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Historiadores antiguos y paganos acreditan así la existencia de Cristo

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«Jesús, llamado el Mesías»: historiadores antiguos y paganos acreditan así la existencia de Cristo. Los datos históricos muestran a un “Cristo” que contaba con muchos seguidores. Tácito, Flavio Josefo, Plinio el Joven o Suetonio hablan de Jesús en sus obras

La  Pasión de Cristo, su Resurrección…  Los Evangelios y otros textos del Nuevo Testamento hablan de estos acontecimientos y además los colocan en un contexto histórico ofreciendo bastantes datos al respecto.  Aun así, existen todavía voces que niegan la existencia de Cristo pese a que cualquier historiador especializado en esta época afirma de manera tajante la existencia de Jesús de Nazaret así como su muerte crucificado. Estos expertos se basan en los textos de historiadores del siglo I y II completamente independientes y que no eran seguidores de Jesús. Sus crónicas hablaban de Jesús y de sus hechos portentosos y que “padeció bajo el poder de Poncio Pilato”, tal y como se recita en el Credo.

La muerte en la cruz, un dato histórico

El catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago Guijarro,  asegura que “la muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús”. Y en esta línea coinciden importantes historiadores como el ya fallecido Michael Grant, que afirmaba que hay más evidencia de que existió Jesús que la que hay de importantes personajes históricos paganos. Además, indicaba que “Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d.C”. Igualmente, F.F. Bruce, también fallecido, y autor de la obra “¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento? “,  indicaba de manera contundente que “para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César”.

Flavio Josefo es el historiador que acredita de manera más clara la existencia de Jesús

Y es que los historiadores de su época y que siguieron a su muerte acreditaron la existencia de Jesús aunque fuera con datos puntuales. Guijarro recuerda que “ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande”.

De entre estos historiadores destaca sobre todo Flavio Josefo, judío romanizado que vivió del 37 al 110 y que hizo crónicas muy detalladas de lo ocurrido en Palestina. En su texto conocido como Testimonium flavianum de su libro Antigüedades judías (91-94) aparecen referencias a Jesús como esta:

“En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profestas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido”.

Entre paréntesis aparecen los fragmentos que los expertos debaten si pudieron ser o no añadidos posteriormente. Pero la esencia y en lo que hay consenso sobre su autenticidad es que Jesús existió siendo la figura que mostraron los Evangelios.

“Jesús, que es llamado Mesias”

En otra parte de su obra, Josefo explica el martirio de Santiago haciendo referencia a “Jesús, que es llamado Mesías”.

Otro importante historiador que habla de Jesús y que los expertos de la actualidad dan total credibilidad es Tácito (56-118 d.C.). El historiador romano menciona a “Cristo” en su obra Anales ya al final de su vida cuando habla del incendio de Roma en el año 64 en tiempos del emperador Nerón.

Tácito recoge que Jesús fue ejecutado por Poncio Pilato

Tácito informa de las sospechas existentes acerca de que había sido el propio Nerón el que habría ordenado prender fuego a la ciudad y recoge cómo “para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba ‘crestianos’, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato.  Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo”.

Aunque Josefo y Tácito son las fuentes más claras también existen otras antiguas que citan a Cristo, como Plinio, el joven (112 d.C) que siendo procónsul en Bitinia escribió una carta al emperador Trajano, y que se conserva en la actualidad, para preguntarle que debía hacer con los cristianos. Hasta tres veces aparece la palabra “Cristo” en su escrito.

Plinio el Joven cita varias veces a Cristo

Esto decía en su carta a Trajano:

“Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen”.

Por su parte, Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos pero cuando se les acusara debían ser castigados a no ser que se retractaran.

Suetonio también habla de los cristianos en Roma

Otra fuente que habla de Jesús es Suetonio, un historiador romano que vivió del 70 al año 140. En su libro Sobre la vida de los césares menciona la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio, que “andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus”.

Para la gran mayoría de los historiadores contemporáneos este “Chrestus” es Cristo puesto que era frecuente que los paganos confundieran a Christus y Chrestus y porque no existe ninguna constancia ni testimonio sobre ningún Chrestus agitador.

