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¿La familia en peligro de extinción?

familia en crisis

Lo que hoy realmente debe preocuparnos, en primer término, es el futuro de la familia, que a mi modo de entender lo veo muy oscuro. Miremos a nuestro alrededor, en nuestros amigos y vecinos, incluso dentro de nuestras propias familias, y comprobamos que el rechazo al matrimonio canónico, al matrimonio “para toda la vida”, abunda…, pero además, está la plaga de divorcios de los que, en un principio, se comprometieron libremente, ante Dios, para toda la vida.

Para muchas personas, hoy lo que se lleva es el “arrejuntarse”, el amancebarse, el vivir “en pareja”, desdeñando todo compromiso formal y, con mucha frecuencia, la negación a la descendencia. Si acaso un hijo, uno sólo, no más…

matrimonio

Toda pareja, formal o no, está sometida a los vaivenes de la convivencia en común, pero la poca formación al respecto y la carencia de virtudes, las hace sumamente frágiles, inseguras, quebradizas, propensas a la ruptura, al trauma del divorcio a veces por motivos nimios, creando un mundo de seres desorientados e infelices abocados a toda clase de dramas.

¿Quién fomenta estas corrientes degradantes y perniciosas? No lo sé. Lo sospecho, pero a ciencia cierta no lo sé. Veo no obstante ciertos hechos, lo puede ver cualquier persona con ojos en la cara y quiera verlo, como, por ejemplo, la renuncia al matrimonio, constituyen una gran amenaza para la estabilidad familiar y, por consiguiente, la estabilidad social, dado que si la familia estable se descompone y desaparece, la sociedad correrá la misma suerte, con todos los males que ello puede traer consigo.

Otro hecho que actúa contra la familia regular, es la homologación del mal llamado “matrimonio homosexual o igualitario” al matrimonio verdadero, con lo que se pretende, no sólo “normalizar” legalmente lo que por naturaleza es anormal, sino banalizar, desfigurar el concepto de matrimonio, según lo entiende, no sólo la religión, sino las mismas leyes naturales. El matrimonio es la institución natural que tiene por fin, además de consagrar el amor entre los esposos, la conservación de la especie a través de ese amor precisamente. Y ello es imposible de conseguir con la unión homófila.

Sin embargo, ahora estamos, en gran parte de Occidente, bajo la dictadura del corporativismo gay y la ideología de género, que forman parte del mismo paquete corrosivo dispuesto a disolver las instituciones firmes que sostenían la civilización occidental.

Lo hemos visto en el último festival de Eurovisión, ese evento decadente, donde un tipo con barba, disfrazado de mujer, que se hace llamar Conchita, ganó, no por su voz, sino por su condición de afeminado, género que abunda en el mundo del espectáculo. Salió a provocar o a exhibir su condición, y consiguió plenamente su objetivo, con el gran apoyo del lobby gay. El tal Tomás, que es su nombre real, aunque se haga llamar Conchita, dijo al terminar aquel ruido, “no nos pararán”. Y, en efecto, están lanzadísimos, y no pararán hasta subvertir el orden natural de la sociedad imponiendo a todo el mundo la hegemonía de su estilo de vida.

Hemos vuelto, al cabo de miles de años, a Sodoma y Gomorra. ¡Todo un progreso de civilización! ¿Es un augurio alarmista infundado por mi parte? Bueno, el tiempo dirá. En todo caso, recemos por el próximo sínodo de los obispos sobre la familia, y que del él, salgan orientaciones claras y fieles a la Palabra, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia.

Vicente Alejandro Guillamón /RenL., 19 mayo 2014 (edit.)

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La Ideología de Género: Cómo Afecta a la a la Familia y a la Persona

Luis Santamaría / InfC) La profesora de Derecho María Lacalle, reflexiona sobre la Ideología de Género, como amenaza contra la naturaleza humana y la saludable identidad personal y convivencia de los sexos, y ha advertido de las funestas consecuencias que ya está teniendo su imposición en todos los ámbitos, incluso por medio de las leyes, y ha propuesto «recuperar la identidad femenina y la masculina».

