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Breves anotaciones sobre el fin del mundo

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Según el Apocalipsis, una vez derrotada la Bestia y el falso profeta, la historia terrena habrá terminado.[1] En ese momento, el juicio final se llevará a cabo en un instante entrando la historia en la eternidad. Todo quedará al descubierto por la luminosidad del Verbo, de modo que ya no habrá nada secreto. La conciencia del hombre será expuesta por la luz y se realizará la separación definitiva del bien y el mal. Las dos ciudades que son la ciudad de Dios y la ciudad del mundo quedarán totalmente separadas. “Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo y entonces se herirán los pechos todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con grande poderío y majestad. Y enviará sus ángeles con sonora trompeta y congregarán sus elegidos de los cuatro vientos desde un extremo del cielo hasta el otro extremo”.[2]

Otro punto importante de ese momento será la resurrección: “Y vi un gran trono blanco y al que sobre él estaba sentado, de cuya faz huyó la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi los muertos, los grandes y los pequeños, que estaban de pie delante del trono; y se abrieron los libros; y otro libro se abrió, que es el de la vida; y fueron juzgados los muertos por lo que estaba escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar dio los muertos que en él había, y la muerte y el infierno fueron arrojados al estanque del fuego. Esta es la muerte segunda: el estanque del fuego. Y quien no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue arrojado al estanque del fuego”.[3]

Como podemos apreciar, el texto de San Juan es muy fuerte respecto al infierno. Y es que el problema de quienes detestaron a Dios, es que lo seguirán detestando por siempre asemejándose a los demonios. Por eso la Escritura también se refiere a que el fuego eterno en el que están será como el hielo frío y quemante sin fin. Pero además hay que aclarar que los que detestaron a Dios y lo detestarán siempre, en realidad actúan contra sí mismos, porque al rechazar a Dios, se precipitan hacia el caos y la frustración.

Por el contrario, los elegidos se asemejarán a los ángeles y gozarán de la sociedad perfecta en la caridad.[4] Pero además de las personas, todas las cosas estarán ordenadas a sus fines y por lo mismo, el mal no tendrá cabida porque quedará totalmente separado del bien. Todo será luz eternamente y todo el universo será transfigurado.[5] El mal se desvanecerá por completo en la nada junto con el viejo Adán y todas las cosas del universo que participaron de la justicia original serán renovadas como en un cielo nuevo y una tierra nueva.[6] Todo lo defectuoso que había en ellas se desvanecerá. Se terminará el tiempo y no habrá más historia porque todo estará en la Presencia eterna de Dios y por eso sólo habrá eternidad. Por eso sabemos que el fin de la historia universal que ahora vemos se encuentra más allá del tiempo.

Ahora bien, durante todos los tiempos el hombre se ha preguntado: ¿cuándo sucederá todo esto? A lo que la Sagrada Escritura responde con claridad: “Lo que toca a aquel día y hora nadie lo sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre sólo”.[7] Lo que sí sabemos es que estamos en un tiempo escatológico, lo cual significa que el fin ya está aquí como incoado en todos los instantes del tiempo.[8] Por eso es necesario asumir el fin absoluto del tiempo vigilando para que no nos alcance sin estar debidamente preparados.

Manuel Ocampo Ponce / InfoC. 2017

[1] Apoc. 19, 19-21; Mt. 24, 27.

[2] Mt. 24, 30-31.

[3] Apoc. 20, 15-11.

[4] San Agustín. De div. Quaest. Ad Simpl. II, 10t. 40, col.137. No seremos ángeles, sino analógicamente seremos semejantes a los ángeles en lo que se refiere a la capacidad espiritual de alcanzar intelectualmente y volitivamente a Dios.

[5] Apoc. 22, 3-5

[6] Apoc. 21, 1-6.

[7] Mt. 24, 36.

[8] Cfr. Caturelli, Alberto. El hombre y la Historia. Ed. Folia universitaria. México, 2005, p.391.