Por ejemplo, los Hechos de los Apóstoles recogen este acontecimiento histórico cuando se cuenta que Aquila y Priscila “acababan de llegar (a Corinto) desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma”.

“El crucificado” en Palestina

El también escritor griego Luciano de Samosata escribió en el año 165 una sátira sobre los cristianos en su obra La muerte de Peregrino. “Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (…) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes”, escribía el griego.

Rel, 2017

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ACTUALIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO

Diez reformas católicas en la Iglesia en el siglo anterior a Lutero: la protestante fue innecesaria

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Este año de 2017 se conmemoran 500 años del inicio de la llamada “Reforma Protestante”, que significó la ruptura de la Cristiandad en Occidente, con la aparición de países protestantes y la división de los cristianos en numerosas comunidades de doctrinas contradictorias entre sí, lo que alimentó muchos años de guerras de religión (que a su vez tenían numerosas motivaciones políticas añadidas).

En ambientes protestantes (más en los populares que en los académicos) se suele explicar que la Iglesia en el siglo XVI era especialmente corrupta en sus costumbres y doctrina y que era necesario “reformarla” o “renovarla” para que fuera más virtuosa y santa. Pero los historiadores no ven que en el siglo XVI en la Iglesia hubiera necesariamente más corrupción que en cualquier otra época y en cuanto a su capacidad de renovación detectan que era grande sin necesidad de llegar a la ruptura que desencadenó Lutero acompañado de los poderosos príncipes alemanes ansiosos de confiscar propiedades eclesiásticas.

En el I Simposio Internacional Reforma y Reformas en la Iglesia, organizado en Barcelona los pasados días 15 y 16 de marzo por el Ateneo Sant Pacià (www.edusantpacia.cat),  Ramon Corts Blay, doctor en Historia Eclesiástica por la Universidad Gregoriana y profesor de esta materia, repasó 10 casos de renovación eclesial en los 150 años previos a Lutero que demuestran que la Iglesia occidental tenía una gran capacidad de reforma y renovación sin necesidad de llegar a la ruptura, el cisma y las guerras de religión. Son casos de “reformas católicas” que tenían éxito en distintas regiones y ambientes culturales.

10 REFORMAS CATÓLICAS EN AÑOS PREVIOS A LUTERO

1. Las asociaciones laicas de caridad

En el siglo XV en las ciudades de toda Europa se multiplicaron las asociaciones de laicos que se comprometían a servir con caridad a los pobres y los enfermos de los hospitales, tratando con ellos en persona, lavándolos, velándolos, etc… Tenían un gran anhelo de reforma espiritual y se comprometían a una vida espiritual intensa, con compromisos de confesarse cada mes y comulgar 4 veces al año (en esa época se comulgaba mucho menos). Los laicos eran muy activos en esos ámbitos, a menudo ligados a las cofradías y gremios.

2. Las reformas en multitud de órdenes religiosas

Benedictinos, jerónimos, canónicos regulares… en numerosas regiones viejas órdenes religiosas se reformaban y creaban nuevas congregaciones más fervorosas y entusiastas. Los cartujos, que siempre presumieron de que “la cartuja nunca fue reformada” porque se mantenía fiel a su espíritu original, se extendían en el s.XIV por Europa central y Escocia. Los benedictinos a finales del siglo XIV empezaron una reforma, con 23 abadías reformadas en pocos años en Baviera. Los olivetanos, una reforma benedictina impulsada por San Bernardo Tolomei en 1319 desde Italia enseguida contó con 43 monasterios. Hacia el año 1400 la oblata benedictina Santa Francisca Romana avivaba esta renovación benedictina. También los jerónimos crearon distintas ramas reformadas. Los monjes mínimos, fundados en 1435 por San Francisco de Paula, se extienden por Italia, Francia, España, Alemania, y llegan a tener 12.000 miembros antes de Lutero. En Venecia se reforman los canónigos regulares. Todo el siglo XV es un siglo de reformas en las órdenes.

