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¿Puede el católico permanecer pasivo frente a la historia?

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¿Puede el católico permanecer pasivo frente a la historia , dejando en manos de los que quieren manejar la historia, el fin del hombre? Las leyes sobre los “derechos humanos”, que consideramos ofensivas para la dignidad del hombre, pronto se impondrán, aquellos que no las observen serán castigados. ¿Es demasiado tarde para actuar y evitarlo?

 

Con un cierto grado de miopía, se observa que la presencia de Dios en la historia parece estar en contradicción con el comportamiento de los hombres, que lo ignoran cada vez más. Se podría decir que la historia del mundo ya no se rige de acuerdo a las enseñanzas de Cristo. De hecho, parece que muchos cristianos ya no están convencidos de que Cristo ha vencido a la muerte y el pecado, y por lo tanto, imitándole, ellos pueden hacer lo mismo, convirtiéndose en este sentido en levadura en el mundo para vencer el mal. ¿Por qué el cristianismo parece haberse convertido en una cultura, en lugar de ser vivido (triunfando así sobre el mal)?

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¿Por qué muchos temen , sin duda equivocados, que la Iglesia pueda ser obligada a entregarse al mundo mediante la aceptación progresiva de unracionalismo teológico inmanente cada vez más separado de la trascendencia, y por lo tanto dispuesto a relativizar los dogmas de la fe? ¿Por qué muchos temen, equivocados, que los guardianes de la tradición podrían estar dispuestos a reducir la objetividad de Dios en la esfera intelectual? Lo suficiente como para imaginar que, como resultado, Dios pueda incluso ser considerado un obstáculo a superar, para permitir al hombre aprender a “ayudarse a sí mismo”, emancipando la moral humana. En realidad, quizá, se acaba de dejar al hombre que se ahogue en el mar tempestuoso de la “fe y razón” en el que no ha estado, desde hace algún tiempo, entrenado para nadar.

 

Pero, ¿puede el cristiano  aceptar ser un espectador de estos cambios, limitándose a criticarlos, sufrirlos y soportarlos, resignándose a ellos? ¿Puede un cristiano fingir estar de acuerdo con la cultura dominante que quiere el “mal”, resultado de la ignorancia? ¿Qué quiere él mismo, un animal inteligente, fruto del caos y con la dignidad de los animales?

 

Entiendo la prudencia e incluso el miedo, después de haber visto el final al que llegaron los que expresaron heroicamente la comprensión de la fe, pero ¿hemos entendido que si no reaccionamos ahora vamos a perder la libertad para hacer el bien? ¿Sabemos que no hay verdadera libertad sin Verdad? Si no reaccionamos dejaremos que este “pobre hombre” decida lo que quiere saber y lo que quiere creer, sin haber alimentado adecuadamente el intelecto y el espíritu.

Si no reaccionamos dejaremos que falten el amor, la piedad, el temor de Dios… Vamos a ver leyes globales que establezcan que la verdadera fe es no tener fe.

 

Nosotros todavía sabemos que separando al hombre de Dios , el hombre se degenera paulatinamente, hasta el punto de pensar que él es Dios y creando un trastorno universal. Sabemos que la solución a este trastorno, cuando se propone legislarlo, no está siempre en elegir el menor de dos males, sino en ir con decisión en contra de los males de una vez por todas.

 

Hemos dilapidado los dones del Padre , que la Iglesia ha conservado y transferido a nosotros durante dos milenios. Deberíamos ser como el evangélico “hijo pródigo”. A diferencia de él, sin embargo, la tentación de esta época es la distancia respecto el Padre. Nos han hecho ricos en bienes materiales y bien alimentados. No tenemos hambre de comida ni necesitamos cosas.

Tenemos hambre de Dios, necesitamos fe para fortalecer el espíritu y el magisterio para fortalecer el intelecto.

Tenemos el espíritu cada vez más débil a fuerza de hacer mal uso de la naturaleza, el intelecto y la voluntad.

El pecado nos ha hecho estériles, tanto que por nosotros solos no vamos a encontrar fácilmente la casa del Padre. Tenemos necesidad de ayuda. Ayuda de sacerdotes santos que vengan a confesarnos, que nos vuelvan a enseñar a orar, a “adoctrinarnos” bien. Entonces será un juego de niños (de hijos de Dios), el volver a ser activos frente a la historia y cambiarla para bien…

 

 Ettore Gotti Tedeschi en La Nuova Bussola, Italia.

