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Moral de globalidad: el tiempo es superior al espacio

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La teología moral situacionista, diluye la moralidad del acto concreto en el fluir temporal de la existencia humana. Supone un desplazamiento del criterio moral: pasa indebidamente de cualificar moralmente el acto puntual, a sumergirlo en un todo vital, de forma que la transgresión quede diluida en el conjunto de vivencias personales.

De esta forma, la ilicitud del acto se decolora en el flujo de la existencia. Así, parece que, decolorado, no interrumpe el proceso de maduración, y se puede crecer en gracia y virtudes aun posicionándose puntualmente contra la ley moral.

Esta tesis parece estar presente de una manera u otra en las páginas de Amoris lætitia. Entre sus largos y prolijos parágrafos, apenas se encuentra referencia alguna a los actos concretos de adulterio, sino al “obrar”, a “la existencia concreta”, al “camino”, etc.. Esto resulta llamativo en el muy comentado y ya célebre punto 304:

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. »

I.- MORAL DE GLOBALIDAD

No podemos olvidar que el situacionismo no es una moral de puntualidad —como de hecho es la moral cristiana—, sino una moralidad de globalidad. No se fija en los actos concretos, sino en la globalidad de ellos. No en la repetición frecuente de ellos, o hábito, —que no es más que puntualidad habitual—, sino en su mera generalidad.

—La visión de la vida moral como globalidad apuntual tiene un precedente claro en el existencialismo. Y el existencialismo lo tomó, obviamente, del Leviatán de las ideas, el omnipresente nominalismo deconstructivista. Al dejar de referir los actos a la ley natural, los actos se desnaturalizan, y pasan a formar parte de la esfera de lo mental: el acto de virtud pasa a convertirse en un ideal, en un valor, en un camino sin meta.

Pío XII, con mirada clarividente, así lo reconoce al hablar de la moral de situación:

«Expuesta así la ética nueva, se halla tan fuera de la ley y de los principios católicos, que hasta un niño que sepa su catecismo lo verá y se dará cuenta y lo percibirá. Por lo tanto, no es difícil advertir cómo el nuevo sistema moral se deriva del existencialismo»

Es un existencialismo, pues, porque, como parece mostrar el punto 304, la fidelidad a Dios se determina no por la puntualidad moral de los actos, sino en función de la existencia de la persona, su obrar en general.

—Tengamos en cuenta esto: todo globalismo pretende que el valor moral de la vida se deduzca de la existencia en general y no de los actos concretos en particular. Se pretende que el grado de fidelidad a Dios sea fruto de la intención general de la voluntad, o de una opción fundamental de fidelidad más allá de los actos puntuales o a pesar de ellos.

II.- PUNTUALIDAD FRENTE A GLOBALIDAD

El filósofo tomista Romano Amerio sintetiza con gran precisión la esencia de la moral de globalidad:

«el significado moral de la vida, y por consiguiente (teóricamente hablando) el destino eterno del hombre, se desprende del conjunto de sus actos, de su coloración general, de su globalidad. No se niega en principio la influencia de los actos singulares sobre el valor global (de otro modo, ¿dónde residiría la vida moral?) pero se pretende que el valor de una existencia depende de la intención general de la voluntad y de una opción fundamental hecha orientándose hacia Dios» (Iota unum, XXIX, 201)

El mismo autor sintetiza por contra la moral de puntualidad, que es en efecto la moral católica:

«Sin embargo,  la religión enseña que el destino eterno depende del estado moral en el cual se encuentra el hombre en el momento de la muerte: no de la continuidad historica, sino de la puntualidad moral en la que se encuentra al fin» (Iota unum, XXIX, 202)

San Juan Pablo II, en Reconciliatio et paenitentia, enseña que la opción fundamental por Dios puede ser radicalmente destruida por los actos singulares:

«Del mismo modo se deberá evitar reducir el pecado mortal a un acto de «opción fundamental» —como hoy se suele decir— contra Dios, entendiendo con ello un desprecio explícito y formal de Dios o del prójimo. Se comete, en efecto, un pecado mortal también, cuando el hombre, sabiendo y queriendo elige, por cualquier razón, algo gravemente desordenado. En efecto, en esta elección está ya incluido un desprecio del precepto divino, un rechazo del amor de Dios hacia la humanidad y hacia toda la creación: el hombre se aleja de Dios y pierde la caridad. La orientación fundamental puede pues ser radicalmente modificada por actos particulares.» (Reconciliatio et paenitentia, 17)

