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LA DEBILIDAD DE LOS LAICOS

SomosIglesia

Hay una insuficiente e inadecuada presencia de los laicos católicos en la vida pública. La razón fundamental es que su condición católica queda diluida por las categorías del mundo secular, por sus marcos de referencia. Reducen la fe a una cuestión interior, sin traducción encarnada en la vida colectiva, cuando precisamente el hecho católico es esencialmente encarnado y comunitario. La eucaristía es su centro.

Entre las causas que motivan esta pobre actuación cristiana, que ha criticado el Papa Francisco, hay en ocasiones un déficit de valentía para afrontar el mundo y las repercusiones negativas que eso comporta.

En la política, ciertamente, pero también en los ámbitos profesionales y sociales hay mucho de una deficiente formación espiritual, teológica y doctrinal. Esta insuficiencia educativa no se explica si solo nos remitimos a los laicos, porque en la Iglesia, este tipo de formación recae esencialmente en los pastores. Hay en consecuencia una insuficiente capacidad para dar una buena preparación espiritual, teológica y doctrinal por parte de sacerdotes y obispos, y este segundo problema nos remite más lejos y más hondo. Porque, si esto es así, quiere decir que los seminarios y otros medios educativos de la Iglesia no hacen del todo bien su papel.

El laico católico ha de ser capaz de hacerse presente en el mundo y presentarse en él con un relato hecho desde el marco de referencia cristiano. Esto quiere decir, pensar en categorías de la Doctrina Social de la Iglesia, en aquello que es más específico de la vida pública, y, con carácter más general, pensar en términos catequéticos. Dicho breve y claro: tenemos un compendio de Doctrina Social y un Catecismo que deberían ser el fundamento, pero los tenemos olvidados.

El laico ha de formarse sobre aquel fundamento, ha de evitar toda interpretación de la fe desde la ideología, ha de estar lejos de supeditarlo a un pretendido dogma económico o a toda sumisión al interés del partido o de la organización, sea cual sea. Y todo esto sin perder de vista algo que es importante y en cierta medida nuevo: las doctrinas expresadas por los partidos políticos, tal y como llegan al siglo XXI están agotadas, son insuficientes, incapaces de resolver la acumulación de crisis generadas por la Modernidad y Postmodernidad. Es precisamente en el cristianismo, en la Doctrina Social de la Iglesia, donde pueden encontrarse las fuentes renovadoras capaces de aportar respuestas.

Hay otros factores de menor entidad que también debilitan la presencia del laicado cristiano. Una es la excesiva tendencia de demasiados movimientos y entidades católicas a aferrarse a sus propias iniciativas, evitando que una parte de su gente, colabore con otros laicos en los asuntos públicos. Bien está lo propio, la especificidad, la escuela de espiritualidad, pero esto no puede significar nunca el ser un ente autoreferenciado en el seno de la propia Iglesia, sin participación activa en los asuntos comunes, uno de los cuales es precisamente el de la acción en la plaza pública.

Un segundo factor es el predominio de la reacción sobre la proposición, lo que significa que la posición inicial es siempre defensiva. Así es muy difícil ganar espacio.

Finalmente, el predominio del monocultivo. Muchas entidades se dedican a algunos temas irrenunciables, vida y familia… Pero a su lado, no en lugar de ellos, sino a su lado, repitámoslo, faltan misiones, presencias y propuestas en todos los otros órdenes del campo social, económico y cultural.

Y sobre todo, faltan propuestas que vayan a la raíz de la cosa, que se dirijan al conjunto de la polis, es decir, propuestas políticas, no en el sentido del partido político, sí en tanto en cuanto, hacen referencia a cuestiones que nos afectan a todos.

F.L. editorial, 8-7-13

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Los laicos en el documento de Aparecida

documento conclusivo
La Conferencia de Aparecida (el V CELAM) estuvo integrada por una inmensa
mayoría de Obispos. En ella hubo también una representación muy
pequeña de laicos que pudieron manifestar algo muy claro: que la Iglesia no se
limita a la jerarquía sino que, en la misma comunión, es todo el Pueblo de Dios.
Esto estuvo presente a lo largo y ancho del Documento final, pero de manera
especial en el capítulo V donde, al hablar de las vocaciones específicas, dedican
siete párrafos a los “fieles laicos y laicas, discípulos y misioneros de Jesús, Luz
del mundo”.
Aparecida retoma del documento de Puebla una expresión que es la clave de
lectura de todo su mensaje: “los laicos y laicas son hombres y mujeres de la
Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón
de la Iglesia” (Aparecida 209). Es una expresión audaz y en clara continuidad
con el Concilio Vaticano II, que situó el tema del Pueblo de Dios en el corazón
de su eclesiología, expresado firmemente en la Constitución sobre la Iglesia
“Lumen Gentium”. De esta manera, el Documento de Aparecida, al hablar específicamente
de los laicos, se pone en la misma línea del Vaticano de Medellín
y de Puebla al que cita expresamente.