 

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Herejías Sutiles: mentiras atractivas

Desde este trípode se abre un inmenso abanico de sub-herejías que van conformando el pensamiento y la praxis de una gran mayoría de católicos.

Muchos teólogos modernistas o «progres» definen la HEREJÍA como «Verdad que se vuelve loca». Yo prefiero definir la Herejía como «mentira que parece cuerda», sobre todo cuando se trata de herejías aceptadas de forma muy sutil que aparecen ante las personas sin defensas (o sea con poca o nula formación, o formación deformada) con unos componentes atractivos que las hacen asumirse como normales dentro de las mismas comunidades cristianas. En este artículo voy a señalar tres bastante sutiles que ya son casi «tópicos» en el pensamiento occidental:

1: Herejía de la FALSA HUMILDAD

«Es una soberbia creer que el ser humano puede ofender a Dios» . De manera que, según esto, no existe el pecado personal sino solo el pecado «estructural» contra el que se lucha desde la praxis social y política. Esta idea ha conseguido que muchas personas se olviden de confesar sus pecados, pues si llegan a pensar que ofenden a Dios a la vez creerán que son soberbios con ese pensamiento. Y aquí se cae en la típica, pero no evidente, contradicción de la herejía. Si se niega el pecado (la ofensa a Dios), ¿cómo calificar con otro pecado (soberbia) la máxima de que No hay pecado?; ahora bien, ¿cómo responder a esta herejía?; pues el camino más corto es acudir al Sagrado Corazón de Jesús. Dios no es un Dios lejano e insensible (al estilo del deísmo ilustrado) sino un Dios cercano que se encarna, que se hace hombre (igual a cualquier hombre menos en el pecado), y que precisamente muere en la cruz a causa de nuestros pecados. Pero su Divino Corazón siente las ofensas de los pecadores, igual que en vida Cristo sintió la traición de Judas, la negación de Pedro, el abandono de los suyos…etc.

Por tanto, SI. El ser humano puede ofender a Dios y eso sucede cada vez que se peca, sobre todo si se peca gravemente pues en ese caso se pone en peligro la salvación del alma y Dios quiere la salvación de todas las almas. Y además, si decimos que el ser humano no puede ofender a Dios con el pecado, ¿para qué murió Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz?

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2: Herejía de la PRESUNCIÓN AUTOSUFICIENTE

«Haz lo que quieras que al final estás salvado». Esta herejía enlaza perfectamente con la segunda tentación del diablo a Cristo que aparece en Mateo capítulo 4: «tírate al abismo que tus ángeles no permitirán que tu pie tropiece contra una piedra». El Salvador responde. «No tentarás al Señor tu Dios». Pues esta herejía está hoy tan extendida que ha provocado que muchos creyentes se hayan metido a Dios «en el bolsillo» y no en el corazón. Esta idea paraliza el esfuerzo moral personal, nubla el compromiso, anula la buena voluntad, rebaja la vocación al concepto de opción provisional, seculariza la vida de la Iglesia….etc, pues esta mentira tan sutil priva al ser humano del don de «Temor de Dios» que no es servilismo sino amor reverencial a quien tanto nos ama y a quien nos debiera doler el ofenderle. La respuesta es bien sencilla: atendamos a la Palabra de Cristo. En Mateo capítulo 25 (juicio final) aparece muy clara la situación eterna de cada ser humano: si sus obras fueron conforme a la fe, se salva. Pero si solo hay fe y no hay obras, o éstas fueran malas y no hay arrepentimiento, se condena.

Por tanto, NO. Para salvarse el camino no es hacer la propia voluntad sino la voluntad de Dios que, además, es la única que nos hace felices ya en la tierra. La «Fe sola» NO es suficiente.