En Veritatis splendor se diagnostica con gran precisión teológica el globalismo, entendido como desplazamiento de lo absoluto-universal (la ley moral) a lo subjetivo-particular:

«Sin embargo, algunos autores proponen una revisión mucho más radical de la relación entre persona y actos. Hablan de una libertad fundamental, más profunda y diversa de la libertad de elección, sin cuya consideración no se podrían comprender ni valorar correctamente los actos humanos. Según estos autores, la función clave en la vida moral habría que atribuirla a una opción fundamental, actuada por aquella libertad fundamental mediante la cual la persona decide globalmente sobre sí misma, no a través de una elección determinada y consciente a nivel reflejo, sino en forma transcendental y atemática. Los actos particulares derivados de esta opción constituirían solamente unas tentativas parciales y nunca resolutivas para expresarla, serían solamente signos o síntomas de ella. Objeto inmediato de estos actos —se dice— no es el Bien absoluto (ante el cual la libertad de la persona se expresaría a nivel transcendental), sino que son los bienes particulares (llamados también categoriales).»

Este desplazamento globalista del bien objetivo universal a la periferia, poniendo en el centro el supuesto bien particular, parece insinuarse a lo largo de las páginas de Amoris lætitia:

«Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares.» (AL 304)

Que el acto de pecado concreto quede disuelto en el conjunto de la vida, da pie a concluir indebidamente que se puede agradar a Dios sin guardar puntualmente sus mandamientos. Así parece desprenderse, aparte del ya mencionado 304, de estos puntos:

«Pero esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo.» (AL 303)

«A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia. El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios.» AL 305)

III.- EL TIEMPO ES SUPERIOR AL ESPACIO

En la puntualidad del acto moral hay que DETENERSE. Y es esto lo que se rechaza, el tener que deternerse, porque el dinamismo, el movimiento, el tiempo es superior. La puntualidad, el punto actual, se refiere a una parte, a un elemento extrapolado del constante fluir.

Por el contrario, en el punto 304 se afirma que «es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley».

La disolución de la puntualidad moral en el conjunto vital no es más que una afirmación abusiva de la temporalidad. La moral de globalidad, por tanto, es un movilismo. Una lucha de tesis y antítesis, una dialéctica. La raíz hegeliana del existencialismo es patente en esta sobrevaloración del movimiento temporal como creador de verdades particulares.

Consecuente con este principio, Amoris lætitia abusa de lenguaje globalista, por el que la moralidad del acto concreto queda disuelto en la duración vital, en los procesos de maduración, en el conjunto sucesivo de etapas y subetapas existenciales, en la dialéctica existencial, en el tiempo.

—Veamos la presencia abrumadora de este lenguaje de globalidad en capítulo VIII de A.L. Creo que es patente cómo se tiende a ocultar la ilicitud puntual del acto (y el hábito) en la globalidad del tiempo vital:

«la ley es también don de Dios que indica el camino» (AL 295)

«Entonces, «hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición» (AL 296)

«Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral. Existe el caso de una segunda unión consolidada en el tiempo» (AL298)

«gran dificultad para volver atrás» (AL 298)

«Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos» (AL 299)

«Los presbíteros tienen la tarea de «acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento» (AL 300)

«En este proceso será útil hacer un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y arrepentimiento.» (AL 300)

«Se trata de un itinerario de acompañamiento y de discernimiento que «orienta a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios.» (AL 300)

«De todos modos, recordemos que este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena.» (AL 303)

«En esta misma línea se expresó la Comisión Teológica Internacional: «La ley natural no debería ser presentada como un conjunto ya constituido de reglas que se imponen a priori al sujeto moral, sino que es más bien una fuente de inspiración objetiva para su proceso» (AL 305)

«en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia» (AL 305)

«El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino» (AL 305)

«desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios. Recordemos que «un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta» (AL 305)

«Pero de nuestra conciencia del peso de las circunstancias atenuantes —psicológicas, históricas e incluso biológicas— se sigue que, “sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día”» (AL 308)

«Jesús «espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. » (AL 308)

«una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal.» (AL 312)

CONCLUSIÓN

En la vida moral cristiana, no sólo es fundamental el conjunto de nuestra vida y su opción de fidelidad, sino también y ante todo confirmarla puntualmente con actos concretos de elección del bien, siempre con la ayuda de la gracia. No puede haber instante para el pecado. Como bien afirma Amerio:

«El obsequio del hombre ante la ley es debido y retribuible en cualquier instante de tiempo independientemente de todos los demás »[…] «Como se predicó durante todos los siglos cristianos, no puede haber ni siquiera un instante para el pecado» (Iota unum  XXIX, 202).