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Historiadores antiguos y paganos acreditan así la existencia de Cristo

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«Jesús, llamado el Mesías»: historiadores antiguos y paganos acreditan así la existencia de Cristo. Los datos históricos muestran a un “Cristo” que contaba con muchos seguidores. Tácito, Flavio Josefo, Plinio el Joven o Suetonio hablan de Jesús en sus obras

La  Pasión de Cristo, su Resurrección…  Los Evangelios y otros textos del Nuevo Testamento hablan de estos acontecimientos y además los colocan en un contexto histórico ofreciendo bastantes datos al respecto.  Aun así, existen todavía voces que niegan la existencia de Cristo pese a que cualquier historiador especializado en esta época afirma de manera tajante la existencia de Jesús de Nazaret así como su muerte crucificado. Estos expertos se basan en los textos de historiadores del siglo I y II completamente independientes y que no eran seguidores de Jesús. Sus crónicas hablaban de Jesús y de sus hechos portentosos y que “padeció bajo el poder de Poncio Pilato”, tal y como se recita en el Credo.

La muerte en la cruz, un dato histórico

El catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago Guijarro,  asegura que “la muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús”. Y en esta línea coinciden importantes historiadores como el ya fallecido Michael Grant, que afirmaba que hay más evidencia de que existió Jesús que la que hay de importantes personajes históricos paganos. Además, indicaba que “Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d.C”. Igualmente, F.F. Bruce, también fallecido, y autor de la obra “¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento? “,  indicaba de manera contundente que “para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César”.

Flavio Josefo es el historiador que acredita de manera más clara la existencia de Jesús

Y es que los historiadores de su época y que siguieron a su muerte acreditaron la existencia de Jesús aunque fuera con datos puntuales. Guijarro recuerda que “ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande”.

De entre estos historiadores destaca sobre todo Flavio Josefo, judío romanizado que vivió del 37 al 110 y que hizo crónicas muy detalladas de lo ocurrido en Palestina. En su texto conocido como Testimonium flavianum de su libro Antigüedades judías (91-94) aparecen referencias a Jesús como esta:

“En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profestas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido”.

Entre paréntesis aparecen los fragmentos que los expertos debaten si pudieron ser o no añadidos posteriormente. Pero la esencia y en lo que hay consenso sobre su autenticidad es que Jesús existió siendo la figura que mostraron los Evangelios.

“Jesús, que es llamado Mesias”

En otra parte de su obra, Josefo explica el martirio de Santiago haciendo referencia a “Jesús, que es llamado Mesías”.

Otro importante historiador que habla de Jesús y que los expertos de la actualidad dan total credibilidad es Tácito (56-118 d.C.). El historiador romano menciona a “Cristo” en su obra Anales ya al final de su vida cuando habla del incendio de Roma en el año 64 en tiempos del emperador Nerón.

Tácito recoge que Jesús fue ejecutado por Poncio Pilato

Tácito informa de las sospechas existentes acerca de que había sido el propio Nerón el que habría ordenado prender fuego a la ciudad y recoge cómo “para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba ‘crestianos’, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato.  Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo”.

Aunque Josefo y Tácito son las fuentes más claras también existen otras antiguas que citan a Cristo, como Plinio, el joven (112 d.C) que siendo procónsul en Bitinia escribió una carta al emperador Trajano, y que se conserva en la actualidad, para preguntarle que debía hacer con los cristianos. Hasta tres veces aparece la palabra “Cristo” en su escrito.

Plinio el Joven cita varias veces a Cristo

Esto decía en su carta a Trajano:

“Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen”.

Por su parte, Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos pero cuando se les acusara debían ser castigados a no ser que se retractaran.

Suetonio también habla de los cristianos en Roma

Otra fuente que habla de Jesús es Suetonio, un historiador romano que vivió del 70 al año 140. En su libro Sobre la vida de los césares menciona la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio, que “andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus”.

Para la gran mayoría de los historiadores contemporáneos este “Chrestus” es Cristo puesto que era frecuente que los paganos confundieran a Christus y Chrestus y porque no existe ninguna constancia ni testimonio sobre ningún Chrestus agitador.

Por ejemplo, los Hechos de los Apóstoles recogen este acontecimiento histórico cuando se cuenta que Aquila y Priscila “acababan de llegar (a Corinto) desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma”.

