Uncategorized

12 cosas que los católicos tradicionales pueden hacer hoy

Estamos en un mundo que es un campo de minas, más allá de los problemas de la propia Iglesia, hay grupos que nos odian: musulmanes, feministas radicales, homosexuales, gobiernos secularizados, marxistas, masones, Hollywood, ateos, liberales, protestantes, medios de comunicación, etc… Y es por ejemplo, porque vivimos vidas según normas morales católicas, por ejemplo, estamos contra las practicas homosexuales, contra la convivencia antes de matrimonio, la impudicia, la pornografía, el asesinato de los bebés inocentes en el seno de la madre, creemos en la permanencia de los votos del matrimonio entre un hombre y una mujer, etc.

El mundo sigue estando contra nosotros,  porque seguimos a Jesucristo y no seguimos el plan illuminatide tener una religión pagana y un gobierno mundial. Hay un poder detrás de todo este mal, el poder demoniaco. ‘Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.’ Efesios 6:12

Aquí tienen 12 cosas que debemos hacer en este ambiente en medio del cual rezamos y vivimos.

1.      Comenzar por uno mismo. Cuando todo sea dicho y hecho, también moriré. Tendré que dar personalmente razón a Dios por todo lo que he hecho y he dejado de hacer. Esto incluye las malas cosas que he hecho y las acciones buenas que no he querido hacer. También, personalmente, vivo en un campo de minas del diablo, con tentaciones constantes que me pueden conseguir un pasaporte para siempre al infierno. Antes de tratar de salvar las almas de otros, debo tener cuidado con mi alma. Por tanto tengo que intentar pía y humildemente vivir una vida santa y hacer la Voluntad de Dios en todas las situaciones.

2.      Rezar. Humildemente reconozco que no puedo salvar el mundo y que Jesús es el Salvador. Pero todavía debo ayudar a salvar almas y reformar la iglesia ofreciendo la  Santa Misa, oraciones, y en general, hacer todo lo que puedo. Cada Rosario Santo cuenta enormemente también.

reza el rosario

3.      Dé un buen ejemplo. En todo lo que hago doy un ejemplo bueno o malo, de lo que significa ser un buen católico; cómo me arrodillo y rezo, cómo trabajo, cómo juego, cómo estudio, cómo amo y saludo a la gente, cómo conduzco, cómo me alimento, cómo hablo, etc.

buen ejemplo

4.      No tema ser perseguido. Jesús, San Juan Bautista, los Apóstoles y todos los santos fueron perseguidos. Jesús nos advirtió; ‘Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros’.

valentía

5.      Tenga Fe en Dios y María, Ángeles y Santos.  No estamos solos. Han sentido todo el dolor que sufrimos defendiendo la Verdad de nuestra fe católica a lo largo de 2000 años. La iglesia pertenece a Jesús. La fundó. Prometió que las Puertas de Infierno no prevalecerán contra Ella. Por tanto, El sufre junto con nosotros que nos levantamos para proteger los Sacramentos, la verdad de la Santa Biblia, la Tradición y el Magisterio… Dios está con nosotros y nos ayuda. María está con nosotros e intercede. Los Ángeles luchan junto a nosotros. Los santos hacen su parte intercediendo también por nosotros. Las almas en el Purgatorio rezan por nosotros. No estamos solos.

catolicos con fe

6.      Diga la verdad. Tenga el coste que tenga, tenemos que decir la verdad católica a nuestras familias, nuestras parroquias, nuestros amigos, nuestros políticos, etc., a cada uno que nos escuche.

verdad

7.      Pierda el respeto humano. Uno de los mayores enemigos para cargar la Cruz y seguir los pasos de Jesús es  temer lo que otros pensarán de nosotros. Pongamos nuestros ojos en lo que Jesús piensa de nosotros y no en lo que los otros piensen.

cargar la cruz

8.      Miedo de lucha. Leí que el único miedo que deberíamos tener es al propio miedo. La gente y el diablo ponen el miedo en nuestros corazones para desalentarnos de hacer y decir lo que es correcto y pagar el precio por ello. Jesús dijo repetidas veces, ‘No tengáis miedo…”

no tengais miedo

9.      Vea todo con perspectiva. Dios es infinitamente más poderoso que cualquier dirigente o poder humano.  Ahora mismo la mayor parte de nosotros todavía somos capaces de decir lo que creemos como católicos. Ahora mismo, en algunas partes del mundo somos libres de rezar e ir a la misa. Ahora mismo no estamos encarcelados y somos capaces de comer, descansar, tener una familia, andar, jugar y trabajar. Todo eso aún tenemos ahora mismo.