Tanto es así, que en la hora de la muerte no se tendrá en cuenta el fluir temporal o el conjunto como un todo apuntual, sino el instante mismo de la muerte, de forma que un sólo pecado mortal sin arrepentimiento puede provocar un destino fatal e irremediable.

Contrastando dramáticamente con palabras irresponsables, que anuncian con sobreoptimismo que «nadie puede ser condenado para siempre», el Catecismo enseña con rotundidad la puntualidad de la vida moral a la hora de la muerte:

«Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él  para siempre»

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

David G.-Alonso Gracián / InfoC.

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COMUNICADO DEL CONSEJO NACIONAL DE LAICOS DE VENEZUELA CON MOTIVO DE LAS ELECCIONES PARLAMENTARIAS EN VENEZUELA 2.015

En vísperas de las elecciones parlamentarias previstas para el próximo 6 de diciembre y a la cual han sido convocados a participar 19.496.296 de venezolanos inscritos en el Registro Electoral, para elegir una nueva Asamblea Nacional de 167 diputados, para el período 2015-2020,
El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela
Invita a todos los venezolanos a:
1. Cumplir con el deber cívico de votar el próximo 6 de Diciembre, y participar activamente y con responsabilidad en el proceso electoral, dando testimonio de sus convicciones, conducta democrática y constitucional.
2. Propiciar el encuentro de los venezolanos en todos los ámbitos de acción, y hacer de nuestro país una casa común, libre, segura, solidaria y fraterna.
3. Superar la violencia y la división entre hermanos, trabajando en conjunto para edificar un país productivo, pacífico, respetuoso del pluralismo democrático y de la verdad; dónde tengan plena vigencia y se respeten los derechos humanos de todos los venezolanos.
4. Propiciar espacios de encuentro, diálogo y reconciliación en todos los rincones del país. Si tenemos “el gusto espiritual de ser pueblo” (EG 268), hemos de manifestar que la esperanza nos hace protagonistas de la renovación de nuestra sociedad. Buscando juntos, por la vía del diálogo y el trabajo responsable, las soluciones a nuestros problemas para construir la Venezuela que aspiramos como ciudadanos.
El Papa Francisco ha convocado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, tiempo propicio para la Iglesia, para hacer más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.
Invoquemos a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, para que nuestro país pueda vivir el 6-D una jornada electoral pacífica, justa y transparente, que abra la puerta al encuentro y al progreso, en la vía de conducir a la Nación hacia un futuro de reconciliación, justicia y paz.
Caracas, 4 de Diciembre del 2015

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ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO, actualidad venezolana

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela al Papa Francisco: Solicite a Maduro “liberación de presos políticos y una fecha para las elecciones”

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Los católicos organizados de Venezuela han enviado al Papa una correspondencia – en ocasión de la reciente celebración de su Asamblea Anual (29 al 31 de mayo)-  donde  presentan la situación venezolana y sus urgencias además de solicitar al Pontífice considerar puntos específicos, en su agenda con el presidente Maduro, decisivos para aflojar nudos gordianos y “contribuir grandemente a la distención del grave enfrentamiento político en Venezuela”. A continuación, el texto completo de la carta.

“Su Santidad, urge aplicar los procedimientos institucionales, legales, administrativos y morales para el rescate de la democracia, el respeto a los derechos humanos, la imparcialidad y la justicia, la verdad y  la libertad en todos los ámbitos y niveles del país. En tal sentido, podría Usted contribuir grandemente a la distención del grave enfrentamiento político en Venezuela, solicitando al Señor Presidente, la liberación de los presos políticos, así como el establecimiento de una fecha para las elecciones legislativas, despejando  las dudas crecientes que existen sobre su celebración”.