“El crucificado” en Palestina

El también escritor griego Luciano de Samosata escribió en el año 165 una sátira sobre los cristianos en su obra La muerte de Peregrino. “Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (…) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes”, escribía el griego.

Rel, 2017

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El que come indignamente mi Carne, come su misma condena

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A mediados del siglo XVIII, una religiosa de la Visitación, de Turín, tuvo una visión tremenda y por demás impresionante. Mientras rezaba devotamente ante Jesús Sacramentado, se le apareció la sagrada Hostia chorreando sangre fresca.

 Ni tiempo tuvo para volver en sí, a causa del asombro y del miedo, cuando repentinamente se encontró en el atrio de las dos iglesias situadas al principio de la plaza de San Carlos, y allí oye una algaraza de gente que viene de las calles laterales de la parte que mira a los Alpes. Gritos, voces, aullidos, blasfemias horribles… La chusma, que aumentaba cada vez más, llenaba completamente la plaza.

 Empieza una comedia asquerosísima, e inmediatamente después todos se van precipitando por las calles de la derecha en el río Po; les sigue una gran oleada de sangre que inunda toda la plaza, y se desliza por las mismas calles hasta perderse en el río, juntamente con toda aquella gentuza.

 La monjita, horrorizada, se dirige al Señor, y exclama: ¡“Oh Jesús, sálvanos”! Y Jesús le responde: “Tranquilízate, que la oleada ya pasó. Sábete que todos éstos son los profanadores de mi Sangre Eucarística. Son todos los que pisotean la Sagrada Eucaristía, comulgando sacrílegamente. Son los Judas que se suceden a través de los siglos. Vete, y cuenta a todos lo que acabas de ver”.

 La religiosa cumplió el encargo, impresionando grandemente la narración de este hecho, narración que hizo muchísimo bien.

 D. —Tiemblo, Padre, de miedo; ¿pero es verdad todo esto?

 M. —Y bien auténtico; existen documentos en los archivos de la iglesia y de la Curia de Turín.

 D. — ¿Es posible que haya tantos Judas?

 M. —Ya lo creo, y entre todas las clases sociales, como te he dicho.

 D. — ¿Y por qué Jesucristo, que es Dios, no ha previsto estos abusos?

 M. —Sí, los ha previsto, y, sin embargo, ha instituido la Comunión y el sacerdocio, sabiendo también que muchos comulgarían digna y santamente, de donde recibiría grande honra y gran amor, como también previo que sin la Comunión no sería posible a un gran número de cristianos mantenerse fieles y constantes en su fe.

 D. —Entonces, Jesucristo, al instituir la Santísima Eucaristía ¿ha preferido nuestro provecho, aun a costa de ser despreciado?

 M. —Por cierto, ha preferido nuestro provecho, aun a costa de ser despreciado. Jesús es siempre Jesús, infinito en bondad y misericordia. Hace como la madre que se deja arañar de su hijo, y encima le come a besos; o como la que, a pesar de que la amenazan y le pegan, les aguanta, les quiere y les atiende constantemente. Jesús es siempre el Divino Maestro, amante, paciente, resignado, indulgente.

 D. —Aun así, a mí me parece que no debería permitir tantos sacrilegios.

 M. — Tú opinión o juicio es demasiado corto y terreno; el de Jesús es muy distinto. Más contento y felicidad siente El cuándo uno comulga bien, que dolor pueden causarle todos los sacrilegios que cometen tantas almas indignas. Es como el sol, que, aunque extienda sus rayos sobre todas las inmundicias de la tierra, no obstante todo lo llena de luz, de vida y de calor. Y volviendo al ejemplo de la madre, se siente más contenta y feliz con el cariño de un hijo bueno, que con todos los disgustos de los demás hijos malos.

 D. — ¡Oh Jesús, tan mal correspondido a pesar de ser tan bueno!

 M. — Sí; infinitamente bondadoso es Jesucristo. ¡Por esto abusan tanto de su bondad!; mas ¡ay de los ingratos y de los traidores!

 D. — ¿Y los castigos para éstos serán terribles?

 M. —Terribilísimos, pero bien merecidos. No habrá excusa para ellos; las palabras de Jesucristo son eternas e infalibles: “El que come indignamente mi Carne, come su misma condena”.

