ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Benedicto XVI, Buenas Lecturas que Valen la Pena, Uncategorized

EL BARRENDERO DE DIOS

Tras limpiar la pederastia y el dinero negro, quiere recentrar la Iglesia

Le llaman el “barrendero de Dios”. Benedicto XVI hace honor a su alias: lleva 7 años en el solio pontificio con la escoba de la purificación eclesial en la mano. Para barrer a las manzanas podridas del clero pederasta y a los garbanzos negros incrustados en el propio banco del Vaticano. Tolerancia cero para los pederastas y transparencia para los dineros del IOR. Ésa es la principal aportación estructural del Papa Ratzinger, acompañada de una vuelta a lo esencial de la fe, ofrecida al mundo, cansado y triste, como una esperanza segura y una oferta de sentido global.

El Papa alemán no engañó a nadie con su programa. Los cardenales lo eligieron, tras afirmar en la misa solemne previa al cónclave que los dos grandes peligros de la Iglesia eran el relativismo y la “suciedad” de la propia institución, que conocía mejor que nadie. Por sus manos de guardián de la ortodoxia pasaron durante décadas los casos más sangrantes y dolorosos del peor pecado que pueden cometer los eclesiásticos: el escándalo de los inocentes. Para ellos, el propio Cristo dice que “más les valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse al fondo del mar” (Mt. 18,6).

El ‘policía’ del Papa convertido en dueño de las llaves de Pedro se encontró con una barca en peor estado de lo que él mismo creía. La pederastia era un misil en plena línea de flotación de la credibilidad de la institución, que vive precisamente de eso: de generar confianza en la gente, que le entrega a sus hijos desde la más tierna infancia. Una confianza hecha añicos por curas sin escrúpulos, personificados en el icono de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, uno de los nuevos grupos mimados por Roma, porque le aportaban vocaciones y dinero fácil. Benedicto condenó a Maciel y puso a la congregación bajo supervisor vaticana, camino de la refundación. Y comenzó una limpieza nada fácil.

Pero al Papa no le tembló el pulso. Y eso que le pusieron todo tipo de trabas y zancadillas. El sistema de encubrimiento y de complicidad con los abusadores estaba incrustado en el alma de la institución. Benedicto tuvo que echar a obispos y mandar inspectores a varias iglesia nacionales. Y vencer las resistencias de su propia Curia a los más altos niveles. El cardenal Castrillón, por ejemplo, llegó a decir que un padre-obispo no puede entregar a un hijo-sacerdote a la Justicia civil, como tampoco lo haría un padre con su hijo.

Pero más rechinar de dientes hubo todavía en la Curia cuando el Papa Ratzinger decidió poner orden en las finanzas de su propia casa y acabar con la opacidad del IOR, su banco. Se comenzaron a filtrar informes y cartas. Las intrigas palaciegas si dirimieron en las portadas de los periódicos y hasta pusieron en la diana al brazo derecho de Su santidad, el Secretario de Estado, cardenal Bertone. Pero el Papa de los pasitos cortos y firmes sigue adelante. Quiere que el Vaticano sea incluido en la llamada “Lista Blanca” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el listado de países que están en primera fila contra el lavado de dinero.
El Papa de lo esencial

Limpieza, transparencia y búsqueda de lo esencial, sin perderse en florituras. Elegido Papa con 78 años, Ratzinger sabía que, por ley de vida, no tendría demasiado tiempo por delante. No tan poco como sus propios electores pensaban y, por eso, le llamaban Papa de transición. Ni tanto como necesitaría para dejar de ser un mero apéndice del pontificado extraordinario del Papa Magno, Juan Pablo II.

Pero va a comenzar su octavo año de pontificado. Benedicto está teniendo el tiempo suficiente, para marcar a la Iglesia con su propia impronta. Sin querer emular ni compararse con su “amado predecesor”. Sin buscar la gloria ni pasar a la Historia con algún gesto único, como un viaje a Moscú o a Pekín.

El Papa más culto e intelectual de la reciente historia de la Iglesia sólo se afana por cumplir con su deber: guiar la barca de la Iglesia con humildad y, con esa misma humildad, ofrecer al mundo la verdad de Dios. En el fondo y casi sin que se note, el Papa Ratzinger quiere conseguir la tan solicitada reforma de la Iglesia. Pero, a su manera. Está convencido de que es más urgente detener la sangrante crisis de fe del pueblo que poner en marcha las reformas estructurales de la institución. De ahí que, para él, la reforma pase por potenciar las iglesias locales y reevangelizar la vieja Europa.

