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El Año de la fe entra en su recta final.Un tiempo de gracia para redescubrir la alegría de creer. Son trece meses que marcarán la historia de la Iglesia, con un nuevo impulso a la evangelización, y serán recordados por la inesperada renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco

Año de la fe Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

Faltan sólo tres meses para la clausura del Año de la fe, el hilo conductor que ha unido el final de pontificado de Benedicto XVI y el inicio del ministerio, como obispo de Roma, del Papa Francisco. Cuando el Papa Joseph Ratzinger inauguraba, el 11 de octubre pasado, esta iniciativa, la más original y distintiva de su pontificado, era imposible imaginar que el Año sería clausurado el 24 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey del Universo, por su sucesor, el primer Papa hispanoamericano de la Historia, y estando el Papa emérito en vida. Hoy sabemos que, cuando el Papa alemán inauguraba el Año de la fe, ya había tomado, con plena discreción, la decisión de presentar la renuncia durante este tiempo, pues, como ha revelado el mismo diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, fue una decisión que maduró tras el viaje que realizó a México y Cuba, a finales de marzo de 2012.

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela/  Benedicto XVI

Una respuesta del cielo

Benedicto XVI llevaba años pensando en cómo afrontar lo que considera la crisis más profunda que viven las sociedades contemporáneas: la crisis de la fe. La Iglesia vivía dos aniversarios históricos: el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, cumbre de los obispos de todo el mundo que renovó la vida de la Iglesia, y la publicación, por parte de Juan Pablo II, del Catecismo de la Iglesia católica, que finalmente ofrecía una panorámica sintética pero autorizada de la fe de la Iglesia. Fue así como abrazó la idea de convocar este año culminante de su apostolado como obispo de Roma, complementado por el Sínodo de los Obispos que convocó, el mes de octubre, para afrontar el desafío de la nueva evangelización.

La decisión más importante de renovación en la Curia romana durante el pontificado de Benedicto XVI estuvo también orientada a este objetivo: la creación de un nuevo ministerio vaticano, más precisamente, un Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, que tiene por objetivo alentar el empuje evangelizador de la Iglesia, particularmente en los países en donde, tras siglos de cristianismo, el Evangelio parece quedar olvidado o arrinconado en una estantería de biblioteca. Por este motivo asignó a este nuevo organismo vaticano, presidido por el arzobispo italiano Rino Fisichella, la tarea de coordinar las celebraciones y eventos del Año de la fe.

Hitos del Año de la fe

Si los Años Santos o Jubileos que celebra la Iglesia se pudieran evaluar por números, el Año de la fe ya empieza a entrar en los records. En el momento en el que usted está leyendo estas líneas, casi seis millones de personas ya habrán peregrinado a Roma, es decir, más de la mitad del número total de turistas que recibe al año la Ciudad Eterna han visitado la tumba de san Pedro para responder a esta invitación del Papa anterior y del actual. De hecho, cuando la peregrinación tiene lugar en grupo, el primer acto que suelen realizar los peregrinos, nada más llegar a Roma, es una procesión desde el Obelisco de la Plaza de San Pedro hasta la tumba del apóstol, en la basílica vaticana, donde se reza el Credo.

El Año de la fe comenzó con la Santa Misa, presidida por Benedicto XVI, en la basílica vaticana, junto a 80 cardenales, 15 de los Padres conciliares que participaron en el Concilio Vaticano II, 8 Patriarcas de las Iglesias orientales, 191 arzobispos y obispos que se encontraban reunidos en Roma con motivo del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, así como otros 104 Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo.
benedicto-XVI-misa

El Papa presentó entonces el Año de la fe «como una peregrinación a los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión (Lc 9, 3), sino el Evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia católica, publicado hace 20 años».

El primer gran evento del Año de la fe tuvo lugar el 21 de octubre, cuando miles de peregrinos de todas las partes del mundo se dieron cita en la Plaza de San Pedro, para ser testigos de la ceremonia de canonización de siete nuevos santos, entre ellos, la española María del Carmen Sallés y Barangueras (1948-1911), fundadora de las religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, así como la primera nativa estadounidense que llegaba a los altares: Kateri Tekakwitha (1656-1680).