3. La gran reforma benedictina

Desde la provincia de Valladolid (que incluía Montserrat, en Cataluña) los benedictinos se vuelcan en reformar la vida y espiritualidad en 79 monasterios en una primera ola, y otros 95 después. Se extendía la “devotio moderna” que había nacido en Países Bajos en el siglo XIV: cristocéntrica, agustiniana, antiespeculativa. “La Imitación de Cristo”, de Tomás Kempis era su gran libro. Se reforman también los cistercienses desde Toledo en el siglo XV. Luego los camaldulenses, que se reformaron como monásticos eremitas. Por Castilla, en el siglo XV y principios del XVI se extiende el fenómeno de los “descalzos”, conventos que buscan más rigor y fervor.

4. Las reformas de las órdenes mendicantes

Los franciscanos y dominicos, nacidos en el s.XIII, ven nacer ramas reformadoras en su interior en el siglo XV. Los franciscanos observantes italianos surgen en 1450 y se extienden por toda Europa. Nacen dominicos reformados en todo el continente. San Antonino de Florencia crea una congregación nueva de dominicos, más austera, de la que a finales de siglo saldría el predicador puritano y rigorista Savonarola. También los carmelitas se empezaban a reformar en Italia y algunos sitios de Inglaterra. Los carmelitas de Mantua contaban con más de 30 conventos reformados.  Los agustinos empiezan su reforma en 1370 en Italia, que luego saltará a Alemania. El mismo Lutero fue uno de estos agustinos reformados. Los servitas se reforman en 1404, con toda una provincia renovada. A toda esta reforma en esa época se le llamaba “la observancia”: era religiosos “observantes”, que buscaban ser cumplidores y devotos en sus compromisos.

5. La devotio moderna: meditar el amor de Dios

La devotio moderna era un tipo de oración y espiritualidad, también para laicos y familias, nacida en Flandes en el siglo XIV, que se extiende por buena parte de Europa en el siglo XV. Crea comunidades de vida común no monásticas para las obras de caridad. En 1450 tenían 400 casas de devoción, muchas de las cuales duraron hasta la Revolución Francesa. También cultivaban la vida intectual. Por allí pasaron Erasmo, Ignacio de Loyola y Calvino. Fue una renovación espiritual real que llegó a muchos miles de europeos, e influyó en el cardenal Cisneros en España.

6. Los obispos con esfuerzos reformadores

Muchos obispos intentaron reformar el clero secular, convocando sínodos diocesanos, con más predicación y más formación del clero. Nicolás de Cusa, obispo, cardenal, humanista, científico, intentó la reforma en Baviera y Europa del Norte. En Roma y en Francia se crean colegios para sacerdotes: son los “antepasados” de los seminarios que creará Trento. En España, los obispos de Isabel la Católica reformarán la Iglesia: Pedro González de Mendoza, Hernando de Talavera en Granada, Cisneros en Toledo… Nombraron buenos obispos, crearon universidades que eran casi seminarios y semilleros de obispos. Se implanta en España la obligación de que el obispo viva en su sede episcopal, que no la tenga solo como una fuente de impuestos. Nace la universidad de Alcalá, la Biblia complutense, la traducción del Kempis… Cuando Ignacio de Loyola llega a Montserrat, su abad Cisneros (sobrino del cardenal) ya ha reformado la abadía y su espiritualidad, haciéndola más meditativa.

7. La universidad y la prensa fueron incorporando reformas

A finales del siglo XV la Cristiandad se llenaba de estudiantes universitarios. Había 17.000 universitarios en Francia y 12.000 en Alemania. En España hay figuras teológicas e intelectuales como Francisco de Vitoria, Melcior Cano y un tomismo serio. La imprenta sirvió a la reforma católica antes que a la protestante. Se imprimían numerosas ediciones de la Imitación de Cristo de Kempis, vademécums de predicación, teología de Padres de la Iglesia. Erasmo, en Rotterdam, publicaba a clásicos cristianos como Orígenes, Jerónimo, Ambrosio…

8. La reforma desde la Curia…

La Curia vaticana y los cardenales en Roma también entendían que era necesaria una reforma. Se convocó en 1512 el V Concilio Lateranense, que acabó en 1517. Los camaldulenses venecianos presentaron un alegato lleno de exigencias reformistas en lo que respecta a lo monástico, la unión con Oriente, las misiones en el nuevo mundo, la liturgia… “Esas peticiones pueden considerarse más valientes que las de Lutero”, señala Corts. “Pero no se pensó en ese concilio en el fuego alemán. El concilio acabó en marzo…. y en octubre Lutero lanzaba sus tesis”.