Para lo primero, elige con sumo cuidado a los obispos de todas y cada una de las diócesis del mundo. Sin delegar esa ingente tarea en nadie. Quiere obispos seguros doctrinalmente, pero también serios, disciplinados, espirituales y sin afán de hacer carrera. En algunas ocasiones lo consigue. En otras, no tanto. Se le están colando, de hecho, bastantes prelados “talibanes”, a los que ni sus propios curas quieren, como ha pasado en España con el nombramiento de monseñor Munilla para San Sebastián. Un nombramiento en el que el Papa cedió por las presiones del cardenal Rouco.
La belleza del mensaje cristiano

Para reconquistar Europa, el programa papal consiste en predicar por activa y por pasiva que la fe no está reñida con la razón, que es razonable y coherente ser y proclamarse católico en el mundo de hoy. Más aún, que el mensaje de Jesús proporciona alegría profunda y belleza sin igual. Y, por lo tanto, puede seguir dando sentido a la vida de los hombres del siglo XXI y a la historia del viejo continente.

Una refundación del catolicismo. El evangelio según Ratzinger. Un evangelio conservador (nadie reniega de su memoria ni de su pasado), pero moderado, que intenta recentrar de nuevo el péndulo eclesiástico. Con la reforma de la reforma litúrgica (misas sin guitarras y vuelta al latín y al gregoriano), con la apertura a los lefebvrianos (que están a punto de volver al ‘redil’), pero confiando de nuevo en las clásicas órdenes y congregaciones religiosas, como jesuitas, dominicos, salesianos, franciscanos o redentoristas.

Sin embargo, las inercias son muchas y los engranajes siguen chirriando. Hay mucho miedo en algunas iglesia locales, como la española. Y teólogos denunciados, advertidos y perseguidos, como el gallego Andrés Torres Queiruga, uno de nuestros mejores y más prestigiosos intelectuales. Los sectores más talibanizados se han enquistado en el poder eclesiástico y lo ejercen. Aunque, para ello, tengan que ser (y lo sean) más papistas que el Papa.

En cualquier caso, el reino de la moderación ha comenzado. El Papa quiere una Iglesia alegre, bella, samaritana y espiritual. ¿Le quedará tiempo suficiente para conseguirlo? ¿Tendrá las fuerzas suficientes para realizar esta gigantesca tarea? Si no las tuviera, renunciaría a su cargo, como él mismo ya dijo en varias ocasiones. Pero, por ahora, como le confesó a Fidel Castro: “Soy anciano, pero todavía puedo cumplir con mi deber”.

José Manuel Vidal Madrid

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Vasos y Lienzos Sagrados Utilizados en la Eucaristía

ACETRE Etim. Del árabe as-satl, el vaso con asa, y este del latín situla.
Caldero de agua bendita que se usa para las aspersiones litúrgicas. El agua se recoge del acetre y se dispersa con el hisopo.

CALIZ
Etim.: latín calix, taza, copa, vasija donde se bebe.
Recipiente en forma de copa con ancha apertura. En la Liturgia cristiana, el cáliz es el vaso sagrado por excelencia, indispensable para el sacrificio de la Santa Misa ya que debe contener el vino que se convierte en la Sangre Preciosísima de Cristo.
El cáliz nos recuerda ciertos pasajes bíblicos en los cuales Jesús asocia a si mismo y de una nueva manera, el uso de una copa: los discípulos ¨tomarán de la copa que Jesús tomarᨠ(Mc 10: 38). En al Última Cena, la copa contenía vino que ¨es Su Sangre¨, y en Getsemaní Jesús ora para que si es posible, se aparte de él ¨la copa¨.
Su forma, materia y estilo han variado mucho en el curso de la historia. Los cálices solían ser de oro y tenían a veces un valor extraordinario. Debe, preferiblemente, para el cáliz metales preciosos. No puede ser hecho de ningún material que absorba líquidos. El pie o soporte puede ser de otra materia. El Cáliz debe consagrarse exclusiva y definitivamente para el uso sagrado en la Santa Misa.