Historia de la ideología de género

Primeramente se refiere a «cómo afecta la ideología de género a la familia y a la persona». Comenzando por los términos utilizados, con la distinción entre género y sexo a partir de los años 60, empleada para referirse a la transexualidad, o personas que se identificaban con un género diferente a su sexo biológico. Y asumida por el feminismo «para lograr la igualdad entre hombre y mujer, pero al final se terminó utilizando el género para los roles sociales, y el sexo referido sólo a lo biológico».

Desde la Conferencia Mundial de Pekín «esta diferencia se ha ido imponiendo, también en los ámbitos jurídicos de los países, haciéndose casi obligada. Hoy vemos esta filosofía inundando los medios de comunicación y los planes educativos».

También explica que estrictamente, la ideología de género «surge en el seno del feminismo radical, en la segunda mitad del siglo XX, tras el feminismo de la primera ola, que luchaba por la igualdad jurídica, la igualdad de derechos».

En torno a los años 60 surgió el feminismo de la segunda ola, «el radical, puesto que buscaban la igualdad total, la supresión de las diferencias. Se dice que la persona se autoconstruye desde la libertad total, sin ningún condicionamiento». Asumieron las ideas de Marx y Engels pero «cambiando la lucha de clases por la lucha de sexos».

También tuvo mucha influencia el Informe Kinsey, que puso todos los comportamientos sexuales en el mismo nivel. Y la revolución sexual, la difusión de los anticonceptivos y la distinción entre sexo, amor y matrimonio. Además de la tesis del doctor Money, que decía que el sexo es algo biológico sin importancia, y que la personalidad se construye libremente.

Y desde los años 90, explicó Lacalle, «ha surgido un feminismo de la tercera ola, que considera que tanto el género como el sexo son construidos, ya que el significado que le damos al sexo es ya una imposición de la sociedad. Ha llegado al punto de negar que exista el concepto o categoría de mujer, porque cada uno se construye libremente como quiera». Se defiende aquí la teoría «queer», lo raro, porque hay que huir de lo establecido. O el «cyborg», el híbrido entre hombre y máquina, y desde ahí el transhumanismo, que busca la inmortalidad a través del progreso tecnológico.

Por eso ahora se defiende que «hay que liberar a la mujer de la mayor fuente de opresión, que es la maternidad, que para las feministas de género es una fuente de opresión, y por esta causa los hombres han oprimido a la mujer a través de la historia. La mujer tendrá que liberarse de la maternidad para poder ser libre de verdad. Por eso se quieren crear incluso úteros artificiales, para que haya una igualdad total de hombres y mujeres».

Postulados básicos

El primer pilar sobre el que se asienta esta ideología es, «la concepción de la historia como una lucha permanente entre hombre y mujer, enemigos irreconciliables, porque los hombres siempre han sometido a las mujeres».

El segundo postulado es «la propuesta de una nueva antropología, que no es sólo una cuestión de palabras, sino que se quieren eliminar las diferencias de género y liberar a la mujer del peso de la maternidad.

La primera institución que diferencia a los sexos es la familia, en ella se asume de forma natural. Por eso, lo primero que hay que hacer es deconstruir la familia y la sociedad entera para dar cabida a esa nueva concepción antropológica sin identidad sexual».

Ya hace tiempo se hablaba de cinco géneros, afirmó María Lacalle, que añadió a continuación: «la Sociedad Australiana de Derechos Humanos ha publicado recientemente un documento donde se reconoce la existencia de 23 géneros». Y entonces se preguntó: «¿Cuál es el concepto de persona que subyace en esta cosmovisión?», y contestó con algunos rasgos fundamentales.

El primero de ellos es el dualismo: «se considera que el cuerpo es una herramienta que utilizo a capricho, y que no tiene más significado. Por eso podemos modificarlo como queramos y darle el significado que queramos. La dimensión biológica no importa, y la dimensión espiritual se niega». Entonces, ¿qué somos? Para esta ideología «somos pura libertad, somos un yo completamente libre que se va autoconstruyendo en cada momento. El yo psicológico es pura libertad, voluntarismo».

