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Los jóvenes viven en el individualismo, el consumismo y enganchados a las pantallas… y eso tiene efectos

Giancarlo Cesana, médico y psicólogo italiano, tenía 20 años en Mayo del 68, y quedó “fascinado por las teorías revolucionarias”. “Durante mis primeros años en la universidad, bajo el impulso del 68, inicié un grupo que se consideraba cristiano, sí, pero social, o socialista, que es lo mismo”, en cualquier caso hostil a la Juventud Estudiantil católica que le parecía burguesa.

Pero en 1971 conoció al sacerdote y gran pedagogo Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, a través de una casete. “¿Cuál fue la primera predicación de Jesús?”, preguntaba Giussani. “¡Venid y veréis! Es lo que decía a Andrés y Juan, que le siguieron a su casa y se quedaron impresionados”. Cesana se inmunizó contra las ideologías y sus teorías y desde entonces quiso “hacer la prueba”, experimentar las cosas, “venir y ver”.

Aunque ha dedicado 40 años a estudiar como médico y psicólogo el estrés, especialmente en entornos laborales, también ha sido un apasionado de la pedagogía y da clases en la Universidad de Milano-Bicocca. Publica ahora en español “Y yo, ¿qué soy? Entre psicología y educación” (Ediciones Encuentro), un libro de 115 páginas, de estilo directo, que plantea, en tono autobiográfico, los límites de la psicología y de la educación, “que más que ciencias son artes, en el sentido de que implican al artista, que el médico o maestro ha de entrar en su obra”.

¿Hay que educar como nuestros padres? En muchas cosas, sí…

Han pasado muchas cosas desde el 68, incluso desde los 80. Internet está en el bolsillo, hay opciones de ocio casi infinito y los padres dudan sobre cómo educar a sus hijos. ¿Cuántas de las cosas que aprendimos de nuestros padres, sobre horarios, reglas, prohibiciones, tienen sentido hoy?

Cesana lo tiene claro y lo explica a ReL. “Las reglas familiares que valían para educar a los que hoy tienen 40 o 50 años siguen siendo válidas. Aunque entonces no hubiera celulares o Internet. Pero hay que tener en cuenta que lo que funciona bien en la educación no es tanto poner reglas, como tener clara la razón tras las reglas. Por ejemplo, yo nunca prohibí a mis tres hijos ver televisión, pero siempre procuré que pasaran más tiempo fuera, con otros chicos. Ellos prefirieron los amigos a la tele…, aunque claro, también les iba explicando los defectos de lo que se ve en la TV. También hoy, un chico educado en la amistad, preferirá los amigos a Internet”.

Una de las mejores cosas que pueden hacer los padres hoy es encontrar buenas amistades para sus hijos, que prefieran la amistad real a las pantallas y al consumismo.

Cesana insistirá siempre en la importancia de la amistad y la comunidad, la única respuesta al individualismo y también a la masa deshumanizante.

El cristianismo es la religión de la amistad

“Los hombres no estamos hechos para vivir solos, sino para vivir en amistad, para querer y ser queridos. Lo que sostiene la vida es la libertad y lo que potencia la libertad es la amistad. El cristianismo es una religión de la amistad. Es Dios quien hace compañía al hombre en el cristianismo. La ley del cristianismo es la amistad. Pero ¿qué es la amistad? Es querer bien al otro de acuerdo a aquello a lo que está destinado, a lo bueno para él, no lo que me conviene a mí. Esto hay que enseñarlo porque eso en el móvil no está. El problema es que los chicos de hoy viven muy solos, incluso cuando se juntan”.

Cuando son adolescentes, el papel de la comunidad

Cuando un padre de familia pregunta a Cesana cómo educar a sus hijos, que al entrar en la adolescencia marcan distancias y dejan de escuchar a los padres, él vuelve a insistir en la importancia de una comunidad cristiana en la que el adolescente, el joven, adquiera esos buenos ejemplos, gente con la que crecer, más allá de su propio hogar.

El padre Giussani en 1965, con chicos y chicas de Comunión y Liberación, era más experiencial y comunitario que otras realidades cristianas de la época…, y reunía muchos jóvenes de ambos sexos.

“En mi caso fue el movimiento Comunión y Liberación, un factor clave en mi vida, el que siendo yo joven hizo que la fe fuera un factor importante y con sentido, de mi vida. Cuando nuestros hijos empezaron a crecer, veían a todos nuestros buenos amigos, que venían a casa, que siempre estaban alrededor, de todas las edades, y fueron una referencia para ellos”, explica.

Hoy un cristiano no puede (ni tampoco otra persona con convicciones contracorriente) plantarse solo frente a los poderes de convicción del “sistema”, mucho más fuertes y distractores que hace 4 décadas. El mundo, la ideología, el conformismo, se lo comerá. El cristiano necesita crecer en la fe y crear una cultura alternativa, transformadora… y para eso necesitará comunidad.