9. El servicio a los pobres

Hemos visto que los laicos en el siglo XV se organizan en muchas cofradías de asistencia caritativa y espiritual. Es también un siglo en el que se construyen los grandes hospitales monumentales y los hospitales de iglesia. Ya antes había hermanos “hospitalarios” de distintos tipos (monjes fosores, que entierran; monjes mercedarios en España, por ejemplo). En el siglo XV se crean los montes de piedad, sobre todo de grano y comida para ayudar en hambrunas. Darán origen a muchas iniciativas sociales eficaces.

10. El teatro religioso y la reforma de las artes

Por último, el ardor por las cosas de Dios en 1400 y 1500 llevaron a una creatividad artística, pictórica, musical y, especialmente, al teatro religioso, que acercaba a miles y miles de europeos las ideas emanadas de la fe.

Lutero, el antiacadémico

“Lutero protestaba contra la academia y es cierto que la escolástica en muchos sitios era un formalismo vacío o ockhamismo y que había teología con poca claridad respecto a muchos temas”, constata Corts. Había precedentes en el siglo XV de mala filosofía y teología que habían llevado a guerras de religión, como Huss y Wyclif que hablaban de la iglesia invisible y confundían la transubstanciación. “A Lutero le afectó el nominalismo, que presentaba a Dios como mero concepto lógico-aristotélico y creaba mucho escepticismo hacia la fe, o a adoptar lo contrario, el fideísmo. Lutero reaccionaba contra esto. Los agustinos que conocía él eran ortodoxos, pero insistían en el tema de la concupiscencia tras el bautismo. Lutero valoraba a los místicos alemanes, algo angustiados, a veces incluso desesperados, que despreciaban las obras externas para la salvación, menospreciaban la razón. Y había una corriente humanista con cierta crítica al culto popular a los santos. Todos estos puntos podían reformarse o equilibrarse sin salir del catolicismo”, considera Corts.

La reforma católica fue, pues, anterior a Lutero, se mantuvo con Lutero y creció más con Trento, y nacía de una espiritualidad auténtica. Lutero quería reformar “la iglesia papista” y decía que no se creía hereje, hasta 1520. A partir de 1520 Lutero deja de pedir solo cambios de moral y disciplina: pide ya cambiar los dogmas y cambiar todo el sistema doctrinal.

La reforma eficaz: que participe el pueblo y no sea muy lenta

Corts apunta que la Historia señala que “si la reforma es demasiado lenta puede dar muchos problemas”. Recomienda el libro de Yves Congar “Falsas y verdaderas reformas en la Iglesia”. Apunta que Trento tardó 27 años en convocarse y duró 18 años. ¿Qué se podía y debía reformar? No era fácil de responder.

“Otra conclusión que vemos en la Historia es que la Iglesia tiene gran capacidad de reforma; funciona bien si participa la base y la cúspida. La Iglesia se renueva siempre, renace siempre y el futuro es de Dios”, afirma este doctor en Historia Eclesiástica.

P.J.Ginés/ReL 2017

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catolicos en el mundo

Rusia será católica

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«Rusia será católica»: así reza la inscripción de la lápida de la tumba del padre Gregorio Agústín María Shuvalov en el cementerio parisino de Montparnasse. Por esta causa, el barnabita ruso se inmoló como  víctima (Antonio Maria Gentili, I Barnabiti, Padri Barnabiti Roma 2012, pp. 395-403).

