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LA DIMENSION SOCIAL DEL EVANGELIO

P. Víctor Hugo Basabe Secretario General CEVPadre VICTOR HUGO BASABE

Ponencia en la Asamblea Anual 2.015 del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

  • Disertar sobre la dimensión social del Evangelio, implica hacer referencia al corazón, al centro mismo del Evangelio
  • Y en el corazón del Evangelio, encontramos un hombre. Es más, si partimos de la genealogía que nos presenta el evangelista Mateo tendremos que concluir que en Jesús encontramos al hombre total.
  • Por la Encarnación, Dios en Jesús, asume el ser hombre en su totalidad: todo lo bueno que Dios puso en el hombre está presente en Jesús y, todo el pecado que el hombre puso en su vida, es asumido por Jesús.
  • Todo este movimiento de Dios hacia el hombre en Jesús, está animado por el más grande y hermoso sentimiento del cual el hombre precisa hacer experiencia: el Amor.
  • Dios viene al encuentro del hombre y entra en relación directa con el hombre en Jesús, porque le ama; porque quiere redimirle; porque quiere salvarle. “Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,17)
  • He ahí la expresión más pura de la caridad. Porque “Dios es amor”, (1Jn 4,8) viene al encuentro del hombre para que este, sometido por el pecado, pueda hacer experiencia directa del amor y, haciendo esta experiencia pueda rescatar su vocación de eternidad.
  • Por eso, tenemos que decir que al Centro del Evangelio, está la revelación de Dios en Jesús como el amante por excelencia. Toda la vida, la obra, las palabras, los gestos de Jesús, son manifestación de la caridad divina.
  • Y porque Él es el amor hecho persona, en el centro de su predicación está la invitación a sus discípulos a ser partícipes y testigos del amor de Dios que en Él se hace plenamente manifiesto. Y esto lo deben vivir sus discípulos, entre ellos y en relación con los demás amándose y amando como Él ama, hasta el extremo, hasta dar la vida por el ser amado.
  • De allí que en la vida del discípulo cristiano, la caridad debe tener siempre la primacía en su vida de relación.
  • El discípulo cristiano en la vivencia de su vocación y desde el estado de vida en el que se sienta llamado a desempeñar su misión, debe entenderse sobre todas las cosas como “epifanía” en su tiempo de la caridad divina. Son iluminadoras las palabras de San Pablo en ese sentido… “si no tengo amor, de nada me sirve” (1Co 13,3).  La caridad, es el carisma superior al que todo cristiano debe aspirar, tender y vivir.
  • Llamado a “evangelizar” el mundo, el cristiano debe entender que, como Jesús, también él está llamado a “hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (Cfr EG 176) entrando en relación de caridad con sus hermanos y promoviendo la caridad como elemento fundante y transformador de las relaciones humanas en su tiempo.
  • De allí que el cristiano, como lo expresa el mismo Papa Francisco, debe tener claro que “el anuncio del Evangelio tiene un contenido ineludiblemente social“(EG177) con el cual y en el cual debe comprometerse.
  • Ese compromiso con el Evangelio del Reino y su contenido social, pasa por entender que “cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios” (Cfr. EG 178) con la Encarnación de Jesús. De allí que el cristiano deba preocuparse por descubrir y vivir la íntima conexión entre evangelización y promoción humana.
  • “La propuesta del Evangelio no es solo la de una relación personal con Dios.  Nuestra respuesta de amor tampoco debería entenderse como una mera suma de pequeños gestos personales dirigidos a algunos individuos necesitados, lo cual podría constituir una “caridad a la carta” una serie de acciones tendentes sólo a tranquilizar la propia conciencia”  (EG180)… El mandato de la caridad, como la buena nueva de Jesucristo, “tiene una destinación universal…abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos.  Nada de lo humano le puede resultar extraño” EG 181.
  • “Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de San Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de trasmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.  Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades.  La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos.  Si bien “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política” la Iglesia “no puede di debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. Todos los cristianos, también los pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor.  De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo.” EG 183
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Exhortación Pastoral 2.012 de la Conferencia Episcopal Venezolana

Introducción

1. Los Obispos de Venezuela, reunidos en nuestra XCVII Asamblea Plenaria Ordinaria, en la que hemos elegido una nueva Presidencia, hacemos llegar un saludo de Año Nuevo a todos nuestros hermanos en la fe y a todos los ciudadanos, haciendo votos al Señor por su bienestar personal, familiar y social. Invocamos la bendición de Dios sobre nuestro país, a fin de que sea un ámbito de libertad y solidaridad, de fraternidad y paz.