Jóvenes sin raíces ni cultura: más manipulables

Aunque no cita al Papa Francisco, quien a menudo lamenta que los jóvenes hoy no tienen raíces, también Cesana denuncia que son educados sin conocer su tradición, su historia, su cultura, ni siquiera los que estudian Magisterio o Pedagogía. No entienden que, durante siglos, la reflexión sobre el bien y el mal, sobre el ser hombre, ha pasado de generación en generación. “Giussani decía que cultura, es la adopción, aunque sea crítica, de una visión sistemática del mundo y la historia”, explica. Pero hoy los jóvenes no adoptan una visión, y mucho menos intentan sistematizarla o someterla a crítica constructiva.

“Mis alumnos de Primaria son todos clonados, todos piensan lo mismo, y tampoco piensan mucho”, lamenta una profesora.

¿Diferencia entre psicología y educación? ¡La libertad!

Giancarlo Cesana explica que en sus estudios sobre el estrés entre los trabajadores públicos de Milán descubrió que los más estresados eran los que trabajan con el público y los docentes.

“Una profesora de Magisterio me invitó a conocer a sus alumnas, chicas que querían ser enseñantes. Les pregunté: “¿qué diferencia la psicología y la educación, cuál es su núcleo? Nunca se me responde a esta pregunta. La psicología estudia la mente, y se plantea cómo arreglarla si se estropea. Pero ¿y la educación? Mi respuesta, por mi experiencia, está en el libro: el núcleo de la educación es la libertad, la educación se dirige a la libertad. Mientras que la psicología es limitada, estudia mecanismos, la educación o pedagogía es amplísima: se dirige a la libertad, implica amigos, vecinos, hijos, alumnos. Es toda la vida la que interpela a la libertad”.

Y para que haya libertad, no basta con poder “elegir”, sino con conocer y buscar la verdad. “Yo en eso sigo a Santo Tomás: la libertad es la adecuación del deseo a la verdad”.

¿Y qué es la verdad?: no algo etéreo, es Cristo

¿Y qué es la verdad?, plantea Pilatos a Jesús. Cesana no lo planteó en una charla que dio en una importante universidad, pero sí lo hace en su libro. “Muchos de nuestros contemporáneos, especialmente los que se consideran independientes y cultos, tienen una idea abstracta, intelectual o libresca de la verdad; una idea, de hecho, conformista y cambiante. En este contexto, la tradición de la Iglesia, que se quiera o no, constituye gran parte de la historia de nuestro pueblo, hace dos afirmaciones tan rotundas como ignoradas, en el sentido de que ni siquiera se conocen: la verdad no es una idea, sino una persona;  no es una persona que analiza, sino que es caridad, es decir, es una persona que ama. La verdad, el sentido de las cosas, coincide con la persona de Cristo“.

La verdad no puede ser algo “muerto, del pasado”, un resto arqueológico: sino que vive, y se transmite vivo, que es lo que hace la Tradición cristiana y en general la occidental. Es la Iglesia quien la mantiene viva.

“Se puede no estar de acuerdo con lo que la Iglesia anuncia, pero no se puede no apreciar su método educativo. La alternativa es seguir métodos ideológicos”, escribe Cesana en su libro.

La duda está bien, pero no como inicio

Cesana insiste en la necesidad de liberarse de tantas cosas que esclavizan e impiden la libertad, que mutilan, como decía Giussani, los deseos grandes…, y los sustituyen por pequeños entretenimientos. Los jóvenes de hoy están atascados en la duda patológica, en el miedo que paraliza. “La duda está bien al final del proceso, no al principio. Primero descubres América, luego dudas si es Asia o es un mundo nuevo, y sigues explorando, pero si empiezas con la duda no te embarcas nunca. También Popper propone su duda, su falsabilidad, en la última fase de su metodología científica, no al principio”.

El mindfulness no sirve contra el estrés

Frente a la parálisis y el estrés, Giancarlo Cesana propone el arte médico y la amistad, el salir de uno mismo y rodearse de una comunidad, algo más grande. En cambio, las modas como el llamado “mindfulness” (técnicas de “plena atención”) que se extiende en muchas empresas y escuelas, no le merece ninguna confianza, y habla como médico.

“No soy experto de mindfulness pero no me parece un modo decisivo de vencer el estrés”, explica . “El mindfulness pide tomar conciencia del yo, potenciar esa conciencia, a través de posturas, ejercicios, cosas que sacan de la new age, de religiones orientales y a veces también cristianas. Yo estudio profesional y médicamente el estrés desde hace 40 años y no he visto ningún dato que diga el mindfulness sirva contra el estrés. Aunque tenga mucha propaganda. Como el yoga o la actividad física puede tener cierta utilidad en algún caso”.

Amar es juzgar con inteligencia y afecto

¿Entonces no hay que tomar conciencia de una serie de cosas? Sí de algunas, señala Cesana. Por ejemplo: “lo más grande que he entendido en la vida es que el amor es un juicio de la inteligencia cargado de afecto, lleno de interés por el otro. Ejerciendo como psicoterapeuta he comprendido que los síntomas son, en sí mismos, producto de la división entre afecto y juicio”. El pensar y el amar deben ir juntos en el vivir.

Pablo J. Ginés/ReL. 2018

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