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3: Herejía del INDIVIDUALISMO RELIGIOSO

«Se cristiano, sí, pero no te metas en la vida de los demás». Esta herejía bloquea el sentido misionero, el apostolado inherente a la condición de hijo de Dios. Por supuesto que Dios no quiere que impongamos la fe, que no respetemos la legítima libertad del prójimo, eso es claro. Pero otra cosa es renunciar a compartir la alegría de la fe, pretender guardar el talento recibido bajo una piedra y no hacerlo rendir (ver otra vez Mateo capítulo 25). Si los primeros cristianos hubieran escuchado ese llamado de la posmodernidad, entonces el cristianismo no se hubiera extendido por todo el mundo conocido. La respuesta también es muy sencilla, y vemos en Mateo capítulo 28 el mandato misionero de Cristo: «Id por todo el mundo y bautizad a todos anunciando el Evangelio». Dios nos ha creado «hermanos», o sea, nos pertenecemos. La caridad hace que todo cristiano que se precie de ello rece para que todos sean cristianos y gocen del tesoro verdadero.
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Por tanto, SI. Hay que «meterse» en la vida de los demás….hay que tener CELO APOSTÓLICO y no estar indiferentes ante el alejamiento de Dios de nuestros amigos y familiares, ni siquiera ante el alejamiento de los que ni son amigos o hasta son enemigos. Rezar por todos, dar buen ejemplo y misionar constantemente porque así nos lo ha pedido el Redentor.

Herejías sutiles: mentiras atractivas desde una óptica posmoderna que incluye la falsa humildad, la presunción autosuficiente y el individualismo religioso. Ideas que han encontrado su cauce en la teología modernista que resalta:

– La negación de la libertad del ser humano (por eso no es capaz de ofender a Dios)

– La afirmación de la auto-salvación del ser humano («Ser como Dioses» del pecado original)

– La consideración del cristianismo como una creencia más entre otras muchas

Desde este trípode se abre un inmenso abanico de sub-herejías que van conformando el pensamiento y la praxis de una gran mayoría de católicos. Por eso creo conveniente denunciar el origen de estos pensamientos que son producto de la cultura posmoderna y la teología modernista filoprotestante.

P. Santiago González, sacerdote

Publicado originalmente en Adelante la Fe, Nov. 2013

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El Año de la fe entra en su recta final.Un tiempo de gracia para redescubrir la alegría de creer. Son trece meses que marcarán la historia de la Iglesia, con un nuevo impulso a la evangelización, y serán recordados por la inesperada renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco

Año de la fe Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

Faltan sólo tres meses para la clausura del Año de la fe, el hilo conductor que ha unido el final de pontificado de Benedicto XVI y el inicio del ministerio, como obispo de Roma, del Papa Francisco. Cuando el Papa Joseph Ratzinger inauguraba, el 11 de octubre pasado, esta iniciativa, la más original y distintiva de su pontificado, era imposible imaginar que el Año sería clausurado el 24 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey del Universo, por su sucesor, el primer Papa hispanoamericano de la Historia, y estando el Papa emérito en vida. Hoy sabemos que, cuando el Papa alemán inauguraba el Año de la fe, ya había tomado, con plena discreción, la decisión de presentar la renuncia durante este tiempo, pues, como ha revelado el mismo diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, fue una decisión que maduró tras el viaje que realizó a México y Cuba, a finales de marzo de 2012.

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela/  Benedicto XVI

Una respuesta del cielo

Benedicto XVI llevaba años pensando en cómo afrontar lo que considera la crisis más profunda que viven las sociedades contemporáneas: la crisis de la fe. La Iglesia vivía dos aniversarios históricos: el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, cumbre de los obispos de todo el mundo que renovó la vida de la Iglesia, y la publicación, por parte de Juan Pablo II, del Catecismo de la Iglesia católica, que finalmente ofrecía una panorámica sintética pero autorizada de la fe de la Iglesia. Fue así como abrazó la idea de convocar este año culminante de su apostolado como obispo de Roma, complementado por el Sínodo de los Obispos que convocó, el mes de octubre, para afrontar el desafío de la nueva evangelización.

La decisión más importante de renovación en la Curia romana durante el pontificado de Benedicto XVI estuvo también orientada a este objetivo: la creación de un nuevo ministerio vaticano, más precisamente, un Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, que tiene por objetivo alentar el empuje evangelizador de la Iglesia, particularmente en los países en donde, tras siglos de cristianismo, el Evangelio parece quedar olvidado o arrinconado en una estantería de biblioteca. Por este motivo asignó a este nuevo organismo vaticano, presidido por el arzobispo italiano Rino Fisichella, la tarea de coordinar las celebraciones y eventos del Año de la fe.