El conde Grigori Petrovich Shuvalov, nació en San Petersburgo el 25 de octubre de 1804 en el seno de una familia de rancia nobleza. A un tío suyo, general del ejército, se le asignó la misión de acompañar a un Napoleón derrotado a la isla de Elba, mientras que otro antepasado suyo había fundado la Universidad de Moscú. Entre 1808 y 1817 estudió en el colegio de los jesuitas de San Petersburgo, hasta que, expulsados de Rusia los hijos de San Ignacio, prosiguió sus estudios primero en Suiza y posteriormente en la Universidad de Pisa, donde aprendió perfectamente la lengua italiana. No obstante, recibió influencias del materialismo y del nihilismo entonces reinantes en los círculos liberales que frecuentaba. Nombrado a los veinte años por el zar Alejandro I oficial de los húsares de la guardia, en 1824, contrajo nupcias con Sofia Soltikov, mujer profundamente religiosa, ortodoxa, aunque «católica de alma y de corazón», que morirá a Venecia en 1841. Con ella tiene dos hijos: Pietro y Elena.

La muerte de Sofia motivó a Shuvalov a estudiar la religión. Un día, descubrió por casualidad el libro de las Confesiones de San Agustín: fue para él una revelación. «Lo leía constantemente, copiaba páginas enteras y escribía estensas ne stendevo lunghi estratti. Su filosofía me colmaba de buenos deseos y de amor. Embriagado de felicidad, encontré en aquel gran hombre sentimientos y pensamientos que hasta entonces dormían en el alma y que aquellas lecturas habían despertado». Trasladado a París, el conde Shuvalov frecuentaba las reuniones de un círculo de aristócratas rusos convertidos a la fe católica, gracias ante todo al conde Joseph de Maistre (1753-1821), que entre 1802 y 1817 había sido embajador del rey de Cerdeña en San Petersburgo.

Entre ellos se encontraban Sofie Svetchina (1782-1857), el príncipe Ivan Gagarin (1814-1882) y el príncipe Teodoro Galitzin (1805-1848). Este último, dándose cuenta de la honda crisis espiritual de su amigo, lo ayudó a redescubrir la verdad, y le aconsejó la lectura y la meditación de Del Papa de Joseph de Maistre. Leyendo la obra del conde savoyano, Shuvalov comprendió que la primera nota de la Iglesia es la unidad, ya que ésta exige una autoridad suprema, que no puede ser otra que el Romano Pontífice. «Señor, Tú dices “mi Iglesia”, no “mis iglesias”. Por otra parte, la Iglesia debe conservar la verdad; pero la verdad es una; por tanto, la Iglesia no puede ser sino una. (…) Cuando entendió que no puede existir sino una única Iglesia verdadera, se dio clara cuenta de que dicha Iglesia tiene que se universal, esto es, católica».

Shuvalov se dirigía cada tarde a Notre Dame para oír predicar al padre Francisco Javier de Ravignan (1795-1858), docto jesuita que llegaría a ser su director espiritual. El 6 de enero de 1843, fiesta de la Epifanía, Shuvalov abjuró de la ortodoxia e hizo su profesión de fe católica en la Capilla de los Pájaros. Sin embargo, aspiraba a una dedicación más intensa a la causa católica. Por intermedio de un joven liberal italiano, Emilio Dandolo, al que conoció por casualidad en un tren, había conocido al padre Alessandro Piantoni, rector del colegio Longone de los barnabitas en Milán, que en 1856 lo recibió en el noviciado barnabita de Monza, con el nombre de Agustín María.

En la orden fundada por San Antonio María Zacarías (1502-1539) encontró un ambiente de profunda espiritualidad. Escribió al padre Ravignan: «Me siento en el Paraíso. Mis padres son santos, y los novicios ángeles». Entre los jóvenes hermanos de la orden se contaba Cesare Tondini de’ Quarenghi (1839-1907) que, más que ningún otro, heredaría su legado espiritual. El 19 septiembre de 1857 Agustín Shuvalov fue ordenado sacerdote en Milán por monseñor Angelo Ramazzotti, futuro patriarca di Venecia.

