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*En tiempos de prueba, fácilmente decae la fe. No creamos que depende principalmente de nosotros mantenerla en alto. Hay que pedirla y no dejar de orar.

*En tiempos de prueba, fácilmente decae la esperanza. No creamos que depende principalmente de nosotros fortalecerla y reactivarla. Hay que pedirla y no dejar de orar.

*En tiempos de prueba, fácilmente se enfría la caridad. No creamos que depende principalmente de nosotros conservarla y aumentarla. Hay que pedirla y no dejar de orar.

Hay que tener vida sacramental, que nutre la oración, y la sustenta. Hay que pedir la fe, y la esperanza y la caridad. Porque la causa segunda, ¿qué puede obtener por sí sola?

La importancia de mantener, en estos tiempos difíciles, el alma tensionada hacia la perfección cristiana, es vital. Creer en la eficacia y primacía de la gracia es más urgente que nunca.

Si confiamos en nuestras solas fuerzas estaremos perdidos. Una vida sacramentalmente intensa, en que la Santa Eucaristía, la confesión frecuente, la oración litúrgica, y la confiada inmersión en el tesoro de la Iglesia y sus sacramentales, es vital.

Nosotros proponemos una renovación de la vida interior, dada la crisis de fe actual. Que nunca decaiga ni nuestro amor al ministerio petrino, ni a la autoridad docente de la Iglesia. Escritura y Tradición y tradiciones, en la obediencia al Magisterio de la Iglesia (su intérprete auténtico), son los pulmones con que respirar.

Y no olvidemos ser más marianos más que nunca.

por Alonso Gracián / InfoC. 2017

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