ver con perspectiva

10. No se desanime. Somos llamados para ser fieles y hacer lo que podamos. Por tanto vayamos paso a paso. El refrán dice “El viaje de mil kilómetros comienza con un paso”. Como dicen los comunistas, ‘no esperen controlar el mundo de un día a otro’. No, sólo trabajen despacio y todo llegará.

arriba ese ánimo

11. Comparta los milagros que observe. Pasando ‘por este valle de lágrimas’, vamos con Jesús, María, los ángeles y santos. Y debido a esto, habrá milagros en nuestra vida cotidiana. Espérelos, tenga fe. A lo largo de la historia de la Iglesia Católica, muchas veces Dios mostró Su amor con acontecimientos milagrosos. Dios seguirá haciendo milagros hoy también.

compartir los milagros

12. Apóyense los unos a los otros. Jesús envió a los Apóstoles de dos en dos. Tenemos que rezar y trabajar juntos. Tenemos que ayudarnos el uno al otro, amar el uno al otro.

apoyarse los unos a los otros

Es difícil ser un católico hoy, sin embargo, somos bendecidos y estamos cerca del corazón de Jesús…

Pbro. Peter Carota (parroquia de Saint Catherine of Siena en Phoenix, Arizona, EEUU) / AeF, Mar 2015 / edit.

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, catolicos en el mundo, consejo nacional de laicos de venezuela, fe, Uncategorized

¿Puede el católico permanecer pasivo frente a la historia?

Imagen


¿Puede el católico permanecer pasivo frente a la historia , dejando en manos de los que quieren manejar la historia, el fin del hombre? Las leyes sobre los “derechos humanos”, que consideramos ofensivas para la dignidad del hombre, pronto se impondrán, aquellos que no las observen serán castigados. ¿Es demasiado tarde para actuar y evitarlo?

 

Con un cierto grado de miopía, se observa que la presencia de Dios en la historia parece estar en contradicción con el comportamiento de los hombres, que lo ignoran cada vez más. Se podría decir que la historia del mundo ya no se rige de acuerdo a las enseñanzas de Cristo. De hecho, parece que muchos cristianos ya no están convencidos de que Cristo ha vencido a la muerte y el pecado, y por lo tanto, imitándole, ellos pueden hacer lo mismo, convirtiéndose en este sentido en levadura en el mundo para vencer el mal. ¿Por qué el cristianismo parece haberse convertido en una cultura, en lugar de ser vivido (triunfando así sobre el mal)?

 Imagen

¿Por qué muchos temen , sin duda equivocados, que la Iglesia pueda ser obligada a entregarse al mundo mediante la aceptación progresiva de unracionalismo teológico inmanente cada vez más separado de la trascendencia, y por lo tanto dispuesto a relativizar los dogmas de la fe? ¿Por qué muchos temen, equivocados, que los guardianes de la tradición podrían estar dispuestos a reducir la objetividad de Dios en la esfera intelectual? Lo suficiente como para imaginar que, como resultado, Dios pueda incluso ser considerado un obstáculo a superar, para permitir al hombre aprender a “ayudarse a sí mismo”, emancipando la moral humana. En realidad, quizá, se acaba de dejar al hombre que se ahogue en el mar tempestuoso de la “fe y razón” en el que no ha estado, desde hace algún tiempo, entrenado para nadar.

 

Pero, ¿puede el cristiano  aceptar ser un espectador de estos cambios, limitándose a criticarlos, sufrirlos y soportarlos, resignándose a ellos? ¿Puede un cristiano fingir estar de acuerdo con la cultura dominante que quiere el “mal”, resultado de la ignorancia? ¿Qué quiere él mismo, un animal inteligente, fruto del caos y con la dignidad de los animales?

 

Entiendo la prudencia e incluso el miedo, después de haber visto el final al que llegaron los que expresaron heroicamente la comprensión de la fe, pero ¿hemos entendido que si no reaccionamos ahora vamos a perder la libertad para hacer el bien? ¿Sabemos que no hay verdadera libertad sin Verdad? Si no reaccionamos dejaremos que este “pobre hombre” decida lo que quiere saber y lo que quiere creer, sin haber alimentado adecuadamente el intelecto y el espíritu.

Si no reaccionamos dejaremos que falten el amor, la piedad, el temor de Dios… Vamos a ver leyes globales que establezcan que la verdadera fe es no tener fe.

