sexualidad

Ante el avance arrogante de la ideología de género

ce139f_000fa01d4d76454bb9c06ee32abae0a5-mv2

Una frase citada con frecuencia, en distintas variantes, reza así: “Ya no me extraña la maldad de los malos sino la indiferencia de los buenos.” La tesis principal de las líneas que siguen es que nuestra sociedad, de raíces cristianas, no sufre de simple indiferencia sino de algo más profundo y también más concreto: complicidad.

Detrás del muro de silencio cómplice frente a tantos abusos contra la familia y contra la fe católica no hay gente distraída, simplemente, sino gente que considera con firme convicción que hay lazos que les unen con aquellos que asaltan capillas, izan banderas arcoiris o blasfeman con rabia y cinismo. Mientras no tengamos claro qué es lo que tanta gente encuentra en común con esos extremistas seguiremos haciendo marchas que los medios de comunicación ignoran y clamando en vano ante los tribunales. En efecto, una proporción inmensa de nuestros jueces han perdido todo contacto con la ley natural y por eso, en últimas, sus fallos son opciones políticas: ellos no se sienten capaces de batallar contra la marea de la opinión dominante.

Así pues, ¿qué hay en común entre los extremistas–que pueden parecer posesas enloquecidas, como las FEMEN–y el ciudadano típico, que lleva una vida típica, en una ciudad también normal y típica?

Sucede que hace tiempo se rompieron los canales de comunicación entre el pueblo y sus dirigentes. Hace tiempo el egoísmo se instaló como lenguaje casi único del empleador hacia el obrero, con la consecuencia de que el obrero descubrió, también hace tiempo, que su único lenguaje, el del sindicato, tenía que mirar sólo los intereses egoístas del propio sindicato, así ello destruyera a la propia empresa, y fuera entonces suicidio laboral del mismo sindicato.

Algo semejante puede decirse de otros ámbitos de la sociedad: el anonimato que cunde en tantas parroquias católicas, la corrupción de la clase política, la vida irreal de las estrellas de la farándula, incluso la compra de resultados deportivos en las grandes asociaciones de clubes de fútbol: todo ello espeta al ciudadano de a pie que no vale, que no importa, que sólo existe para pagar impuestos y para ajustar las hojas de cálculo de las empresas transnacionales.

La agresividad ha surgido de ese humus de banalidad civilizada para instalarse como forma única de expresión; su engendro más visible y su punta de lanza son los extremistas y los antisistema, que, por haber nacido del humus que todos comparten, ya no son vistos como seres monstruosos sino como “vanguardia” de una especie de movimiento anónimo y omnipresente que reivindica a su modo lo que un día se supone que serán bienes por todos compartidos. O por lo menos ese es el mito que, en mi opinión, sirve de conexión entre los más violentos activistas y los más serenos inquilinos de la clase media de cualquiera de nuestros pueblos, campos o ciudades.

En el fondo es la misma lógica que uno encuentra en el terrorismo.

¿Quieren “inmolarse” con un chaleco de bombas todos y cada uno de los palestinos? Seguramente que no. Pero muchos, muchísimos, piensan que quienes sí se inmolan están empujando hacia adelante una causa que: (1) está justificada; (2) se impondrá tarde o temprano; y (3) no se va a conseguir de otro modo. Si este análisis es correcto, ello explica la actitud que, repito, no es de indiferencia, sino de auténtica complicidad. Como la que muchos palestinos pueden sentir al saber que alguno se ha “inmolado” llevándose por delante a docenas de “sionistas.”

La complicidad surge, entonces, de un doble acto mental: por una parte, minimizar la aberración ética del extremista (ya que se supone que no hay otro modo de lograr que las cosas cambien), y por otra parte, compartir algo de la “causa” que el terrorista, agresor o extremista predica y practica.

Cabe entonces preguntar cuál es esa “causa” que resulta tan preciada por el común de tantas personas, en el caso de la demolición de la familia tradicional o en el caso del ataque frontal y enloquecido contra la Iglesia Católica.

Esa “causa” es un cóctel envenenado que combina casi todos los “ismos” que Usted puede haber oído en tiempos recientes: individualismo, hedonismo, materialismo, relativismo, subjetivismo… Semejante revoltura ha sido refinada una y otra vez, desde la Ilustración y la Revolución Francesa, pasando por la Modernidad y el positivismo, hasta llegar al existencialismo ateo y la llamada postmodernidad.

Es una bebida ya muy sofisticada, capaz de deleitar los paladares de millones de individuos, que pagan con gusto el precio de beberla: ese precio es el olvido de Dios (reducido a estorbo para el despliegue de la libertad del súper-hombre) y el olvido del prójimo, que queda reducido a enemigo, herramienta, juguete o cómplice. Recluido en su mismidad asfixiante, prisionero de su sed, que presiente insaciable, obligado a llamar “su libertad” a la prisión que labraron miedos y codicias, el hombre postmoderno sólo tiene claro que quiere reinar, sea como sea, y por encima de quien sea.

De ahí el odio a la Iglesia.