Otro rasgo que analizó la ponente es «un puro individualismo: las relaciones no importan, porque nos limitan. Entonces, el sujeto desaparece, la persona desaparece. Se da una disolución del sujeto, lo que obviamente tiene consecuencias».

Las primeras consecuencias se dan en la propia identidad, al no poder responder a la pregunta ¿quién soy?, pues al asumir la ideología de género, se prescinde de la propia condición sexual…, y esto es un problema, pues somos en realidad, una unidad, y la sexualidad impregna todos los aspectos de nuestra vida, somos seres sexuados. Por lo tanto, la división entre sexo y género, no es real, sino impuesta.

Desaparición de matrimonio y familiamatrimonio-orando

Esto influye también en las relaciones hombre-mujer: «si no sabemos quiénes somos, no podremos relacionarnos de forma adecuada. Muchas veces no se sabe qué es ser hombre y qué es ser mujer. Hay dos formas de acabar con algo: prohibiéndolo o vaciándolo de contenido. El matrimonio no se ha prohibido, pero se ha vaciado de contenido. Porque la ideología de género dice que el matrimonio ha causado la desigualdad de sexos. Cuando en realidad, es al contrario: la naturaleza hace que el matrimonio sea un vínculo del hombre con la mujer, que asegure la protección de la prole».

María Lacalle constató que esto tiene «consecuencias nefastas en la familia, que para las feministas radicales, es una institución a abolir…, porque es allí (en la familia) donde descubrimos nuestra identidad al ver la diferenciación y complementariedad entre hombre y mujer. Ha ido minando la identidad de la familia, la autoridad de los padres, etc., a través de los medios de comunicación, de la incidencia en el sistema educativo y de la legislación. Esto produce una falsa comprensión de lo que somos».

familia catolica

¿Qué se puede hacer respecto a esta ideología? Conocerla y, sobre todo, conocernos.

Respecto a lo que pasa actualmente, en Venezuela, por ejemplo, ya encontramos un Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, y en la Universidad Central de Venezuela, ya hay un Instituto para la Mujer, estos últimos han proliferado en universidades de todo el mundo y no son lo que parecen, sino vehículos de difusión de la ideología de género y de los postulados del feminismo radical, a través de actividades, estudios y postgrados que imparten. Por otra parte, ambos candidatos a la Presidencia de ese país, sus equipos y colaboradores, expresan contenidos de la referida ideología, quizás sin saber en profundidad de que se trata…, dicha ideología se le ha vendido a un amplio sector de la sociedad como un progreso, cuando en realidad responde a intereses bien determinados, y va distorsionando el sentido verdadero de la vida humana y alejándonos de un sano desarrollo (*).

«El mensaje de la ideología de género, viéndolo bien, no es atractivo», afirmó la jurista. En cambio, «una correcta comprensión del ser humano y de la sexualidad sí es un mensaje hermoso y bello. ¿Quiénes somos? Una “unidad” dual de dos elementos dispares pero sustancialmente unidos: cuerpo y alma. Y el ser humano es hombre o mujer».

Lo específico femenino

Lacalle manifestó su pensamiento sobre la diferencia sexual entre hombres y mujeres: «somos iguales en dignidad y en derechos, pero somos diferentes y complementarios, lo que da lugar a un enriquecimiento mutuo y colaboración en la construcción del mundo».

Y explicó que «las mujeres podemos aportar mucho en el ámbito público, porque tenemos una serie de características particulares que son propias de nuestro ser femenino, porque están relacionadas con la maternidad».

Así, según la visión natural de la diferenciación sexual, «las mujeres somos capaces de ser madres, podemos acoger una nueva vida. Esas características están en toda mujer, y por eso tenemos capacidades de acogida mayores que las del hombre».

Es más, frente a lo que se defiende desde el feminismo radical, subrayó que «lo que hace que la mujer se libere y alcance su plenitud es ser ella misma. No ser un hombre, sino ser plenamente mujer. Siendo conscientes de que la relación que debe guiarnos es la colaboración, el caminar juntos».

«No somos rivales, no somos enemigos. Los hombres no son potenciales maltratadores como dice la Ley de Violencia de Género en España», afirmó, para añadir que «hay que recuperar la identidad femenina y la identidad masculina. Esto puede parar un poco la invasión de la ideología de género, y nos puede hacer algo más felices a todos».