COPÓN
Vaso con tapa en que se conservan las Sagradas Hostias, para poder llevarlas a los enfermos y emplearla en las ceremonias de culto. En la actualidad los copones suelen ser de menos estatura que los cálices para distinguirlos de estos.

CORPORAL
Etim.: latín corporalis, del cuerpo
Pieza cuadrada de tela sobre la que descansa la Eucaristía. Sobre ella se pone la patena y el cáliz durante la Misa. Antiguamente la Sagrada Hostia descansaba directamente sobre el corporal desde el ofertorio hasta la fracción. También se pone debajo de la custodia durante la Exposición del Santísimo.
Debe de ser de lino o cánamo y no de otro tejido. No debe llevar bordado mas que una pequeña cruz. Para guardarlo debe doblarse en nueve cuadrados iguales.

CRISMERA
Vaso o ampolla donde se guarda el crisma.

CUSTODIA (ostensorio)
Etim. del latín custodia.
Recipiente sagrado donde se pone la Eucaristía de manera que se pueda ver para la adoración. También se le llama ostensorium, del latín ostendere, mostrar.
Hay gran variedad de tamaños y el estilos. Generalmente alrededor de la Eucaristía se representan rayos que simbolizan las gracias conferidas a los que adoran.

GREMIAL Etim.: del latín gremium, regazo. Paño cuadrado que se ciñe el obispo durante ceremonias litúrgicas, por ejemplo en el lavatorio de los pies de la Misa del Jueves Santo. El gremial de seda y encaje para las misas pontificas ya no se usa. Uno de lino u otro material puede utilizarse.
HISOPO Etim. del latín hyssopus; este del griego y este del hebreo ’ezob.
Utensilio con que se esparce el agua bendita, consistente en un mango que lleva en su extremo un manojo de cerdas o una bola metálica hueca y agujereada para sostener el agua. Se usa con el acetre.

INCIENSO Etim.: del latín, incensum, incienso.
Resinas aromáticas, en forma granulada o en polvo, que se queman en el incensario durante algunas liturgias. Su humo tiene fragancia. Cuando se bendicen son un sacramental. Quema incienso significa celo y fervor; su fragancia: virtud; el humo que se eleva: las oraciones que ascienden al cielo. Se usa en la Misa para el libro de los Evangelios, el altar, el pueblo de Dios, los ministros y el pan y el vino. Se usa también en la bendición con el Santísimo, en procesiones.

INCENSARIO
Utencilio para incensar en las ceremonias litúrgicas.

LUNETA
Etim.: de luna. Pieza de oro, o dorada, en que se encierra la Sagrada Hostia para ser expuesta. Ver también “custodia” y “luneta”.
NAVETA
Recipiente, muchas veces en forma de pequeña nave, para el incienso que se utiliza en las ceremonias.
PALIA
Lienzo para cubrir el cáliz
PATENA
Etim.: Latín, Patena.
Plato redondo donde se pone la Sagrada Hostia. Debe ser de metal precioso como el cáliz y también debe ser consagrado exclusiva y definitivamente para el uso en la Santa Misa
Pequeño lienzo que utiliza el sacerdote en la Misa para purificar el cáliz.
VASOS SAGRADOS: Cáliz, copón y patena
VINAJERAS
Las vasijas para el vino y el agua que se usan en la Santa Misa. Generalmente son de cristal y se colocan en una bandeja pequeña. Es permitido que sean de otro material (bronce, plata, oro e incluso de cerámica bien sellada) siempre y cuando puedan dignamente contener los líquidos.
Usualmente tienen asas y tapones. Son de diferentes estilos y tamaños. Tradicionalmente, para evitar confusión al utilizarlas, las vinajeras se gravaban las iniciales “V” y “A”, por el latín vinum y aqua.
Las vinajeras junto con las hostias no consagradas pueden ser llevadas en procesión por dos fieles y presentadas al sacerdote durante el Ofertorio.
VIRIL
Etim. de vidrio.
Pieza redonda, tradicionalmente de cristal transparente con borde de oro o dorado, en que se pone la Sagrada Hostia para sostenerla en la Custodia. También se usa un viril para guardar reliquias en un relicario. Ver también “luneta”

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¿Recuerdas las Partes de la Misa?

Autor: Arturo Reyes | Fuente: Catholic.net
La Misa, partes en que se divide
Explicación de cada parte de la Misa, señalando las posturas que deben de tomarse.

