Familia Católica

Francis Fukuyama constata que el cambio social que está originando más vivencias traumáticas ha sido el aumento de divorcios y rupturas familiares. Sin embargo, a pesar de la crisis por la que atraviesa, la familia no parece tener alternativa viable: es la institución educativa más sencilla y universal, la más económica y eficaz, y también, la única capaz de proporcionar una educación completa. De ella se ha dicho que es el primer y mejor Ministerio de Sanidad, el primer y mejor Ministerio de Educación, el primer y mejor Ministerio de Bienestar Social. Si imaginamos un mundo envuelto en los terrores del Apocalipsis, es seguro que encontraríamos, un organismo superviviente: la bacteria, un mamífero con grandes posibilidades de resistir: las ratas, y una institución llamada a construir de nuevo el orden: la familia consanguínea (padre, madre, hijos, abuelos, tíos, primos…). Por eso, los que se apresuran a firmar su acta de defunción, morirán sin ver cumplido su pronóstico.

Divorcio ¿Quiénes son las víctimas?

Con una asombrosa clarividencia G.K. Chesterton, abordó esta problemática hace un siglo, y dedicó sus mejores energías a defender la más hermosa y necesaria de las formas de vida: decía que quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen. Pues, antes que ciudadano, el ser humano es miembro de una familia, de la primera y más importante de las formas de convivencia, de la tradición más antigua de nuestra especie. Si la humanidad no se hubiera organizado en familias, tampoco habría podido organizarse en naciones.
familia unida

Entre los rasgos esenciales de la familia figuran: la comunidad de vida, los lazos de sangre, una unión basada en el amor, y tres fines de máxima importancia: proporcionar a sus miembros los bienes necesarios para vivir, criar y educar a los hijos, ser la célula de la sociedad. Aristóteles afirma que el ser humano es naturalmente más conyugal que civil. En primer lugar, porque la sociedad civil presupone las sociedades domésticas. En segundo lugar, porque la generación y crianza de los hijos, son más necesarias para la vida humana que los bienes proporcionados por la sociedad.

oracion matrimonio

Sin familia, la especie humana no es viable, comenzando por el aspecto biológico. Un niño, una anciana, un hombre enfermo, no se valen por sí mismos y necesitan un hogar donde vivir, amar y ser amados, alimentados, cuidados. El ser humano es familiar, precisamente porque nace, crece y muere, necesitado. Además, todo hombre es siempre hijo, y esa condición es tan radical, como el hecho de ser varón y mujer. Ningún niño nace de un árbol, escribió Homero, y tampoco en soledad, sino en brazos de sus padres: nace para ser hijo.

El Hecho de ser hombre y mujer hace a los padres naturalmente complementarios: son distintos entre sí, pero mutuamente necesitados, desde las profundidades del cuerpo hasta las cimas del alma. Y en su unión familiar, ambos (hombre y mujer), han de aceptar la obligación de un compromiso protector, entre otras cosas, porque los hijos necesitan su tiempo, su dinero, su ejemplo, sus conocimientos y sus energías. Aunque hoy se cuestione, la familia aparece como naturalmente estable y monógama, de acuerdo con los sentimientos naturales de sus miembros más débiles: los niños, quienes a duras penas soportan la separación de sus padres. La humanidad descubrió muy pronto que el amor, la unión sexual, el nacimiento de un hijo, su crianza y educación, sólo son posibles si existe una institución que sancione la unión permanente de un varón y una mujer. La fuerza del impulso sexual es tan grande y la crianza de los hijos tan larga que, si no se logra esa unión con estabilidad y exclusividad, esas funciones se malogran, y la misma sociedad se ve seriamente perjudicada.

mujer y hombre

Sería equivocado ver la familia como célula de la sociedad tan solo en sentido biológico, pues también lo es en el aspecto social, político, cultural y moral. Virtudes sociales tan importantes como la justicia y el respeto a los demás se aprenden principalmente en su seno, y también el ejercicio humano de la autoridad y su acatamiento. La familia es, por tanto, insustituible desde el punto de vista de la pedagogía social. Su propia travesía, por encima del oleaje de los pequeños o los grandes conflictos inevitables, es ya una escuela de esfuerzo y ayuda mutua. En esa escuela se forman los hijos en unos hábitos cuyo campo de aplicación puede fácilmente ampliarse a la convivencia ciudadana. De hecho, la convivencia familiar es una enseñanza incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento abstracto sobre la tolerancia o la paz social.