Su Santidad

Papa Francisco

Sumo Pontífice

Ciudad del Vaticano

Roma

 

De nuestra consideración,

 

El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela es un organismo de representación, coordinación y servicio que, basado en el principio de comunión, sirve de plataforma para animar e impulsar la participación activa y el rol protagónico del laico en la misión evangelizadora de la Iglesia en Venezuela, para promover la formación integral, el encuentro de los laicos de nuestro país, a los fines de vivir los valores humano-cristianos del Evangelio en los distintos sectores de la sociedad.

 

Del 29 al 31 de mayo pasado, celebramos la Asamblea Anual del CNL, en la Ciudad de Caracas, teniendo como tema: Dimensión social y política del Evangelio. Esta convocatoria reunió a un grupo significativo de laicos del país, para analizar y discutir los enfoques, criterios, principios y propuestas que, basados en la Doctrina Social de la Iglesia, permitieron abordar la realidad del país, evaluar la situación que vivimos desde las perspectivas social y política, con el objetivo de juzgar desde los principios y valores del Evangelio, la acción del laico frente a la grave situación económica, social, educativa, política y ética que enfrenta la sociedad venezolana. Unido a ello, revisamos el papel de la cultura, la universidad, los medios de comunicación y la familia, entre otros, temas que Usted ha abordado desde su Pontificado, enviando al mundo un claro y potente mensaje. En síntesis, preocupados por el bien de los venezolanos asumimos el método del ver, juzgar y actuar.

 

En el mes de enero de este año 2015, la Conferencia Episcopal Venezolana,  puso en manos de los diferentes sectores del país, la Exhortación Pastoral: Renovación Ética y Espiritual frente a la Crisis. De esta importante Exhortación, tomamos del numeral 19, la siguiente afirmación: La grave crisis que confrontamos en Venezuela revela una situación aún más profunda: Una crisis moral, de valores, actitudes, motivaciones y conductas, que es preciso corregir… Estamos convencidos de que es posible una Patria en la que impere la democracia, con instituciones eficaces y saludables, donde cada persona y la sociedad entera puedan desarrollar sus iniciativas, superarse y comprometerse con la promoción del bien común.

 

En este orden de ideas, tomando como punto de partida la referida situación de nuestro país, el sentir de la mayoría de los venezolanos, las reflexiones y aportes de la Asamblea Anual que acabamos de celebrar, nos permitimos manifestarle como miembros de la Iglesia y ciudadanos con compromiso cristiano y cívico, nuestra profunda preocupación por el autoritarismo, desabastecimiento y escasez, la persecución política, corrupción, acusaciones de narcotráfico, inseguridad, violencia, entre otros asuntos de la vida pública,  y a la vez solicitarle sus buenos oficios, en la vía de propiciar los canales de diálogo y de toma de decisiones del Gobierno Nacional y sus Autoridades para que asuman su responsabilidad en desarrollar y aplicar los correctivos necesarios para solucionar los problemas que enfrentamos los venezolanos, día a día.

 

Su Santidad, urge aplicar los procedimientos institucionales, legales, administrativos y morales para el rescate de la democracia, el respeto a los derechos humanos, la imparcialidad y la justicia, la verdad y  la libertad en todos los ámbitos y niveles del país. En tal sentido, podría Usted contribuir grandemente a la distención del grave enfrentamiento político en Venezuela, solicitando al Señor Presidente, la liberación de los presos políticos, así como el establecimiento de una fecha para las elecciones legislativas, despejando  las dudas crecientes que existen sobre su celebración.

 

El domingo 31, a las 7 de la mañana, S. E. Monseñor Aldo Giordano, Nuncio Apostólico, celebró la Santa Misa en el marco de la Asamblea Anual, festividad de la Santísima Trinidad. Reunidos en oración ante el Altar, recibimos el mensaje del Nuncio Apostólico y la Bendición que, a través de su persona, nos envió desde el Vaticano.

 

Como nueva Junta Directiva del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela para el período 2015-2018, reciba nuestro gran afecto y consideración, dispuestos a responder y trabajar en los campos y retos que se le plantean a la Iglesia en Venezuela. Asimismo, le pedimos Su paternal bendición, en la seguridad de que oramos por nuestra querida Patria, pidiendo al Señor sus bendiciones, y la maternal protección de la Virgen de Coromoto Patrona de Venezuela, a quien pedimos, de manera especial, por su Pontificado.