La Misa, partes en que se divide
Es muy importante conocer las partes de la misa para vivirla como Dios quiere.

Las indicaciones que siguen corresponden a la Ordenación del Misal Romano. Las letras indican la posición que deben asumir los fieles ( P: parados; S: sentados; R: arrodillados)

1. RITOS INICIALES

Entrada (P)

Mientras entra el sacerdote comienza el canto de entrada. El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido y elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta.

Saludo al altar y pueblo congregado(P)

Cuando llega, el sacerdote besa el altar. Terminando el canto de entrada, el sacerdote y la asamblea hacen la señal de la cruz . A continuación el sacerdote, por medio del saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor.
Terminado el saludo, el sacerdote o el monitor puede hacer a los fieles una brevísima introducción sobre la misa del día.
Después el sacerdote invita al Acto penitencial, que se realiza cuando toda la comunidad hace su confesión general termina con la conclusión del sacerdote.

Señor, ten piedad(P)

Después del acto penitencial, se empieza el “Señor, ten piedad”, a no ser que éste haya formado ya parte del mismo acto penitencial. Si no se canta el “Señor, ten piedad”, al menos se recita.

Gloria (P)

Este es un antiquísimo y venerable himno con que la iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero , y le presenta sus súplicas. Si no se canta, al menos lo han de recitar todos, o juntos o alternadamente.

Oración colecta (P)

El sacerdote invita al pueblo a orar; y todos, a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio. Luego, el sacerdote lee la oración que expresa la índole de la celebración; el pueblo la hace suya diciendo amen.

2. LITURGIA DE LA PALABRA

La Eucaristía es sacramento de toda la vida de Jesús. Mediante las Lecturas bíblicas nos acercamos a ella:

La primera lectura.(S) Se toma del Antiguo Testamento y nos sirve para entender muchas de las cosas que hizo Jesús.

Salmo Responsorial.(S) Formando parte de la misma Liturgia de la Palabra tenemos los Cantos interleccionales

Después de la 1º Lectura, sigue un Salmo Responsorial , que se toma del Leccionario. El salmista o cantor del salmo, desde el ambón o desde otro sitio oportuno, proclama las estrofas del salmo, mientras toda asamblea escucha è y además participa con su respuesta.

La segunda lectura. (S)Se toma del Nuevo Testamento, ya sea de los Hechos de los Apóstoles o de las cartas que escribieron los primeros apóstoles. Esta segunda lectura nos sirve para conocer cómo vivían los primeros cristianos y cómo explicaban a los demás las enseñanzas de Jesús. Esto nos ayuda a conocer y entender mejor lo que Jésus nos enseñó. También nos ayuda a entender mucas tradiciones de la Iglesia. Después de la segunda lectura se canta el Aleluya, que es un canto alegre que recuerda la Resurrección u otro canto según las exigencias del tiempo litúrgico .

El Evangelio. (P) Se toma de alguno de los cuatro Evangelios de acuerdo al cíclo litúrgico y narra una pequeña parte de la vida o las enseñanzas de Jesús. Es aquí donde podemos conocer cómo era Jesús, qué sentía, qué hacía, cómo enseñaba, qué nos quiere transmitir. Esta lectura la hace el sacerdote o el diácono.

Homilía (S)

Conviene que sea una explicación de las Lecturas, o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día, teniendo siempre el misterio que se celebra y las particulares necesidades de los oyentes.

Profesión de fe (P)

Con el Símbolo o Credo el Pueblo da su asentamiento y respuesta a la Palabra de Dios proclamada en las Lecturas y en Homilía, y trae su memoria, antes de empezar la celebración eucarística, la norma de su fe.

Oración universal (P)

En la oración universal u oración de los fieles, el Pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres(Papa, Iglesia, Estado, necesidades….).La asamblea expresa su súplica o con una invocación común, que se pronuncia después de cada intención, o con una oración en silencio.

3. LITURGIA EUCARÍSTICA

Preparación de los dones (S)

Al comienzo de la Liturgia eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el cuerpo y en la Sangre de Cristo: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. Acompaña a esta procesión el canto del ofertorio, que se alarga por los menos hasta que los dones han sido colocados sobre el altar.

