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Se ha convertido en una de las técnicas de meditación de moda, ¿es compatible o un peligro para los católicos?

El “mindfulness” o “atención plena” es la última gran moda de la “meditación oriental” y de la New Age que hace furor en Occidente. Esta técnica de origen budista, aunque se intente esconder su connotación religiosa, lleva años despertando un gran interés. Altos ejecutivos, estrellas de Hollywood, profesores, psicólogos y hasta médicos lo recomiendan o utilizan habitualmente dándoles gran visibilidad.

Cientos de manuales y libros sobre el tema se han publicado durante estos últimos años a la vez que se han multiplicado los congresos, retiros y charlas sobre el mindfulness, ya sea como complemento a la oración o como forma de sobrellevar la ansiedad o el estrés.. Incluso en el seno de la Iglesia se ha extendido y estas técnicas se pueden encontrar en casas de retiros y como asignatura en colegios católicos.

Un libro para poner en guardia a los católicos

Pero, ¿qué es en realidad la “atención plena”? ¿Es compatible con el catolicismo o sin embargo puede ser dañino para los católicos? Para responder a estas preguntas y arrojar luz ante la confusión que se pueda generar entre los fieles, Susan Brinkmann ha publicado un libro al respecto,  “A Catholic Guide to Mindfulness”, en el que advierte de los peligros de esta última moda de meditación oriental mientras ofrece a los católicos la oración y la adoración como una alternativa profunda y enraizada en la tradición de la Iglesia.

La autora, que durante mucho tiempo fue feminista y seguidora de la Nueva Era, es ahora miembro de la orden terciaria carmelita, escritora y apologeta. Tras haber buscado la verdad en muchos sitios equivocados, ahora pretende ayudar a muchos que como ella antes buscaban la felicidad pero sin saber dónde.

En sendas entrevistas en Catholic World Report y National Catholic Register, Susan explica en qué consiste, las razones del éxito rotundo que está teniendo, los riesgos que entraña para los católicos pero también para el resto de asiduos a ella y además ofrece a los miembros de la Iglesia una alternativa cristiana a esta técnica oriental.

Una confusión que puede acabar en “desastre espiritual”

Brinkmann afirma que decidió escribir este libro por su preocupación por la cantidad de católicos que intentan “integrar prácticas de meditación de atención plena  en sus vidas espirituales o de oración”. En su opinión,  muchos llegan a esta situación “al creer que no es una ‘práctica budista’ sino una forma de enfocarse en el ‘aquí y ahora’”.

Sin embargo, cuando se hace la “meditación espacial”, el “escaneo del cuerpo” u otras técnicas de mindfulness, “nos estamos aventurando en el ámbito de las prácticas budistas”.  A tenor de su experiencia, “muchos católicos pueden comenzar tratando de mantener estas prácticas separadas pero existe una confusión con respecto a la meditación oriental y cómo difiere de la meditación occidental (uno es un ejercicio mental, el otro es un diálogo con Dios), y es por eso que muchos están combinando inadvertidamente los dos, y esto a menudo puede resultar un desastre espiritual, incluso hasta el punto de requerir exorcismos en algunos casos”.

Una técnica que proviene del budismo

El mindfulness es en definitiva un movimiento psicoespiritual dirigido principalmente por psicólogos, aunque el abanico es ahora mucho más amplio, “que han adaptado una antigua práctica budista de meditación como un medio para ayudar a las personas que sufren una variedad de problemas de salud mental” como el estrés o la ansiedad, aunque ya se utiliza para conseguir paz y relajación.

Pero concretamente, esta técnica de origen budista representa el séptimo paso en el Noble Camino Óctuple, que los budistas consideran como parte del proceso para alcanzar el Nirvana. Fue introducido en la medicina y terapias occidentales por el biomédico Jon Kabat-Zinn.

Tres explicaciones de su auge

Según la autora, son varios los motivos que explican el éxito de esta técnica. En un mundo secularizado que ha abandonado y relegado los valores judeo-cristianos, “muchas personas están abandonando la religión convencional y están alimentando el hambre espiritual con otras prácticas, que van desde una variedad de filosofías no cristianas y de la Nueva Era hasta el ocultismo”.