También señala claramente como ámbito propio de los laicos “el mundo basto
y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también
el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los
mass media, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la
familia, la educación y el trabajo profesional” (Evangelii Nuntiandi 70). Insiste el
Documento en el testimonio y actividad que contribuya a la transformación de
las realidades y a la creación de estructuras justas según los criterios del evangelio.
Del mismo modo, hacer creíble la fe mostrando autenticidad y coherencia en
su conducta. Reitera la intención de que los laicos tengan una formación sólida,
doctrinal (hubiera sido mejor decir teológica), pastoral y espiritual.

laico
El Documento les pide a los pastores que tengan una mayor apertura de mentalidad
para acoger el “ser” y “hacer” de los laicos en la Iglesia. Reconoce el
fortalecimiento de los movimientos laicales y los consejos parroquiales (diocesanos
y nacionales) donde participen en un mayor discernimiento y asuman
responsabilidad e identidad. Termina el apartado en una expresión claramente
inspiradora: “la construcción de ciudadanía en el sentido más amplio, y la
construcción de eclesialidad en los laicos es uno solo y único movimiento”
(Aparecida 215). Con estos rasgos se ha ganado claridad, belleza y alegría ser
laicos en América Latina. Nuestros Obispos, de manera todavía intuitiva, nos
ofrecen una serie de aspectos que pueden fomentar una comunión

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Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María

corazon de maria

En respuesta al deseo del Santo Padre Francisco, la Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que es venerada en la Capilla de las Apariciones, estará en Roma el 12 y el 13 de octubre, en la Jornada Mariana promovida por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. En el día 13 de octubre, junto a la Imagen de Nuestra Señora, el Papa Francisco realizará la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María.

La Jornada Mariana es uno de los grandes eventos previstos en el calendario de celebraciones del Año de la Fe y congregará en Roma a centenares de movimientos e instituciones vinculadas a la devoción mariana.

En una carta dirigida al Obispo de Leiría-Fátima, Antonio Marto, el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, comunica que “todas las realidades eclesiales de espiritualidad mariana” están invitadas a participar en la Jornada Mariana: un encuentro que tiene previsto, en el día 12, una peregrinación a la tumba del Apóstol San Pedro y otros momentos de oración y meditación; y, en el día 13, la celebración eucarística presidida por el Papa Francisco, en la Plaza San Pedro.

“Es un vivo deseo del Santo padre que la Jornada Mariana pueda tener como especial signo uno de los íconos marianos que están entre los más significativos para los cristianos de todo el mundo y, por ese motivo, hemos pensado en la amada estatua original de Nuestra Señora de Fátima”, escribió Mons. Fisichella.

De este modo, la Imagen de Nuestra Señora dejará el Santuario de Fátima en Portugal en la mañana del día 12 de octubre y regresará en la del día 13. En su lugar, en la Capilla de las Apariciones, será colocada la primera Imagen de la Virgen Peregrina de Fátima, entronizada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario desde el 8 de diciembre de 2003.

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización dio a conocer el programa oficial de la Jornada Mariana que se celebrará en Roma los días 12 y 13 de octubre, evento en el que el Papa Francisco consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María ante la imagen de la Virgen de Fátima que será llevada desde su santuario en Portugal.

Este es el programa del evento en el que se espera participen centenares de grupos marianos de todas partes del mundo.

papa saluda

Sábado 12 de octubre

8.00 a.m. – 12.00 m. Peregrinación a la Tumba del Apóstol Pedro

9.00 a.m. – 12.00 m. Adoración eucarística y celebración del sacramento de la reconciliación en algunas iglesias cercanas a la Basílica de San Pedro

5.00 p.m. Plaza San Pedro. Acogida de la estatua original de la Virgen de Fátima por parte del Papa Francisco. Catequesis mariana

Desde las 7.00 p.m. Estadía de la estatua de la Virgen de Fátima en el Santuario romano del Divino Amor e inicio del momento de oración “Con María, más allá de la noche”*, el cual está organizado en dos momentos especiales:

a) Recitación del Santo Rosario en unión con algunos santuarios marianos del mundo (ore 7:00 p.m.)

b) Vigilia de oración (Desde las 10.00 p.m.)