Hitos del Año de la fe

Si los Años Santos o Jubileos que celebra la Iglesia se pudieran evaluar por números, el Año de la fe ya empieza a entrar en los records. En el momento en el que usted está leyendo estas líneas, casi seis millones de personas ya habrán peregrinado a Roma, es decir, más de la mitad del número total de turistas que recibe al año la Ciudad Eterna han visitado la tumba de san Pedro para responder a esta invitación del Papa anterior y del actual. De hecho, cuando la peregrinación tiene lugar en grupo, el primer acto que suelen realizar los peregrinos, nada más llegar a Roma, es una procesión desde el Obelisco de la Plaza de San Pedro hasta la tumba del apóstol, en la basílica vaticana, donde se reza el Credo.

El Año de la fe comenzó con la Santa Misa, presidida por Benedicto XVI, en la basílica vaticana, junto a 80 cardenales, 15 de los Padres conciliares que participaron en el Concilio Vaticano II, 8 Patriarcas de las Iglesias orientales, 191 arzobispos y obispos que se encontraban reunidos en Roma con motivo del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, así como otros 104 Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo.
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El Papa presentó entonces el Año de la fe «como una peregrinación a los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión (Lc 9, 3), sino el Evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia católica, publicado hace 20 años».

El primer gran evento del Año de la fe tuvo lugar el 21 de octubre, cuando miles de peregrinos de todas las partes del mundo se dieron cita en la Plaza de San Pedro, para ser testigos de la ceremonia de canonización de siete nuevos santos, entre ellos, la española María del Carmen Sallés y Barangueras (1948-1911), fundadora de las religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, así como la primera nativa estadounidense que llegaba a los altares: Kateri Tekakwitha (1656-1680).

Además, como sucede en los Jubileos y Años Santos, Roma también ha vivido en estos meses Jornadas temáticas que han congregado a diferentes categorías de peregrinos. El 28 de abril, se vivió la Jornada de quienes han recibido el sacramento de la Confirmación, que congregó en el Vaticano a unos 70 mil jóvenes. El 5 de mayo, se vivió en Roma la Jornada de las Cofradías, dedicada a poner en valor y a profundizar en la riqueza que aporta la piedad popular, que tanta importancia tiene en países como España.

El 18 de mayo, Vigilia de Pentecostés, en torno al Papa, el Año de la fe reunió a representantes y miembros de las nuevas realidades eclesiales, movimientos y comunidades que han surgido tras el Concilio Vaticano II. Y el 2 de junio, el Papa Francisco presidió una hora de adoración a Jesús Eucaristía, a la que se unieron diócesis y parroquias de todo el mundo, desde sus lugares de origen, en un acto sin precedentes, al que fueron convocados los católicos de todo el mundo, que sirvió para mostrar, en silencio, cómo Cristo Jesús es el único auténtico protagonista del Año de la fe.

El 16 de junio fue la Jornada Evangelium vitae, dedicada a los movimientos, asociaciones y organizaciones dedicadas a defender la vida humana. El 7 de julio, el Papa convocó a decenas de miles de seminaristas, novicias y novicios de todo el mundo en la Jornada que se les dedicó con motivo del Año. Las religiosas y religiosos de los cinco continentes habían vivido su día el 2 de febrero.

En realidad, la Jornada más multitudinaria e importante del Año de la fe ha sido, obviamente, la Jornada Mundial de la Juventud, que congregó a más de tres millones y medio de personas en Río de Janeiro, el 28 de julio, en lo que supuso el acto que más personas ha atraído en una ciudad en toda la historia de Brasil.

El Año de la fe en el mundo

Pero el Año de la fe se caracteriza no sólo por los grandes acontecimientos de Roma, sino, sobre todo, por la serie de actividades que ha desencadenado en las Conferencias Episcopales, diócesis, parroquias y comunidades de todo el mundo. El Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización ha creado un calendario unificado de estos encuentros, que van desde actos de profesión pública de la fe, hasta grandes exposiciones de arte en que la belleza hace la fe más accesible.

En cada diócesis, se está preparando ahora la solemne conclusión del Año de la fe, el próximo mes de noviembre, con un encuentro público para «confesar la fe en el Señor resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo», según ha sugerido la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. En particular, muchas parroquias del mundo han organizado misiones populares, o iniciativas en los lugares de trabajo para ayudar a redescubrir el don de la fe que otorga el Bautismo, y la responsabilidad de dar testimonio que el mismo Sacramento implica.