 

Nosotros todavía sabemos que separando al hombre de Dios , el hombre se degenera paulatinamente, hasta el punto de pensar que él es Dios y creando un trastorno universal. Sabemos que la solución a este trastorno, cuando se propone legislarlo, no está siempre en elegir el menor de dos males, sino en ir con decisión en contra de los males de una vez por todas.

 

Hemos dilapidado los dones del Padre , que la Iglesia ha conservado y transferido a nosotros durante dos milenios. Deberíamos ser como el evangélico “hijo pródigo”. A diferencia de él, sin embargo, la tentación de esta época es la distancia respecto el Padre. Nos han hecho ricos en bienes materiales y bien alimentados. No tenemos hambre de comida ni necesitamos cosas.

Tenemos hambre de Dios, necesitamos fe para fortalecer el espíritu y el magisterio para fortalecer el intelecto.

Tenemos el espíritu cada vez más débil a fuerza de hacer mal uso de la naturaleza, el intelecto y la voluntad.

El pecado nos ha hecho estériles, tanto que por nosotros solos no vamos a encontrar fácilmente la casa del Padre. Tenemos necesidad de ayuda. Ayuda de sacerdotes santos que vengan a confesarnos, que nos vuelvan a enseñar a orar, a “adoctrinarnos” bien. Entonces será un juego de niños (de hijos de Dios), el volver a ser activos frente a la historia y cambiarla para bien…

 

 Ettore Gotti Tedeschi en La Nuova Bussola, Italia.

 

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Buenas Lecturas que Valen la Pena, catolicos en el mundo

El Martirio de la Coherencia

COHERENCIA

Javier Paredes, profesor de Historia, nos explica en qué consiste, en estos cuatro reveladores párrafos:

1. En el mundo Occidental, hoy en día, a los perseguidores de la fe ya no les importa tanto, si vas o dejas de ir a Misa. Es más, si el edificio de la parroquia en la que se celebra dicha Misa, necesita reparación, el sistema político puede que hasta lo financie, así como el mantenimiento o la limpieza del templo. Lo cual puede crear la apariencia de que todo marcha estupendamente, facilitando un cristianismo cómodo, tibio. Por lo tanto, en nuestra opinión particular, a los cristianos del siglo XXI no se nos preguntará sólo si hemos asistido a Misa los domingos y fiestas de guardar, sino que además, se nos pedirá cuentas también, y especialmente, de lo que hicimos con esta sociedad desacralizada.

2. “Porque a diferencia de otras épocas en las que también había obligación de dar la cara por Jesucristo en la vida pública, en la nuestra, es especialmente necesario por estar nuestras instituciones civiles más necesitadas de Dios, y porque además, el magisterio nos ha recordado en el Concilio Vaticano II que lo propio de los laicos es santificar las estructuras temporales.

Y la tarea no es sencilla, ya que la coherencia es incompatible con la esquizofrenia moral que, por ejemplo, farisaicamente, puede aprobar la financiación de templos, colegios católicos y ONGs bienintencionadas, a cambio de que no salgamos de las sacristías…, para impedir así que cristianicemos los parlamentos, los periódicos, las universidades, las fábricas, las diversiones, los hospitales…”.

3. “Lo dramático de este modelo de persecución es que los verdugos no se encuentran solamente fuera de la Iglesia…, porque la coherencia de los católicos que han puesto en la santidad el objetivo de sus vidas, a quienes pone en evidencia principalmente, no es a los ateos, ni a los hombres sin fe, ni a los “rojos”, ni a los masones, sino a todos aquellos católicos tibios y esquizofrénicos que prefieren el juicio de los hombres al de Dios. Esta persecución que ya ha comenzado, es tan grave y tan importante en la historia de la Humanidad, porque el día que se generalice, será la última y clara señal de que hemos entrado en los últimos tiempos anunciados en el Apocalipsis, que preceden al fin del mundo, sin que sepamos el tiempo que ha de transcurrir entre los últimos tiempos y el fin del mundo”.

