cropped-la-fe-de-mi-pueblo1.jpg

Amo mi fe católica tanto, tanto, tanto…

Amo cada detalle, cada entresijo, cada pequeño fragmento y el sabor y el olor de sus dogmas.

Amo la armonía perfecta con que cada una de sus verdades encaja, como piezas de un rompecabezas, conformando un todo tan abismalmente vertiginoso, como serenante y pacificador.

Amo la fe católica, la verdad católica, la doctrina católica, la Liturgia católica, la Moral católica, la oración católica, cada día más, cada día por más motivos y con más argumentos.

Amo esta Verdad que en el fondo es una Persona, que es Cristo y su “mente”, que es el Espíritu que todo lo ilumina.

Amo mi fe católica porque lejos de anular mi pensamiento o mi inteligencia lo amplifica, le da horizontes infinitos, lo hace más profundo, más sagaz, más equilibrado.

Amo mi fe católica porque es capaz de ofrecer una respuesta tan sólida e inmutable como amable y cálida. Porque es Camino, Verdad y Vida.

Amo esta fe y por eso mismo no cuenten conmigo para ningún intento de destruirla, de rebajarla, de desmerecerla… no me anoten para ningún proyecto ni evento donde se la desmerezca, donde se la oculte, donde se tenga miedo de llegar por ella y desde ella hasta las últimas consecuencias.

Amo esta fe católica porque no existe nada tan concreto, tan vivificador y tan dinamizante como esa doctrina, cuando le permito entrar en juego con mi libertad y fecundarlo todo.

Amo mi fe católica por el perfectísimo equilibrio asimétrico entre Dios y el hombre, entre el varón y la mujer, entre la unidad y la diversidad, entre la libertad y la providencia, entre la justicia y la misericordia, entre la fe y las obras, entre Cristo y María…

Amo mi fe, y quiero vivir sólo para que otros más la descubran, la amen y la abracen, hasta el fin.

por Leandro Bonnin / InfoC., 2017

Anuncios