De Benedicto XVI, a Francisco

Papa Emérito Benedicto XVI y el actual Pontífice  Papa Francisco

El documento de mayor relevancia que quedará en la Historia como contribución del Año de la fe será la encíclica Lumen fidei (La luz de la fe), escrita, por primera vez en la Historia, a cuatro manos, por un Papa emérito y el Papa reinante. Firmada el 29 de junio, fiesta de los Santos Pedro y Pablo, primeros testigos de la fe en Roma, la encíclica ha tenido una curiosa historia. Según ha revelado el arzobispo Rino Fisichella, Benedicto XVI había recibido muchas peticiones, al anunciar el Año de la fe, para que dedicara un tercer documento a la primera virtud teologal, después de haber escrito dos encíclicas sobre las otras dos: la caridad (Deus caritas est) y la esperanza (Spe salvi). En un primer momento, el Papa no estaba convencido de tener que someterse a este ulterior esfuerzo. Pero la insistencia de tantas personas venció, y Benedicto XVI tomó papel y pluma para escribir una nueva encíclica.

Ahora bien, la preparación de todo lo necesario para su renuncia le quitó el tiempo necesario para pulir la carta y publicarla, de manera que la elección del Papa Francisco llegó con un documento casi terminado. Fue así como el nuevo Papa propuso a su predecesor publicar la encíclica, añadiéndole su toque personal, de manera que se convirtiera en un documento simbólico del magisterio pontificio.

En el número 5 de la encíclica, el Papa habla del Año de la fe y explica que se trata de «un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos». Ahora, el Sucesor de Pedro quiere que los apóstoles del siglo XXI sientan el mismo ánimo.

Jesús Colina / Roma /A.y O. Sep. 2013

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Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María

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En respuesta al deseo del Santo Padre Francisco, la Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que es venerada en la Capilla de las Apariciones, estará en Roma el 12 y el 13 de octubre, en la Jornada Mariana promovida por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. En el día 13 de octubre, junto a la Imagen de Nuestra Señora, el Papa Francisco realizará la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María.

La Jornada Mariana es uno de los grandes eventos previstos en el calendario de celebraciones del Año de la Fe y congregará en Roma a centenares de movimientos e instituciones vinculadas a la devoción mariana.

En una carta dirigida al Obispo de Leiría-Fátima, Antonio Marto, el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, comunica que “todas las realidades eclesiales de espiritualidad mariana” están invitadas a participar en la Jornada Mariana: un encuentro que tiene previsto, en el día 12, una peregrinación a la tumba del Apóstol San Pedro y otros momentos de oración y meditación; y, en el día 13, la celebración eucarística presidida por el Papa Francisco, en la Plaza San Pedro.

“Es un vivo deseo del Santo padre que la Jornada Mariana pueda tener como especial signo uno de los íconos marianos que están entre los más significativos para los cristianos de todo el mundo y, por ese motivo, hemos pensado en la amada estatua original de Nuestra Señora de Fátima”, escribió Mons. Fisichella.

De este modo, la Imagen de Nuestra Señora dejará el Santuario de Fátima en Portugal en la mañana del día 12 de octubre y regresará en la del día 13. En su lugar, en la Capilla de las Apariciones, será colocada la primera Imagen de la Virgen Peregrina de Fátima, entronizada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario desde el 8 de diciembre de 2003.

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización dio a conocer el programa oficial de la Jornada Mariana que se celebrará en Roma los días 12 y 13 de octubre, evento en el que el Papa Francisco consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María ante la imagen de la Virgen de Fátima que será llevada desde su santuario en Portugal.

Este es el programa del evento en el que se espera participen centenares de grupos marianos de todas partes del mundo.

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Sábado 12 de octubre

8.00 a.m. – 12.00 m. Peregrinación a la Tumba del Apóstol Pedro

9.00 a.m. – 12.00 m. Adoración eucarística y celebración del sacramento de la reconciliación en algunas iglesias cercanas a la Basílica de San Pedro

5.00 p.m. Plaza San Pedro. Acogida de la estatua original de la Virgen de Fátima por parte del Papa Francisco. Catequesis mariana

Desde las 7.00 p.m. Estadía de la estatua de la Virgen de Fátima en el Santuario romano del Divino Amor e inicio del momento de oración “Con María, más allá de la noche”*, el cual está organizado en dos momentos especiales:

a) Recitación del Santo Rosario en unión con algunos santuarios marianos del mundo (ore 7:00 p.m.)

b) Vigilia de oración (Desde las 10.00 p.m.)