La Iglesia, la Católica por supuesto, es la suma de todo lo que se opone a los “ismos” que como legión de demonios poseen con furia el corazón del hombre contemporáneo. Por eso a la Iglesia no se le puede escuchar, ni razonar con ella, ni darle espacio en la plaza pública, ni reconocerle ningún bien. La Iglesia es el enemigo, y según el salvaje refrán español: “Al enemigo, ni agua.”

Así como se oye: debajo de la aparente serenidad de muchos de nuestros conciudadanos hay espesas miasmas de frustración y de odio. Es una consecuencia del ideal fundamentalmente pagano que ha quedado sembrado en sus corazones, ahora repletos de los “ismos.” Para quien no tiene trascendencia, para quien desespera de la verdad objetiva, para quien su vida es tan libre como un garabato que nadie querrá leer jamás, ¿qué queda? ¿Qué acompaña al “yo” desocupado de toda fe, toda esperanza y toda verdadera caridad? Lo único que realmente le queda a ese “yo,” tan mutilado como altanero, es su sexo, su potecia y deleite sexual. En la efímera explosión de un placer que quiere llamar completa y absolutamente suyo–según le exige su subjetivismo agobiante–el hombre postmoderno imagina, en un relámpago de endorfinas, que todavía está vivo.

Por eso la identidad sexual se convierte en el reemplazo de todo, o casi todo: es el mendrugo de cielo, es el simulacro de la compañía, es el placebo ante la angustia, es una mentira capaz de embriagar, es una libertad grosera y blasfema, como enseñó Voltaire que tenía que ser la libertad.

El “yo” postmoderno, ateo no por reflexión sino por hastío, materialista no por convicción sino por refugio, subjetivista no por elección sino por ignorancia, relativista no por análisis sino por pereza, ese “yo” grita que tiene sexo. Su grito se vuelve graffiti pornográfico, blasfemia contra el Rosario, aborto simulado a las puertas de la catedral de Tucumán, publicidad asquerosa de niñas con pene en España. Y el eco de su rugido arroja algo de consuelo a los postmodernos exiliados, embriagándolos con el engaño de que todavía podrían así vencer a la Nada; es decir, aplazar el suicidio, que será debidamente “asistido” después de haberlo pagado en su integridad.

El sexo como reemplazo de todo: hasta ahí hemos llegado. Y por lo mismo, quien se atreva a resistir, quien no doble la rodilla ante el gran baal de nuestro tiempo es tratado como hereje, y así debidamente castigado. Los feligreses de este baal, regados por las avenidas, parques y centros comerciales son los miles de ojos de la Bestia, que no soporta disenso y que sueña que tiene por fin su Babilonia, o su Sodoma rediviva.

Por eso hay complicidad; por eso los jueces pueden en tantos lugares prevaricar contra la Iglesia, a sabiendas de que nada les va a pasar; por eso los diputados pueden destrozar la familia, pues bien conocen que si la víctima se lleva en pedazos al altar de baal nadie se quejará; por eso las productoras de cine se descaran y venden a puñados sodomía y perversión, con la certeza de que el dinero que invirtieron en la producción de sus bodrios al final se recuperará con creces. Tiempos duros nos han tocado.

Pero no tiempos imposibles. Nada toma por sorpresa a Dios. Nada.

El camino será el de siempre: catacumbas que acogen comunidades compactas en la oración, la fraternidad y la sólida enseñanza. Mártires aquí y allá; dolorosas defecciones y traiciones en diversos sitios, incluso por parte de clérigos; dudas del tamaño de cataclismos y catástrofes de mayor tamaño que nuestros miedos. Y al final, un nuevo renacer. Y nuevos santos; incluso nuevos modelos de santidad. O tal vez el retorno de Cristo, aunque yo no diría que vaya a ser tan pronto. Sólo Dios lo sabe.

Nelson Medina, OP / InfoC., 2017

Estándar
sexualidad

Santidad y homosexualidad

jamesmartin-1920x540

 El polémico sacerdote jesuita P. James Martin, editor general de la revista America, de la Compañía de Jesús, y recientemente nombrado por Francisco para la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha afirmado que los fieles católicos podrían sorprenderse cuando lleguen al cielo al ser recibidos por hombres y mujeres LGBT y que probablemente algunos de los santos eran homosexuales.[1]  Ciertamente esta es una afirmación muy a la ligera, a continuación aclararemos algunos puntos importantes.

Primero, ¿qué es la santidad?

Llamamos santo a aquello que existe para Dios. La santidad dice esencialmente relación de dependencia respecto a Dios, bien sea en orden de la consagración, bien en el de la obligación moral.

La santidad es la segunda propiedad que el Símbolo Niceno-Constantinopolitano atribuye a la Iglesia. La Sagrada Escritura presenta la santidad como un atributo propio de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo:

«Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, a fin de santificarla… y prepararla como su esposa inmaculada sin mancha ni arruga».[2] «Cristo nos eligió para que fuésemos santos e inmaculados ante su vista».[3]

 La santidad de la Iglesia es triple: santidad en sus principios, en sus miembros y en sus carismas.

–          La santidad de sus principios consiste en el hecho de que la Iglesia está dotada de medios oportunos para producir la santidad en los hombres (santidad activa).

–          La santidad de los miembros resalta en el espectáculo constantemente verificado en la historia del cristianismo de innumerables fieles que viven según los preceptos del Evangelio (santidad común) y de otros muchos, que, siguiendo también los consejos evangélicos, han llegado a las escarpadas cumbres del heroísmo (santidad eximia), que en muchos casos es sancionada con la canonización.