 

 

Atentamente,

 

 Por la Directiva Consejo Nacional de Laicos 2015-2018

 

 

    María Elena Febres-Cordero                                   Manuel Ignacio Arcaya                   

                  Presidente                                                             Primer Vicepresidente         

 

 

 

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UN MILLÓN DE NIÑOS REZANDO EL ROSARIO POR LA UNIÓN Y LA PAZ 2014

¡Que alegría poder poner a sus disposición el material 2.014 de la jornada de oración UN MILLÓN DE NIÑOS REZANDO EL ROSARIO POR LA UNIÓN Y LA PAZ! programa que pertenece al Consejo Nacional de Laicos de Venezuela.
Un Millón de Niños Rezando el Rosario por la Unión y la paz 2014

Este material está conformado por un afiche promocional y un desplegable que contiene: los misterios del rosario a meditar este año, con frases del Papa Francisco, Un instructivo para aprender a rezar el rosario y un juego basado en valores.
La frase del Papa Francisco que ilumina nuestra jornada de oración es “Llevemos a Dios el mundo y el mundo a Dios”.
Te invitamos a unirte desde ya a esta jornada que se realizará en los colegios el 18 de octubre del presente año.
El 19 en las parroquias y el 20 en familia
DESPLEGABLE CARA 1umn 2014

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¿La familia en peligro de extinción?

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Lo que hoy realmente debe preocuparnos, en primer término, es el futuro de la familia, que a mi modo de entender lo veo muy oscuro. Miremos a nuestro alrededor, en nuestros amigos y vecinos, incluso dentro de nuestras propias familias, y comprobamos que el rechazo al matrimonio canónico, al matrimonio “para toda la vida”, abunda…, pero además, está la plaga de divorcios de los que, en un principio, se comprometieron libremente, ante Dios, para toda la vida.

Para muchas personas, hoy lo que se lleva es el “arrejuntarse”, el amancebarse, el vivir “en pareja”, desdeñando todo compromiso formal y, con mucha frecuencia, la negación a la descendencia. Si acaso un hijo, uno sólo, no más…

matrimonio

Toda pareja, formal o no, está sometida a los vaivenes de la convivencia en común, pero la poca formación al respecto y la carencia de virtudes, las hace sumamente frágiles, inseguras, quebradizas, propensas a la ruptura, al trauma del divorcio a veces por motivos nimios, creando un mundo de seres desorientados e infelices abocados a toda clase de dramas.

¿Quién fomenta estas corrientes degradantes y perniciosas? No lo sé. Lo sospecho, pero a ciencia cierta no lo sé. Veo no obstante ciertos hechos, lo puede ver cualquier persona con ojos en la cara y quiera verlo, como, por ejemplo, la renuncia al matrimonio, constituyen una gran amenaza para la estabilidad familiar y, por consiguiente, la estabilidad social, dado que si la familia estable se descompone y desaparece, la sociedad correrá la misma suerte, con todos los males que ello puede traer consigo.

Otro hecho que actúa contra la familia regular, es la homologación del mal llamado “matrimonio homosexual o igualitario” al matrimonio verdadero, con lo que se pretende, no sólo “normalizar” legalmente lo que por naturaleza es anormal, sino banalizar, desfigurar el concepto de matrimonio, según lo entiende, no sólo la religión, sino las mismas leyes naturales. El matrimonio es la institución natural que tiene por fin, además de consagrar el amor entre los esposos, la conservación de la especie a través de ese amor precisamente. Y ello es imposible de conseguir con la unión homófila.

Sin embargo, ahora estamos, en gran parte de Occidente, bajo la dictadura del corporativismo gay y la ideología de género, que forman parte del mismo paquete corrosivo dispuesto a disolver las instituciones firmes que sostenían la civilización occidental.

Lo hemos visto en el último festival de Eurovisión, ese evento decadente, donde un tipo con barba, disfrazado de mujer, que se hace llamar Conchita, ganó, no por su voz, sino por su condición de afeminado, género que abunda en el mundo del espectáculo. Salió a provocar o a exhibir su condición, y consiguió plenamente su objetivo, con el gran apoyo del lobby gay. El tal Tomás, que es su nombre real, aunque se haga llamar Conchita, dijo al terminar aquel ruido, “no nos pararán”. Y, en efecto, están lanzadísimos, y no pararán hasta subvertir el orden natural de la sociedad imponiendo a todo el mundo la hegemonía de su estilo de vida.