2. Nos dirigimos a todos con la profunda conciencia de la compleja situación ética, política, económica y social que encara nuestro país en este 2012, la cual se enmarca en un escenario mundial de particular gravedad y dramatismo, tal como lo acaba de señalar el Papa Benedicto XVI en su Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz. “Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces destrozadas.” (Benedicto XVI, Mensaje de para la Celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2012, no. 2) Dirigimos la presente Exhortación en una actitud de esperanza, virtud cristiana fundamental, y desde un compromiso decidido de cambio y renovación, como corresponde a creyentes en Cristo, Salvador y Liberador. Nos detenemos en algunos puntos de particular sensibilidad en el momento actual.

1 – Reencuentro nacional

3. Cuando se hace el inventario de las necesidades y expectativas del país, destacan como más urgentes la seguridad, el empleo, la vivienda, la salud, la orientación y calidad de la educación, los servicios viales y la capacidad alimentaria. Así mismo destaca la extraordinaria importancia de contar con un Estado de derecho, efectivo y confiable, para la convivencia ciudadana. Sin embargo hay un anhelo que se debe tener como máxima prioridad: la reconciliación de los venezolanos. Este ha sido un tema recurrente en nuestras anteriores exhortaciones.

4. El deseo y la necesidad de reconciliación implican restablecer la convivencia nacional a partir del respeto y aprecio mutuos, el efectivo reconocimiento del pluralismo político-ideológico, cultural y religioso y la correspondiente tolerancia hacia los demás. Esta tolerancia o, mejor, aceptación del “otro”, en la perspectiva del bien común, favorecerá un clima político-social idóneo para el entendimiento mutuo y para superar la agobiante polarización que padecemos. Por tanto, ratificamos la necesidad de un proyecto común compartido, como el que tenemos en la Constitución, y reiteramos nuestro rechazo a la imposición de un determinado proyecto de país que conlleve la exclusión política de quienes no lo acepten o lo adversen, porque tal pretensión atenta contra los derechos garantizados en la Constitución, el verdadero interés nacional y los principios éticos que deben sustentar una sociedad.

5. Trabajar por construir la unidad entre los venezolanos no es tarea fácil. El progreso y el bienestar de este país sólo podrán lograrse con la participación de todos los ciudadanos. Ante las dificultades, por grandes que sean, no debemos desesperar, ni como personas ni como creyentes. Aunque el pasado de Venezuela registra intermitentes rupturas internas, registra también experiencias de acuerdos y períodos de paz. La convivencia democrática, con rango constitucional desde hace un poco más de medio siglo, aunque limitada y defectuosa, como toda obra humana, pertenece también a nuestra historia nacional.

2. Derechos Humanos

6. Para fundamentar el reencuentro y la paz un elemento clave es el respeto, defensa y promoción de los Derechos Humanos. Estos no son una concesión del Estado ni de gobierno alguno, sino que tienen su origen en el plan de Dios, al crear al ser humano como persona a su imagen y semejanza (Gn. 1, 26) llamada a realizarse plenamente en la comunión con los demás. Tales derechos se vulneran por la violencia generalizada, el irrespeto, impunidad o manipulación de la justicia, la utilización de listas discriminatorias, por el empleo sistemático de la mentira y por la actitud de indiferencia y pasividad ante los problemas comunes. Estas actitudes equivalen a una negación de los mismos derechos.

7. Entre los Derechos Humanos sobresale el derecho a la vida de las personas, desde la concepción hasta la muerte natural, de donde emana el compromiso de conciencia que tenemos todos de defender la vida y de generar condiciones y oportunidades de un desarrollo auténticamente humano para todos. Este es el horizonte que debe orientar cualquier proyecto de país.

3. Violencia e inseguridad

8. La seguridad ciudadana constituye un amplio sistema de relaciones entre realidades, entidades, organismos del Estado y ciudadanía organizada. Es una situación de vida, salud, protección y defensa de las personas, que tiene su fundamento en una concepción integral de la vida misma, en la Constitución Nacional, en una política de compromisos con los Derechos Humanos y en un plan global de seguridad.