–          La santidad de los carismas brota del don de los milagros con que el Espíritu Santo suele manifestar su presencia en todo el Cuerpo Místico (en efecto los milagros son gracias «gratis datae» para la edificación de la Iglesia), o en algún miembro adornado de singular virtud, porque Dios ordinariamente se sirve de sus almas más queridas para obrar sus maravillas.[4]

Desde un punto de vista teológico, la santidad consiste:

–          1) en vivir cada vez más el misterio de la inhabitación de las Tres Divinas Personas;

–          2) en la perfecta configuración con Jesucristo;

–          3) en la perfección de la caridad –perfecta unión con Dios por el amor; 4) en la perfecta conformidad de la voluntad humana con la divina.

Desde un punto de vista espiritual y ascético, toda la doctrina del Evangelio se resume en estas palabras de Jesús:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame».[5]

Observa Grignion de Montfort que «si alguno, alguien», quiere decir que son muy pocos que siguen a Cristo.

Y dice que la perfección cristiana consiste en «querer», «negarse», «padecer» y «obrar», según se desprende del consejo de Jesús.

También equivale a decir: la medida de la caridad en el hombre es la medida de su perfección sobrenatural, resultado conjunto de la acción de Dios y de la libre cooperación del hombre.[6]

Dios y la Santa Iglesia le proporcionan o señalan con toda claridad cuáles son los medios necesarios y suficientes que ha de emplear a todo lo largo del proceso de su santificación.  Fundamentalmente son tres:

a) La digna recepción de los sacramentos.

b) La práctica cada vez más ferviente de las virtudes cristianas.

e) La eficacia impetratoria de la oración bien hecha.

El paso primordial a la santidad es el deseo de ser santo. Cuando Teodosia hermana del Aquinate, le preguntó: ¿Qué debo hacer para ser santa? El gran genio de Rocca Sicca apuntó como siempre al quid del asunto, y le dio una respuesta contundente con una sola palabra: ¡Desearlo!

En el mar de la vida –dice el P. Shamon- el céfiro de las gracias de Dios sopla gentilmente sobre todos: algunos van al Cielo y otros al Infierno. ¿En dónde radica la diferencia? Seguramente no en el viento de las gracias divinas, porque Dios concede gracias suficientes a todos para que sean santos: Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación.[7] Más bien: Poner en juego el alma, es lo que decide la meta.[8]

Si no llegamos a ser santos, no será por culpa de alguien más, sino sólo nuestra. Consecuentemente, no son santos todos los cristianos, ni todos se proponen llegar a serlo. Se puede aceptar el riesgo de la celosa compañía de Dios, pero se puede también soslayar ese riesgo.

Los santos han sido los miembros dolientes de Jesús; han prolongado, en medio de los hombres, la Pasión de Cristo, para que cada uno de ellos considere si en su vida se coloca al lado de Judas o al de Pedro en su cobarde negación, al lado de Pilato o de los fariseos, o bien al del buen ladrón crucificado con Jesús. Los santos nos enseñan cuán difícil es reconocerse a sí mismo delante de Dios como partidario de la Verdad.

El sello de la vida cristiana es la cruz: ¡su meta es la felicidad! Y está tan solo a tres pasos.

Segundo: ¿es pecado la homosexualidad?

La homosexualidad es la atracción sexual hacia una persona del mismo sexo. Los actos homosexuales son objetivamente desordenados, son contrarios a la ley natural y no pueden recibir aprobación en ningún caso (Catecismo de la Iglesia Católica, J.P.II).

La homosexualidad «puede responder a causas puramente morales (perversión moral) o a causas morales y psicológicas».

«El origen más claro se remonta generalmente a una intrincada red de relaciones afectivas y sociales. Han sido estudiados los eventuales factores hereditarios, sociológicos e incluso hormonales; pero de todos el más influyente parece ser el clima educativo familiar, especialmente en el período que va de los 6 a los 12 años».[9]

«La Iglesia enseña que el respeto por las personas homosexuales no puede llevar de ningún modo a aprobar el comportamiento homosexual».[10]

Lo que la Iglesia condena es todo pensamiento, deseo o acto sexual de todos, los heterosexuales y los homosexuales, es decir que no condena al que fornica con una mujer, ya que perdona fácilmente a todo pecador, lo que sí condena como atentado a su Ley Divina es el mal uso del sexo. Y lo mismo con los homosexuales, no condena su tendencia ni su preferencia, sino los actos inmorales.

Lo que en los heterosexuales es pecado, es lo que se condena, no la tendencia, lo que en los homosexuales es pecado, es lo que se condena y no su tendencia o constitución psíquica. A los homosexuales lo mismo que a los heterosexuales, la Iglesia enseña la misma doctrina: la prohibición del sexo fuera del Matrimonio (entendiéndose por Matrimonio, la Institución que Dios creo y que se da solamente entre un hombre y una mujer).

