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La fertilidad no es una enfermedad

La Esterilización

Tengamos en cuenta que en sí la fertilidad no es un enfermedad, sino un estado de salud, y con la esterilidad se pasa de estar sano a inutilizar una función importante del organismo, no son raros aquéllos que se lamentan de haberla realizado

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La esterilización es la intervención que procura la infecundidad fisiológica de la facultad sexual, es decir la intervención que ocasiona la pérdida de la función reproductora en la persona que la sufre, pero le mantiene su capacidad de copular.

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe condenó el 12-XII-1976, la esterilización directa, es decir, aquélla que “inmediatamente sólo consigue que la facultad generativa se torne incapaz de conseguir la procreación”.

La esterilización del hombre y de la mujer se diferencia del acto anticonceptivo en razón a su carácter irreversible, aunque en algunos casos, tanto en varones como en mujeres, se consigue la reversibilidad, si bien no puede garantizarse que pueda conseguirse la recuperación de la capacidad fecundadora previa a la intervención. Es una práctica que tiene gran aceptación por la sencillez de las intervenciones quirúrgicas, siendo muy utilizado como método anticonceptivo por la ausencia de riesgos significativos y su alto grado de eficacia. Desde el punto de vista moral es peor que el acto anticonceptivo, porque éste afecta sólo a los actos singulares, mientras que la esterilización a la propia facultad de engendrar.

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La ligadura de trompas consiste en cortar quirúrgicamente o destruir con rayos láser las trompas de Falopio, con lo que se impide que los espermatozoides se unan con el óvulo. La esterilización masculina utiliza como método más frecuente la vasectomía, que priva a la eyaculación de su contenido testicular y supone el corte de los conductos deferentes con una pequeña operación que ni siquiera precisa hospitalización, aunque no es un método fiable hasta por lo menos un mes desde la intervención. Supone una destrucción de la fertilidad, porque aunque es posible rehacer este conducto, requiere una técnica no fácil, con alrededor de la mitad de fracasos a la hora de recuperar la fertilidad, siendo este porcentaje bastante mayor en la ligadura de trompas. La castración, en cambio, es la remoción de las glándulas sexuales masculinas o femeninas (testículos u ovarios) y significa en el varón el fin de su vida sexual activa. En la actualidad está en fase experimental una nueva técnica que permitiría sin mayores problemas la vuelta a la fertilidad.

“Para hacer una valoración moral de la esterilización quirúrgica como medida anticonceptiva hay que tener en cuenta varios elementos. En primer lugar, la intervención quirúrgica no afecta sólo a una función corporal, sino que tiene gran importancia para la psique y para la totalidad de la persona. En el ámbito de lo sexual juegan un gran papel aspectos mentales y sentimentales. Una esterilización, incluso la practicada con el consentimiento mutuo de los esposos, puede llegar a ser más tarde una carga pesada. Además, una esterilización, si es irreversible, excluye toda posibilidad de tener hijos en un eventual nuevo matrimonio tras la muerte del cónyuge actual. Finalmente, desde el punto de vista del médico y de la medicina, la capacidad de engendrar y de concebir no puede ser catalogada como enfermedad. Por eso el ethos médico no permite practicar una intervención para la que no hay razones graves desde la vertiente de la medicina. Por tanto, desde este punto de vista, una esterilización quirúrgica no es un servicio que el médico puede prestar de un modo irreflexivo por el deseo de prevenir una posible generación o concepción futura, sino que es preciso que se den graves razones de orden médico para estar justificado desde el punto de vista ético. Ni la intención subjetiva del médico ni la del paciente que le pide la esterilización son suficientes para justificar en el plano ético la práctica de una esterilización, como tampoco es suficiente el deseo de curar o prevenir una dolencia física o psíquica, cuya aparición se puede presuponer o temer en virtud de un embarazo. Estas directrices basadas en la ética obligan también a los deficientes mentales. El comportamiento sexual de éstos no cambiará impidiendo las posibles consecuencias, sino haciendo que auxiliares adecuados les presten la asistencia oportuna.

Son especialmente rechazables las disposiciones estatales que imponen las esterilizaciones en virtud de determinadas políticas tendentes a controlar el crecimiento de la población” (Conferencia Episcopal Alemana, Catecismo Católico para Adultos II, Madrid 1998, 337-338).

Hoy es frecuente la esterilización femenina, especialmente si ha habido varias cesáreas, pero con frecuencia se actúa con gran ligereza. Se basan los médicos en que el útero se halla en estado patológico, inepto para su función y el peligro sería causado no tanto por el embarazo, una simple ocasión, sino por el estado actual en que se encuentra. Esta ligereza se da todavía más con las esterilizaciones masculinas.