María Lacalle Noriega

(Doctora en Derecho, máster en Teología y licenciada en Ciencias Religiosas, profesora de Derecho Civil en la Universidad Francisco de Vitoria, directora de la Cátedra de Biojurídica y Bioética y del Centro de Estudios para la Familia del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales. Además, es directora de la Fundación Carmen de Noriega y miembro correspondiente de la Real Academia Española de Jurisprudencia y Legislación. Sus publicaciones se centran principalmente en cuestiones relacionadas con la familia y con la enseñanza del Derecho).

Ponencia “Género, persona y familia”, XX Semana de la Familia de Zamora 2013

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Familia, Divorcio, Hijos, Sociedad

Familia Católica

Francis Fukuyama constata que el cambio social que está originando más vivencias traumáticas ha sido el aumento de divorcios y rupturas familiares. Sin embargo, a pesar de la crisis por la que atraviesa, la familia no parece tener alternativa viable: es la institución educativa más sencilla y universal, la más económica y eficaz, y también, la única capaz de proporcionar una educación completa. De ella se ha dicho que es el primer y mejor Ministerio de Sanidad, el primer y mejor Ministerio de Educación, el primer y mejor Ministerio de Bienestar Social. Si imaginamos un mundo envuelto en los terrores del Apocalipsis, es seguro que encontraríamos, un organismo superviviente: la bacteria, un mamífero con grandes posibilidades de resistir: las ratas, y una institución llamada a construir de nuevo el orden: la familia consanguínea (padre, madre, hijos, abuelos, tíos, primos…). Por eso, los que se apresuran a firmar su acta de defunción, morirán sin ver cumplido su pronóstico.

Divorcio ¿Quiénes son las víctimas?

Con una asombrosa clarividencia G.K. Chesterton, abordó esta problemática hace un siglo, y dedicó sus mejores energías a defender la más hermosa y necesaria de las formas de vida: decía que quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen. Pues, antes que ciudadano, el ser humano es miembro de una familia, de la primera y más importante de las formas de convivencia, de la tradición más antigua de nuestra especie. Si la humanidad no se hubiera organizado en familias, tampoco habría podido organizarse en naciones.
familia unida

Entre los rasgos esenciales de la familia figuran: la comunidad de vida, los lazos de sangre, una unión basada en el amor, y tres fines de máxima importancia: proporcionar a sus miembros los bienes necesarios para vivir, criar y educar a los hijos, ser la célula de la sociedad. Aristóteles afirma que el ser humano es naturalmente más conyugal que civil. En primer lugar, porque la sociedad civil presupone las sociedades domésticas. En segundo lugar, porque la generación y crianza de los hijos, son más necesarias para la vida humana que los bienes proporcionados por la sociedad.

oracion matrimonio

Sin familia, la especie humana no es viable, comenzando por el aspecto biológico. Un niño, una anciana, un hombre enfermo, no se valen por sí mismos y necesitan un hogar donde vivir, amar y ser amados, alimentados, cuidados. El ser humano es familiar, precisamente porque nace, crece y muere, necesitado. Además, todo hombre es siempre hijo, y esa condición es tan radical, como el hecho de ser varón y mujer. Ningún niño nace de un árbol, escribió Homero, y tampoco en soledad, sino en brazos de sus padres: nace para ser hijo.

El Hecho de ser hombre y mujer hace a los padres naturalmente complementarios: son distintos entre sí, pero mutuamente necesitados, desde las profundidades del cuerpo hasta las cimas del alma. Y en su unión familiar, ambos (hombre y mujer), han de aceptar la obligación de un compromiso protector, entre otras cosas, porque los hijos necesitan su tiempo, su dinero, su ejemplo, sus conocimientos y sus energías. Aunque hoy se cuestione, la familia aparece como naturalmente estable y monógama, de acuerdo con los sentimientos naturales de sus miembros más débiles: los niños, quienes a duras penas soportan la separación de sus padres. La humanidad descubrió muy pronto que el amor, la unión sexual, el nacimiento de un hijo, su crianza y educación, sólo son posibles si existe una institución que sancione la unión permanente de un varón y una mujer. La fuerza del impulso sexual es tan grande y la crianza de los hijos tan larga que, si no se logra esa unión con estabilidad y exclusividad, esas funciones se malogran, y la misma sociedad se ve seriamente perjudicada.