Además, como sucede en los Jubileos y Años Santos, Roma también ha vivido en estos meses Jornadas temáticas que han congregado a diferentes categorías de peregrinos. El 28 de abril, se vivió la Jornada de quienes han recibido el sacramento de la Confirmación, que congregó en el Vaticano a unos 70 mil jóvenes. El 5 de mayo, se vivió en Roma la Jornada de las Cofradías, dedicada a poner en valor y a profundizar en la riqueza que aporta la piedad popular, que tanta importancia tiene en países como España.

El 18 de mayo, Vigilia de Pentecostés, en torno al Papa, el Año de la fe reunió a representantes y miembros de las nuevas realidades eclesiales, movimientos y comunidades que han surgido tras el Concilio Vaticano II. Y el 2 de junio, el Papa Francisco presidió una hora de adoración a Jesús Eucaristía, a la que se unieron diócesis y parroquias de todo el mundo, desde sus lugares de origen, en un acto sin precedentes, al que fueron convocados los católicos de todo el mundo, que sirvió para mostrar, en silencio, cómo Cristo Jesús es el único auténtico protagonista del Año de la fe.

El 16 de junio fue la Jornada Evangelium vitae, dedicada a los movimientos, asociaciones y organizaciones dedicadas a defender la vida humana. El 7 de julio, el Papa convocó a decenas de miles de seminaristas, novicias y novicios de todo el mundo en la Jornada que se les dedicó con motivo del Año. Las religiosas y religiosos de los cinco continentes habían vivido su día el 2 de febrero.

En realidad, la Jornada más multitudinaria e importante del Año de la fe ha sido, obviamente, la Jornada Mundial de la Juventud, que congregó a más de tres millones y medio de personas en Río de Janeiro, el 28 de julio, en lo que supuso el acto que más personas ha atraído en una ciudad en toda la historia de Brasil.

El Año de la fe en el mundo

Pero el Año de la fe se caracteriza no sólo por los grandes acontecimientos de Roma, sino, sobre todo, por la serie de actividades que ha desencadenado en las Conferencias Episcopales, diócesis, parroquias y comunidades de todo el mundo. El Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización ha creado un calendario unificado de estos encuentros, que van desde actos de profesión pública de la fe, hasta grandes exposiciones de arte en que la belleza hace la fe más accesible.

En cada diócesis, se está preparando ahora la solemne conclusión del Año de la fe, el próximo mes de noviembre, con un encuentro público para «confesar la fe en el Señor resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo», según ha sugerido la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. En particular, muchas parroquias del mundo han organizado misiones populares, o iniciativas en los lugares de trabajo para ayudar a redescubrir el don de la fe que otorga el Bautismo, y la responsabilidad de dar testimonio que el mismo Sacramento implica.

De Benedicto XVI, a Francisco

Papa Emérito Benedicto XVI y el actual Pontífice  Papa Francisco

El documento de mayor relevancia que quedará en la Historia como contribución del Año de la fe será la encíclica Lumen fidei (La luz de la fe), escrita, por primera vez en la Historia, a cuatro manos, por un Papa emérito y el Papa reinante. Firmada el 29 de junio, fiesta de los Santos Pedro y Pablo, primeros testigos de la fe en Roma, la encíclica ha tenido una curiosa historia. Según ha revelado el arzobispo Rino Fisichella, Benedicto XVI había recibido muchas peticiones, al anunciar el Año de la fe, para que dedicara un tercer documento a la primera virtud teologal, después de haber escrito dos encíclicas sobre las otras dos: la caridad (Deus caritas est) y la esperanza (Spe salvi). En un primer momento, el Papa no estaba convencido de tener que someterse a este ulterior esfuerzo. Pero la insistencia de tantas personas venció, y Benedicto XVI tomó papel y pluma para escribir una nueva encíclica.

Ahora bien, la preparación de todo lo necesario para su renuncia le quitó el tiempo necesario para pulir la carta y publicarla, de manera que la elección del Papa Francisco llegó con un documento casi terminado. Fue así como el nuevo Papa propuso a su predecesor publicar la encíclica, añadiéndole su toque personal, de manera que se convirtiera en un documento simbólico del magisterio pontificio.