Tengamos en cuenta que en sí la fertilidad no es un enfermedad, sino un estado de salud, y con la esterilidad se pasa de estar sano a inutilizar una función importante del organismo, no siendo raros aquéllos que se lamentan de haberla realizado.

Es decir, la esterilización sólo puede realizarse moralmente, si hay graves razones médicas, lejos de todo abuso, hasta el punto de que la Congregación para la Doctrina de la Fe requiere para su licitud en un Documento del 31-VII-1993 que haya un grave peligro actual para la vida o la salud de la madre, porque el motivo por el que se hace es curativo, es decir medio necesario para el bien del organismo, por ser causa de enfermedad o de peligro de vida.

Puede haber, sin embargo, otros casos en los que no haya otra solución al problema de la procreación responsable que el recurso a la esterilización, como pueden ser el caso de una esposa violentada por un marido totalmente irresponsable, o como legítima defensa de una minusválida psíquica en circunstancias de muy grave riesgo de ser violada por hombres malvados: si en estos casos la esterilización es, de hecho, el único medio de defensa a disposición, como extrema ratio, y ya que no se trata de una actividad sexual escogida libremente, sino padecida, el recurso a la esterilización podría ser moralmente aceptable.

Hay que tener además cuidado porque con la esterilización se dan también consecuencias psicológicas, de las que cada vez se es más consciente, pues es difícil que lo físico, y más en un terreno como éste, no tenga consecuencias psíquicas. No sólo no es el inicio de un paraíso sexual por poder tener relaciones sin peligro de embarazo, sino que no es raro que haya sentimientos de frustración y falta de motivación para el acto sexual, porque la mujer se siente utilizada y en compensación sobreprotege a los hijos existentes, acentuándose el papel de madre y quedando relegado el del marido, por lo que afecta peyorativamente a la vida de la pareja.

Pedro Trevijano, RenL/30 abril 2014

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La Ideología de Género: Cómo Afecta a la a la Familia y a la Persona

Luis Santamaría / InfC) La profesora de Derecho María Lacalle, reflexiona sobre la Ideología de Género, como amenaza contra la naturaleza humana y la saludable identidad personal y convivencia de los sexos, y ha advertido de las funestas consecuencias que ya está teniendo su imposición en todos los ámbitos, incluso por medio de las leyes, y ha propuesto «recuperar la identidad femenina y la masculina».

Historia de la ideología de género

Primeramente se refiere a «cómo afecta la ideología de género a la familia y a la persona». Comenzando por los términos utilizados, con la distinción entre género y sexo a partir de los años 60, empleada para referirse a la transexualidad, o personas que se identificaban con un género diferente a su sexo biológico. Y asumida por el feminismo «para lograr la igualdad entre hombre y mujer, pero al final se terminó utilizando el género para los roles sociales, y el sexo referido sólo a lo biológico».

Desde la Conferencia Mundial de Pekín «esta diferencia se ha ido imponiendo, también en los ámbitos jurídicos de los países, haciéndose casi obligada. Hoy vemos esta filosofía inundando los medios de comunicación y los planes educativos».

También explica que estrictamente, la ideología de género «surge en el seno del feminismo radical, en la segunda mitad del siglo XX, tras el feminismo de la primera ola, que luchaba por la igualdad jurídica, la igualdad de derechos».

En torno a los años 60 surgió el feminismo de la segunda ola, «el radical, puesto que buscaban la igualdad total, la supresión de las diferencias. Se dice que la persona se autoconstruye desde la libertad total, sin ningún condicionamiento». Asumieron las ideas de Marx y Engels pero «cambiando la lucha de clases por la lucha de sexos».

También tuvo mucha influencia el Informe Kinsey, que puso todos los comportamientos sexuales en el mismo nivel. Y la revolución sexual, la difusión de los anticonceptivos y la distinción entre sexo, amor y matrimonio. Además de la tesis del doctor Money, que decía que el sexo es algo biológico sin importancia, y que la personalidad se construye libremente.

Y desde los años 90, explicó Lacalle, «ha surgido un feminismo de la tercera ola, que considera que tanto el género como el sexo son construidos, ya que el significado que le damos al sexo es ya una imposición de la sociedad. Ha llegado al punto de negar que exista el concepto o categoría de mujer, porque cada uno se construye libremente como quiera». Se defiende aquí la teoría «queer», lo raro, porque hay que huir de lo establecido. O el «cyborg», el híbrido entre hombre y máquina, y desde ahí el transhumanismo, que busca la inmortalidad a través del progreso tecnológico.

