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Lamentablemente, Arturo Sosa no ha sido formalmente corregido por el Vaticano

 

Aunque Su Santidad ha advertido en numerosas ocasiones que Satanás no es un mito ni un símbolo, sino un ser real y personal, el superior de la orden a la que pertenece, los jesuitas, el padre Arturo Sosa Abascal, opina de un modo distinto.

El diablo, asegura el padre Sosa en entrevista concedida al italiano Tempi tras su intervención el Meeting de Rímini organizado por el movimiento Comunión y Liberación, “existe como mal personificado en diversas estructuras pero no en las personas, porque no es una persona, es una manera de actuar el mal”.

En contraste, el Santo Padre ha reiterado en numerosas ocasiones -la agencia católica de noticias Aciprensa recordó a principios de verano 17 de estas declaraciones- la existencia del demonio precisamente como ser personal, real, no mítico ni simbólico.

Para Sosa, en cambio, “no es una persona como lo es una persona humana. Es una manera que tiene el mal de estar presente en la vida humana. El bien y el mal están en lucha permanente en la conciencia humana, y tenemos modos de indicarlo”.

Modos, al parecer, que se dan de bofetadas con los defendidos por la doctrina católica desde el principio y recordados insistentemente por el actual pontífice, jesuita como Sosa. El Papa, al insistir sobre el carácter no solo real, sino también personal de Satanás, no hace más que incidir sobre una verdad combatida por sectores modernistas de la teología. Y, al parecer, por el superior de una de las órdenes religiosas más importantes del orbe católico, nacida precisamente para combatir la herejía.

Suponemos que Roma tendrá algo que decir a las palabras de Sosa, cuando éste dice que “el diablo existe como realidad simbólica, no como realidad personal”.

 

Existencia del diablo

Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali (“El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”) (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800). (Catecismo de la Iglesia Católica, 391)

Y:

El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorrealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias. (Catequesis del Beato Pablo VI, Papa, en la audiencia general del miércoles 15 de noviembre de 1972)

 

InfoV. 2019

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