En el número 5 de la encíclica, el Papa habla del Año de la fe y explica que se trata de «un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos». Ahora, el Sucesor de Pedro quiere que los apóstoles del siglo XXI sientan el mismo ánimo.

Jesús Colina / Roma /A.y O. Sep. 2013

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Asamblea 2.012 del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela y Elección de la Nueva Junta Directiva

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En un ambiente de alegría y hermandad, en el marco de la Asamblea  del Consejo Nacional de Laicos, que adoptó el Lema de Su Santidad Benedicto XVI  “SOMOS UNO EN JESÚS. Laicos, corresponsables en el ser y actuar de la Iglesia”, realizada en Caracas, del 2 al 4 de marzo,  se eligió la Junta Directiva del CNL para el período 2012 – 2015, resultando reelecto por unanimidad, para la presidencia el Sr. Manuel Arcaya.  Primera Vice-presidencia: Dr. Francisco Valery;  Segunda Vice-presidencia: Dra. María Elena Febres-Cordero;  Directores:   Juan Lam;  Arelis Mejías; Pedro Afonso; Mary Cruz Hernández.

La Asamblea  contó con la presencia de Mons. Pietro Parolín, Nuncio Apostólico; Mons. Diego Padrón Sánchez, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana;  Mons. Luis Armando Tineo R.  (Obispo Auxiliar de Caracas y Presidente de la Comisión de Laicos y Ministerios de la CEV);  Mons. Saúl Figueroa Albornoz, Obispo de Puerto Cabello; Pbro. David Gutiérrez, Director Departamento de Comunicación y Prensa CEV; laicos, entre los cuales asistieron representantes de los Consejos de Laicos de las Arquidiócesis de: Caracas, Coro, Cumaná, Maracaibo, Mérida, Valencia y las Diócesis de: Barcelona, Cabimas, Guarenas, La Guaira, Los Teques, Puerto Cabello, San Carlos, Trujillo, Valle de la Pascua. Así como, los representantes de los Movimientos de Apostolado:  Acción Católica,  Atletas de Cristo, Cursillo de Cristiandad, Focolares, Sociedad San Vicente de Paúl, Atletas de Cristo, Comunión y Liberación, Cooperadores Salesianos, Damas Salesianas, Damas de San Vicente de Paúl, Institución Teresiana, Las manos que ayudarán a Jesús, Movimiento Neocatecumenal, Orden Franciscana Seglar, Renovación Carismática, Talleres de Oración y Vida, Unión Nacional de Cofradías del Santísimo Sacramento, entre otros.

El tema de la Asamblea fue la comunicación y al respecto  señaló el Sr. Manuel Arcaya, Presidente del Consejo Nacional de Laicos,  en el mensaje inaugural, luego de dar la bienvenida a los asistentes,  que si San Pablo viviera actualmente, estaría en la Web.  Y que a todos los laicos, como parte integrante de la Iglesia, nos corresponde, desde el sitio donde nos encontremos, expresar nuestra opinión o parecer para iluminar la realidad existente con las enseñanzas del evangelio.

Mons. Pietro Parolín, representante del  Papa Benedicto XVI en Venezuela,  quien  expresó a los asistentes el saludo, la bendición  y los buenos deseos de su Santidad por el éxito de la Asamblea, se refirió al lema seleccionado y dijo: “Los laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia, por ello la Iglesia es el principio vital de la Sociedad humana.  Los laicos deben tener conciencia más clara no solo de pertenecer a la Iglesia sino de ser la Iglesia en unión con los obispos y de allí surge su corresponsabilidad en el ser y actuar de la Iglesia”.

Prosiguió diciendo Monseñor Pietro Parolín que  los laicos debemos pasar de la colaboración a la corresponsabilidad.  Agregó,  “no debe ser un laicado que solo de una mano a los pastores y que los acompañe, deben ser laicos y laicas capaces de llevar el rol de protagonistas en toda la vida de la Iglesia”.