«Como católicos practicantes estamos llenos de compasión y rezamos por aquellos que luchan en contra de la implacable y violenta tentación de pecar, sea cometiendo el pecado homosexual u otro»

«Estamos conscientes de la enorme diferencia que existe entre aquellos que luchan con su debilidad y se esfuerzan en vencerla y aquellos que transforman su pecado en una razón de orgullo y tratan de imponer su estilo de vida a la sociedad entera, en flagrante oposición con la Moral cristiana tradicional y la Ley Natural».[11]

 

Tercero, la revolución homosexual enquistada en la Iglesia

La revolución sexual desencadenada en los años 60 quería liberar la sexualidad humana de la camisa de fuerza de la moral tradicional. Empezó a tejer los elogios de la sexualidad como simple bien de consumo y como medio para alcanzar el placer. Se hizo propaganda de la satisfacción del impulso sexual como vía para la felicidad y el verdadero desarrollo de la personalidad. Valores como el autocontrol y la castidad cada vez fueron menos aceptados. Muchos consideraban la continencia sexual como innatural e invivible. Otros, a su vez, buscaban transferir la sexualidad humana totalmente al ámbito de lo privado y subjetivo: si dos personas se aman recíprocamente y quieren expresar esto en el lenguaje del amor, ¿por qué había que impedírselo?[12]

El Prof. Plinio Correa de Oliveira en su valioso y profético ensayo «Revolución y Contra-Revolución» muestra que la ideología liberal se atribuye “el derecho a pensar, a sentir y a hacer todo lo que las pasiones desenfrenadas exigen” (Cap VII, pág. 76).

El mundo hipersexualizado de hoy se ha convertido en un criadero de todas las formas de aberración sexual. Una ideología homosexual sustentada por el «Movimiento Homosexual, una vasta red de organizaciones, de grupos de presión, de intelectuales radicales y de activistas que luchan por imponer cambios en la legislación, en las costumbres, en la moral y en las mentalidades… Los activistas del movimiento presionan a la sociedad para que legalice tanto la práctica como las manifestaciones públicas de homosexualidad, tales como el “matrimonio” homosexual, mientras atacan sin cesar a quienes defienden la Moral tradicional», siendo uno de sus mecanismos las leyes antidiscriminatorias. El «Movimiento Homosexual», no es como muchos siguen afirmando engañosamente un movimiento por los derechos civiles de los homosexuales, éste «busca mucho más: una inversión completa de la moral pública», es decir «una revolución moral» (cf. En defensa de una Ley superior, Acción Familia, pág. 55).[13]

Los activistas LGTB deforman también la enseñanza inmutable de la Iglesia Católica sobre homosexualidad.

Hay todo un entramado homosexual enquistado en la Iglesia, que ha desarrollado desde una «Biblia inclusiva», pasando por una relectura de la doctrina bíblica del homosexualismo, hasta la afirmación, no fundamentada de «santos gay», «santos queer» entre los cuales colocan a San Pablo, San Agustín, San Elredo de Rievaulx, San Juan Diego, y hasta el cardenal John Henry Newman, entre muchos otros varones; santas Perpetua y Felicidad, y Santa Juana de Arco entre las mujeres. Esto, por supuesto, es una mentira.

Estos lobbies, afirman que la Iglesia ha canonizado a santos homosexuales. Señalan por ejemplo a los santos Sergio y Baco mártires de la iglesia primitiva, soldados romanos, a quienes como parte de su castigo por declararse cristianos, los hicieron desfilar delante de la población vestidos de mujeres para humillarlos antes de su ejecución, afirmando que eran una pareja homosexual. ¡Qué estupidez ciertamente! Un blasfemo «santoral LGTB».

El también sacerdote jesuita Felipe Berríos dice: «Dios los creó homosexuales y lesbianas, y Dios está orgulloso que ellos sean eso (…) los homosexuales y las lesbianas son hijos de Dios, y están llamados a la santidad como nosotros, no son ciudadanos de segunda clase ni están en pecado, solo tienen una condición distinta que además me ayuda a ampliar mi concepción de la sexualidad».[14]

Dios no los creó así, son producto de sus circunstancias, algo que la ciencia objetiva ha ido dilucidando, aunque le pese a los activistas e ideólogos de género… Claro, los homosexuales bautizados, están llamados también a la santidad. San Pablo dice que los homosexuales no entrarán en el Reino de los Cielos, se entiende naturalmente, a los que no se dominan y ejercen de homosexuales.[15]

Es interesante ver lo que explana el ex homosexual Joseph Sciambra: que uno no puede decir que sigue a Cristo si sigue en la práctica del homosexualismo, y que la lujuria sodomítica es una trampa bien montada por Satanás.

Sobre los «ministerios LGTB», señala: «Hay parroquias que apoyan la mentalidad gay con ministerios LGBT católicos muy celosos que no cumplen con las enseñanzas de la Iglesia, en efecto, abiertamente hacen caso omiso de ellas. Incluso en 1986, el Vaticano dio cuenta de que las cosas se habían salido de control y emitió una “carta” muy seria a los obispos con respecto a llegar a la comunidad “gay”; más de 30 años después, la situación que la Santa Sede reconoció y advirtió a los obispos – sólo ha empeorado. Y eso es culpa de nadie, con excepción de aquellos a los que la carta fue dirigida».[16]

Las declaraciones del P. Martin son una prueba elocuente de ello: Se quiere transformar los vicios en dioses[17] no transformar el pecado, a la vida de la gracia, a la santidad.