Hemos vuelto, al cabo de miles de años, a Sodoma y Gomorra. ¡Todo un progreso de civilización! ¿Es un augurio alarmista infundado por mi parte? Bueno, el tiempo dirá. En todo caso, recemos por el próximo sínodo de los obispos sobre la familia, y que del él, salgan orientaciones claras y fieles a la Palabra, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia.

Vicente Alejandro Guillamón /RenL., 19 mayo 2014 (edit.)

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Valores y penurias en la adolescencia

Adolescencia en crisis

Los cinco problemas actuales de los adolescentes en la relación interpersonal, familiar y social; y los seis valores fundamentales más comunes entre ellos

En esta época de la adolescencia, en los jóvenes se producen muchos cambios. En algunos se notan más y en otros menos, pero todos cambian, tanto física como mentalmente. Modifican: sus puntos de vista, su personalidad, su carácter, su forma de ser ante los amigos y ante la familia, los estudios…

Los principales problemas actuales de la adolescencia son:

1.- Faltan valores. En estos años los educadores, las familias y los gobiernos no nos hemos preocupado suficientemente de inculcar valores a nuestros jóvenes porque pensábamos, equivocadamente, que ellos adquirirían esos valores con sus amigos y en sus propios ambientes, y al final gran parte de la juventud adolece tristemente de esta educación en valores tan importante para sus vidas y para dar respuesta a los retos de la época.

Exigencias de la sociedad

2.- Faltan ideales. La sociedad de hoy en general, no solamente los jóvenes, no tienen ideales para construir sólidamente su vida. Es ésta una gran carencia a causa de la cual, y si no se remedia, la sociedad y la juventud andará renqueando y podría ser que los resultados de esta ausencia trajera fundamentalmente a los jóvenes comportamientos muy desfavorables.

3.- Faltan modelos a seguir. La falta de modelos es otras de las grandes carencias de nuestra época. Hoy sobran: corruptos, sinvergüenzas, vividores… pero faltan modelos que con su ejemplo nos presenten una sociedad construida sobre los auténticos valores democráticos de: libertad, justicia, respeto, tolerancia…

4.- Falta educación. La falta de educación es otra de las grandes lacras de nuestra época. Una sociedad sin educación es una sociedad que camina fácilmente hacia la dictadura o hacía la degradación o hacia la esclavitud.

5.- Falta interés por parte de unos, o interés pasional o sentimental por parte de otros, respecto a la solución a los problemas del país. El fundamento en conocimientos y valores sólidos, es indispensable para construir una personalidad despierta y objetiva, que desarrolle un buen proyecto de país a futuro.

Algunos jóvenes no ven claro su futuro y piensan: “para que tener metas cuando no se tiene garantía de nada”. Por eso hoy, en este tiempo en el que vivimos, es muy importante que nos ocupemos de los jóvenes: de su educación, de sus valores, de sus preocupaciones, de sus familias, de sus hobbies, de inculcarle ideales. Todo el tiempo dedicado a estos menesteres es poco, teniendo en cuenta la gran labor que queda por realizar. Esta sociedad, que hace unos años se presumía tan próspera, ahora está inmersa en una decadencia total y absoluta.

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En las relaciones entre adolescentes los valores fundamentales más comunes entre ellos son:

-La amistad. Es el primero de los valores. De la amistad, o de la necesidad de la misma, nacen prácticamente todos los valores que se manifiestan en una relación; fomentar la amistad entre los jóvenes, una amistad sana, es prioritario para que los jóvenes crezcan sanos de cuerpo y espíritu. A los jóvenes hay que dejarlos vivir, pero también hay que enseñarles: a vivir, a compartir, a dialogar, a respetar, y esto se da en primer lugar en el ámbito de la amistad, entre los compañeros y amigos.

-El segundo es el amor. Se podría definir como el grado máximo de la amistad. Sin embargo, en muchos casos, se desconoce lo que es, en realidad el amor (amistoso, fraternal, filial, matrimonial, etc.). El amor significa mucho más. No sólo implica compartir, sino también sacrificio a favor del otro, lealtad, y estricta fidelidad.