Domingo 13 de octubre

8.00 a.m. Llegada a la Plaza San Pedro

10.00 a.m. Rezo del Santo Rosario

10.30 a.m. Santa Misa presidida por el Papa Francisco

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El Papa Francisco nos recuerda la existencia del diablo

Papa Francisco

“Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del demonio”. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía de su primera misa como Pontífice, celebrada en la Capilla Sixtina después de su elección. El nuevo obispo de Roma, del “fin del mundo”, ha citado en diferetnes ocasiones al diablo en su predicación. En la plaza San Pedro, el 24 de marzo, al celebrar la Jornada de la Juventud, recordó que la alegría del cristiano deriva no de la posesión de muchas cosas sino del encuentro con Jesús, “del saber que con Él no estamos nunca solos, incluso cuando el camino de la vida choca con problemas y obstáculos que parecen insuperables, ¡y hay muchos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo”. El 4 de mayo, durante la misa matutina en Santa Marta, al reflexionar sobre la persecución de los cristianos, Francisco habló del “odio del Príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús”.

Estas alusiones repetidas, que en su momento fueron destacadas por la prensa, ofrecen el punto de partida para una reflexión del padre Giandomenico Mucci en la revista de los jesuitas “Civiltà Cattolica”. “Desde hace varias décadas -escribió- la predicación católica se ha olvidado del diablo que, en cambio, está muy presente en los documentos del mismo Vaticano II. Algunos teólogos acogieron la oponión según la cual Satanás es fruto de la fantasía humana que se desarrolló en el área del paganismo y que penetró posteriormente en el pensamiento judío”. Se explicaría de esta manera “la agitación suscitada, entre los creyentes y los no creyentes, por la predicación del Papa sobre el diablo”.

El olvido del diablo es un fenómeno que ha caracterizado particularmente los últimos cincuenta años. Justamente para indicar este fenómeno, recordando las diferentes citas del Evangelio, del Apocalipsis, de las Cartas Apostólicas, de los Padres de la Iglesia, de los Concilios y del magisterio de los Papas, en 1975 (durante el pontificado de Pablo VI) la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un estudio titulado “Fe cristiana y demonología”, que trataba de detener el intento de “desmitización de la secular doctrina de la Iglesia sobre Satanás”.
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En el artículo de padre Mucci, una parte consistente está dedicada a amplias citas del discurso de Pablo VI, que el 15 de noviembre de 1972 dedicó a este argumento la catequesis de la audiencia general, afirmando que “una de las mayores necesidades de la Iglesia hoy es la defensa de aquel mal que llamamos Demonio”. Papa Montini subrayó que “el mal no es dolo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y atemorizante. Sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica que se niega a reconocerla como existente”.

Pablo VI puso en guardia ante la actitud de los contemporáneos: “algunos piensan encontrar en los estudios psicoanalíticos y psiquiátricos o en experiencias espiritistas, hoy desgraciadamente difundidas en algunos países, una sufciente compensación. Se teme volver a caer en teorías maniqueas, o en temerosas divagaciones fantásticas y supersticiosas. Hoy se prefiere mostrarse fuerte y desprejuiciado, seguir positivismos, salvo, luego, para dar fe a muchas gratuitas veleidades mágicas o populares, o peor abrir la propia alma a las experiencias licenciosas de los sentidos, a las deletéreas de los estuperfacientes, así como a las seducciones ideológicas de los errores de moda, fisuras todas ellas por las cuales el Maligno puede penetrar fácilmente y alterar la mentalidad humana”.

Las palabras de Francisco, pues, vuelven a indicar la presencia del diablo, una presencia que en las últimas décadas (después de la fase del olvido) se puede percibir como una exageración del sensacionalismo o del folclore de las noticias sobre el satanismo. Por este y otros motivos, el artículo del padre Mucci en “Civiltà Cattolica” concluye: “Existe el riesgo de que el cristiano de excesiva importancia al diablo, seducido por la pacotilla de cierta prensa y de ciertos servicios de la televisión que inducen a deleitarse en el escalofrío que causan intervenciones diabólicas verdaderas, presuntas o inventadas. Satanás existe y tienta al hombre al mal y le puede incluso dañar gravemente. Pero no puede impedir en nosotros ni la vida evangélica ni la salvación eterna. Él es como un perro rabioso y feroz, legado con una robusta cadena a la pared. Puede atacar y matar si el hombre se acerca al radio de acción que concede la cadena. Esa cadena es Cristo”.

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