Germán Mazuelo-Leytón, AlF, 2017

[1] MARTIN, JAMES S.J., en su página de Facebook del 5 de mayo 2017. https://www.facebook.com/FrJamesMartin/posts/10154395001706496

[2] EFESIOS 5, 26.

[3] EFESIOS 1, 4.

[4] Cf. PARENTE, PIETRO, Diccionario de teología dogmática.

[5] SAN LUCAS 9, 23.

[6] MONTFORT, San LUIS Mª de, Carta a los amigos de la Cruz.

[7] 1 TESALONICENSES, 4, 3.

[8] SHAMON, P. Albert, Tres pasos a la santidad.

[9] FUENTES, P. MIGEL ANGEL, Apologética católica.

[10] SDA. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Consideraciones a respecto de propuestas para dar reconocimiento legal a las uniones entre personas homosexuales.

[11] ACCIÓN FAMILIA, En defensa de una Ley Superior.

[12] SDA. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta sobre el cuidado pastoral de las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986.

[13] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, La consulta del Papa y la ideología homosexual.http://infocatolica.com/blog/contracorr.php/1311050235-la-consulta-del-papa-y-la-ide

[14] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Idolatría de la homofilia.http://es.catholic.net/op/articulos/53832/cat/317/idolatria-de-la-homofilia.html

[15] PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS 6, 9.

[16] http://cegzz.blogspot.com/2017/05/amigos-muertos-obispos-y-lifesitenews.html

[17] DE CARTAGO, SAN CIPRIANO, Cartas 1:8.

Estándar
actualidad venezolana, Buenas Lecturas que Valen la Pena, catolicos en el mundo, familia cristiana, Ideología de género, red provida, sexualidad

La fertilidad no es una enfermedad

La Esterilización

Tengamos en cuenta que en sí la fertilidad no es un enfermedad, sino un estado de salud, y con la esterilidad se pasa de estar sano a inutilizar una función importante del organismo, no son raros aquéllos que se lamentan de haberla realizado

papa-con-bebe-2

La esterilización es la intervención que procura la infecundidad fisiológica de la facultad sexual, es decir la intervención que ocasiona la pérdida de la función reproductora en la persona que la sufre, pero le mantiene su capacidad de copular.

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe condenó el 12-XII-1976, la esterilización directa, es decir, aquélla que “inmediatamente sólo consigue que la facultad generativa se torne incapaz de conseguir la procreación”.

La esterilización del hombre y de la mujer se diferencia del acto anticonceptivo en razón a su carácter irreversible, aunque en algunos casos, tanto en varones como en mujeres, se consigue la reversibilidad, si bien no puede garantizarse que pueda conseguirse la recuperación de la capacidad fecundadora previa a la intervención. Es una práctica que tiene gran aceptación por la sencillez de las intervenciones quirúrgicas, siendo muy utilizado como método anticonceptivo por la ausencia de riesgos significativos y su alto grado de eficacia. Desde el punto de vista moral es peor que el acto anticonceptivo, porque éste afecta sólo a los actos singulares, mientras que la esterilización a la propia facultad de engendrar.

mujer embarazada
La ligadura de trompas consiste en cortar quirúrgicamente o destruir con rayos láser las trompas de Falopio, con lo que se impide que los espermatozoides se unan con el óvulo. La esterilización masculina utiliza como método más frecuente la vasectomía, que priva a la eyaculación de su contenido testicular y supone el corte de los conductos deferentes con una pequeña operación que ni siquiera precisa hospitalización, aunque no es un método fiable hasta por lo menos un mes desde la intervención. Supone una destrucción de la fertilidad, porque aunque es posible rehacer este conducto, requiere una técnica no fácil, con alrededor de la mitad de fracasos a la hora de recuperar la fertilidad, siendo este porcentaje bastante mayor en la ligadura de trompas. La castración, en cambio, es la remoción de las glándulas sexuales masculinas o femeninas (testículos u ovarios) y significa en el varón el fin de su vida sexual activa. En la actualidad está en fase experimental una nueva técnica que permitiría sin mayores problemas la vuelta a la fertilidad.

“Para hacer una valoración moral de la esterilización quirúrgica como medida anticonceptiva hay que tener en cuenta varios elementos. En primer lugar, la intervención quirúrgica no afecta sólo a una función corporal, sino que tiene gran importancia para la psique y para la totalidad de la persona. En el ámbito de lo sexual juegan un gran papel aspectos mentales y sentimentales. Una esterilización, incluso la practicada con el consentimiento mutuo de los esposos, puede llegar a ser más tarde una carga pesada. Además, una esterilización, si es irreversible, excluye toda posibilidad de tener hijos en un eventual nuevo matrimonio tras la muerte del cónyuge actual. Finalmente, desde el punto de vista del médico y de la medicina, la capacidad de engendrar y de concebir no puede ser catalogada como enfermedad. Por eso el ethos médico no permite practicar una intervención para la que no hay razones graves desde la vertiente de la medicina. Por tanto, desde este punto de vista, una esterilización quirúrgica no es un servicio que el médico puede prestar de un modo irreflexivo por el deseo de prevenir una posible generación o concepción futura, sino que es preciso que se den graves razones de orden médico para estar justificado desde el punto de vista ético. Ni la intención subjetiva del médico ni la del paciente que le pide la esterilización son suficientes para justificar en el plano ético la práctica de una esterilización, como tampoco es suficiente el deseo de curar o prevenir una dolencia física o psíquica, cuya aparición se puede presuponer o temer en virtud de un embarazo. Estas directrices basadas en la ética obligan también a los deficientes mentales. El comportamiento sexual de éstos no cambiará impidiendo las posibles consecuencias, sino haciendo que auxiliares adecuados les presten la asistencia oportuna.