En segundo lugar, Brinkmann señala la “necesidad de escapar de las presiones de la vida moderna como otra razón por la cual las personas se sienten atraídas por las prácticas de meditación orientales. Inducen estados alterados de conciencia a través del uso de técnicas diseñadas para vacías o administrar la mente. Esto les da a las personas un falso respiro de sus preocupaciones. Y en una época en la que estamos sufriendo niveles récord de depresión y ansiedad, ¿quién no querría escapar de sus problemas por lo menos durante un tiempo? ¡Por supuesto, que esto es atractivo!”.

Pero además, apunta un aspecto más sobre el auge del mindfulness. Se puede ganar mucho dinero a través de las “modas psicoespirituales” como esta. “Hemos visto el mismo patrón en el pasado con el reiki. Una vez que estas modas se vuelven de interés común, muchos buscan explotarlas para obtener ganancias”.

Ejemplos de cómo puede dividir una familia católica

En el libro cuenta ejemplos de esta confusión que puede generar en matrimonios católicos. En un caso concreto y real, el esposo practicaba dos veces al día una de estas técnicas de mindfulness para poder sobrellevar el estrés laboral. Hasta ese momento, la familia rezaba todas las noches junta el Rosario pero decidió que no seguiría rezándolo y que seguiría con su meditación porque le parecía más relajante.

“Aunque ninguno de nosotros debería rezar sólo por relajación, sino para conversar con Dios, esto muestra lo fácilmente que la gente, en diferentes etapas de su vida espiritual, puede confundirse, sin siquiera darse cuenta, y así ser alejada de Dios en lugar de acercarse a Él”, afirma la autora de este libro.

“Direcciones opuestas”

Y es que insiste en que aunque disfrazado, esta nueva moda proviene del  budismo y no es compatible con el catolicismo porque sus fines son diferentes. “Cuando uno entiende bien las intenciones de la oración cristiana y la atención plena está claro que, en su raíz, apuntan en direcciones opuestas”, afirma en el prólogo Anthony E. Clark, profesor de Historia Oriental.

Por ello, cree que la razón por la cual tantos católicos utilizan técnicas de meditación oriental en su vida es “porque sinceramente no entienden de qué se trata la oración cristiana”.

“Los cristianos creen que el sufrimiento nos acerca a Dios y nos une con nuestro Señor sufriente. Los budistas creen que el sufrimiento es algo de lo que se puede escapar”, asegura.

Los católicos “no” deberían involucrarse en estas técnicas

Pero además, insiste en que el mayor problema es que técnicas como el mindfulness “son diametralmente opuestas a la concepción cristiana de la oración, que es ‘elevar el corazón y la mente a Dios’. La meditación budista se centra en el yo, mientras que la meditación cristiana se centra en Dios”.

Por todo ello, la autora considera que “los católicos no deberían involucrarse en esto, incluso cuando lo recomiende un médico, porque demasiados estudios han demostrado que es dañino”.

Los efectos secundarios de los que no se habla

Durante mucho estas técnicas han tenido buena prensa y estudios favorables. Pero en 2014, investigadores de la Universidad Johns Hopkins revisaron cerca de 19.000 estudios sobre mindfulness con los que se popularizó y avaló esta práctica. Del total, sólo 47 cumplían los criterios básicos de metodología un estudio científico serio.

De este pequeño número que pasó el corte, sólo encontraron un pequeño efecto de este técnica en la reducción de los síntomas emocionales y ninguna evidencia de que fueran mejores que otros tratamientos.

Sin embargo, no se ha hablado de los efectos secundarios que pueden producir tanto psicológicos como físicos y de los que también alerta  la publicación Redacción Médica (España), como desde hipersensibilidad a la luz y al sonido a insomnio, movimientos involuntarios del cuerpo. También hubo reacciones de pánico, miedo y ansiedad. Estas reacciones inesperadas se podían mantener durante días, semanas y hasta décadas.

Javier Lozano / ReL. 2018

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