4. “Los truenos y los relámpagos quedan reservados para el fin del mundo, que –como he dicho- estará precedido de los últimos tiempos en los que tendrá lugar esta tercera persecución, ya iniciada, en un ambiente tan de aparente calma y normalidad, que desde este momento habrá que estar muy pegados a la Santa Misa, al Sagrario, a la Santísima Virgen y a la Caridad con los hermanos, porque de lo contrario nos deslizaremos sin darnos cuenta y pasaremos a engrosar las filas de los verdugos. Además, los que se mantengan fieles a la Verdad serán tachados de radicales, fanáticos y fundamentalistas, como ya ocurre actualmente, aunque todavía no se presente dicha acusación con la virulencia y encono a la que se puede llegar en el futuro”. En cualquier caso, seamos coherentes con nuestras vidas, aunque nos cueste el martirio, el amor a Cristo y la felicidad eterna, valen la pena.

Por último, jamás perdamos de vista que Dios es el Señor de la Historia, como afirmaba el beato Juan Pablo II, y su Madre, nuestra Madre, esta pronta a socorrernos también en el peligro… Seamos coherentes con nuestras vidas

José Zavala…, del prólogo del libro de Santiago Lanús: “Madre de Dios y Madre Nuestra. Fátima, Amsterdam y Garabandal” (Editorial San Román)

ReL, 1-5-13

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, catolicos en el mundo, laicos, Uncategorized

Herejías Sutiles: mentiras atractivas

Desde este trípode se abre un inmenso abanico de sub-herejías que van conformando el pensamiento y la praxis de una gran mayoría de católicos.

Muchos teólogos modernistas o «progres» definen la HEREJÍA como «Verdad que se vuelve loca». Yo prefiero definir la Herejía como «mentira que parece cuerda», sobre todo cuando se trata de herejías aceptadas de forma muy sutil que aparecen ante las personas sin defensas (o sea con poca o nula formación, o formación deformada) con unos componentes atractivos que las hacen asumirse como normales dentro de las mismas comunidades cristianas. En este artículo voy a señalar tres bastante sutiles que ya son casi «tópicos» en el pensamiento occidental:

1: Herejía de la FALSA HUMILDAD

«Es una soberbia creer que el ser humano puede ofender a Dios» . De manera que, según esto, no existe el pecado personal sino solo el pecado «estructural» contra el que se lucha desde la praxis social y política. Esta idea ha conseguido que muchas personas se olviden de confesar sus pecados, pues si llegan a pensar que ofenden a Dios a la vez creerán que son soberbios con ese pensamiento. Y aquí se cae en la típica, pero no evidente, contradicción de la herejía. Si se niega el pecado (la ofensa a Dios), ¿cómo calificar con otro pecado (soberbia) la máxima de que No hay pecado?; ahora bien, ¿cómo responder a esta herejía?; pues el camino más corto es acudir al Sagrado Corazón de Jesús. Dios no es un Dios lejano e insensible (al estilo del deísmo ilustrado) sino un Dios cercano que se encarna, que se hace hombre (igual a cualquier hombre menos en el pecado), y que precisamente muere en la cruz a causa de nuestros pecados. Pero su Divino Corazón siente las ofensas de los pecadores, igual que en vida Cristo sintió la traición de Judas, la negación de Pedro, el abandono de los suyos…etc.

Por tanto, SI. El ser humano puede ofender a Dios y eso sucede cada vez que se peca, sobre todo si se peca gravemente pues en ese caso se pone en peligro la salvación del alma y Dios quiere la salvación de todas las almas. Y además, si decimos que el ser humano no puede ofender a Dios con el pecado, ¿para qué murió Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz?

confesionario
2: Herejía de la PRESUNCIÓN AUTOSUFICIENTE

«Haz lo que quieras que al final estás salvado». Esta herejía enlaza perfectamente con la segunda tentación del diablo a Cristo que aparece en Mateo capítulo 4: «tírate al abismo que tus ángeles no permitirán que tu pie tropiece contra una piedra». El Salvador responde. «No tentarás al Señor tu Dios». Pues esta herejía está hoy tan extendida que ha provocado que muchos creyentes se hayan metido a Dios «en el bolsillo» y no en el corazón. Esta idea paraliza el esfuerzo moral personal, nubla el compromiso, anula la buena voluntad, rebaja la vocación al concepto de opción provisional, seculariza la vida de la Iglesia….etc, pues esta mentira tan sutil priva al ser humano del don de «Temor de Dios» que no es servilismo sino amor reverencial a quien tanto nos ama y a quien nos debiera doler el ofenderle. La respuesta es bien sencilla: atendamos a la Palabra de Cristo. En Mateo capítulo 25 (juicio final) aparece muy clara la situación eterna de cada ser humano: si sus obras fueron conforme a la fe, se salva. Pero si solo hay fe y no hay obras, o éstas fueran malas y no hay arrepentimiento, se condena.

