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1.- La esencia del progresismo eclesial.-  Se sustenta teológicamente en uno de los errores condenados por el Syllabus con toda precisión: «La revelación divina es imperfecta, y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido».

2.- El progresismo cree que la ley moral natural debe cambiar a mejor.-  Que las verdades reveladas, que la incluyen, deben avanzar con el avance del tiempo, mutar en algo mejor, alcanzado por el puro movimiento antropocéntrico. —Porque, bajo esta perspectiva, cambiar es bueno, y reposar en algo que no cambia, que no se mueve, es malo. Ya lo expuso Lessing, en Natan el sabio: si hay que elegir entre hallar la verdad, y buscarla indefinida e interminablemente, es mejor escoger lo segundo. Porque reposar en la verdad, para la mente progresista, estanca y paraliza.

3.- La forma actual del modernismo es el progresismo y sus obsesiones: el sentimentalismo buenista, la supuesta maldad legalista de la ley, la primacía de la conciencia subjetiva, el rigorismo de toda condena del error, la inconveniencia del ejercicio de la autoridad, reconvertida en mero servicio; la no esencialidad del ser humano, que puede y debe llegar a ser lo que quiera, sin límite alguno; la supuesta irreligiosidad del derecho penal de la Iglesia, etc, etc. —Tarea urgente para el catolicismo de hoy, sería elaborar un catálogo de tabúes progres, a la manera de León Bloy, que lo hizo con los prejuicios burgueses.

4.- Ya en el Renacimiento se pretendía sumergir la naturaleza humana en un progreso sin fin.– Pico de la Mirandola, por ejemplo, pretendía basar la dignidad humana en un hipotético progreso de su esencia indefinida, caracterizando la libertad humana como la opción por la cual el hombre llega a ser lo que quiere y anhela —obsérvese cómo se anticipa así la ideología de género—. Los utopistas, como Campanella, soñaban un paraíso técnico, y los agnósticos, como Montaigne, una religión convertida en humanismo ético sin el pretendido absolutismo de los dogmas.

5.- El desplazamiento antropocéntrico de la Modernidad, que trasladó la atención de la mente europea desde la realidad hasta la propia mente, se fue consolidando como una duda sistemática de la Tradición, aplicando el principio deconstructivo de Descartes. El progresismo, de esta manera, fue naciendo como un mentalismo radical, con diversas metástasis sólo en apariencia contradictorias. Ahora es empirista, ahora es racionalista, ahora es naturalista, ahora es esoterista, ahora es idealista…. todo depende de la conveniencia del momento histórico y del aspecto de la realidad a diluir. Cuando llegó Hegel, para sumergir la ley moral en el devenir de la dialéctica, Europa ya estaba preparada para ser progresista, y parte de la mente eclesial también. Marx fue suficientemente preparado para reinar. Con el modernismo se radicalizó la sospecha sistemática de Ockham, y se conviertió en navaja contra la Tradición. LoisyTyrrell, los teólogos liberales en el ámbito protestante, los neotéricos, que luego vendrán, con Bergson y Chardin a la cabeza, y tantos otros….no son más que servidores del principio de progreso, cambio y mutación.

3.- Durante los últimos cincuenta años la Iglesia apenas ha combatido el “progresismo religioso”.- Esto ha dado alas al marxismo cultural, que es su otra cara de la moneda. Como acertadamente observaba la doctora Anca-María Cerneaen esta sustanciosa entrevista, al dejar de ser una prioridad pastoral la refutación del marxismo, la mente católica ha sucumbido fácilmente a la verborrea de la dialéctica progresista. También contribuyó a ello el prestigio de ciertas teologías que sobredimensionaban el papel de lo comunitario y lo colectivo confundiendo el sentido orgánico del catolicismoenfatizando en exceso un concepto colectivista de la salvación, como hizo la Nueva Teología. Todo esto contribuyó a debilitar el sistema inmunológico de la Iglesia contra el progresismo teológico. Así se explica que teologías tan tóxicas como el situacionismo de Häring hayan adquirido un prestigio tan descomunal, y haya permeado de esta manera la mente católica, tanto, que hasta se ha colado en un documento magisterial.

4.- Por influencia del exceso de énfasis en una salvación comunitaria, la Iglesia se ha centrado, y aún se centra, en condenar el individualismo como único mal, y ha quedado desarmada ante el error del progresismo antropológico y su concepción alienante del hombre masa. El cristiano queda reducido a ser cristiano de segunda, pueblo de pecadores y no de redimidos, que ni aun con la gracia pueden salir del pecado. La santidad queda reservada para una élite. La Eucaristía se convierte en pan de pecadores y no de redimidos. La justificación adquiere un tinte extrinsecista y barato. Por aquí ha penetrado el luteranismo y su gracia barata, que nada puede para sanar la condición caída del ser humano. El progresismo es proluterano; primero porque es antitradicional, segundo porque es irracional, tercero porque considera imposible la ley moral. Al substituir la razón práctica por el discernimiento, la fe se hibrida con la esperanza y deviene en fideísmo sentimental.

4.- El progresismo es un error de naturaleza religiosa, como el marxismo, su fuente histórica más próxima, o como el nominalismo, su causa más lejana en el tiempo.- Cualquiera que observe con imparcialidad la actual crisis doctrinal de la Iglesia, comprobará que el progresismo, que pretende un cambio de praxis a favor del discernimiento subjetivo, se presenta como un evangelio alternativo, como una nueva actitud de la Iglesia, como otro cristianismo, frente al cristianismo viejo, doctrinal, farisaico, inmisericorde, legalista. Introduce la dialéctica de las dos Iglesias, la antigua, mala, dura y rigurosa, frente a la nueva, flexible en doctrina, antilegalista, creativa y tierna. El progresismo es un nuevo principio religioso. Y nunca se debe coquetear con la religión del hombre.

5.- La Teología de la Liberación ha mutado, se ha transformado en teología de la anomia. Ahora no consiste talmente en liberar de la opresión ejercida por las clases poderosas, sino en liberar de la ley moral al pueblo herido y frágil, víctima de la dureza de la ley, inaccesible sólo con gracia en rebajas. Deja de entenderse el pueblo como clase obrera, sino como el colectivo de los heridos, de los frágiles, de los que no pueden salir del pecado, de los que son víctimas de su situación irregular. Su tesis es la misma del progresismo: la revelación divina es imperfecta, y está sujeta a un proceso de mejora en función de las necesidades subjetivas de la persona. Y a este aggiornamento anómico se le denomina misericordia.

David G. -Alonso Gracián / InfoC., 2017

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