Son especialmente rechazables las disposiciones estatales que imponen las esterilizaciones en virtud de determinadas políticas tendentes a controlar el crecimiento de la población” (Conferencia Episcopal Alemana, Catecismo Católico para Adultos II, Madrid 1998, 337-338).

Hoy es frecuente la esterilización femenina, especialmente si ha habido varias cesáreas, pero con frecuencia se actúa con gran ligereza. Se basan los médicos en que el útero se halla en estado patológico, inepto para su función y el peligro sería causado no tanto por el embarazo, una simple ocasión, sino por el estado actual en que se encuentra. Esta ligereza se da todavía más con las esterilizaciones masculinas.

Tengamos en cuenta que en sí la fertilidad no es un enfermedad, sino un estado de salud, y con la esterilidad se pasa de estar sano a inutilizar una función importante del organismo, no siendo raros aquéllos que se lamentan de haberla realizado.

Es decir, la esterilización sólo puede realizarse moralmente, si hay graves razones médicas, lejos de todo abuso, hasta el punto de que la Congregación para la Doctrina de la Fe requiere para su licitud en un Documento del 31-VII-1993 que haya un grave peligro actual para la vida o la salud de la madre, porque el motivo por el que se hace es curativo, es decir medio necesario para el bien del organismo, por ser causa de enfermedad o de peligro de vida.

Puede haber, sin embargo, otros casos en los que no haya otra solución al problema de la procreación responsable que el recurso a la esterilización, como pueden ser el caso de una esposa violentada por un marido totalmente irresponsable, o como legítima defensa de una minusválida psíquica en circunstancias de muy grave riesgo de ser violada por hombres malvados: si en estos casos la esterilización es, de hecho, el único medio de defensa a disposición, como extrema ratio, y ya que no se trata de una actividad sexual escogida libremente, sino padecida, el recurso a la esterilización podría ser moralmente aceptable.

Hay que tener además cuidado porque con la esterilización se dan también consecuencias psicológicas, de las que cada vez se es más consciente, pues es difícil que lo físico, y más en un terreno como éste, no tenga consecuencias psíquicas. No sólo no es el inicio de un paraíso sexual por poder tener relaciones sin peligro de embarazo, sino que no es raro que haya sentimientos de frustración y falta de motivación para el acto sexual, porque la mujer se siente utilizada y en compensación sobreprotege a los hijos existentes, acentuándose el papel de madre y quedando relegado el del marido, por lo que afecta peyorativamente a la vida de la pareja.

Pedro Trevijano, RenL/30 abril 2014

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, Familia, familia cristiana, red provida, sexualidad

Países declaran la no existencia del derecho al aborto o a la homosexualidad

Created on Friday, 01 November 2013
By Wendy Wright

bebe

NUEVA YORK, 1 de noviembre (C-FAM) Rusia, Etiopía, Polonia y otros tomaron los micrófonos en una reunión (transmitida en vivo vía Internet desde la sede de la ONU) para dejar claro que el aborto y la homosexualidad no son derechos humanos internacionales.

Los diplomáticos criticaron especialmente a la oficina de derechos humanos de la ONU por su obsesión con los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT).

Rusia llamó la atención sobre un folleto elaborado por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OACDH), epicentro del activismo LGBT en la ONU. La publicación de sesenta páginas «Nacido libres e iguales» pretende ofrecer las «obligaciones jurídicas básicas» referentes a la homosexualidad, como ser la creación de categorías de asilo para las personas LGBT y extender el matrimonio para las parejas del mismo sexo.

Poner en práctica las recomendaciones «inevitablemente conduciría a la violación de los derechos del niño», afirmó Rusia.

Se criticó de manera particular a Navi Pillay. La cantidad de atención que la directora de la oficina de derechos humanos de la ONU presta a la orientación sexual es «desproporcionadamente alta», observó Rusia. «Hay asuntos de mayor actualidad en el mundo por atender».

La declaración de Rusia señala que las críticas en contra de la ley que protege a los niños de la propaganda homosexual no ha mitigado su determinación. Algunos activistas LGBT han llamado a boicotear los próximos Juegos Olímpicos en Sochi, Rusia.

niño tv
El tema de la homosexualidad sigue siendo delicado para algunos. El diplomático de Nigeria se refirió a este como «el problema de los derechos de ciertas personas con ciertas tendencias que están en desacuerdo» con las leyes, tradiciones, religiones y costumbres de su país.

Estas son «cuestiones de preferencia y estilo de vida personal», afirmó. «No deberían tener lugar en el discurso de las Naciones Unidas en lo que concierne a la protección de los derechos humanos».

