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Diez reformas católicas en la Iglesia en el siglo anterior a Lutero: la protestante fue innecesaria

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Este año de 2017 se conmemoran 500 años del inicio de la llamada “Reforma Protestante”, que significó la ruptura de la Cristiandad en Occidente, con la aparición de países protestantes y la división de los cristianos en numerosas comunidades de doctrinas contradictorias entre sí, lo que alimentó muchos años de guerras de religión (que a su vez tenían numerosas motivaciones políticas añadidas).

En ambientes protestantes (más en los populares que en los académicos) se suele explicar que la Iglesia en el siglo XVI era especialmente corrupta en sus costumbres y doctrina y que era necesario “reformarla” o “renovarla” para que fuera más virtuosa y santa. Pero los historiadores no ven que en el siglo XVI en la Iglesia hubiera necesariamente más corrupción que en cualquier otra época y en cuanto a su capacidad de renovación detectan que era grande sin necesidad de llegar a la ruptura que desencadenó Lutero acompañado de los poderosos príncipes alemanes ansiosos de confiscar propiedades eclesiásticas.

En el I Simposio Internacional Reforma y Reformas en la Iglesia, organizado en Barcelona los pasados días 15 y 16 de marzo por el Ateneo Sant Pacià (www.edusantpacia.cat),  Ramon Corts Blay, doctor en Historia Eclesiástica por la Universidad Gregoriana y profesor de esta materia, repasó 10 casos de renovación eclesial en los 150 años previos a Lutero que demuestran que la Iglesia occidental tenía una gran capacidad de reforma y renovación sin necesidad de llegar a la ruptura, el cisma y las guerras de religión. Son casos de “reformas católicas” que tenían éxito en distintas regiones y ambientes culturales.

10 REFORMAS CATÓLICAS EN AÑOS PREVIOS A LUTERO

1. Las asociaciones laicas de caridad

En el siglo XV en las ciudades de toda Europa se multiplicaron las asociaciones de laicos que se comprometían a servir con caridad a los pobres y los enfermos de los hospitales, tratando con ellos en persona, lavándolos, velándolos, etc… Tenían un gran anhelo de reforma espiritual y se comprometían a una vida espiritual intensa, con compromisos de confesarse cada mes y comulgar 4 veces al año (en esa época se comulgaba mucho menos). Los laicos eran muy activos en esos ámbitos, a menudo ligados a las cofradías y gremios.

2. Las reformas en multitud de órdenes religiosas

Benedictinos, jerónimos, canónicos regulares… en numerosas regiones viejas órdenes religiosas se reformaban y creaban nuevas congregaciones más fervorosas y entusiastas. Los cartujos, que siempre presumieron de que “la cartuja nunca fue reformada” porque se mantenía fiel a su espíritu original, se extendían en el s.XIV por Europa central y Escocia. Los benedictinos a finales del siglo XIV empezaron una reforma, con 23 abadías reformadas en pocos años en Baviera. Los olivetanos, una reforma benedictina impulsada por San Bernardo Tolomei en 1319 desde Italia enseguida contó con 43 monasterios. Hacia el año 1400 la oblata benedictina Santa Francisca Romana avivaba esta renovación benedictina. También los jerónimos crearon distintas ramas reformadas. Los monjes mínimos, fundados en 1435 por San Francisco de Paula, se extienden por Italia, Francia, España, Alemania, y llegan a tener 12.000 miembros antes de Lutero. En Venecia se reforman los canónigos regulares. Todo el siglo XV es un siglo de reformas en las órdenes.

3. La gran reforma benedictina

Desde la provincia de Valladolid (que incluía Montserrat, en Cataluña) los benedictinos se vuelcan en reformar la vida y espiritualidad en 79 monasterios en una primera ola, y otros 95 después. Se extendía la “devotio moderna” que había nacido en Países Bajos en el siglo XIV: cristocéntrica, agustiniana, antiespeculativa. “La Imitación de Cristo”, de Tomás Kempis era su gran libro. Se reforman también los cistercienses desde Toledo en el siglo XV. Luego los camaldulenses, que se reformaron como monásticos eremitas. Por Castilla, en el siglo XV y principios del XVI se extiende el fenómeno de los “descalzos”, conventos que buscan más rigor y fervor.

4. Las reformas de las órdenes mendicantes

Los franciscanos y dominicos, nacidos en el s.XIII, ven nacer ramas reformadoras en su interior en el siglo XV. Los franciscanos observantes italianos surgen en 1450 y se extienden por toda Europa. Nacen dominicos reformados en todo el continente. San Antonino de Florencia crea una congregación nueva de dominicos, más austera, de la que a finales de siglo saldría el predicador puritano y rigorista Savonarola. También los carmelitas se empezaban a reformar en Italia y algunos sitios de Inglaterra. Los carmelitas de Mantua contaban con más de 30 conventos reformados.  Los agustinos empiezan su reforma en 1370 en Italia, que luego saltará a Alemania. El mismo Lutero fue uno de estos agustinos reformados. Los servitas se reforman en 1404, con toda una provincia renovada. A toda esta reforma en esa época se le llamaba “la observancia”: era religiosos “observantes”, que buscaban ser cumplidores y devotos en sus compromisos.

5. La devotio moderna: meditar el amor de Dios

La devotio moderna era un tipo de oración y espiritualidad, también para laicos y familias, nacida en Flandes en el siglo XIV, que se extiende por buena parte de Europa en el siglo XV. Crea comunidades de vida común no monásticas para las obras de caridad. En 1450 tenían 400 casas de devoción, muchas de las cuales duraron hasta la Revolución Francesa. También cultivaban la vida intectual. Por allí pasaron Erasmo, Ignacio de Loyola y Calvino. Fue una renovación espiritual real que llegó a muchos miles de europeos, e influyó en el cardenal Cisneros en España.

