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Recientemente ha finalizado en la Biblioteca Nacional de España la exhibición de la exposición “Manos con voz propia. Quinientos años de lengua de signos”, en la Biblioteca Nacional se conserva el primer manuscrito sobre el tema, “Tratado legal sobre los mudos”, de 1550, que, escrito por el Licenciado Lasso, pretendió defender los derechos sucesorios del segundo hijo del Marqués de Berlanga, de modo que pudiese heredar un mayorazgo a pesar de ser sordo.

La exposición ha contado con un número de elementos que no han puesto suficientemente de manifiesto la verdad histórica, es decir, científica, en virtud de la cual podría haberse ofrecido al visitante la posibilidad de descubrir la importancia que la Iglesia Católica ha tenido en relación a este lenguaje de los signos.

La Iglesia y el lenguaje de los mudos

Lo primero interesante de decir a este respecto tiene que ver con el libro “Tratado legal sobre los mudos, por el Licenciado Lasso”. Se publicó a principios del siglo XX una edición crítica por con un estudio preliminar y notas de Alvaro López Núñez,  que se encuentra en acceso gratuito en internet. Álvaro López Núñez (1865-1936) fue académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y acérrimo defensor de la asistencia social. Su postura política fue la democracia cristiana. Murió asesinado junto a su hija Esther al comienzo de la Guerra Civil Española.

Un monje crea una lengua de signos

El estudio crítico del libro de Lasso enfatiza algo de lo que Lasso no deja lugar a dudas; la identidad del creador mundial del lenguaje de signos, fue Pedro Ponce de León, monje benedictino.

Enterado Lasso –cuya identidad definitiva sigue siendo en parte un enigma, habiendo quien indica que se trataba también de un monje- de que fray Pedro había enseñado a hablar a un grupo de mudos mediante signos, acudió a donde ejercía tal actividad conviviendo con ellos, al Monasterio de San Salvador de Oña, es decir, un establecimiento eclesiástico que albergó la primera escuela de sordomudos del mundo.

El propio Licenciado Lasso llena su libro de alusiones a fray Pedro, de citas de san Agustín, los evangelios… es decir: el propio Lasso es un ferviente católico que, además nos presenta la obra de fray Pedro como eminentemente evangelizadora y demostradora de que los sordomudos son personas que pueden participar de la Eucaristía o recibir una herencia si llegara el caso.

Las primeras escuelas

Más o menos contemporáneo a fray Pedro vivió el gigante de la pedagogía, san José de Calasanz.

Fue la Iglesia Católica la principal fundadora de escuelas y las desarrolló, desde monásticas a episcopales, catedralicias, estudios generales y universidades,

Alfonso V. Carrascosa (edit.)/ científico del CSIC /  ReL

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