lecturas que Valen la Pena, fe, laicos, Papa Francisco

Una Encíclica Escrita a Cuatro Manos

Lumen Fidei

De Benedicto XVI, a Francisco

El documento de mayor relevancia que quedará en la Historia como contribución del Año de la fe será la encíclica Lumen fidei (La luz de la fe), escrita, por primera vez en la Historia, a cuatro manos, por un Papa emérito y el Papa reinante. Firmada el 29 de junio, fiesta de los Santos Pedro y Pablo, primeros testigos de la fe en Roma, la encíclica ha tenido una curiosa historia. Según ha revelado el arzobispo Rino Fisichella, Benedicto XVI había recibido muchas peticiones, al anunciar el Año de la fe, para que dedicara un tercer documento a la primera virtud teologal, después de haber escrito dos encíclicas sobre las otras dos: la caridad (Deus caritas est) y la esperanza (Spe salvi). En un primer momento, el Papa no estaba convencido de tener que someterse a este ulterior esfuerzo. Pero la insistencia de tantas personas venció, y Benedicto XVI tomó papel y pluma para escribir una nueva encíclica.

Papa Francisco y la Encíclica Lumen Fidei

Ahora bien, la preparación de todo lo necesario para su renuncia le quitó el tiempo necesario para pulir la carta y publicarla, de manera que la elección del Papa Francisco llegó con un documento casi terminado. Fue así como el nuevo Papa propuso a su predecesor publicar la encíclica, añadiéndole su toque personal, de manera que se convirtiera en un documento simbólico del magisterio pontificio.

En el número 5 de la encíclica, el Papa habla del Año de la fe y explica que se trata de «un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos». Ahora, el Sucesor de Pedro quiere que los apóstoles del siglo XXI sientan el mismo ánimo.

¿DESEAS LEER LA ENCÍCLICA? Te sugerimos visitar la dirección: http://www.vatican.va/holy_father/francesco/encyclicals/documents/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html

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ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Buenas Lecturas que Valen la Pena, catolicos en el mundo, laicos

Los laicos en el documento de Aparecida

documento conclusivo
La Conferencia de Aparecida (el V CELAM) estuvo integrada por una inmensa
mayoría de Obispos. En ella hubo también una representación muy
pequeña de laicos que pudieron manifestar algo muy claro: que la Iglesia no se
limita a la jerarquía sino que, en la misma comunión, es todo el Pueblo de Dios.
Esto estuvo presente a lo largo y ancho del Documento final, pero de manera
especial en el capítulo V donde, al hablar de las vocaciones específicas, dedican
siete párrafos a los “fieles laicos y laicas, discípulos y misioneros de Jesús, Luz
del mundo”.
Aparecida retoma del documento de Puebla una expresión que es la clave de
lectura de todo su mensaje: “los laicos y laicas son hombres y mujeres de la
Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón
de la Iglesia” (Aparecida 209). Es una expresión audaz y en clara continuidad
con el Concilio Vaticano II, que situó el tema del Pueblo de Dios en el corazón
de su eclesiología, expresado firmemente en la Constitución sobre la Iglesia
“Lumen Gentium”. De esta manera, el Documento de Aparecida, al hablar específicamente
de los laicos, se pone en la misma línea del Vaticano de Medellín
y de Puebla al que cita expresamente.

También señala claramente como ámbito propio de los laicos “el mundo basto
y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también
el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los
mass media, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la
familia, la educación y el trabajo profesional” (Evangelii Nuntiandi 70). Insiste el
Documento en el testimonio y actividad que contribuya a la transformación de
las realidades y a la creación de estructuras justas según los criterios del evangelio.
Del mismo modo, hacer creíble la fe mostrando autenticidad y coherencia en
su conducta. Reitera la intención de que los laicos tengan una formación sólida,
doctrinal (hubiera sido mejor decir teológica), pastoral y espiritual.

laico
El Documento les pide a los pastores que tengan una mayor apertura de mentalidad
para acoger el “ser” y “hacer” de los laicos en la Iglesia. Reconoce el
fortalecimiento de los movimientos laicales y los consejos parroquiales (diocesanos
y nacionales) donde participen en un mayor discernimiento y asuman
responsabilidad e identidad. Termina el apartado en una expresión claramente
inspiradora: “la construcción de ciudadanía en el sentido más amplio, y la
construcción de eclesialidad en los laicos es uno solo y único movimiento”
(Aparecida 215). Con estos rasgos se ha ganado claridad, belleza y alegría ser
laicos en América Latina. Nuestros Obispos, de manera todavía intuitiva, nos
ofrecen una serie de aspectos que pueden fomentar una comunión

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