Por eso ahora se defiende que «hay que liberar a la mujer de la mayor fuente de opresión, que es la maternidad, que para las feministas de género es una fuente de opresión, y por esta causa los hombres han oprimido a la mujer a través de la historia. La mujer tendrá que liberarse de la maternidad para poder ser libre de verdad. Por eso se quieren crear incluso úteros artificiales, para que haya una igualdad total de hombres y mujeres».

Postulados básicos

El primer pilar sobre el que se asienta esta ideología es, «la concepción de la historia como una lucha permanente entre hombre y mujer, enemigos irreconciliables, porque los hombres siempre han sometido a las mujeres».

El segundo postulado es «la propuesta de una nueva antropología, que no es sólo una cuestión de palabras, sino que se quieren eliminar las diferencias de género y liberar a la mujer del peso de la maternidad.

La primera institución que diferencia a los sexos es la familia, en ella se asume de forma natural. Por eso, lo primero que hay que hacer es deconstruir la familia y la sociedad entera para dar cabida a esa nueva concepción antropológica sin identidad sexual».

Ya hace tiempo se hablaba de cinco géneros, afirmó María Lacalle, que añadió a continuación: «la Sociedad Australiana de Derechos Humanos ha publicado recientemente un documento donde se reconoce la existencia de 23 géneros». Y entonces se preguntó: «¿Cuál es el concepto de persona que subyace en esta cosmovisión?», y contestó con algunos rasgos fundamentales.

El primero de ellos es el dualismo: «se considera que el cuerpo es una herramienta que utilizo a capricho, y que no tiene más significado. Por eso podemos modificarlo como queramos y darle el significado que queramos. La dimensión biológica no importa, y la dimensión espiritual se niega». Entonces, ¿qué somos? Para esta ideología «somos pura libertad, somos un yo completamente libre que se va autoconstruyendo en cada momento. El yo psicológico es pura libertad, voluntarismo».

Otro rasgo que analizó la ponente es «un puro individualismo: las relaciones no importan, porque nos limitan. Entonces, el sujeto desaparece, la persona desaparece. Se da una disolución del sujeto, lo que obviamente tiene consecuencias».

Las primeras consecuencias se dan en la propia identidad, al no poder responder a la pregunta ¿quién soy?, pues al asumir la ideología de género, se prescinde de la propia condición sexual…, y esto es un problema, pues somos en realidad, una unidad, y la sexualidad impregna todos los aspectos de nuestra vida, somos seres sexuados. Por lo tanto, la división entre sexo y género, no es real, sino impuesta.

Desaparición de matrimonio y familiamatrimonio-orando

Esto influye también en las relaciones hombre-mujer: «si no sabemos quiénes somos, no podremos relacionarnos de forma adecuada. Muchas veces no se sabe qué es ser hombre y qué es ser mujer. Hay dos formas de acabar con algo: prohibiéndolo o vaciándolo de contenido. El matrimonio no se ha prohibido, pero se ha vaciado de contenido. Porque la ideología de género dice que el matrimonio ha causado la desigualdad de sexos. Cuando en realidad, es al contrario: la naturaleza hace que el matrimonio sea un vínculo del hombre con la mujer, que asegure la protección de la prole».

María Lacalle constató que esto tiene «consecuencias nefastas en la familia, que para las feministas radicales, es una institución a abolir…, porque es allí (en la familia) donde descubrimos nuestra identidad al ver la diferenciación y complementariedad entre hombre y mujer. Ha ido minando la identidad de la familia, la autoridad de los padres, etc., a través de los medios de comunicación, de la incidencia en el sistema educativo y de la legislación. Esto produce una falsa comprensión de lo que somos».

familia catolica

¿Qué se puede hacer respecto a esta ideología? Conocerla y, sobre todo, conocernos.

Respecto a lo que pasa actualmente, en Venezuela, por ejemplo, ya encontramos un Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, y en la Universidad Central de Venezuela, ya hay un Instituto para la Mujer, estos últimos han proliferado en universidades de todo el mundo y no son lo que parecen, sino vehículos de difusión de la ideología de género y de los postulados del feminismo radical, a través de actividades, estudios y postgrados que imparten. Por otra parte, ambos candidatos a la Presidencia de ese país, sus equipos y colaboradores, expresan contenidos de la referida ideología, quizás sin saber en profundidad de que se trata…, dicha ideología se le ha vendido a un amplio sector de la sociedad como un progreso, cuando en realidad responde a intereses bien determinados, y va distorsionando el sentido verdadero de la vida humana y alejándonos de un sano desarrollo (*).

«El mensaje de la ideología de género, viéndolo bien, no es atractivo», afirmó la jurista. En cambio, «una correcta comprensión del ser humano y de la sexualidad sí es un mensaje hermoso y bello. ¿Quiénes somos? Una “unidad” dual de dos elementos dispares pero sustancialmente unidos: cuerpo y alma. Y el ser humano es hombre o mujer».