El día de su ordenación, dirigió al Señor esta súplica mientras elevaba el cáliz: «Dios mío, hazme digno de dar la vida y derramar la sangre, unida a la vuestra, por la glorificación de la bienaventurada Virgen Inmaculada en la conversión de Rusia». Era éste el sueño de su vida, y lo confió a la Inmaculada, cuyo dogma proclamó Pío IX el 8 de diciembre de 1858. Recibido en audiencia por el Papa, el padre Shuvalov le manifestó su deseo de consagrar su vida a la restitución de los cismáticos a la Iglesia de Roma. En aquel memorable encuentro, «Pío IX me habló de Rusia con aquella fe, esperanza y convicción que se apoyan en la palabra de Jesús, y con aquella caridad ardiente que lo motivaba pensando en sus hijos descarriados, pobres huérfanos voluntarios. Estas palabras suyas me inflamaron el corazón».

El padre Shuvalov se declaró dispuesto a ofrendar su vida por la conversión de Rusia. «Pues bien, dijo entonces el Santo Padre, repetid siempre tres veces al día ante el crucifijo esta protestación de fe; tened la certeza de que vuestro deseo se cumplirá». París fue el terreno de su apostolado y su inmolación: allí se desvivió incansablemente conquistando innumerables almas y dando vida a la Asociación de Oraciones por el triunfo de la Inmaculada Virgen en la conversión de los cismáticos orientales, y especialmente de los rusos, a la fe católica, entidad conocida como la Obra del padre Shuvalov.

Pío IX la aprobó mediante un breve de 1862, y el padre Cesare Tondini fue su infatigable propagador. Pero el padre Shuvalov falleció en París el 2 de abril de 1859. Apenas había terminado de escribir la autobiografía Ma conversion et ma vocation (París 1859). El libro, que en el siglo XIX conoció varias traducciones y reediciones, ha sido presentado en una nueva edición italiana preparada por los padres Enrico M. Sironi y Franco M. Ghilardotti (La mia conversione e la mia vocazione, Grafiche Dehoniane, Bolonia 2004), de la cual hemos extraído las citas. El padre Ghilardotti hizo por otra parte las gestiones para traer de vuelta a Italia los restos del padre Shuvalov, que actualmente descansan en la parroquia de San Pablo Mayor de Bolonia, construida en 1611 por los barnabitas. A los pies de un altar coronado por una copia de la Santísima Trinidad de Andrei Rublev, el más destacado pintor ruso de iconos, el padre Gregorio Agustín Maria Shuvalov aguarda el día de la resurrección de la carne.

En su autobiografía el barnabita ruso había escrito: «Cuando hay peligro de herejía, cuando la fe languidece, cuando se corrompen las costumbres y los pueblos se adormecen al borde del abismo, Dios, que todo lo dispone con peso, número y medida, abre los tesoros de su gracia para despertarlos. O bien suscita en alguna aldea desconocida un santo escondido, cuyas eficaces oraciones contienen el brazo divino presto a castigar; o hace aparecer sobre la faz del universo la espléndida luz de un Moisés, un Gregorio VII, un Bernardo; o inspira, con el concurso de algún hecho milagroso, pasajero o permanente, una peregrinación o alguna otra nueva devoción, nueva tal vez en la forma pero siempre antigua en la esencia, un culto conmovedor y saludable. Así fue como se originó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Dicho culto nació en medio e miles de contradicciones en un pequeño claustro del pueblo de Paray-le- Monial.»

Podríamos añadir igualmente que así tuvo también su origen la devoción al Inmaculado Corazón de María, cuya propagación pidió la Virgen hace cien años en una aldea portuguesa. En Fátima Nuestra Señor anunció el cumplimiento del gran ideal del padre Shuvalov: la conversión de Rusia a la fe católica. Suceso extraordinario que corresponde a nuestro futuro, y que hará resonar en el mundo las misteriosas palabras de la Escritura que el padre Shuvalov aplicó a su propia conversión: Surge qui dormis, surge a mortuis et iluminabit te Christus, «Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará» (Ef. 5, 14).

Roberto de Mattei / AlF, 2017 [Traducido por J.E.F. Artículo original: https://www.corrispondenzaromana.it/la-russia-sara-cattolica/  ]

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