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Viacrucis Cuaresmal de los Movimientos Pertenecientes al Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

El día 16 de marzo de 2.012, los movimientos apostólicos pertenecientes al Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, participaron en un viacrucis realizado en la Parroquia “San Juan Bosco”, en Altamira – Caracas.

Esta devoción dedicada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, fue guiada por el sacerdote salesiano Pbro. Jose Luis Lofrano; los movimientos apostólicos se encargaron de las meditaciones de cada estación.

Algunos movimientos participantes fueron:

Salesianos Cooperadores

Asociación de Damas Salesianas

Comunidad “Los Samaritanos”

Apostolado Mundial de Fátima

Damas de la Caridad de San Vicente de Paúl

Movimiento de Cursillos de Cristiandad

Acción Católica

Asociación de María Auxiliadora

Sociedad de San Vicente de Paúl

Movimiento Mariano de Shoenstatt

Movimiento de los Focolares

Unión Nacional de Cofradías del Santísimo Sacramento

Renovación Carismática Católica

Talleres de Oración y Vida

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Homilía del Papa Benedicto XVI en Ocasión de la Eucaristía Aniversario del Hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba

Queridos hermanos y hermanas:

Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje. Saludo a Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, agradeciéndole sus amables palabras de acogida en nombre de todos; saludo asimismo a los obispos cubanos y a los venidos de otros lugares, así como a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos presentes en esta celebración. No puedo olvidar a los que por enfermedad, avanzada edad u otros motivos, no han podido estar aquí con nosotros. Saludo también a las autoridades que han querido gentilmente acompañarnos.

Esta santa Misa, que tengo la alegría de presidir por primera vez en mi visita pastoral a este país, se inserta en el contexto del Año Jubilar mariano, convocado para honrar y venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en el cuatrocientos aniversario del hallazgo y presencia de su venerada imagen en estas tierras benditas. No ignoro el sacrificio y dedicación con que se ha preparado este jubileo, especialmente en lo espiritual. Me ha llenado de emoción conocer el fervor con el que María ha sido saludada e invocada por tantos cubanos, en su peregrinación por todos los rincones y lugares de la Isla.

Estos acontecimientos importantes de la Iglesia en Cuba se ven iluminados con inusitado resplandor por la fiesta que hoy celebra la Iglesia universal: la anunciación del Señor a la Virgen María. En efecto, la encarnación del Hijo de Dios es el misterio central de la fe cristiana, y en él, María ocupa un puesto de primer orden. Pero, ¿cuál es el significado de este misterio? Y, ¿cuál es la importancia que tiene para nuestra vida concreta?

Veamos ante todo qué significa la encarnación. En el evangelio de san Lucas hemos escuchado las palabras del ángel a María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios» (Lc 1,35). En María, el Hijo de Dios se hace hombre, cumpliéndose así la profecía de Isaías: «Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (Is 7,14). Sí, Jesús, el Verbo hecho carne, es el Dios-con-nosotros, que ha venido a habitar entre nosotros y a compartir nuestra misma condición humana. El apóstol san Juan lo expresa de la siguiente manera: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). La expresión «se hizo carne» apunta a la realidad humana más concreta y tangible. En Cristo, Dios ha venido realmente al mundo, ha entrado en nuestra historia, ha puesto su morada entre nosotros, cumpliéndose así la íntima aspiración del ser humano de que el mundo sea realmente un hogar para el hombre. En cambio, cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inhóspito para el hombre, frustrando al mismo tiempo la verdadera vocación de la creación de ser espacio para la alianza, para el «sí» del amor entre Dios y la humanidad que le responde. Y así hizo María como primicia de los creyentes con su «sí» al Señor sin reservas.

