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 A mis 76 años como comprenderá he visto mucho en mi vida, y hay algo que me he fijado ya hace muchos años y que nadie dice. Se habla de la destrucción del matrimonio católico, y es cierto, pero nadie habla del origen, que no es otro que la destrucción del noviazgo cristiano, a lo cual colaboran la mayoría de padres llamados católicos. Eso lo he vivido en mis carnes y lo veo a diario.

¿Cómo se pretende que se forme una familia cristiana sin un noviazgo católico? Si dejamos a nuestros hijos en ambientes poco católicos, con amigos no cristianos, en colegios públicos, o incluso en colegios religiosos progres, si se crían con la televisión, con el móvil, con el internet, con el ejemplo terrible de familiares que viven de mala forma cristiana (gente que no están casados conviviendo, divorciados acostándose con este y aquella), donde todo lo que reciben por todos lados es sexo, placer, hedonismo y no tienen formación moral DE VERDAD, porque no se la da ni la iglesia ni los padres. ¿Cómo podemos pensar que siquiera tendrán una novia o novio católico? ¿cómo se formará de allí una familia cristiana? ¡¡Sería un enorme milagro!! y Milagro con mayúscula, porque los padres de verdad no habrían puesto ni un solo grano de arena para que esto ocurra.

Lo más doloroso de esto, es que los propios padres católicos, cuando su hijo se echa una novia, se quedan contentos sabiendo que es “buena persona”!!?? -sin Dios o, peor, contra Dios-, que es “mona” y que no es una bruta hablando. A un padre católico, como a cualquiera, le deben interesar estos aspectos claro, pero no puede olvidar el principal ¿esa mujer es católica practicante? ¿qué formación moral tiene? ¿viste con modestia o lleva modas provocativas y sensuales como si ella fuera un objeto sexual? ¿sería una madre cristiana que educará a los niños cristianamente? Esa son las verdaderas preguntas que deben hacerse los padres, y que deben hacer reflexionar a sus hijos. Pero ¿quién hace eso hoy?

Así llegamos a una situación dramática, los niños llegan a la pubertad sin formación moral, envenenados por el ambiente, los noviazgos –salvo rarísimas excepciones- son un lodazal de pecado, pero pecado que ya ni se esconde: novios acostándose en casa de sus propios padres, que duermen juntos sin pudor y haciendo todo tipo de cochinadas. De este fango todo lo que sale lógicamente es putrefacción, así luego vemos las oleadas de divorcios, separaciones y el caos familiar que existe hoy. No se puede construir ni edificar sobre los cimientos del pecado.

Destruido el noviazgo católico, no puede más que destruirse la familia católica, como de hecho se ha destruido por completo, quedando lo que queda reducido a pequeñas lamparitas encendidas por aquí y por allá en la noche.

Sí, la iglesia ha tenido mucha culpa en esto, pero los padres también, porque conozco a muchos que han cambiado sus creencias morales para justificar los pecados de sus hijos. Esta es la pura verdad, que nadie dice, la familia católica se ha destruido, porque se ha arruinado el noviazgo católico y esto, en última instancia, es el fin de la sociedad cristiana.

¡Que Dios y su Santísima Madre nos ayuden!

Cristina Degea  / AlF, 2017

 

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