Como todo lo humano, la familia es una organización de efectos reales, y estaría ciego quien no lo viera, pero es una ilusión pensar que existen sustitutivos mejores. Es la biología la que obliga a la mujer a descansar tras su maternidad. Es la misma naturaleza la que proporciona a los padres, niños muy pequeños, que requieren que se les enseñe, no cualquier cosa, sino todas las cosas. Durante décadas, el divorcio se ha recomendado como panacea para matrimonios mal avenidos. Pero se ha comprobado que el remedio es peor que la enfermedad. Hoy los psiquiatras y los psicólogos serios (como Paul Pearson o Daniel Goleman), desautorizan el lema: “si su matrimonio no funciona, busque una nueva pareja”; dicen que ha llegado la hora de sustituirlo por otro más sabio: “si su matrimonio no funciona, arréglelo”.

Madre y Padre

No podemos negar los casos difíciles, los que calificamos como tragedias. En cambio, podemos afirmar que el divorcio no elimina la tragedia. La diferencia consiste, para Chesterton, en que dentro del matrimonio la tragedia puede estar cargada de sentido, como la de un hombre que cae luchando por su país o que muere dando testimonio de la verdad. De hecho, el matrimonio ha sido comparado con la justicia, la libertad, el patriotismo, la democracia o cualquiera de los ideales que, a menudo, han tenido que ser defendidos con las armas en una guerra. Por eso, si los hombres siempre han sufrido por conquistar lo que entendían como felicidad, es razonable que ahora haya que sufrir por defender el matrimonio entre un hombre y una mujer, pues es un ideal y una institución a favor de la libertad de todos.

La estabilidad del matrimonio es una pretensión de estricto sentido común. Así argumentaba Chesterton: “Usted no puede deshacerse de su socio en el negocio porque no le gusta el tono de su voz. Ni puede despedir a un empleado porque no le gusta la forma de su nariz. Pero el pensamiento divorcista propone que la mujer de un hombre esté menos atada a él que su propio socio o cualquiera de sus empleados. Los divorcistas tratan de hacer del matrimonio algo mucho más fácil de disolver que cualquier contrato.”

Responsabilidad compartida
Un siglo más tarde, William Bennet, desde su amplia experiencia como Secretario de Educación y Comisario Nacional del Plan contra la Droga de Estados Unidos, después de reconocer que “demasiados chicos norteamericanos son víctimas del fracaso parcial de nuestra cultura, de nuestros valores y de nuestras normas morales”, llega a la siguiente conclusión: “Cuando la familia fracasa, tenemos la obligación de intentar suplirla con buenos sustitutos, como orfanatos. Pero nuestras mejores instituciones son, respecto a la familia, lo que un corazón artificial respecto de un corazón auténtico. Puede que no funcionen. Incluso, puede que funcionen mucho tiempo, pero nunca serán tan buenas como aquello a lo que sustituyen”.

Espectadores de una crisis familiar sin precedentes, que afecta sobre todo a las democracias occidentales, nuestros mejores analistas sociales llegan a la misma conclusión que Chesterton: que la familia es la más amable de las creaciones humanas, la más delicada mezcla de necesidad y libertad; que solo ella es capaz de transmitir con eficacia los valores fundamentales que dan sentido a la vida; y que eso la hace especialmente valiosa en un mundo que se va tornando surrealista.

José Ramón Ayllón, Licenciado en Filosofía y Letras, Especialista en Bioética, Profesor Universitario (del libro: “Ciudadano Chesterton, Una Antropología Escandalosa”, Ed. Palabra / Perfil de Chesterton: Chesterton y la Familia, Razones para la estabilidad)

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