schneider-1-1920x540.jpg

Athanasius Schneider tiene una mentalidad sumamente práctica, además de ser un gran teólogo, políglota y uno de los más valerosos prelados de la Iglesia Católica.  Esta vez nos presenta una lista de tareas para los tiempos en que vivimos, establece una fascinante comparación entre la época del apogeo de la herejía arriana y la crisis actual de la Iglesia: «Durante la gran crisis del arrianismo en el siglo IV, los defensores de la divinidad del Hijo de Dios fueron también tildados de intransigentes y tradicionalistas –explica–. San Atanasio llegó incluso a ser excomulgado por el papa Liberio, y el pontífice lo justificó alegando que Atanasio no estaba en comunión con los obispos de Oriente, que en su mayoría eran herejes o semiherejes.»

Sin más preámbulos, pasemos a la lista:

1.    Debemos animar a los católicos de a pie a ser fieles al Catecismo, fieles a las claras palabras de Cristo en los Evangelios.

2.    Debemos crear círculos de estudios y organizar conferencias sobre la enseñanza perenne de la Iglesia sobre los temas del matrimonio y la castidad, invitando de manera especial a los jóvenes y a los matrimonios.

3.    Debemos hacer patente la belleza misma de la vida de castidad, la belleza misma del matrimonio cristiano y el gran valor de la Cruz y el sacrificio en nuestra vida.

4.    Debemos proponer el ejemplo de los Santos y de la vida ejemplar de quienes demostraron que, a pesar de estar sujetos a las mismas tentaciones de la carne, la misma hostilidad y el mismo ridículo por parte del mundo pagano, mediante la gracia de Cristo llevaron una vida feliz de castidad.

5.    Debemos fundar y promover grupos de jóvenes de corazón puro, grupos familiares y grupos de matrimonios católicos comprometidos con la fidelidad de sus votos conyugales.

6.    Debemos formar grupos que presten asistencia moral y material a familias destrozadas, a madres solteras, grupos que ayuden con oración y brindando buenos consejos a los matrimonios separados, grupos y personas que ayuden a los «divorciados vueltos a casar» a emprender un proceso de conversión en serio. Es decir, que reconozcan humildemente su situación de pecado y abandonen por la gracia de Dios los pecados que infringen el mandamiento de Dios y la santidad del sacramento del matrimonio.

7.    Debemos formar grupos que ayuden a las personas con tendencias homosexuales a emprender el camino de la conversión cristiana, la vía alegre y hermosa de la vida de castidad, y a la larga, ofrecerles con discreción tratamiento psicológico por un profesional que esté claro sobre el tema, porque actualmente, la mayoría está ideologizada al respecto.

8.    Debemos manifestar y predicar a nuestros contemporáneos del mundo neopagano la liberadora Buena Nueva de la enseñanza de Cristo: que el mandamiento divino, el mismísimo sexto mandamiento, está lleno de sabiduría y belleza: «La ley de Yahvé es perfecta, restaura el alma; el testimonio de Yahvé es fiel, hace sabio al hombre sencillo. Los preceptos de Yahvé son rectos, alegran el corazón. La enseñanza de Yahvé es clara, ilumina los ojos» (Sal. 19(18), 7-8).

9.    Los cardenales, obispos, sacerdotes y familias y jóvenes católicos tienen que decir: Me niego a ajustarme al espíritu neopagano de este mundo, aunque dicho espíritu lo difundan algunos desde la misma Iglesia; me niego a aceptar su falaz utilización de la santa misericordia de Dios y el nuevo Pentecostés; me niego a ofrecer incienso a la estatua del ídolo de laideología de género, entre otros ídolos similares que hoy se imponen. Por la gracia de Dios, prefiero padecer, antes que traicionar la plenitud de la verdad de Cristo en lo que se refiere a la sexualidad humana y el matrimonio.

Athanasius Schneider / Polonia Christiana / AlF, 2018

Anuncios