 D. — Luego, ¡pobres de los sacrílegos!

 M. — Por cierto, bien infelices.

 por José Luis Chiavarino / AlF, 12/16

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LA DEBILIDAD DE LOS LAICOS

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Hay una insuficiente e inadecuada presencia de los laicos católicos en la vida pública. La razón fundamental es que su condición católica queda diluida por las categorías del mundo secular, por sus marcos de referencia. Reducen la fe a una cuestión interior, sin traducción encarnada en la vida colectiva, cuando precisamente el hecho católico es esencialmente encarnado y comunitario. La eucaristía es su centro.

Entre las causas que motivan esta pobre actuación cristiana, que ha criticado el Papa Francisco, hay en ocasiones un déficit de valentía para afrontar el mundo y las repercusiones negativas que eso comporta.

En la política, ciertamente, pero también en los ámbitos profesionales y sociales hay mucho de una deficiente formación espiritual, teológica y doctrinal. Esta insuficiencia educativa no se explica si solo nos remitimos a los laicos, porque en la Iglesia, este tipo de formación recae esencialmente en los pastores. Hay en consecuencia una insuficiente capacidad para dar una buena preparación espiritual, teológica y doctrinal por parte de sacerdotes y obispos, y este segundo problema nos remite más lejos y más hondo. Porque, si esto es así, quiere decir que los seminarios y otros medios educativos de la Iglesia no hacen del todo bien su papel.

El laico católico ha de ser capaz de hacerse presente en el mundo y presentarse en él con un relato hecho desde el marco de referencia cristiano. Esto quiere decir, pensar en categorías de la Doctrina Social de la Iglesia, en aquello que es más específico de la vida pública, y, con carácter más general, pensar en términos catequéticos. Dicho breve y claro: tenemos un compendio de Doctrina Social y un Catecismo que deberían ser el fundamento, pero los tenemos olvidados.

El laico ha de formarse sobre aquel fundamento, ha de evitar toda interpretación de la fe desde la ideología, ha de estar lejos de supeditarlo a un pretendido dogma económico o a toda sumisión al interés del partido o de la organización, sea cual sea. Y todo esto sin perder de vista algo que es importante y en cierta medida nuevo: las doctrinas expresadas por los partidos políticos, tal y como llegan al siglo XXI están agotadas, son insuficientes, incapaces de resolver la acumulación de crisis generadas por la Modernidad y Postmodernidad. Es precisamente en el cristianismo, en la Doctrina Social de la Iglesia, donde pueden encontrarse las fuentes renovadoras capaces de aportar respuestas.

Hay otros factores de menor entidad que también debilitan la presencia del laicado cristiano. Una es la excesiva tendencia de demasiados movimientos y entidades católicas a aferrarse a sus propias iniciativas, evitando que una parte de su gente, colabore con otros laicos en los asuntos públicos. Bien está lo propio, la especificidad, la escuela de espiritualidad, pero esto no puede significar nunca el ser un ente autoreferenciado en el seno de la propia Iglesia, sin participación activa en los asuntos comunes, uno de los cuales es precisamente el de la acción en la plaza pública.

Un segundo factor es el predominio de la reacción sobre la proposición, lo que significa que la posición inicial es siempre defensiva. Así es muy difícil ganar espacio.

Finalmente, el predominio del monocultivo. Muchas entidades se dedican a algunos temas irrenunciables, vida y familia… Pero a su lado, no en lugar de ellos, sino a su lado, repitámoslo, faltan misiones, presencias y propuestas en todos los otros órdenes del campo social, económico y cultural.

Y sobre todo, faltan propuestas que vayan a la raíz de la cosa, que se dirijan al conjunto de la polis, es decir, propuestas políticas, no en el sentido del partido político, sí en tanto en cuanto, hacen referencia a cuestiones que nos afectan a todos.

F.L. editorial, 8-7-13

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Junio: mes dedicado a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Explicación de la fiesta

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.

Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir  recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).
Debemos, por tanto,pensar si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Es recomendable tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos ayuda a recordar su gran amor y, a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.