Por tanto, NO. Para salvarse el camino no es hacer la propia voluntad sino la voluntad de Dios que, además, es la única que nos hace felices ya en la tierra. La «Fe sola» NO es suficiente.

temor-de-dios

3: Herejía del INDIVIDUALISMO RELIGIOSO

«Se cristiano, sí, pero no te metas en la vida de los demás». Esta herejía bloquea el sentido misionero, el apostolado inherente a la condición de hijo de Dios. Por supuesto que Dios no quiere que impongamos la fe, que no respetemos la legítima libertad del prójimo, eso es claro. Pero otra cosa es renunciar a compartir la alegría de la fe, pretender guardar el talento recibido bajo una piedra y no hacerlo rendir (ver otra vez Mateo capítulo 25). Si los primeros cristianos hubieran escuchado ese llamado de la posmodernidad, entonces el cristianismo no se hubiera extendido por todo el mundo conocido. La respuesta también es muy sencilla, y vemos en Mateo capítulo 28 el mandato misionero de Cristo: «Id por todo el mundo y bautizad a todos anunciando el Evangelio». Dios nos ha creado «hermanos», o sea, nos pertenecemos. La caridad hace que todo cristiano que se precie de ello rece para que todos sean cristianos y gocen del tesoro verdadero.
pies misioneros
Por tanto, SI. Hay que «meterse» en la vida de los demás….hay que tener CELO APOSTÓLICO y no estar indiferentes ante el alejamiento de Dios de nuestros amigos y familiares, ni siquiera ante el alejamiento de los que ni son amigos o hasta son enemigos. Rezar por todos, dar buen ejemplo y misionar constantemente porque así nos lo ha pedido el Redentor.

Herejías sutiles: mentiras atractivas desde una óptica posmoderna que incluye la falsa humildad, la presunción autosuficiente y el individualismo religioso. Ideas que han encontrado su cauce en la teología modernista que resalta:

– La negación de la libertad del ser humano (por eso no es capaz de ofender a Dios)

– La afirmación de la auto-salvación del ser humano («Ser como Dioses» del pecado original)

– La consideración del cristianismo como una creencia más entre otras muchas

Desde este trípode se abre un inmenso abanico de sub-herejías que van conformando el pensamiento y la praxis de una gran mayoría de católicos. Por eso creo conveniente denunciar el origen de estos pensamientos que son producto de la cultura posmoderna y la teología modernista filoprotestante.

P. Santiago González, sacerdote

Publicado originalmente en Adelante la Fe, Nov. 2013

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Benedicto XVI, Buenas Lecturas que Valen la Pena, fe, laicos, Papa Francisco

Una Encíclica Escrita a Cuatro Manos

Lumen Fidei

De Benedicto XVI, a Francisco

El documento de mayor relevancia que quedará en la Historia como contribución del Año de la fe será la encíclica Lumen fidei (La luz de la fe), escrita, por primera vez en la Historia, a cuatro manos, por un Papa emérito y el Papa reinante. Firmada el 29 de junio, fiesta de los Santos Pedro y Pablo, primeros testigos de la fe en Roma, la encíclica ha tenido una curiosa historia. Según ha revelado el arzobispo Rino Fisichella, Benedicto XVI había recibido muchas peticiones, al anunciar el Año de la fe, para que dedicara un tercer documento a la primera virtud teologal, después de haber escrito dos encíclicas sobre las otras dos: la caridad (Deus caritas est) y la esperanza (Spe salvi). En un primer momento, el Papa no estaba convencido de tener que someterse a este ulterior esfuerzo. Pero la insistencia de tantas personas venció, y Benedicto XVI tomó papel y pluma para escribir una nueva encíclica.

Papa Francisco y la Encíclica Lumen Fidei

Ahora bien, la preparación de todo lo necesario para su renuncia le quitó el tiempo necesario para pulir la carta y publicarla, de manera que la elección del Papa Francisco llegó con un documento casi terminado. Fue así como el nuevo Papa propuso a su predecesor publicar la encíclica, añadiéndole su toque personal, de manera que se convirtiera en un documento simbólico del magisterio pontificio.

En el número 5 de la encíclica, el Papa habla del Año de la fe y explica que se trata de «un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos». Ahora, el Sucesor de Pedro quiere que los apóstoles del siglo XXI sientan el mismo ánimo.