Plegaria eucarística (P)

Este el centro y el culmen de toda la celebración. Es una plegaria de acción de gracias y de consagración. El sentido de esta oración es que toda la congregación de fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio.
Los principales elementos de que consta la Plegaría eucarística pueden distinguirse de esta manera:

a) Acción de gracias(P)(que se expresa sobre todo en el Prefacio.

b) Santo:(P) con esta aclamación toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta o recita las alabanzas a Dios.

c) Epíclesis (R): con ella la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora el poder divino para que los dones que han presentado los hombres queden consagradas, es decir, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para salvación de quienes la reciban.

d) Narración de la institución y consagración (R): en ella, con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que él mismo instituyó en la última cena. Es el momento más solemne de la Misa; en él ocurre el misterio de la transformación real del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Dios se hace presente ante nosotros para que podamos estar muy cerca de Él. Es un misterio de amor maravilloso que debemos contemplar con el mayor respeto y devoción. Debemos aprovechar ese momento para adorar a Dios en la Eucaristía

e) Anámnesis (R): con ella la Iglesia, al cumplir este encargo que, a través de los Apóstoles, recibió de Cristo Señor, realiza el memorial del mismo Cristo, recordando principalmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.

f) Oblación(P): la asamblea ofrece al Padre la víctima inmaculada, y con ella se ofrece cada uno de los participantes.

g) Intercesiones (P): con ellas se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros, vivos y difuntos.

h) Doxología final (P): en ella se expresa la glorificación de Dios y se concluye y confirma con el amen del pueblo.

Rito de la comunión

Ya que la celebración eucarística es un convite pascual, conviene que, según el encargo del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos por los fieles, debidamente dispuestos, como alimento espiritual. Significa “común unión”. Al acercarnos a comungar, además de recibir a Jesús dentro de nosotros y de abrazarlo con tanto amor y alegría, nos unimos a toda la Iglesia en esa misma alegría y amor

a) La oración dominical (P): se pide el pan de cada día, con lo que también se alude, para los cristianos, el pan eucarístico, y se implora el perdón de los pecados. El embolismo, que desarrolla la última petición, pide para todos los fieles la liberación del poder del mal.

b) El rito de la paz (P): con que los fieles imploran la paz y la unidad para la iglesia y para toda la familia humana y se expresan mutuamente la caridad antes de participar de un mismo pan.

c) El gesto de la fracción del pan:(P) realizado por Cristo en la última Cena, en los tiempos apostólicos fue el sirvió para denominar la integra acción eucarística. Significa que nosotros, que somos muchos, en la comunión de un solo pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1 Co 10,17)

d) Inmixión o mezcla (P): el celebrante deja caer una parte del pan consagrado en le cáliz [originariamente era un trozo del pan consagrado en otra comunidad el domingo anterior: signo de comunión entre las diversas comunidades cristianas]

e) Mientras se hace la fracción del pan y la Inmixión, los cantores o un cantor cantan el Cordero de Dios: Esta invocación puede repetirse cuantas veces sea necesario para acompañar la fracción del pan. La última vez se acompañará con las palabras danos la paz.

f) Preparación privada del sacerdote.

g) Luego, el Sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico.

h) Es muy de desear que los fieles participen del Cuerpo del Señor con pan consagrado en esa misma Misa. Comulgar es la mejor forma de participar del sacrificio que se celebra.

i) Mientras el sacerdote y los fieles reciben el Sacramento tiene lugar el canto de comunión, canto que debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, demostrar, al mismo tiempo, la alegría del corazón y hacer más fraternal la procesión de los que van avanzando para recibir el Cuerpo de Cristo. Si no hay canto, se reza la antífona propuesta por la Misal.

j) Terminada la distribución de la comunión, el sacerdote y los fieles, si juzgan oportuno, pueden orar un rato recogidos. Si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza.

k) En la oración después de la comunión, el sacerdote ruega para que se obtengan los frutos del misterio celebrado. El pueblo hace suya esta oración con la aclamación “Amén.”

4. RITO DE CONCLUSIÓN (P)

El rito final consta de saludo y bendición sacerdotal, y de la despedida, con la que se disuelve la asamblea, para que cada uno vuelva a sus honestos quehaceres alabando y bendiciendo al Señor.

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¿COMPRENDEMOS A DIOS?