Por eso, al contemplar el misterio de la encarnación no podemos dejar de dirigir a ella nuestros ojos, para llenarnos de asombro, de gratitud y amor al ver cómo nuestro Dios, al entrar en el mundo, ha querido contar con el consentimiento libre de una criatura suya. Sólo cuando la Virgen respondió al ángel, «aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), a partir de ese momento el Verbo eterno del Padre comenzó su existencia humana en el tiempo. Resulta conmovedor ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla. Y vemos también cómo el comienzo de la existencia terrena del Hijo de Dios está marcado por un doble «sí» a la voluntad salvífica del Padre, el de Cristo y el de María. Esta obediencia a Dios es la que abre las puertas del mundo a la verdad, a la salvación. En efecto, Dios nos ha creado como fruto de su amor infinito, por eso vivir conforme a su voluntad es el camino para encontrar nuestra genuina identidad, la verdad de nuestro ser, mientras que apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos y nos precipita en el vacío. La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la auténtica redención, que nos permite unirnos al amor de Jesús en su esfuerzo por conformarse a la voluntad del Padre. La redención es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comunión con la voluntad divina (cf. Lectio divina con el clero de Roma, 18 febrero 2010).

Queridos hermanos, hoy alabamos a la Virgen Santísima por su fe y con santa Isabel le decimos también nosotros: «Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1,45). Como dice san Agustín, María concibió antes a Cristo por la fe en su corazón que físicamente en su vientre; María creyó y se cumplió en ella lo que creía (cf. Sermón 215, 4: PL 38,1074). Pidamos nosotros al Señor que nos aumente la fe, que la haga activa y fecunda en el amor. Pidámosle que sepamos como ella acoger en nuestro corazón la palabra de Dios y llevarla a la práctica con docilidad y constancia.

La Virgen María, por su papel insustituible en el misterio de Cristo, representa la imagen y el modelo de la Iglesia. También la Iglesia, al igual que hizo la Madre de Cristo, está llamada a acoger en sí el misterio de Dios que viene a habitar en ella. Queridos hermanos, sé con cuánto esfuerzo, audacia y abnegación trabajan cada día para que, en las circunstancias concretas de su País, y en este tiempo de la historia, la Iglesia refleje cada vez más su verdadero rostro como lugar en el que Dios se acerca y encuentra con los hombres. La Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, tiene la misión de prolongar en la tierra la presencia salvífica de Dios, de abrir el mundo a algo más grande que sí mismo, al amor y la luz de Dios. Vale la pena, queridos hermanos, dedicar toda la vida a Cristo, crecer cada día en su amistad y sentirse llamado a anunciar la belleza y bondad de su vida a todos los hombres, nuestros hermanos. Les aliento en su tarea de sembrar el mundo con la Palabra de Dios y de ofrecer a todos el alimento verdadero del cuerpo de Cristo. Cercana ya la Pascua, decidámonos sin miedos ni complejos a seguir a Jesús en su camino hacia la cruz. Aceptemos con paciencia y fe cualquier contrariedad o aflicción, con la convicción de que, en su resurrección, él ha derrotado el poder del mal que todo lo oscurece, y ha hecho amanecer un mundo nuevo, el mundo de Dios, de la luz, de la verdad y la alegría. El Señor no dejará de bendecir con frutos abundantes la generosidad de su entrega.

El misterio de la encarnación, en el que Dios se hace cercano a nosotros, nos muestra también la dignidad incomparable de toda vida humana. Por eso, en su proyecto de amor, desde la creación, Dios ha encomendado a la familia fundada en el matrimonio la altísima misión de ser célula fundamental de la sociedad y verdadera Iglesia doméstica. Con esta certeza, ustedes, queridos esposos, han de ser, de modo especial para sus hijos, signo real y visible del amor de Cristo por la Iglesia. Cuba tiene necesidad del testimonio de su fidelidad, de su unidad, de su capacidad de acoger la vida humana, especialmente la más indefensa y necesitada.

Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios.
Papa Benedicto XVI en Cuba
Amén.

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Asamblea 2.012 del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela y Elección de la Nueva Junta Directiva

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En un ambiente de alegría y hermandad, en el marco de la Asamblea  del Consejo Nacional de Laicos, que adoptó el Lema de Su Santidad Benedicto XVI  “SOMOS UNO EN JESÚS. Laicos, corresponsables en el ser y actuar de la Iglesia”, realizada en Caracas, del 2 al 4 de marzo,  se eligió la Junta Directiva del CNL para el período 2012 – 2015, resultando reelecto por unanimidad, para la presidencia el Sr. Manuel Arcaya.  Primera Vice-presidencia: Dr. Francisco Valery;  Segunda Vice-presidencia: Dra. María Elena Febres-Cordero;  Directores:   Juan Lam;  Arelis Mejías; Pedro Afonso; Mary Cruz Hernández.