¿DESEAS LEER LA ENCÍCLICA? Te sugerimos visitar la dirección: http://www.vatican.va/holy_father/francesco/encyclicals/documents/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Benedicto XVI, Buenas Lecturas que Valen la Pena, catolicos en el mundo, fe, Papa Francisco, Uncategorized

El Año de la fe entra en su recta final.Un tiempo de gracia para redescubrir la alegría de creer. Son trece meses que marcarán la historia de la Iglesia, con un nuevo impulso a la evangelización, y serán recordados por la inesperada renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco

Año de la fe Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

Faltan sólo tres meses para la clausura del Año de la fe, el hilo conductor que ha unido el final de pontificado de Benedicto XVI y el inicio del ministerio, como obispo de Roma, del Papa Francisco. Cuando el Papa Joseph Ratzinger inauguraba, el 11 de octubre pasado, esta iniciativa, la más original y distintiva de su pontificado, era imposible imaginar que el Año sería clausurado el 24 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey del Universo, por su sucesor, el primer Papa hispanoamericano de la Historia, y estando el Papa emérito en vida. Hoy sabemos que, cuando el Papa alemán inauguraba el Año de la fe, ya había tomado, con plena discreción, la decisión de presentar la renuncia durante este tiempo, pues, como ha revelado el mismo diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, fue una decisión que maduró tras el viaje que realizó a México y Cuba, a finales de marzo de 2012.

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela/  Benedicto XVI

Una respuesta del cielo

Benedicto XVI llevaba años pensando en cómo afrontar lo que considera la crisis más profunda que viven las sociedades contemporáneas: la crisis de la fe. La Iglesia vivía dos aniversarios históricos: el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, cumbre de los obispos de todo el mundo que renovó la vida de la Iglesia, y la publicación, por parte de Juan Pablo II, del Catecismo de la Iglesia católica, que finalmente ofrecía una panorámica sintética pero autorizada de la fe de la Iglesia. Fue así como abrazó la idea de convocar este año culminante de su apostolado como obispo de Roma, complementado por el Sínodo de los Obispos que convocó, el mes de octubre, para afrontar el desafío de la nueva evangelización.

La decisión más importante de renovación en la Curia romana durante el pontificado de Benedicto XVI estuvo también orientada a este objetivo: la creación de un nuevo ministerio vaticano, más precisamente, un Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, que tiene por objetivo alentar el empuje evangelizador de la Iglesia, particularmente en los países en donde, tras siglos de cristianismo, el Evangelio parece quedar olvidado o arrinconado en una estantería de biblioteca. Por este motivo asignó a este nuevo organismo vaticano, presidido por el arzobispo italiano Rino Fisichella, la tarea de coordinar las celebraciones y eventos del Año de la fe.

Hitos del Año de la fe

Si los Años Santos o Jubileos que celebra la Iglesia se pudieran evaluar por números, el Año de la fe ya empieza a entrar en los records. En el momento en el que usted está leyendo estas líneas, casi seis millones de personas ya habrán peregrinado a Roma, es decir, más de la mitad del número total de turistas que recibe al año la Ciudad Eterna han visitado la tumba de san Pedro para responder a esta invitación del Papa anterior y del actual. De hecho, cuando la peregrinación tiene lugar en grupo, el primer acto que suelen realizar los peregrinos, nada más llegar a Roma, es una procesión desde el Obelisco de la Plaza de San Pedro hasta la tumba del apóstol, en la basílica vaticana, donde se reza el Credo.

El Año de la fe comenzó con la Santa Misa, presidida por Benedicto XVI, en la basílica vaticana, junto a 80 cardenales, 15 de los Padres conciliares que participaron en el Concilio Vaticano II, 8 Patriarcas de las Iglesias orientales, 191 arzobispos y obispos que se encontraban reunidos en Roma con motivo del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, así como otros 104 Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo.
benedicto-XVI-misa

El Papa presentó entonces el Año de la fe «como una peregrinación a los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión (Lc 9, 3), sino el Evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia católica, publicado hace 20 años».

El primer gran evento del Año de la fe tuvo lugar el 21 de octubre, cuando miles de peregrinos de todas las partes del mundo se dieron cita en la Plaza de San Pedro, para ser testigos de la ceremonia de canonización de siete nuevos santos, entre ellos, la española María del Carmen Sallés y Barangueras (1948-1911), fundadora de las religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, así como la primera nativa estadounidense que llegaba a los altares: Kateri Tekakwitha (1656-1680).

