El pensamiento único odia la institución universitaria. Es decir, la institución en la que se discuten TOOOS LOS TEMAS, examinando las razones DE TODO TIPO (siempre que sean verdaderas RAZONES) hasta sus últimas consecuencias.

Sócrates y Platón no descansaban hasta que llegaban a donde los llevara el soplo de la razón. La dialéctica académica y del Liceo, veía todos los asuntos desde todas sus aristas. En asuntos morales, puesto que la moral, como decía san Agustín, es “el orden del amor”, se examinaba a fondo la inclinación del deseo para determinar su conformidad o disconformidad con la razón.

Lo mismo se hizo en la Universidad, cuando surgió del seno de la Iglesia al fin del siglo XII. Los escolásticos discutían todos los temas a fondo y examinaban todas las razones. El artículo 3 de la Suma teológica, I Parte, q. 2, se inicia así: “Si Dios existe. Parece que no”. Y continúa planteando los dos argumentos más fuertes que se han planteado contra la existencia de Dios, que son los mismos que plantean hoy los ateos más prominentes.

Pero ahora ha surgido un movimiento ideológico que espera imponer el PENSAMIENTO ÚNICO, no por la persuasión de los oponentes, sino por la supresión del debate. Esto de exceptuar algunos afectos del examen racional, con el argumento de que dicho examen es “ofensivo” es algo nuevo.

Es un ataque despiadado y camuflado contra la libertad académica. A este género de fenómeno lo llamó Eric Voegelin “la prohibición de preguntar”. Aparece con nitidez asombrosa en Karl Marx y en Friedrich Nietzsche, pero también en Augusto Comte, Hegel, Heidegger, el movimiento nazi y en los neo-marxistas: “el hombre socialista no se planteará esas preguntas” (y quien se las plantee será eliminado).

Veamos dos fragmentos de Eric Voegelin:

“Ha emergido un fenómeno desconocido en la antiguedad que permea nuestras sociedades modernas tan completamente que su ubicuidad apenas nos deja espacio para verlo: la prohibición de preguntar. No es un asunto de resistencia frente al análisis [filosófico]. –Eso existió en la antiguedad también. […] Más bien nos enfrentamos a personas  que saben que sus opiniones no pueden resistir el análisis crítico, y por qué no pueden resistirlo, y, precisamente por eso, convierten en parte de su dogma la prohibición de examinar sus premisas. Esta posición de una consciente, deliberada y concienzudamente elaborada obstrucción de la ratio constituye un fenómeno nuevo”. (SPG, Gateway, Chicago, 1968, pp. 21-22).

“Cuando se le preguntó por qué él [Rudolf Hoess, el comandante del campo de exterminio en Auschwitz] no se rehusó a obedecer la orden de organizar ejecuciones en masa, respondió: ‘en ese tiempo yo no me permitía el lujo de deliberar. Yo había recibido una orden y tenía que llevarla a cabo… no creo que ninguno de los miles de líderes de las SS habrían podido permitirse que un pensamiento así se les ocurriera. Una cosa como esa se había tornado completamente imposible”.

Lo que Marx excluía como “imposible para el hombre socialista” era la pregunta sobre el origen del orden del mundo y el origen del orden moral. El fundamento desde el que podría ponerse en cuestión una orden del poder. Cuando la prohibición de preguntar ha dominado una sociedad, cuando ya no se pueden cuestionar ciertas ideologías mediante el uso de la razón, el plato está servido para el dominio totalitario. Cuando surgen organizaciones de jóvenes que, “por la Revolución”, están dispuestos a cualquier cosa que se les ordene, la república ha de enfrentarse con un enemigo mortal. Si ese enemigo suprime el diálogo y conquista el poder, se impondrá el pensamiento único y podremos despedirnos de la república.

La pregunta es: ¿tiene nuestra sociedad,  la voluntad de enfrentarse a ese enemigo para salvar la república? ¿Estamos dispuestos a defender las universidades frente a un movimiento ideológico que quiere destruir el diálogo racional propio de la institución universitaria?

Sería vital que al menos los universitarios comprendieran lo importante que es preservar la libertad de la discusión universitaria.

Carlos A. Casanova / 2018

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