Lo específico femenino

Lacalle manifestó su pensamiento sobre la diferencia sexual entre hombres y mujeres: «somos iguales en dignidad y en derechos, pero somos diferentes y complementarios, lo que da lugar a un enriquecimiento mutuo y colaboración en la construcción del mundo».

Y explicó que «las mujeres podemos aportar mucho en el ámbito público, porque tenemos una serie de características particulares que son propias de nuestro ser femenino, porque están relacionadas con la maternidad».

Así, según la visión natural de la diferenciación sexual, «las mujeres somos capaces de ser madres, podemos acoger una nueva vida. Esas características están en toda mujer, y por eso tenemos capacidades de acogida mayores que las del hombre».

Es más, frente a lo que se defiende desde el feminismo radical, subrayó que «lo que hace que la mujer se libere y alcance su plenitud es ser ella misma. No ser un hombre, sino ser plenamente mujer. Siendo conscientes de que la relación que debe guiarnos es la colaboración, el caminar juntos».

«No somos rivales, no somos enemigos. Los hombres no son potenciales maltratadores como dice la Ley de Violencia de Género en España», afirmó, para añadir que «hay que recuperar la identidad femenina y la identidad masculina. Esto puede parar un poco la invasión de la ideología de género, y nos puede hacer algo más felices a todos».

María Lacalle Noriega

(Doctora en Derecho, máster en Teología y licenciada en Ciencias Religiosas, profesora de Derecho Civil en la Universidad Francisco de Vitoria, directora de la Cátedra de Biojurídica y Bioética y del Centro de Estudios para la Familia del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales. Además, es directora de la Fundación Carmen de Noriega y miembro correspondiente de la Real Academia Española de Jurisprudencia y Legislación. Sus publicaciones se centran principalmente en cuestiones relacionadas con la familia y con la enseñanza del Derecho).

Ponencia “Género, persona y familia”, XX Semana de la Familia de Zamora 2013

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Ideología de género

Sobre las Uniones del Mismo Sexo

El abandono de un modelo de relación conyugal basada en el compromiso afectivo y en la diferenciación sexual es, a juicio de Tony Anatrella (especialista en psicología clínica y social y asesor de los Consejos Pontificios para la Familia y la Salud), la causa del estado actual de deterioro en el que se encuentra la institución familiar.

«El discurso político y mediático –apunta Anatrella- nos induce a menudo a no querer tomar en consideración más que ciertos casos particulares de uniones afectivas, a partir de los cuales habría que definir principios generosos válidos para todos, en nombre de una mentalidad compasiva», con la tendencia a «hacer de cada situación un modelo posible». Razonamiento que lleva a ciertos sociólogos de la familia a defender la legalización de ciertas formas de unión en nombre de «la igualdad de los ciudadanos ante la ley».

Frente a estos planteamientos, Anatrella puntualizó que no toda forma de unión puede «participar antropológica y legalmente en la definición del sentido de lo que es una pareja y de lo que es una familia». Ésta viene definida por su capacidad de «representar el sentido de la alteridad sexual y su potencial capacidad para ser creadora, por la presencia del hombre y de la mujer, incluso en el caso de no ser fértiles».

Matrimonio que genera vida

En consonancia con esta idea, aboga por una estructura familiar articulada en torno a la diferenciación sexual del padre y la madre. En otro tipo de uniones, «el niño no se inscribe en un linaje y en una historia, ya que la diferencia de generaciones, de los roles y de las funciones son carnalmente inexistentes. Éstas se sustituyen entonces por ficciones que se proyectan más en la dimensión imaginaria del deseo y de las relaciones».

familia

A su vez, al hablar de cómo interpreta el discurso social y mediático a la familia, se ha referido al extendido modelo de «pareja seductora y provisional», que es aquella en la que «hombre y mujer se seducen mutuamente pero no saben hacer evolucionar la relación, construir una vida de pareja y superar las diferentes etapas».

Un científico sin complejos

Anatrella, experto en psicología clínica y social, está considerado una autoridad mundial en la investigación sobre trastornos de la conducta vinculados a alteraciones sexuales. En más de una ocasión ha defendido que no existe una identidad homosexual, sino sólo identidades masculina y femenina. También se ha mostrado siempre muy crítico con la indiferenciación de roles familiares como consecuencia de la ideología de género.

El lobby gay ha atacado a Anatrella en más de una ocasión, pues el científico francés no ha dudado en afirmar que la palabra homofobia «es el término utilizado por las asociaciones homosexuales para aplicarlo a todos los que cuestionan su voluntad de imponer a la sociedad la banalización y la normalización de la homosexualidad».

E.R./ReL / XI Congreso Católicos y Vida Pública

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