Domingo 13 de octubre

8.00 a.m. Llegada a la Plaza San Pedro

10.00 a.m. Rezo del Santo Rosario

10.30 a.m. Santa Misa presidida por el Papa Francisco

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El Papa Francisco nos recuerda la existencia del diablo

Papa Francisco

“Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del demonio”. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía de su primera misa como Pontífice, celebrada en la Capilla Sixtina después de su elección. El nuevo obispo de Roma, del “fin del mundo”, ha citado en diferetnes ocasiones al diablo en su predicación. En la plaza San Pedro, el 24 de marzo, al celebrar la Jornada de la Juventud, recordó que la alegría del cristiano deriva no de la posesión de muchas cosas sino del encuentro con Jesús, “del saber que con Él no estamos nunca solos, incluso cuando el camino de la vida choca con problemas y obstáculos que parecen insuperables, ¡y hay muchos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo”. El 4 de mayo, durante la misa matutina en Santa Marta, al reflexionar sobre la persecución de los cristianos, Francisco habló del “odio del Príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús”.

Estas alusiones repetidas, que en su momento fueron destacadas por la prensa, ofrecen el punto de partida para una reflexión del padre Giandomenico Mucci en la revista de los jesuitas “Civiltà Cattolica”. “Desde hace varias décadas -escribió- la predicación católica se ha olvidado del diablo que, en cambio, está muy presente en los documentos del mismo Vaticano II. Algunos teólogos acogieron la oponión según la cual Satanás es fruto de la fantasía humana que se desarrolló en el área del paganismo y que penetró posteriormente en el pensamiento judío”. Se explicaría de esta manera “la agitación suscitada, entre los creyentes y los no creyentes, por la predicación del Papa sobre el diablo”.

El olvido del diablo es un fenómeno que ha caracterizado particularmente los últimos cincuenta años. Justamente para indicar este fenómeno, recordando las diferentes citas del Evangelio, del Apocalipsis, de las Cartas Apostólicas, de los Padres de la Iglesia, de los Concilios y del magisterio de los Papas, en 1975 (durante el pontificado de Pablo VI) la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un estudio titulado “Fe cristiana y demonología”, que trataba de detener el intento de “desmitización de la secular doctrina de la Iglesia sobre Satanás”.
diablo
En el artículo de padre Mucci, una parte consistente está dedicada a amplias citas del discurso de Pablo VI, que el 15 de noviembre de 1972 dedicó a este argumento la catequesis de la audiencia general, afirmando que “una de las mayores necesidades de la Iglesia hoy es la defensa de aquel mal que llamamos Demonio”. Papa Montini subrayó que “el mal no es dolo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y atemorizante. Sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica que se niega a reconocerla como existente”.

Pablo VI puso en guardia ante la actitud de los contemporáneos: “algunos piensan encontrar en los estudios psicoanalíticos y psiquiátricos o en experiencias espiritistas, hoy desgraciadamente difundidas en algunos países, una sufciente compensación. Se teme volver a caer en teorías maniqueas, o en temerosas divagaciones fantásticas y supersticiosas. Hoy se prefiere mostrarse fuerte y desprejuiciado, seguir positivismos, salvo, luego, para dar fe a muchas gratuitas veleidades mágicas o populares, o peor abrir la propia alma a las experiencias licenciosas de los sentidos, a las deletéreas de los estuperfacientes, así como a las seducciones ideológicas de los errores de moda, fisuras todas ellas por las cuales el Maligno puede penetrar fácilmente y alterar la mentalidad humana”.

Las palabras de Francisco, pues, vuelven a indicar la presencia del diablo, una presencia que en las últimas décadas (después de la fase del olvido) se puede percibir como una exageración del sensacionalismo o del folclore de las noticias sobre el satanismo. Por este y otros motivos, el artículo del padre Mucci en “Civiltà Cattolica” concluye: “Existe el riesgo de que el cristiano de excesiva importancia al diablo, seducido por la pacotilla de cierta prensa y de ciertos servicios de la televisión que inducen a deleitarse en el escalofrío que causan intervenciones diabólicas verdaderas, presuntas o inventadas. Satanás existe y tienta al hombre al mal y le puede incluso dañar gravemente. Pero no puede impedir en nosotros ni la vida evangélica ni la salvación eterna. Él es como un perro rabioso y feroz, legado con una robusta cadena a la pared. Puede atacar y matar si el hombre se acerca al radio de acción que concede la cadena. Esa cadena es Cristo”.

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