9. La inseguridad, por el contrario, es un problema pluridimensional que no se resuelve con medidas parciales ni militarización de la sociedad. No basta tampoco la represión sin la prevención, ni el desarme de la población civil manteniendo la impunidad. Hay que ir a las causas del mal, erradicar la pobreza no con dádivas sino con empleo y educación de calidad. Nos unimos al clamor de tantas familias y personas, víctimas de la delincuencia y de la inseguridad, en la solicitud de la aplicación de la Ley para el Desarme y Control de Municiones. Este instrumento legal, entre otros, contribuirá a bajar el índice de delitos y el clima de violencia.

4.- Situación carcelaria

10. La valoración de los Derechos Humanos contrasta con la terrible situación de las cárceles venezolanas. La primera propuesta desde el Evangelio es el reconocimiento de la dignidad de las personas privadas de libertad que son hijos de Dios y hermanos nuestros, aunque hayan cometido delitos. Es necesario profundizar el proceso de humanización de los recintos carcelarios mediante el respeto a la vida, la educación para el trabajo y la transmisión de valores. Apreciamos grandemente la ardua labor, callada pero eficaz, de los Capellanes y del voluntariado penitenciario católico.

11. Consideramos como un aporte necesario, requerido por razones humanitarias y de justicia, el otorgamiento de medidas de gracia a los presos políticos. Por ello, como hemos hecho en tiempos pasados, renovamos esta petición a quienes tienen el poder de decisión en sus manos.

5. Participación y decisión electoral

12. El año que comienza es de particular significación para el país. En efecto, el pueblo se pronunciará electoralmente en diversas oportunidades y, en particular, el próximo octubre decidirá sobre quién será el Presidente de la República en el período constitucional 2013-2019. Este acontecimiento reviste esta vez una importancia especial, habida cuenta de la magnitud de los problemas que están sobre el tapete nacional y los contrapuestos modelos sociales presentados como vías de solución.

13. A la elección de octubre los venezolanos no debemos llegar como bandos enfrentados en guerra. Por eso, tenemos que excluir la idea de un proceso electoral concebido como una batalla que sólo deja vencedores y vencidos irreconciliables. Al contrario, hemos de potenciar la convicción de que se puede y se debe lograr, a través de unas elecciones libres y el comportamiento cívico, una convivencia democrática multicolor en la cual se puedan tejer acuerdos básicos incluyentes y alcanzar colaboraciones en puntos fundamentales para un progreso compartido y sostenible.

14. La decisión electoral de octubre debe asumirse en esta perspectiva humana y cristiana de reconciliación nacional. Por eso, ratificamos nuestro llamado a ejercer de modo consciente, libre y responsable el derecho y deber constitucional de votar. Junto con todo el pueblo exigimos al Consejo Nacional Electoral actuar con total independencia y garantizar las condiciones para que haya equilibrio en la campaña electoral, sin ventajismos que pongan en duda la credibilidad del evento y hacer respetar los resultados. De la misma manera pedimos la presencia de una Observación Internacional respetable y plural.

Nuestro Compromiso

15. Al comienzo de un año tan especial y exigente para el país y la Iglesia, renovamos nuestra fe en Jesucristo el Señor, conscientes de nuestras limitaciones y debilidades, pero confiados en su amor misericordioso, y formulamos nuestro compromiso de servir con particular entrega, junto con todo el Pueblo de Dios, a la causa de la paz y de la unión en este 2012, que reclama un esfuerzo común para el encuentro de todos los venezolanos.

16. Debemos esforzarnos en construir y vivir la comunión fraterna entre los diversos sectores e instancias de la Iglesia, y al mismo tiempo en el país, mediante el seguimiento permanente de su diario acontecer, en todas sus dimensiones, desde una perspectiva pastoral. Invitamos a todos los católicos a unirse en oración e iniciativas para promover la reconciliación nacional, y dar esta orientación a las jornadas, campañas y actividades que realizamos este año. Extendemos esta invitación a los creyentes de las diversas confesiones religiosas y a los hombres y mujeres de buena voluntad.

17. Ponemos en manos de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, estas intenciones y la nación entera, suplicándole que interceda ante su Hijo Jesucristo por todos los hombres y mujeres de nuestro país.

Caracas, 12 de Enero de 2012

Con un saludo y bendición
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

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