La Asamblea  contó con la presencia de Mons. Pietro Parolín, Nuncio Apostólico; Mons. Diego Padrón Sánchez, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana;  Mons. Luis Armando Tineo R.  (Obispo Auxiliar de Caracas y Presidente de la Comisión de Laicos y Ministerios de la CEV);  Mons. Saúl Figueroa Albornoz, Obispo de Puerto Cabello; Pbro. David Gutiérrez, Director Departamento de Comunicación y Prensa CEV; laicos, entre los cuales asistieron representantes de los Consejos de Laicos de las Arquidiócesis de: Caracas, Coro, Cumaná, Maracaibo, Mérida, Valencia y las Diócesis de: Barcelona, Cabimas, Guarenas, La Guaira, Los Teques, Puerto Cabello, San Carlos, Trujillo, Valle de la Pascua. Así como, los representantes de los Movimientos de Apostolado:  Acción Católica,  Atletas de Cristo, Cursillo de Cristiandad, Focolares, Sociedad San Vicente de Paúl, Atletas de Cristo, Comunión y Liberación, Cooperadores Salesianos, Damas Salesianas, Damas de San Vicente de Paúl, Institución Teresiana, Las manos que ayudarán a Jesús, Movimiento Neocatecumenal, Orden Franciscana Seglar, Renovación Carismática, Talleres de Oración y Vida, Unión Nacional de Cofradías del Santísimo Sacramento, entre otros.

El tema de la Asamblea fue la comunicación y al respecto  señaló el Sr. Manuel Arcaya, Presidente del Consejo Nacional de Laicos,  en el mensaje inaugural, luego de dar la bienvenida a los asistentes,  que si San Pablo viviera actualmente, estaría en la Web.  Y que a todos los laicos, como parte integrante de la Iglesia, nos corresponde, desde el sitio donde nos encontremos, expresar nuestra opinión o parecer para iluminar la realidad existente con las enseñanzas del evangelio.

Mons. Pietro Parolín, representante del  Papa Benedicto XVI en Venezuela,  quien  expresó a los asistentes el saludo, la bendición  y los buenos deseos de su Santidad por el éxito de la Asamblea, se refirió al lema seleccionado y dijo: “Los laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia, por ello la Iglesia es el principio vital de la Sociedad humana.  Los laicos deben tener conciencia más clara no solo de pertenecer a la Iglesia sino de ser la Iglesia en unión con los obispos y de allí surge su corresponsabilidad en el ser y actuar de la Iglesia”.

Prosiguió diciendo Monseñor Pietro Parolín que  los laicos debemos pasar de la colaboración a la corresponsabilidad.  Agregó,  “no debe ser un laicado que solo de una mano a los pastores y que los acompañe, deben ser laicos y laicas capaces de llevar el rol de protagonistas en toda la vida de la Iglesia”.

Monseñor Diego  Padrón,  Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana,  en su intervención expresó que en todo momento es necesario hacernos la pregunta ¿Qué laico es el que necesitamos?  Cada circunstancia requiere una respuesta adecuada a la misma.  La situación sociopolítica de nuestro país también nos lleva a hacernos también esa pregunta.

Agregó, Mons. Padrón, que la respuesta a ese interrogante es: “El laico cristiano que se define por la fe en Cristo.  El que da la imagen de un verdadero seguidor de Cristo, de un creyente que abre caminos.  El que confiado en la Palabra, promesa y cercanía de Dios se atreve a abrir caminos de amor y de esperanza”.

Posteriormente se dio comienzo al desarrollo de los temas de la Asamblea: Evangelización y Comunicación por el Pbro. David Gutiérrez;  RCL Motivación y Alcances “Eres parte de él”, por Macky Arenas; Integrando redes, por Ayeila Bello Conde;  Humanismo Cristiano, Pedro Afonso del Pino;  Las presentaciones de los Consejos de Laicos de los diferentes estados y de los movimientos, quienes expusieron sus logros y futuros planes.

Las celebraciones eucarísticas estuvieron a cargo de la Comisión de Laicos de la Conferencia Episcopal y fueron momentos de reflexión y verdaderos encuentros con el Señor, que sirvieron para reavivar la fe y el compromiso de servicio de los asistentes.

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