Monseñor Diego  Padrón,  Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana,  en su intervención expresó que en todo momento es necesario hacernos la pregunta ¿Qué laico es el que necesitamos?  Cada circunstancia requiere una respuesta adecuada a la misma.  La situación sociopolítica de nuestro país también nos lleva a hacernos también esa pregunta.

Agregó, Mons. Padrón, que la respuesta a ese interrogante es: “El laico cristiano que se define por la fe en Cristo.  El que da la imagen de un verdadero seguidor de Cristo, de un creyente que abre caminos.  El que confiado en la Palabra, promesa y cercanía de Dios se atreve a abrir caminos de amor y de esperanza”.

Posteriormente se dio comienzo al desarrollo de los temas de la Asamblea: Evangelización y Comunicación por el Pbro. David Gutiérrez;  RCL Motivación y Alcances “Eres parte de él”, por Macky Arenas; Integrando redes, por Ayeila Bello Conde;  Humanismo Cristiano, Pedro Afonso del Pino;  Las presentaciones de los Consejos de Laicos de los diferentes estados y de los movimientos, quienes expusieron sus logros y futuros planes.

Las celebraciones eucarísticas estuvieron a cargo de la Comisión de Laicos de la Conferencia Episcopal y fueron momentos de reflexión y verdaderos encuentros con el Señor, que sirvieron para reavivar la fe y el compromiso de servicio de los asistentes.

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Taller de Doctrina Social de la Iglesia / Humanismo Cristiano

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Respondiendo a uno de los retos que nos plantea el Concilio Plenario de Venezuela de: “…impulsar en los fieles laicos una mayor conciencia de su compromiso bautismal en la línea de una conversión personal y comunitaria, para lograr un mayor protagonismo laical, especialmente en la animación e inculturación de los valores del Evangelio en las áreas económica, social, política y cultural”, el CONSEJO NACIONAL DE LAICOS DE VENEZUELA, realizó el pasado sábado 30 de Julio el Taller para Facilitadores sobre Humanismo Cristiano, dictado por el Dr. Pedro Afonso del Pino quién además es el autor del Manual sobre este mismo tema.
Es importante resaltar que este es un instrumento formativo, especialmente dirigido a los jóvenes y a todos aquellos dispuestos a facilitar la mejor formación de éstos, específicamente en la vertiente social del Humanismo Cristiano, conocida como Doctrina Social de la Iglesia.
El Humanismo Cristiano es el pensamiento que promueve la plena realización del ser humano según su naturaleza, origen y destino trascendente, presentando unos principios universales, que si bien son identificables con la cristiandad, pueden ser reconocidos como propios, por cualquier individuo, independientemente de su credo, ideas, cultura… Uno de sus aportes más significativos es la Doctrina Social de la Iglesia, que es una importante orientación referente a la realidad social, política, económica de los pueblos, y que puesta en práctica, conduce a un mejor desarrollo y felicidad para la humanidad.
La publicación que edita el Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, se enmarca dentro de sus prioridades educativas para los laicos, siendo iniciativa del Dr. Pedro Afonso del Pino, quien ofrece su experiencia como profesor universitario, así como la adquirida en su actividad formativa de juventudes en los temas de ciudadanía y política, para exponer en este trabajo los puntos más importantes, que todos deberíamos conocer, sobre la Doctrina Social de la Iglesia, en un lenguaje de fácil entendimiento. Esperamos que produzca muchos frutos y liderazgos, que tanta falta hacen para enrumbar a Venezuela hacia un futuro próspero, lleno de fe, esperanza y caridad.
El Taller contó con la presencia de laicos, siendo algunos de ellos representantes de: el Consejo Arquidiocesano de Laicos de Caracas, los Consejos Diocesanos de Laicos de Guarenas y San Cristóbal, laicos de la Diócesis de Los Teques., diferentes Movimientos y Asociaciones de Apostolado, AVEC, Fe y Alegría, etc.