Pillay respondió que la Declaración Universal de Derechos Humanos y diversos tratados protegen a todos, no «a todos excepto los LGBT».

Aparentemente, varios diplomáticos habían previsto esto. En representación de los países africanos, Etiopía resaltó su compromiso de respetar derechos humanos reconocidos universalmente y libertades para todos.

pareja embarazo
Pero están «preocupados por la tendencia creciente» de «crear nuevos derechos, conceptos y categorías, y normas no reconocidos» en acuerdos internacionales ni por todos los países.

El tono cortés contrastó marcadamente con las severas acusaciones de «odio» efectuadas contra quienes no concuerdan con los defensores LGBT. El grupo africano solicitó gentilmente «total respeto por la soberanía nacional y los valores culturales», y por «la capacidad de todos los estados de hacer elecciones de manera democrática a favor de lo que es aceptable para ellos».

Otros países hicieron frente al lenguaje que se utiliza para promover el aborto. Polonia esbozó sus iniciativas para la mejora de áreas de la salud sexual y reproductiva, concepto definido en su legislación en términos de respeto al derecho a la vida de los bebés por nacer. En una sutil referencia a la táctica opresiva de los gobiernos proabortistas, Polonia dijo que no «busca influir en decisiones tomadas por otros gobiernos nacionales» sobre estas cuestiones.

Varios países destacaron que sus posturas se aplican indiscriminadamente a todo el trabajo de la ONU.

Polonia hizo «constar» para esta y toda reunión futura que se opone a las interpretaciones de derechos o servicios de salud sexuales y reproductivos que incluyan el aborto a petición. Estos términos no están definidos en ningún acuerdo internacional, señaló.

Nada en el programa general de desarrollo de la ONU «debería de modo alguno crear una obligación para ninguna parte de considerar el aborto como forma legítima de salud, derechos o artículos reproductivos», sostuvo Malta, miembro de la Unión Europea.

Mientras que muchos en la ONU se centran en los derechos, la Santa Sede a menudo explica el por qué. El aborto jamás es seguro para el bebé o la madre, dijo Monseñor Chullikatt.

«Sin la vida, los restantes derechos carecen de sentido».

C-FAM Catholic Family & Human Rights Institute

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, catolicos en el mundo, Papa Francisco, sexualidad

El Papa Francisco Gran Defensor de la Vida

GRAN EVENTO EN EL AÑO DE LA FE:
JORNADA DE LA EVANGELIUM VITAE

papa pancho con bebe

 

CREYENDO TENEMOS LA VIDA

El encuentro que tendrá lugar en Roma el 15 y 16 de junio es muy importante por cuanto ofrecerá a los fieles de todo el mundo la oportunidad de reunirse, junto al Santo Padre, en torno al testimonio común sobre el valor sagrado de la vida: la vida de los ancianos, de los enfermos, de los agonizantes, de quienes todavía no han nacido, de aquellos que viven afligidos física y mentalmente, y de todos los que viven situaciones de sufrimiento.

vientre materno

Este evento será también la ocasión para celebrar, afirmar y alentar a cuantos con tanta dulzura se abandonan a seguir los pasos del Buen Pastor, dedicándose a las necesidades físicas, emocionales y espirituales de quien es anciano, discapacitado, enfermo, no nacido o sufriente.

 

 

 

papa con enfermito

 

 

 

 

 

 

Nuestra esperanza es que el número de fieles reunidos en la Plaza San Pedro sea tan grande que haga resonar en todo el mundo nuestra coral expresión del verdadero corazón de la misión redentora de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10:10, cfr. Evangelium Vitae, 1).

Arzobispo Rino Fisichella,
Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

 

El sábado 15 de junio en la tarde, se realizará una peregrinación desde el Castel Sant’Angelo hasta la Plaza San Pedro, que se concluirá con la recitación del Credo en diversas lenguas.

Eucaristía con el Papa Francisco

Este domingo 16 de julio a las 10:30 am, su Santidad el Papa Francisco, presidirá la Eucaristía de cierre de este hermos encuento de peregrinos defensores de la vida, desde la Plaza San Pedro en Roma.

si a la vida

 

Estándar
ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, actualidad venezolana, Buenas Lecturas que Valen la Pena, Sacramentos, sexualidad

Los impedimentos del matrimonio

“invalida el matrimonio todo aquello que por sus efectos deletéreos sobre la libertad y la personalidad es incompatible con la profundidad y seriedad que el matrimonio debe tener, siendo ésta una cuestión que corresponde determinar al Derecho Canónico” 

explicacion del matrimonio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la concepción cristiana de la vida el ser humano es, a pesar de sus pasiones y debilidades, un ser libre. Pero no todas las personas poseen las condiciones necesarias o suficientes para poder contraer matrimonio.

Se llama impedimento matrimonial a aquellas circunstancias personales que invalidan el matrimonio, y, por tanto, son motivo de una prohibición legal de contraerlo, debido a una circunstancia objetiva que existe en la o las personas, haciéndolas incapaces ( éstos no pueden contraer matrimonio con nadie) o inhábiles ( son capaces, pero no pueden contraer matrimonio por alguna ley positiva por ejemplo el impedimento de órdenes sagradas) para contraer matrimonio.