Comprender a Dios, no es nada fácil. Saber exactamente lo que Dios quiere de nosotros, asimilar sus deseos para interpretar correctamente en cada momento cual es su voluntad, no es tarea fácil. Y no es esto tarea fácil, esencialmente porque no somos dóciles a las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo en nosotros, nos creemos muy listos y queremos gobernar nuestra vida de espaldas a lo que Dios desea para nosotros, que siempre aunque no lo veamos ni lo comprendamos es lo mejor, lo que más nos conviene y no me refiero a lo que más nos convendrá en el más allá, sino también a lo que más nos conviene en el más acá. Nuestra corta inteligencia, queremos sobreponerla a la ilimitada de Nuestro Señor, y nuestra soberbia no nos permite entregar el timón del gobierno de nuestra vida al Señor y así nos va.

Para mejor comprender a Dios es necesario estar muy cerca de Él, el alma que más cerca está de Él, que tiene un mayor grado de entrega a Él, es siempre la más feliz de las personas. Es de cajón, cuanto es mayor y más fuerte la presencia de Dios en la intimidad del ser de una persona, mayor es el grado de comprensión que de Dios tiene esa persona. Por esto es importante comprender a Dios, para avanzar más rápidamente hacia Él.

San Juan de la Cruz escribía: “Los israelitas entendían las profecías a su modo fijándose en lo menos principal, que era el dominio y la libertad temporal. Y esto para Dios ni es reino, ni es libertad. Por eso ciegos por la letra, sin entender su espíritu y verdad mataron a su Dios y Señor. Como se dice en los hechos de los Apóstoles: “Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús y, al condenarlo cumplieron las profecías que se leen los sábados”. (Hech 13,27).

Como principio básico y fundamental, hay que recomendar que si uno quiere entender a Dios, comprenderle, hay que olvidarse de la propia inteligencia: A Dios, no se le alcanza con la inteligencia sino solo con el amor, porque su esencia es amor y nada más que amor. San Juan evangelista, en su primera epístola es rotundo a estos efectos. “Dios es solo amor” (1Jn 4,16). Dios no puede ser totalmente comprendido por la inteligencia humana. Por eso forzar la mente y centrarse en ella con el propósito de comprenderlo totalmente es vano e inútil esfuerzo, que puede incluso poner en peligro el equilibrio de la personalidad. La luz en el orden espiritual, tiene una función esclarecedora, alumbra la inteligencia para que esta pueda discernir y comprender, pero existe un determinado grado de luminosidad en este orden espiritual, un grado que solo Dios conoce, a partir de este grado la luz no esclarece sino que por su intensidad deslumbra y no permite ver. La cabeza es entonces aquí un estorbo y es necesario para ver, entender y comprender, dejar que funcione el corazón.

No tratemos de comprender a Dios, juzgando lo que en esta vida nos envía o permite, ni tampoco acerca del lugar y papel que nos ha asignado. No pensemos: ¡Ah! Sí yo hubiese nacido hijo de tal o cual persona importante y por lo tanto hubiese sido rico toda la vida, ¡Ah! si Dios me hubiese dado la oportunidad que le dio a fulano, que distintas hubiesen sido las cosas para mí, ¡Ah! si Dios, me hubiese dotado de la inteligencia y oportunidades que le ha dado a zutano, cuán distinto hubiese sido todo. Pues sí, estoy de acuerdo contigo, en que las cosas hubiesen sido distintas, pero discrepo de ti, porque te afirmo que hubiesen sido distintas para ir a peor. Todo hubiese sido peor para ti, aunque nuestra incontrolada imaginación, alimentada la mayoría de las veces, con figuraciones proporcionadas por el demonio, nos haga pensar o ver lo contrario. Lo comprendamos o no Dios, siempre dispone lo mejor para cada uno de nosotros. Nos envía o nos da siempre o permite en cada momento, aquello que más nos conviene, aunque esto desde nuestro punto de vista sean males o desgracias. Si vivimos en el amor del Señor, siempre consideraremos, que nuestra vida ha sido es y será la más maravillosa que un ser humano haya podido vivir en este desdichado mundo. No pensaremos nunca nada más que en darle gracias al Señor por todos los bienes y males que ha permitido que nos sucedan, pues junto con ellos nos ha regalado su gracia para soportarlos y aumentar así nuestra futura gloria en el cielo. A San Pablo cuando se quejó le dijo el Señor: “Por esto rogué tres veces al Señor que se retirase de mi, y Él me dijo: Te basta mi gracia que en la flaqueza llega al colmo del poder”. (2Co 12,8).