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Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella.

Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús

Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si un apersona comulgaba los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concedería lo siguiente:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado(a), soltero(a), viudo(a) o consagrado(a) a Dios).
2. Pondré paz en sus familias.
3. Los consolaré en todas las aflicciones.
4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
6. Los pecadores hallarán misericordia.
7. Los tibios se harán fervorosos.
8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.
9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.
12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

Fuente: Catholic.net

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¿CÓMO NOS ATACA EL DEMONIO?

No es la primera vez que me ocupo de este tema. Es un tema importante, porque todos nosotros y me refiero a los que somos creyentes y queremos salvarnos, deseamos superar la prueba de amor al Señor, que es para lo que hemos venido a este mundo. Pero todos aquellos que no han logrado superar esta prueba, sean demonios o personas reprobadas, tienen un vivo interés en que les acompañemos eternamente es su reino de tinieblas y odio donde ellos se encuentran, entre otras razones, y no es que quieren que les acompañemos por razón de amor, pues ellos, al no haber querido entrar en el ámbito de amor del Señor, lo que les pide su naturaleza trastocada, es el odio, y nos odian de la misma forma que ellos entre sí se odian y hasta se odian a ellos mismos. Su odio al Señor es esencialmente lo que les mueve a tratar de  herirle en aquello que Él tanto ama, que somos nosotros y por ello un alma conquistada para su condenación es un gran triunfo para ellos.

             Todo lo anterior tiene como consecuencia para nosotros, que con autorización del Señor, el demonio o cualquiera de sus súbditos, nos estén tentando continuamente, pero nunca pueden hacerlo con una fuerza superior a nuestra capacidad de resistencia. Esto aunque parezca contradictorio, es bueno para nosotros, pues sin demonios que nos tienten no tendríamos escalera para subir al cielo porque una tentación vencida nos crea un mérito de gloria futura y por otro lado las tentaciones vencidas, nos fortalecen y aumentan nuestra futura gloria en el cielo.

             Ninguno de nosotros somos tentados de la misma forma, hay que tener presente que nuestro enemigo es muy superior mentalmente a nosotros, conoce perfectamente nuestros puntos flacos y en parte puede entrar en nuestras potencias, pero nunca abiertamente en nuestra voluntad, porque de ella nosotros somos señores y soberanos. Pero él, que nunca se da por vencido, no tiene otra cosa que hacer, y nos condiciona nuestras actuaciones de forma que indirectamente pueda dominar nuestra voluntad.

            Carl Lewis, es un escritor inglés nacido en1889, en Irlanda del Norte. Fue durante muchos años ateo, y  terminó convirtiéndose al catolicismo. Murió en su casa de Oxford el 22 de noviembre de 1963.Son varios los libros que tiene, pero entre ellos destaca el que escribió en tono jocoso, titulado: “Cartas del diablo a su sobrino”, en el que el demonio le explica a su sobrino, como ha de proceder para tentar con éxito a las persona.biblia

En este mismo sentido, ha llegado a mis manos un texto que merece la pena leerlo y que hipotéticamente, da cuenta de los acuerdos tomados en una asamblea de demonios.

 

           Un día, el demonio principal Lucifer, convocó una convención mundial de demonios. En su discurso de apertura les dijo:

            No podemos evitar que parte de los que siguen los Evangelios, tengan una vida espiritual y nos dificulten nuestro trabajo, tratando de que otros también tengan vida espiritual y vayan a sus reuniones espirituales. Tampoco podemos evitar que lean la Biblia y conozcan la verdad, y les nazca el deseo de tener una relación íntima con su Salvador. Una vez que establecen esa conexión con Dios, nuestro poder sobre ellos se pierde. 

         Así que déjenlos asistir a sus reuniones y lecturas, pero el secreto está en robarles su tiempo, de manera que no tengan tiempo para desarrollar una relación con Dios… Esto es lo que quiero que hagamos todos: “Tenerlos distraídos y ocupados en temas no espirituales durante todo el día.”

 

         Y ¿Como haremos eso?, Gritaron los demonios.