Además, como sucede en los Jubileos y Años Santos, Roma también ha vivido en estos meses Jornadas temáticas que han congregado a diferentes categorías de peregrinos. El 28 de abril, se vivió la Jornada de quienes han recibido el sacramento de la Confirmación, que congregó en el Vaticano a unos 70 mil jóvenes. El 5 de mayo, se vivió en Roma la Jornada de las Cofradías, dedicada a poner en valor y a profundizar en la riqueza que aporta la piedad popular, que tanta importancia tiene en países como España.

El 18 de mayo, Vigilia de Pentecostés, en torno al Papa, el Año de la fe reunió a representantes y miembros de las nuevas realidades eclesiales, movimientos y comunidades que han surgido tras el Concilio Vaticano II. Y el 2 de junio, el Papa Francisco presidió una hora de adoración a Jesús Eucaristía, a la que se unieron diócesis y parroquias de todo el mundo, desde sus lugares de origen, en un acto sin precedentes, al que fueron convocados los católicos de todo el mundo, que sirvió para mostrar, en silencio, cómo Cristo Jesús es el único auténtico protagonista del Año de la fe.

El 16 de junio fue la Jornada Evangelium vitae, dedicada a los movimientos, asociaciones y organizaciones dedicadas a defender la vida humana. El 7 de julio, el Papa convocó a decenas de miles de seminaristas, novicias y novicios de todo el mundo en la Jornada que se les dedicó con motivo del Año. Las religiosas y religiosos de los cinco continentes habían vivido su día el 2 de febrero.

En realidad, la Jornada más multitudinaria e importante del Año de la fe ha sido, obviamente, la Jornada Mundial de la Juventud, que congregó a más de tres millones y medio de personas en Río de Janeiro, el 28 de julio, en lo que supuso el acto que más personas ha atraído en una ciudad en toda la historia de Brasil.

El Año de la fe en el mundo

Pero el Año de la fe se caracteriza no sólo por los grandes acontecimientos de Roma, sino, sobre todo, por la serie de actividades que ha desencadenado en las Conferencias Episcopales, diócesis, parroquias y comunidades de todo el mundo. El Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización ha creado un calendario unificado de estos encuentros, que van desde actos de profesión pública de la fe, hasta grandes exposiciones de arte en que la belleza hace la fe más accesible.

En cada diócesis, se está preparando ahora la solemne conclusión del Año de la fe, el próximo mes de noviembre, con un encuentro público para «confesar la fe en el Señor resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo», según ha sugerido la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. En particular, muchas parroquias del mundo han organizado misiones populares, o iniciativas en los lugares de trabajo para ayudar a redescubrir el don de la fe que otorga el Bautismo, y la responsabilidad de dar testimonio que el mismo Sacramento implica.

De Benedicto XVI, a Francisco

Papa Emérito Benedicto XVI y el actual Pontífice  Papa Francisco

El documento de mayor relevancia que quedará en la Historia como contribución del Año de la fe será la encíclica Lumen fidei (La luz de la fe), escrita, por primera vez en la Historia, a cuatro manos, por un Papa emérito y el Papa reinante. Firmada el 29 de junio, fiesta de los Santos Pedro y Pablo, primeros testigos de la fe en Roma, la encíclica ha tenido una curiosa historia. Según ha revelado el arzobispo Rino Fisichella, Benedicto XVI había recibido muchas peticiones, al anunciar el Año de la fe, para que dedicara un tercer documento a la primera virtud teologal, después de haber escrito dos encíclicas sobre las otras dos: la caridad (Deus caritas est) y la esperanza (Spe salvi). En un primer momento, el Papa no estaba convencido de tener que someterse a este ulterior esfuerzo. Pero la insistencia de tantas personas venció, y Benedicto XVI tomó papel y pluma para escribir una nueva encíclica.

Ahora bien, la preparación de todo lo necesario para su renuncia le quitó el tiempo necesario para pulir la carta y publicarla, de manera que la elección del Papa Francisco llegó con un documento casi terminado. Fue así como el nuevo Papa propuso a su predecesor publicar la encíclica, añadiéndole su toque personal, de manera que se convirtiera en un documento simbólico del magisterio pontificio.

En el número 5 de la encíclica, el Papa habla del Año de la fe y explica que se trata de «un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos». Ahora, el Sucesor de Pedro quiere que los apóstoles del siglo XXI sientan el mismo ánimo.