6. Los obispos con esfuerzos reformadores

Muchos obispos intentaron reformar el clero secular, convocando sínodos diocesanos, con más predicación y más formación del clero. Nicolás de Cusa, obispo, cardenal, humanista, científico, intentó la reforma en Baviera y Europa del Norte. En Roma y en Francia se crean colegios para sacerdotes: son los “antepasados” de los seminarios que creará Trento. En España, los obispos de Isabel la Católica reformarán la Iglesia: Pedro González de Mendoza, Hernando de Talavera en Granada, Cisneros en Toledo… Nombraron buenos obispos, crearon universidades que eran casi seminarios y semilleros de obispos. Se implanta en España la obligación de que el obispo viva en su sede episcopal, que no la tenga solo como una fuente de impuestos. Nace la universidad de Alcalá, la Biblia complutense, la traducción del Kempis… Cuando Ignacio de Loyola llega a Montserrat, su abad Cisneros (sobrino del cardenal) ya ha reformado la abadía y su espiritualidad, haciéndola más meditativa.

7. La universidad y la prensa fueron incorporando reformas

A finales del siglo XV la Cristiandad se llenaba de estudiantes universitarios. Había 17.000 universitarios en Francia y 12.000 en Alemania. En España hay figuras teológicas e intelectuales como Francisco de Vitoria, Melcior Cano y un tomismo serio. La imprenta sirvió a la reforma católica antes que a la protestante. Se imprimían numerosas ediciones de la Imitación de Cristo de Kempis, vademécums de predicación, teología de Padres de la Iglesia. Erasmo, en Rotterdam, publicaba a clásicos cristianos como Orígenes, Jerónimo, Ambrosio…

8. La reforma desde la Curia…

La Curia vaticana y los cardenales en Roma también entendían que era necesaria una reforma. Se convocó en 1512 el V Concilio Lateranense, que acabó en 1517. Los camaldulenses venecianos presentaron un alegato lleno de exigencias reformistas en lo que respecta a lo monástico, la unión con Oriente, las misiones en el nuevo mundo, la liturgia… “Esas peticiones pueden considerarse más valientes que las de Lutero”, señala Corts. “Pero no se pensó en ese concilio en el fuego alemán. El concilio acabó en marzo…. y en octubre Lutero lanzaba sus tesis”.

9. El servicio a los pobres

Hemos visto que los laicos en el siglo XV se organizan en muchas cofradías de asistencia caritativa y espiritual. Es también un siglo en el que se construyen los grandes hospitales monumentales y los hospitales de iglesia. Ya antes había hermanos “hospitalarios” de distintos tipos (monjes fosores, que entierran; monjes mercedarios en España, por ejemplo). En el siglo XV se crean los montes de piedad, sobre todo de grano y comida para ayudar en hambrunas. Darán origen a muchas iniciativas sociales eficaces.

10. El teatro religioso y la reforma de las artes

Por último, el ardor por las cosas de Dios en 1400 y 1500 llevaron a una creatividad artística, pictórica, musical y, especialmente, al teatro religioso, que acercaba a miles y miles de europeos las ideas emanadas de la fe.

Lutero, el antiacadémico

“Lutero protestaba contra la academia y es cierto que la escolástica en muchos sitios era un formalismo vacío o ockhamismo y que había teología con poca claridad respecto a muchos temas”, constata Corts. Había precedentes en el siglo XV de mala filosofía y teología que habían llevado a guerras de religión, como Huss y Wyclif que hablaban de la iglesia invisible y confundían la transubstanciación. “A Lutero le afectó el nominalismo, que presentaba a Dios como mero concepto lógico-aristotélico y creaba mucho escepticismo hacia la fe, o a adoptar lo contrario, el fideísmo. Lutero reaccionaba contra esto. Los agustinos que conocía él eran ortodoxos, pero insistían en el tema de la concupiscencia tras el bautismo. Lutero valoraba a los místicos alemanes, algo angustiados, a veces incluso desesperados, que despreciaban las obras externas para la salvación, menospreciaban la razón. Y había una corriente humanista con cierta crítica al culto popular a los santos. Todos estos puntos podían reformarse o equilibrarse sin salir del catolicismo”, considera Corts.

La reforma católica fue, pues, anterior a Lutero, se mantuvo con Lutero y creció más con Trento, y nacía de una espiritualidad auténtica. Lutero quería reformar “la iglesia papista” y decía que no se creía hereje, hasta 1520. A partir de 1520 Lutero deja de pedir solo cambios de moral y disciplina: pide ya cambiar los dogmas y cambiar todo el sistema doctrinal.

La reforma eficaz: que participe el pueblo y no sea muy lenta

Corts apunta que la Historia señala que “si la reforma es demasiado lenta puede dar muchos problemas”. Recomienda el libro de Yves Congar “Falsas y verdaderas reformas en la Iglesia”. Apunta que Trento tardó 27 años en convocarse y duró 18 años. ¿Qué se podía y debía reformar? No era fácil de responder.

“Otra conclusión que vemos en la Historia es que la Iglesia tiene gran capacidad de reforma; funciona bien si participa la base y la cúspida. La Iglesia se renueva siempre, renace siempre y el futuro es de Dios”, afirma este doctor en Historia Eclesiástica.

P.J.Ginés/ReL 2017

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