        Manténgalos ocupados en las nimiedades de la vida, e inventen innumerables proyectos que ocupen sus mentes respondió Satanás. Tiéntenlos a gastar, gastar y gastar, sobre todo en cosas innecesarias pero que les adulan su vanidad. Persuadan a las esposas para que vayan a trabajar por largas horas y a los esposos a trabajar de 6 a 7 días cada semana y de 10 a 12 horas al día, hasta que queden cansados y sus bolsillos vacíos.

           Tengan sus mentes ocupadas con la política, que como sabéis es una buena fuente de discusiones y enfrentamientos inútiles, crea animadversiones antipatías y odios entre ellos, al igual que determinados deportes, que pueden ser saludables para los que lo ejercitan directamente, pero la mayoría lo ejercitan desde la TV, o en las gradas del campo de futbol. Es este también un buen medio de crear tensiones y banderías que los enfrentan unos contra otros.    

            Por nada del mundo los dejen pasar tiempo con sus hijos y seres queridos. A medida de que sus familias se fragmenten, pronto, sus hogares no serán un escape a las presiones del trabajo.  

        Sobre estimulen sus mentes con la necesidad de consumir, ello es bueno pues evita el compartir con otros y ganar méritos ante nuestro Enemigo. Que no puedan escuchar  ni meditar la palabra de nuestro Enemigo (la de Dios lógicamente).  

        Tiéntenlos a que usen a tope, el mundo material que les rodea y háganles comprender que lo que les da placer es la materia no el espíritu. Escuchen sus radios siempre que conduzcan sus vehículos, mantengan constantemente encendidos, en sus hogares, su TV, DVD y que su mundo toque constantemente música degradante y estridente con letras obscenas.  

        Llenen sus mesas con revistas y periódicos, para bombardear  sus mentes con noticias las 24 horas del día. Inunden su correo con basura, catálogos, rifas, servicios y falsas esperanzas. Pongan modelos bellas y delgadas en las revistas en la TV, para que los esposos crean que la belleza exterior es lo que importa y se sientan insatisfechos con sus esposas. Mantengan a las esposas demasiado agotadas, para NO amar a sus esposos por las noches, ellos empezarán a buscar en otra parte rápidamente.PECADOS CAPITALES

          Emociónenlos con las nuevas tecnologías a sus hijos, para que lleguen a pensar que las cosas materiales son  importantes… Aun en horas de distracción y esparcimiento, háganlos que sean excesivos. Que regresen agotados. Y cuando tengan reuniones de tipo espiritual, si es que no han logrado apartarles de ellas, involúcrenlos en chismes y charlatanería, para que salgan de ahí con sus conciencias perturbadas…. Pronto estarán trabajando con sus propias fuerzas, sacrificando su salud y su familia por el bien de la causa.

        Pongan siempre más empeño, en tentar a los elementos más peligrosos, como son los sacerdotes, que son los que por tener una vida espiritual más profunda, son huesos más difíciles de roer, pero piensen que torres más altas ya han caído y un triunfo de esta clase equivale a muchos otros, que solo hay que darles suaves empujones, pues por el camino que llevan, prácticamente están ya en el saco.

 

         Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

 

Juan del Carmelo  (seudónimo de un seglar que a finales de los años 80, experimentó la llamada de Dios y se vinculó al Carmelo Teresiano. Ha publicado libros de espiritualidad como «Mosaico espiritual», «Santidad en el Pontificado», «En las manos de Dios». Empresario de éxito)

RenL, 22-2-13

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EL HOMBRE DIGITAL Y LA ORACION

El hombre «digital», al igual que el de las cavernas, busca en la experiencia religiosa los caminos para superar su finitud y para asegurar su precaria aventura terrena. Por lo demás, la vida sin un horizonte trascendente no tendría un sentido pleno, y la felicidad, a la que tendemos todos, se proyecta espontáneamente hacia el futuro, hacia un mañana que está todavía por realizarse. El concilio Vaticano II, en la declaración Nostra aetate, lo subrayó sintéticamente. Dice: «Los hombres esperan de las diferentes religiones una respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones. ¿Qué es el hombre? [—¿Quién soy yo?—] ¿Cuál es el sentido y el fin de nuestra vida? ¿Qué es el bien y qué el pecado? ¿Cuál es el origen y el fin del dolor? ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y la retribución después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, ese misterio último e inefable que abarca nuestra existencia, del que procedemos y hacia el que nos dirigimos?» (n. 1). El hombre sabe que no puede responder por sí mismo a su propia necesidad fundamental de entender. Aunque se haya creído y todavía se crea autosuficiente, sabe por experiencia que no se basta a sí mismo. Necesita abrirse a otro, a algo o a alguien, que pueda darle lo que le falta; debe salir de sí mismo hacia Aquel que pueda colmar la amplitud y la profundidad de su deseo.