En el orden espiritual el tratar de equiparar situaciones, y sobre todo el agravio comparativo son consideraciones nefastas, que a ninguna parte llevan. Las cosas son como son y no como nosotros desearíamos que fuesen; mejor dicho las cosas son como Dios quiere que sean para nuestro bien, aunque así no lo veamos ni lo comprendamos, porque Él para nosotros solo quiere el bien. Y esto es así, porque todos y cada uno de nosotros somos una pieza única e insustituible, del plan de Dios.

El plan de Dios, está perfectamente estructurado para proporcionarnos a todos, absolutamente a todos en general y a cada uno de nosotros en especial, la mayor y mejor de las oportunidades para ser felices, ya aquí abajo y eternamente en el cielo. Lo que ocurre es que diariamente este plan nos lo estamos cargando todos, con nuestras faltas y pecados. Y frente a este desbarajuste que creamos con nuestras ofensas a Él, Dios arregla el desorden que creamos, sacando bien de nuestro mal, tal como vulgarmente se dice: Dios escribe derecho con renglones torcidos.

Nosotros somos cada uno una pieza de este plan divino, una pieza que tiene un carácter insustituible, cualesquiera que sea o haya sido nuestra situación material en el mundo. El ser humano tiene siempre la tendencia a valorar más lo material que lo espiritual y para comprender a Dios uno de los presupuestos básicos es saber que a Dios lo que más le interesa es nuestra alma no nuestro cuerpo.

La situación material de riqueza, el estatus social, el nivel de conocimientos en disciplinas humanas de una persona, a Dios no le interesa ni le impresiona nada, porque con su intervención en nuestras vidas, esto lo modificará según lo que el cree que sea más conveniente, nos lo cambia en un santiamén. Dios nos lo da y Dios nos lo puede quitar. ¡Cuántas personas han descendido de la opulencia y cuántas otras, de la nada han llegado a la opulencia! Él lo dispone todo, pero al regalarnos el libre albedrío, hay un algo que no toca y es la voluntad humana. Desde luego que Él quiere que todos caminemos hacía su encuentro, pero libremente por nuestra propia voluntad, no por disposición u orden suya. Y esto es precisamente, lo que hace que sea tan importante para Él, nuestro nivel de vida espiritual, porque este nivel, es el barómetro que Él tiene para constatar nuestra decidida voluntad de amor hacia Él.

A Dios es imposible conocerle y comprenderte plenamente, pero es posible buscarle, amarte y entonces llegaremos a encontrarle. Dios es un Ser, imposible de conocer ni espiritual ni materialmente en su plenitud, porque Él es un ser increado e ilimitado en todas sus manifestaciones. Nosotros somos criaturas creadas por Él, y totalmente limitadas en todo, en concreto en cuanto a nuestro intelecto. No es posible para la mente humana abarcar a Dios, poniendo un mal ejemplo, sería como tratar de meter las aguas de todos los océanos del mundo, en un dedal de costura.

Nunca comprenderemos totalmente a Dios, pero algo si es posible, por ello queremos conocerle para después de comprenderle y poderle amar más. El camino para alcanzar esta situación, es el que nos enseña María nuestra Madre, que es el del abandono en Él. María nos enseña como abandonarnos en Dios, en todas aquellas experiencias que no comprendemos, y cuyo sentido conoceremos, tal vez sólo en la vida futura. Dios quiere que ante las pruebas de la fe, que quieras reconocer con humildad sus insondables designios y que aceptes que no comprenderás muchas de sus decisiones.

En distintas ocasiones los evangelistas, para expresar la actitud de Nuestra Señora, ante acontecimientos que la sobrepasaban, ellos dicen que: María guardaba todas estas cosas en su corazón. La fe de ella, jamás le creaba duda alguna, aunque lo que ocurría a su alrededor era inexplicable. Ella sabía guardar estas cosas en su corazón, pues sabía que todo tenía una explicación que más tarde conocería. Imitemos a Nuestra Madre celestial y entreguémonos a Ella, que así siempre tendremos el mejor y más fácil camino para llegar a su Hijo.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

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