mujer y hombre

Sería equivocado ver la familia como célula de la sociedad tan solo en sentido biológico, pues también lo es en el aspecto social, político, cultural y moral. Virtudes sociales tan importantes como la justicia y el respeto a los demás se aprenden principalmente en su seno, y también el ejercicio humano de la autoridad y su acatamiento. La familia es, por tanto, insustituible desde el punto de vista de la pedagogía social. Su propia travesía, por encima del oleaje de los pequeños o los grandes conflictos inevitables, es ya una escuela de esfuerzo y ayuda mutua. En esa escuela se forman los hijos en unos hábitos cuyo campo de aplicación puede fácilmente ampliarse a la convivencia ciudadana. De hecho, la convivencia familiar es una enseñanza incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento abstracto sobre la tolerancia o la paz social.

Como todo lo humano, la familia es una organización de efectos reales, y estaría ciego quien no lo viera, pero es una ilusión pensar que existen sustitutivos mejores. Es la biología la que obliga a la mujer a descansar tras su maternidad. Es la misma naturaleza la que proporciona a los padres, niños muy pequeños, que requieren que se les enseñe, no cualquier cosa, sino todas las cosas. Durante décadas, el divorcio se ha recomendado como panacea para matrimonios mal avenidos. Pero se ha comprobado que el remedio es peor que la enfermedad. Hoy los psiquiatras y los psicólogos serios (como Paul Pearson o Daniel Goleman), desautorizan el lema: “si su matrimonio no funciona, busque una nueva pareja”; dicen que ha llegado la hora de sustituirlo por otro más sabio: “si su matrimonio no funciona, arréglelo”.

Madre y Padre

No podemos negar los casos difíciles, los que calificamos como tragedias. En cambio, podemos afirmar que el divorcio no elimina la tragedia. La diferencia consiste, para Chesterton, en que dentro del matrimonio la tragedia puede estar cargada de sentido, como la de un hombre que cae luchando por su país o que muere dando testimonio de la verdad. De hecho, el matrimonio ha sido comparado con la justicia, la libertad, el patriotismo, la democracia o cualquiera de los ideales que, a menudo, han tenido que ser defendidos con las armas en una guerra. Por eso, si los hombres siempre han sufrido por conquistar lo que entendían como felicidad, es razonable que ahora haya que sufrir por defender el matrimonio entre un hombre y una mujer, pues es un ideal y una institución a favor de la libertad de todos.

La estabilidad del matrimonio es una pretensión de estricto sentido común. Así argumentaba Chesterton: “Usted no puede deshacerse de su socio en el negocio porque no le gusta el tono de su voz. Ni puede despedir a un empleado porque no le gusta la forma de su nariz. Pero el pensamiento divorcista propone que la mujer de un hombre esté menos atada a él que su propio socio o cualquiera de sus empleados. Los divorcistas tratan de hacer del matrimonio algo mucho más fácil de disolver que cualquier contrato.”

Responsabilidad compartida
Un siglo más tarde, William Bennet, desde su amplia experiencia como Secretario de Educación y Comisario Nacional del Plan contra la Droga de Estados Unidos, después de reconocer que “demasiados chicos norteamericanos son víctimas del fracaso parcial de nuestra cultura, de nuestros valores y de nuestras normas morales”, llega a la siguiente conclusión: “Cuando la familia fracasa, tenemos la obligación de intentar suplirla con buenos sustitutos, como orfanatos. Pero nuestras mejores instituciones son, respecto a la familia, lo que un corazón artificial respecto de un corazón auténtico. Puede que no funcionen. Incluso, puede que funcionen mucho tiempo, pero nunca serán tan buenas como aquello a lo que sustituyen”.