Entre estas circunstancias están los trastornos psíquicos, fenómenos que producen en el contrayente algún factor de carácter jurídico como el insuficiente uso de razón que es la causa de la nulidad matrimonial.

Son inválidos para el Código de Derecho Canónico (CIC) los matrimonios por edad prematura (menos de 16 cumplidos para el varón y 14 para la chica. Nuestra Conferencia Episcopal ha establecido la edad de dieciocho años par poder contraer lícitamente matrimonio, a manos que los contrayentes estén emancipados. En consecuencia sólo se admitirá a la celebración canónica de un menor de edad si se acredita documentalmente su emancipación civil o la dispensa civil del impedimento de edad); impotencia, que es la incapacidad para realizar el acto sexual, antecedente, perpetua y cierta, en la que desde 1977 ya no se requiere la presencia de semen verdadero, esto es elaborado en los testículos, sino que la exigencia es que la cópula conyugal se realice de modo humano, lo que supone advertencia de la razón y voluntad libre, es decir sin violencia, existiendo penetración en la vagina y eyaculación o inseminación dentro de ella; anterior matrimonio válido y subsistente de una o de las dos partes, salvo el privilegio de la fe; disparidad de cultos, por tanto matrimonio con persona no bautizada; órdenes sagradas mayores o voto público de castidad en un instituto religioso; rapto y retención, que tienen el objetivo de proteger la libertad de la mujer; colaboración en el homicidio del cónyuge anterior; consanguinidad (parientes propios, no concediéndose nunca dispensa ni entre ascendientes y descendientes directos, ni entre hermanos, y sólo por causas verdaderamente graves entre tío y sobrina carnal ); afinidad (parientes de cónyuge anterior en línea recta); pública honestidad (parientes en línea recta de un matrimonio inválido consumado o de una relación de concubinato público); parentesco legal (parentesco proveniente de la adopción. Todos estos impedimentos de parentesco tienen como fin proteger las relaciones familiares); amencia o incapacidad psíquica; error de derecho sobre la naturaleza y propiedades del matrimonio, en el caso que éste sea determinante para la voluntad (CIC c. 1099) y error de hecho sobre cualidades sustanciales de la persona; dolo acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal, provocado por engaño de otro para obtener el consentimiento matrimonial, (CIC c. 1098); violencia; miedo, es decir que contraiga matrimonio por miedo grave causado externamente; exclusión con un acto positivo de la voluntad de los elementos o de las propiedades esenciales del matrimonio (CIC c. 1101); condición de futuro; quebrantamiento de la forma canónica.
En el CIC los impedimentos dirimentes en general, es decir los que inhabilitan a la persona para contraer válidamente matrimonio (c. 1073), están regulados en los c. 1073-1082, mientras ya en particular se ocupan de ellos los c. 1083-1094, tratando sobre el consentimiento matrimonial los c. 1095-1107 y sobre la forma de celebración los c. 1108-1123.
No todos estos impedimentos tienen la misma importancia; mientras en algunos nunca se concede dispensa, en otros, como disparidad de cultos o algunos grados de parentesco, por ejemplo entre primos carnales, suele concederse.

A su vez, la jurisprudencia de los últimos años ha ido presentando otros ejemplos de invalidez: embarazo proveniente de relaciones tenidas con un tercero; conducta desarreglada; prostitución; malos tratos; trastornos delirantes o depresivos; ludopatías o afición desordenada al juego; alcoholismo y drogadicción; pasado delictivo; enfermedad grave incurable contagiosa; epilepsia; incredulidad; inafectividad total; inmadurez afectiva grave y profunda; retrasos mentales graves; anorexia y bulimia nerviosas en estado avanzado; homosexualidad; esquizofrenia; neurosis; tendencia irrefrenable a la infidelidad conyugal y, en general, todas aquellas que tienen gran importancia para la marcha de la convivencia conyuga. Es decir, invalida el matrimonio todo aquello que por sus efectos deletéreos sobre la libertad y la personalidad es incompatible con la profundidad y seriedad que el matrimonio debe tener, siendo ésta una cuestión que corresponde determinar al Derecho Canónico.

Los canonistas estiman hoy que una consumación puramente física del matrimonio, en la que haya habido violencia o al menos no voluntariedad por una de las partes, no merece el calificativo de “consumación humana”, como lo exige el Código (c. 1061 & 1). Además, tampoco hay matrimonio si uno de los cónyuges es incapaz de asumir un compromiso suficientemente adulto con vistas a una verdadera y real comunidad de vida conyugal, por su incapacidad afectiva para las relaciones interpersonales o por su irresponsabilidad para cumplir sus obligaciones, incluso profesionales, interpretándose hoy más ampliamente que en otros tiempos la inmadurez como causa de nulidad del matrimonio, aun sabiendo que es un asunto delicado, pues no resulta fácil definirla ni precisarla. Esto hace que para poder tener una visión lo más amplia posible de las personas, tenga que haber una interacción con otras ciencias, debiéndose con frecuencia recabar la ayuda de profesionales en esas ciencias, que tienen cada vez mayor influjo en la jurisprudencia canónica, pero teniendo como fundamento a la antropología cristiana, que considera que el hombre por su trascendencia es más que un simple ser racional, o que la sexualidad no es algo reducible a lo puramente fisiológico.
Pedro Trevijano

Estándar