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El Señor Jesucristo, sobre la salvación:

El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Jn 3,18

Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado“.
Mc 16,15-16

El apóstol Pedro, sobre Jesucristo:

“…no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos”.
Hch 4,12

El Señor Jesucristo, sobre los que creen en Él pero viven como si no creyeran:

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».
Luc 6,46-49

Lo que nos dice la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra:

Dijo su madre a los sirvientes: -Haced lo que Él os diga.
Jn 2,5

El apóstol San Juan, sobre los que dicen que conocen y aman a Dios pero no guardan sus Mandamientos:

En esto sabemos que le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y en ése no está la verdad.
1 Jn 2,3-4

En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados.
1 Jn 5,2-3

El Señor Jesucristo sobre lo que podemos hacer solo por nosotros mismos para cumplir su voluntad:

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.
Jn 15,5

El Señor Jesucristo sobre lo que significa permanecer en su amor:

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Jn 15,10

El apóstol San Pablo sobre quién actúa en nosotros para nuestra salvación:

…porque Dios es quien obra en vosotros el querer y el actuar conforme a su beneplácito.
Fil 2,13

El apóstol San Pablo sobre lo que podemos en Cristo:

Todo lo puedo en Aquel que me conforta.
Fil 4,13

El apóstol San Pablo sobre quién nos ayuda a no pecar:

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla.
1 Cor 10,13

Y el apóstol San Juan sobre quién nos rescata en caso de que pequemos:

Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.
1 Jn 1,9-10; 2,1

Es decir. Para ser salvos hemos de creer en Cristo y obrar en consecuencia. Ese creer y ese obrar tiene como causa primera la acción de Dios en el que que ha de ser salvo, de manera que le da la capacidad de cumplir su voluntad y de vencer la tentación. Y en caso de que no la cumpla y peque, puede y debe arrepentirse para ser perdonado.

Todo aquel que enseñe otra cosa, otro evangelio, debe ser rechazado, como bien indica el apóstol San Pablo:

Pues bien, aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os predicara un evangelio distinto del que os hemos predicado, ¡sea anatema!
Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea anatema!
Gal 1,8-9

Todo esto que habéis leído es igualmente confirmado por la Tradición y el verdadero Magisterio de la Iglesia.

Quienquiera que, teniendo el ministerio magisterial, no lo enseñe así al pueblo de Dios, es reo de condenación:

Perece mi pueblo por falta de conocimiento. Puesto que tú rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio. Puesto que olvidaste la Ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos.
Hos 4,6

A ti, hijo de hombre, te he puesto como centinela sobre la casa de Israel. escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. Si digo al impío. «Impío, vas a morir», y no hablas para advertir al impío de su camino, este impío morirá por su culpa, pero reclamaré su sangre de tu mano.
Pero si tu adviertes al impío para que se aparte de su camino y no se aparta, él morirá por su culpa pero tú habrás salvado tu vida.
Ez 33,8-9

Sálvanos, Señor, que perecemos.

Luis Fernando Pérez / InfoC. 2018

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