No tengo empacho en decirlo, no me avergüenzo de gritarlo a viva voz, no me siento acomplejado ni temeroso de anunciarlo…

A pesar de Judas Iscariote, y de los traidores, y de los embaucadores de cada siglo y los de hoy;

A pesar de los que usaron la fe para lucrar, y o como excusa para dominar, o para justificar cualquier tipo de violencia;

A pesar de los que adulteraron y adulteran la Palabra de Dios, y de los que mancharon o manchan el sacerdocio, el episcopado y el papado con los crímenes más horrendos;

A pesar de los que mezclaron de modo indebido la política y la fe, a pesar de los que trastocaron los ideales de Cristo por ideales puramente inmanentes;

A pesar de todos los pecados de sus miembros pasados y actuales, entre los que se incluyen los míos…

A pesar de todo eso, y de mucho más, a pesar de todo:

¡CREO EN LA IGLESIA UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA!

Creo y amo a la Iglesia en su fragilidad, y la admiro en la santidad de sus héroes de ayer y de hoy. Y la celebro en la magnitud de su apostolado, en la vasta extensión de su servicio a Dios y al hombre, en su presencia vivificante en la historia.

Amo a la Iglesia en el esplendor de su Doctrina, en la claridad de sus dogmas, en la inmensa riqueza de sus ritos y tradiciones litúrgicas, en el equilibrio perfecto de su enseñanza moral, en el tesoro inexhaurible de experiencia contemplativa secular.

Y la celebro como motor del progreso de la ciencia y del arte, como difusora de la belleza más noble y auténtica que existe bajo el Cielo, y como promotora de la fraternidad y la paz entre los hombres, y del perdón y la reconciliación entre los pueblos.

Amo a la Iglesia católica, la única en la cual todavía hoy las palabras de la Última Cena siguen siendo eficaces para darnos el “Pan vivo bajado del Cielo”. Amo la Iglesia que nace y vive de cada Eucaristía, cuyo Corazón palpitante es Jesús Sacramentado en el Sagrario.

Amo a la Iglesia que -desde Pedro hasta hoy- sigue siendo guiada por aquél a quien Jesús dice: “yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca… apacienta mis ovejas… las puertas del infierno no prevalecerán contra ella… “

Amo a la Iglesia que me ha mostrado el misterio de la Maternidad de María, que al engendrar a Jesús engendra también a todos sus miembros. Madre amante, Madre amable, Madre y Reina, modelo de discípula, Madre de la Iglesia.

¡Gracias, Jesús, por la Iglesia Católica!!!

Gracias, Iglesia Católica, por darme siempre de un modo nuevo y más generoso a Jesús!

por Leandro Bonnin / InfoC. 2018

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