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Actualmente, mucha gente carece de partido propio, entre otras cosas, por el descuido, si no  traición, de los principales partidos a sus fundamentos y principios.

Para el reconocido periodista y también escritor español, Javier Esparza, otra de las causas es, “sin duda”, la completa victoria de la izquierda “en el terreno de las ideas, de la legitimidad social, por la deserción de la derecha en este campo”. “Si alguien desea invertir las cosas -añade-, tendrá que empezar necesariamente por reconquistar el campo de la opinión”.

Pero, además, afirma Esparza que “habría que preguntarse si el modelo político que la derecha social ha venido defendiendo como propio, es verdaderamente el que le corresponde”.

Y expone dos ejemplos. Por un lado, señala, “es muy difícil defender la libertad personal y, al mismo tiempo, acatar un orden económico global que menoscaba las libertades concretas del individuo y consagra el poder de las grandes corporaciones y de los magos del dinero”. Por otro, cree complicado “defender la soberanía nacional  y, a la vez, aceptar, por ejemplo, la subordinación de la economía a intereses transnacionales”.

También valora como difícil “reivindicar un concepto tradicional del bien común y la justicia social y, al mismo tiempo, suscribir un modelo social individualista hasta el egoísmo; vincularse a un concepto cristiano del orden social cuando la propia Iglesia parece inclinada a desertar de sus posiciones; y abanderar la identidad nacional y, al mismo tiempo, reverenciar el mundo sin nombre de la cultura global de masas”.

Todas estas contradicciones, que han estallado con claridad en los últimos años, obliga -relata- a eso que aún se llama “derecha” a revisarse y reinventarse. “Es preciso definir con claridad qué se quiere defender y concebir un modelo social consecuente. Lo importante son las ideas y los principios, no las etiquetas ni los logotipos”, ha reivindicado el periodista.

Esparza se muestra convencido de que “lo que hay que reconstruir es la derecha social, la derecha de principios, es decir, toda esa gente que sigue creyendo en su país y en su unidad, en las libertades personales, en la economía libre y los impuestos bajos, en el sentido cristiano del orden social y de la justicia, en la familia natural, en el derecho a la vida, en la vigencia de la cultura propia frente al desbarajuste de la mundialización; toda esa gente que, desde hace años, carece de partido propio.

Gta., 2018

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