Espectadores de una crisis familiar sin precedentes, que afecta sobre todo a las democracias occidentales, nuestros mejores analistas sociales llegan a la misma conclusión que Chesterton: que la familia es la más amable de las creaciones humanas, la más delicada mezcla de necesidad y libertad; que solo ella es capaz de transmitir con eficacia los valores fundamentales que dan sentido a la vida; y que eso la hace especialmente valiosa en un mundo que se va tornando surrealista.

José Ramón Ayllón, Licenciado en Filosofía y Letras, Especialista en Bioética, Profesor Universitario (del libro: “Ciudadano Chesterton, Una Antropología Escandalosa”, Ed. Palabra / Perfil de Chesterton: Chesterton y la Familia, Razones para la estabilidad)

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Elogio de la Fidelida Conyugal

Desde luego que la vida no es de color de rosa. Nunca lo ha sido y nunca lo será. Y a las pruebas cotidianas me remito. Pero a veces pienso que nosotros mismos somos los que ponemos más y más trabas para que los problemas se agudicen, se enquisten. ¡Qué difícil lo hacemos! Volvemos la cabeza y no afrontamos con madurez una posible solución. Dejamos siempre para mañana ese beso, ese pedir perdón, ese abrazo, esas flores. Y vivimos distraídos de lo que para nosotros es lo principal, creyendo que nunca pasa nada. Y sí que pasa, ya lo creo que pasa. Como que nos estamos jugando nuestra felicidad.

El amor conyugal requiere un mimo constante, un arte; una íntima perseverancia en la gracia de Dios. Todos lo sabemos: el amor es lucha, brega, ímpetu, delicadeza. Requiere un especial abandono en la voluntad del otro. Una entrega total, sin malas caras ni egoísmos indescifrables. Porque estar enamorado sobre todo es una responsabilidad, una continua exigencia. Día a día, desafío a desafío.

El corazón de un cristiano enamorado, que pone empeño en ser fiel, late con la fuerza del amor de Dios. O así debería de ser. Sin permitirnos caer en la modorra espiritual, en el acostumbramiento de una rutina -“qué indicios prodigiosos caben en la rutina”, canta el poeta- que nos va alejando de las ocupaciones y preocupaciones de la mujer o del hombre de nuestra vida. ¡Qué ganas tenemos de volver a casa! Pero, ¿para qué? ¿Para arrojarnos de hinojos ante la televisión, sentados en un mullido sofá y con el alma vagabundeando en no se sabe muy bien qué descompostura trivial?

Reconozcámoslo: el amor conyugal, la fidelidad, es un progresivo y muy consciente aprendizaje que muchas veces dejamos al albur de las circunstancias más frívolas. No nos lo acabamos de tomar en serio. El éxito de un matrimonio no está en el viaje de novios o en el cada vez más excesivo alboroto social de su celebración. Está más bien en una constante y profunda conversión del corazón. En saber con certeza que quien nos oye es siempre alguien que nos escucha, que quien nos mira es siempre alguien que nos acaricia. Y me pregunto: ¿sabemos de verdad lo que es amar? Porque pudiera ser que no, y prevalezca el amor a uno mismo, y pensemos que el amor tiene fecha de caducidad, que se acaba cuando las cosas no resultan tan fáciles, o el capricho hace su aparición.

La fidelidad se asienta en el compromiso y en la sinceridad, en saber negarnos a nosotros mismos, con el corazón limpio de adherencias viscosas. Dejándonos corregir, o siendo conscientes de que los hijos no son un estorbo o asunto exclusivo de las madres. Es entonces cuando comenzamos a vislumbrar la entraña del amor, su excelencia. Descubrimos que el amor conyugal no es un vago sentimentalismo de usar y tirar, no es una autocomplacencia o placer fugaz. El amor trasciende ya por entero nuestras vidas. Es -como decía Wilde- “el sacramento de la vida”. Es comunión. Sin cansancio. Porque saber querer es saber servir. Sólo entonces comprenderemos, y la fidelidad será algo más que una bonita palabra. Será nada más ni nada menos que nuestra más completa felicidad. ¿Que es imposible? Probad a olvidaros de vosotros mismos. Poco a poco. No hay gimnasia más eficaz a la hora de fortalecer nuestros matrimonios.

Guillermo Urbizu

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