-El tercero podría ser el compañerismo. Consiste en aplicar valores positivos a una relación con los compañeros, que viene dada por la cercanía impuesta por actividades o espacios comunes. Con el compañero todas las personas, cuando éramos jóvenes, hemos desarrollado nuestras primeras habilidades, hemos compartido nuestras primeras vivencias, hemos realizado nuestros primeros juegos, quizás con ellos hemos hecho las primeras travesuras o hemos vivido las primeras experiencias auténticamente personales. Con los compañeros quizás se haya manifestado por primera vez la ayuda espontánea y desinteresada. Sin embargo, hoy en día se confunde mucho, el compañerismo, con la relación de compinches (aquellos se unen para actuar negativamente, y justificarse: alcohol, droga, sexo, bullying, etc.)

-En cuarto lugar podría estar la solidaridad. La solidaridad, en las relaciones entre adolescentes, se manifiesta como una forma más amplia de compañerismo, normalmente aparece cuando se actúa de forma desinteresada, defendiendo intereses de otros jóvenes con los que no tenemos otra relación pero que vemos que tienen algún problema o necesidad. Por ejemplo, la reacción de la juventud: ante los malos tratos y abusos a menores, ante el terrorismo, ante las guerras, ante el hambre…

-En quinto lugar podríamos poner el trabajo en común. El trabajo es una relación muy importante para el desarrollo de los adolescentes. Si además ese trabajo se comparte, no solo se hace más llevadero y fácil sino que refuerza las relaciones de: compañerismo, amistad y sociabilidad.

-En sexto lugar podríamos poner la ayuda mutua. Es el valor en el que se implican dos o más adolescentes para compartir y realizar experiencias de trabajo, o experiencias que surgen ante cualquier necesidad o ante cualquier situación.

Con esta aportación he querido dar a conocer mis vivencias y mis experiencias personales para conseguir que nuestros jóvenes adquieran una preparación adecuada y que no se sumerjan aún más, en una decadente situación de penuria y zozobra.

Y a los cristianos, para este cometido, les recomiendo que acudan al mejor maestro: Jesucristo; Él que fue durante su vida amigo de los niños y de los jóvenes puede ayudarnos a encontrar el método adecuado para llegar a los jóvenes y poderles transmitir, en este tiempo difícil, un mensaje de esperanza, un mensaje renovador que cambie hacia el bien sus vidas y las de todos los seres humanos.

Rafael Gutiérrez Amaro / F.L., Junio 2014

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La fertilidad no es una enfermedad

La Esterilización

Tengamos en cuenta que en sí la fertilidad no es un enfermedad, sino un estado de salud, y con la esterilidad se pasa de estar sano a inutilizar una función importante del organismo, no son raros aquéllos que se lamentan de haberla realizado

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La esterilización es la intervención que procura la infecundidad fisiológica de la facultad sexual, es decir la intervención que ocasiona la pérdida de la función reproductora en la persona que la sufre, pero le mantiene su capacidad de copular.

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe condenó el 12-XII-1976, la esterilización directa, es decir, aquélla que “inmediatamente sólo consigue que la facultad generativa se torne incapaz de conseguir la procreación”.

La esterilización del hombre y de la mujer se diferencia del acto anticonceptivo en razón a su carácter irreversible, aunque en algunos casos, tanto en varones como en mujeres, se consigue la reversibilidad, si bien no puede garantizarse que pueda conseguirse la recuperación de la capacidad fecundadora previa a la intervención. Es una práctica que tiene gran aceptación por la sencillez de las intervenciones quirúrgicas, siendo muy utilizado como método anticonceptivo por la ausencia de riesgos significativos y su alto grado de eficacia. Desde el punto de vista moral es peor que el acto anticonceptivo, porque éste afecta sólo a los actos singulares, mientras que la esterilización a la propia facultad de engendrar.

mujer embarazada
La ligadura de trompas consiste en cortar quirúrgicamente o destruir con rayos láser las trompas de Falopio, con lo que se impide que los espermatozoides se unan con el óvulo. La esterilización masculina utiliza como método más frecuente la vasectomía, que priva a la eyaculación de su contenido testicular y supone el corte de los conductos deferentes con una pequeña operación que ni siquiera precisa hospitalización, aunque no es un método fiable hasta por lo menos un mes desde la intervención. Supone una destrucción de la fertilidad, porque aunque es posible rehacer este conducto, requiere una técnica no fácil, con alrededor de la mitad de fracasos a la hora de recuperar la fertilidad, siendo este porcentaje bastante mayor en la ligadura de trompas. La castración, en cambio, es la remoción de las glándulas sexuales masculinas o femeninas (testículos u ovarios) y significa en el varón el fin de su vida sexual activa. En la actualidad está en fase experimental una nueva técnica que permitiría sin mayores problemas la vuelta a la fertilidad.