Jesús Colina / Roma /A.y O. Sep. 2013

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, catolicos en el mundo, Papa Francisco

“La Iglesia no está formada sólo por los curas, la Iglesia somos todos”, dice el Papa Francisco

papa francisco ok

VATICANO, 11 Sep. 13 / 10:15 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco retomó esta mañana sus catequesis sobre la Iglesia en este Año de la Fe y, ante unas cincuenta mil personas presentes en la Plaza de San Pedro, explicó que la Iglesia es madre y que todos somos parte de ella, no solo los obispos “y los curas”.

“A veces oigo decir. ‘Yo creo en Dios pero no en la Iglesia…porque he oído que la Iglesia dice… que los curas dicen’. Pero una cosa son los curas y otra es que la Iglesia no está formada solo por los curas, la Iglesia somos todos. Y si vos decís que creés en Dios pero no en la Iglesia, estás diciendo que no creés en ti mismo. Y eso es una contradicción”.

El Papa Francisco dijo que “la Iglesia somos todos: desde el niño recién bautizado hasta los obispos y el Papa: todos somos Iglesia y todos somos iguales a los ojos de Dios. Todos estamos llamados a colaborar en el nacimiento a la fe de nuevos cristianos, todos estamos llamados a ser educadores en la fe, a anunciar el Evangelio. Todos participamos de la maternidad de la Iglesia, todos somos Iglesia, para que la luz de Cristo llegue a los extremos confines de la tierra. ¡Viva la Santa Madre Iglesia!”.

El Santo Padre reflexionó en torno a la maternidad de la Iglesia, recordando que “entre las imágenes que el Concilio Vaticano II ha elegido para hacernos comprender mejor la naturaleza de la Iglesia está la de la ‘madre’: La Iglesia es nuestra madre en la fe y en la vida sobrenatural”.

“Para mí es la imagen más bella de la Iglesia: la Iglesia es madre. ¿De qué forma y de qué manera la Iglesia es madre? Vamos a partir de la realidad humana de la maternidad”.

“En primer lugar una madre genera a la vida, lleva en su seno durante nueve meses a su hijo y luego lo abre a la vida, generándolo. Así es la Iglesia, nos engendra en la fe, a través de la obra del Espíritu Santo que la hace fecunda, como la Virgen María”.

Ciertamente, prosiguió el Santo Padre, “la fe es un acto personal, pero la fe la recibimos de los demás, en una familia, en una comunidad que me enseña a decir ‘yo creo’, ‘creemos’. ¡Un cristiano no es una isla! No nos hacemos cristianos en un laboratorio, no nos convertimos en cristianos solos, y gracias a nuestras propias fuerzas, sino que la fe es un regalo, un don de Dios que se nos da en la Iglesia y por la Iglesia”.

“Y la Iglesia nos da la vida de la fe en el bautismo: es el momento en el que nos hace nacer como hijos de Dios, cuando Dios nos da la vida, nos genera como una madre. Esto nos hace entender algo muy importante: nuestro formar parte de la Iglesia no es un hecho exterior y formal, no es llenar un formulario; es un acto interior y vital; no se pertenece a la Iglesia como a una sociedad, a un partido o a cualquier otra organización. El vínculo es vital, como el que se tiene con la propia madre porque la Iglesia es realmente la madre de los cristianos”.

El Papa resaltó que “una madre no se limita a dar la vida, sino que con gran atención ayuda a sus hijos a crecer, los amamanta, los alimenta, les enseña el camino de la vida, los acompaña. Y también sabe corregir, perdonar, entender, sabe estar cerca en la enfermedad y en el dolor. En pocas palabras, una buena madre ayuda a sus hijos a salir de sí mismos, a no quedarse cómodamente bajo sus alas”.

“La Iglesia, como una buena madre, hace lo mismo: acompaña nuestro crecimiento transmitiendo la Palabra de Dios, que es una luz que nos muestra el camino de la vida cristiana; administrando los sacramentos. Nos alimenta con la Eucaristía, nos trae el perdón de Dios a través del sacramento de la Penitencia, nos sostiene en tiempos de enfermedad con la Unción de los Enfermos. La Iglesia nos acompaña a lo largo de nuestra vida de fe, a través de nuestra vida cristiana”.

Francisco señaló que en los primeros siglos de la Iglesia había una realidad muy clara: “la Iglesia, mientras es la madre de los cristianos, mientras ‘hace’ cristianos está ‘hecha’ por ellos. La Iglesia no es algo diferente de nosotros mismos, sino que debe ser vista como la totalidad de los creyentes, como el “nosotros” de los cristianos: yo, tú, nosotros somos parte de la Iglesia”.

Estándar