El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de algún modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle. Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes teólogos de la historia, define la oración como «expresión del deseo que el hombre tiene de Dios». Esta atracción hacia Dios, que Dios mismo ha puesto en el hombre, es el alma de la oración, que se reviste de muchas formas y modalidades según la historia, el tiempo, el momento, la gracia e incluso el pecado de cada orante. De hecho, la historia del hombre ha conocido diversas formas de oración, porque él ha desarrollado diversas modalidades de apertura hacia el Otro y hacia el más allá, tanto que podemos reconocer la oración como una experiencia presente en toda religión y cultura…

 

… La oración no está vinculada a un contexto particular, sino que se encuentra inscrita en el corazón de toda persona y de toda civilización. Naturalmente, cuando hablamos de la oración como experiencia del hombre en cuanto tal, delhomo orans, es necesario tener presente que es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, un modo de estar frente a Dios, antes que de realizar actos de culto o pronunciar palabras. La oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona; por eso no es fácilmente descifrable y, por el mismo motivo, se puede prestar a malentendidos y mistificaciones. También en este sentido podemos entender la expresión: rezar es difícil. De hecho, la oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable. Por eso, para todos la experiencia de la oración es un desafío, una «gracia» que invocar, un don de Aquel al que nos dirigimos.

 

En la oración, en todas las épocas de la historia, el hombre se considera a sí mismo y su situación frente a Dios, a partir de Dios y en orden a Dios, y experimenta que es criatura necesitada de ayuda, incapaz de conseguir por sí misma la realización plena de su propia existencia y de su propia esperanza. El filósofo Ludwig Wittgenstein recordaba que «orar significa sentir que el sentido del mundo está fuera del mundo». En la dinámica de esta relación con quien da sentido a la existencia, con Dios, la oración tiene una de sus típicas expresiones en el gesto de ponerse de rodillas. Es un gesto que entraña una radical ambivalencia: de hecho, puedo ser obligado a ponerme de rodillas —condición de indigencia y de esclavitud—, pero también puedo arrodillarme espontáneamente, confesando mi límite y, por tanto, mi necesidad de Otro. A él le confieso que soy débil, necesitado, «pecador». En la experiencia de la oración la criatura humana expresa toda la conciencia de sí misma, todo lo que logra captar de su existencia y, a la vez, se dirige toda ella al Ser frente al cual está; orienta su alma a aquel Misterio del que espera la realización de sus deseos más profundos y la ayuda para superar la indigencia de su propia vida. En este mirar a Otro, en este dirigirse «más allá» está la esencia de la oración, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente.

Hombre-rezando

Sin embargo, la búsqueda del hombre sólo encuentra su plena realización en el Dios que se revela. La oración, que es apertura y elevación del corazón a Dios, se convierte así en una relación personal con él. Y aunque el hombre se olvide de su Creador, el Dios vivo y verdadero no deja de tomar la iniciativa llamando al hombre al misterioso encuentro de la oración. Como afirma elCatecismo: «Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración; la iniciativa del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de alianza. A través de palabras y de acciones, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación» (n. 2567).

 

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos a permanecer más tiempo delante de Dios, del Dios que se reveló en Jesucristo; aprendamos a reconocer en el silencio, en lo más íntimo de nosotros mismos, su voz que nos llama y nos reconduce a la profundidad de nuestra existencia, a la fuente de la vida, al manantial de la salvación, para llevarnos más allá del límite de nuestra vida y abrirnos a la medida de Dios, a la relación con él, que es Amor Infinito.

Benedicto XVI (2011)

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