“Para hacer una valoración moral de la esterilización quirúrgica como medida anticonceptiva hay que tener en cuenta varios elementos. En primer lugar, la intervención quirúrgica no afecta sólo a una función corporal, sino que tiene gran importancia para la psique y para la totalidad de la persona. En el ámbito de lo sexual juegan un gran papel aspectos mentales y sentimentales. Una esterilización, incluso la practicada con el consentimiento mutuo de los esposos, puede llegar a ser más tarde una carga pesada. Además, una esterilización, si es irreversible, excluye toda posibilidad de tener hijos en un eventual nuevo matrimonio tras la muerte del cónyuge actual. Finalmente, desde el punto de vista del médico y de la medicina, la capacidad de engendrar y de concebir no puede ser catalogada como enfermedad. Por eso el ethos médico no permite practicar una intervención para la que no hay razones graves desde la vertiente de la medicina. Por tanto, desde este punto de vista, una esterilización quirúrgica no es un servicio que el médico puede prestar de un modo irreflexivo por el deseo de prevenir una posible generación o concepción futura, sino que es preciso que se den graves razones de orden médico para estar justificado desde el punto de vista ético. Ni la intención subjetiva del médico ni la del paciente que le pide la esterilización son suficientes para justificar en el plano ético la práctica de una esterilización, como tampoco es suficiente el deseo de curar o prevenir una dolencia física o psíquica, cuya aparición se puede presuponer o temer en virtud de un embarazo. Estas directrices basadas en la ética obligan también a los deficientes mentales. El comportamiento sexual de éstos no cambiará impidiendo las posibles consecuencias, sino haciendo que auxiliares adecuados les presten la asistencia oportuna.

Son especialmente rechazables las disposiciones estatales que imponen las esterilizaciones en virtud de determinadas políticas tendentes a controlar el crecimiento de la población” (Conferencia Episcopal Alemana, Catecismo Católico para Adultos II, Madrid 1998, 337-338).

Hoy es frecuente la esterilización femenina, especialmente si ha habido varias cesáreas, pero con frecuencia se actúa con gran ligereza. Se basan los médicos en que el útero se halla en estado patológico, inepto para su función y el peligro sería causado no tanto por el embarazo, una simple ocasión, sino por el estado actual en que se encuentra. Esta ligereza se da todavía más con las esterilizaciones masculinas.

Tengamos en cuenta que en sí la fertilidad no es un enfermedad, sino un estado de salud, y con la esterilidad se pasa de estar sano a inutilizar una función importante del organismo, no siendo raros aquéllos que se lamentan de haberla realizado.

Es decir, la esterilización sólo puede realizarse moralmente, si hay graves razones médicas, lejos de todo abuso, hasta el punto de que la Congregación para la Doctrina de la Fe requiere para su licitud en un Documento del 31-VII-1993 que haya un grave peligro actual para la vida o la salud de la madre, porque el motivo por el que se hace es curativo, es decir medio necesario para el bien del organismo, por ser causa de enfermedad o de peligro de vida.

Puede haber, sin embargo, otros casos en los que no haya otra solución al problema de la procreación responsable que el recurso a la esterilización, como pueden ser el caso de una esposa violentada por un marido totalmente irresponsable, o como legítima defensa de una minusválida psíquica en circunstancias de muy grave riesgo de ser violada por hombres malvados: si en estos casos la esterilización es, de hecho, el único medio de defensa a disposición, como extrema ratio, y ya que no se trata de una actividad sexual escogida libremente, sino padecida, el recurso a la esterilización podría ser moralmente aceptable.

Hay que tener además cuidado porque con la esterilización se dan también consecuencias psicológicas, de las que cada vez se es más consciente, pues es difícil que lo físico, y más en un terreno como éste, no tenga consecuencias psíquicas. No sólo no es el inicio de un paraíso sexual por poder tener relaciones sin peligro de embarazo, sino que no es raro que haya sentimientos de frustración y falta de motivación para el acto sexual, porque la mujer se siente utilizada y en compensación sobreprotege a los hijos existentes, acentuándose el papel de madre y quedando relegado el del marido, por lo que afecta peyorativamente a la vida de la pareja.

Pedro Trevijano, RenL/30 abril 2014

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