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Benedicto XVI: Cristianos constituyen fuerza beneficiosa y pacífica de cambio profundo

VATICANO, 06 Sep. 10 / 08:39 am (ACI)

Al reflexionar sobre los aportes del Papa León XIII y la Doctrina Social de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI consideró que en la historia “los cristianos, actuando como ciudadanos individualmente, o de manera asociada, constituyen una fuerza beneficiosa y pacífica de cambio profundo”.

El Santo Padre llegó ayer a Carpineto Romano, a 80 kilómetros de Roma, con motivo del bicentenario del nacimiento -en esa localidad- de Vincenzo Gioacchino Pecci, el Papa León XIII.

El Papa celebró la Santa Misa en la plaza principal ante miles de fieles y en su homilía habló de la “promoción humana aportada por el cristianismo en el camino de la civilización” y explicó que los cristianos han favorecido “el desarrollo de las capacidades internas en la realidad misma. Es ésta la forma de presencia y de acción en el mundo propuesta por la doctrina social de la Iglesia, que apunta siempre a la madurez de las conciencias como condición de transformaciones válidas y duraderas”.

Benedicto XVI afirmó que León XIII “fue un hombre de gran fe y de profunda devoción. Esto sigue siendo siempre la base de todo, para todo cristiano, incluido el Papa. Sin la oración, es decir, sin la unión interior con Dios, no podemos hacer nada, como dijo claramente Jesús a sus discípulos durante la Última Cena”.

“Al amor de Dios y de Cristo -continuó- no se antepone absolutamente nada. Esta primera y principal cualidad, Vincenzo Gioacchino Pecci la asimiló aquí, en su país natal, con sus padres y su parroquia”.

El Santo Padre señaló que “existe también un segundo aspecto, que se deriva siempre del primado de Dios y de Cristo y se encuentra en la acción pública de todo pastor de la Iglesia, en particular de todo Sumo Pontífice, con las características propias de la personalidad de cada uno. Todo Pastor está llamado a transmitir al Pueblo de Dios no verdades abstractas, sino una “sabiduría”, es decir un mensaje que conjuga fe y vida, verdad y realidad concreta. El Papa León XIII, con la asistencia del Espíritu Santo, es capaz de hacer esto en uno de los periodos históricos más difíciles para la Iglesia, permaneciendo fiel a la tradición y, al mismo tiempo, midiéndose con las grandes cuestiones abiertas”.

Refiriéndose al magisterio social de León XIII, el Papa recordó que se hizo “famoso e imperecedero por la Encíclica “Rerum novarum” (1891), rico de otras muchas intervenciones que constituyen un cuerpo orgánico, el primer núcleo de la doctrina social de la Iglesia”.

Benedicto XVI rememoró también la Encíclica “Catholicae Ecclesiae” (1890), que el pontífice dedicó al tema de la esclavitud. En este contexto dijo que “la nueva fraternidad cristiana supera la separación entre esclavos y libres, y desencadena en la historia un principio de promoción de la persona que llevará a la abolición de la esclavitud, pero también a sobrepasar otras barreras que todavía existen”.

“En una época de áspero anticlericalismo y de encendidas manifestaciones contra el Papa, León XIII supo guiar y sostener a los católicos en el camino de una participación constructiva, rica de contenidos, firme en los principios y con capacidad de apertura.

Inmediatamente después de la “Rerum novarum” se verificó en Italia y en otros países una auténtica explosión de iniciativas: asociaciones, cajas rurales y artesanas, periódicos. (…) Un Papa muy anciano, pero sabio y con visión de futuro, pudo introducir así en el siglo XX una Iglesia rejuvenecida, con la actitud correcta para afrontar los nuevos desafíos. Era un Papa todavía política y físicamente “prisionero” en el Vaticano, pero en realidad, con su Magisterio, representaba a una Iglesia capaz de afrontar sin complejos las grandes cuestiones de la contemporaneidad”.

El Santo Padre concluyó “dejando” a los presentes “el mandamiento antiguo y siempre nuevo: amaos como Cristo nos ha amado, y con este amor sed sal y luz del mundo. Así seréis fieles a la herencia de vuestro gran y venerado conciudadano, el Papa León XIII. ¡Y así sea en toda la Iglesia!”.

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