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Esa fue la pregunta que me hizo mi hija de 14 años hace un par de meses, cuando íbamos en el auto. Tema muy interesante, desde luego, pues siendo obvio que las ideas de la izquierda política (incluso la más radical) parecen estar firmemente asentadas entre los jóvenes, ese fenómeno no se aprecia en la política a nivel nacional, donde derecha e izquierda compiten palmo a palmo en las elecciones.

¿Por qué esa diferencia? ¿A qué se debe esa especie de burbuja de radicalización que existe entre los jóvenes?

 Algunos explican la afinidad entre izquierdas y jóvenes por el idealismo, por la energía e impaciencia juveniles que desea resolver todos los problemas rápidamente, y asume que si nadie lo ha hecho hasta ahora es solo por falta de voluntad. Esto es cierto, pero solo en cierta medida. Si solo fuera una cuestión del ímpetu de la juventud, uno esperaría encontrarla también en grupos de derecha, o de otro signo político, incluso en las religiones o movimientos como la masonería. Sin embargo, no es así. Otros han dicho que cada generación intenta construir su identidad por oposición a la que la precedió, y eso explicaría que los jóvenes fueran de izquierda. Si bien eso se observa en algunos casos especiales, no es necesariamente una tendencia general. Los hijos de la revolución sexual de los ’60, lejos de repudiarla, la han profundizado, llevándola en direcciones que incluso sus padres repudiarían.

 No, lo que falta para explicar la afinidad entre jóvenes e izquierda es observar la espiritualidad que prevalece entre ellos.

 En primer lugar, anotemos que los jóvenes son, en su mayoría, pre-materialistas. Una reflexión filosófica formal se encuentra más allá de sus intereses, pero en general desconfían de todo evento o explicación que incluya elementos sobrenaturales. Por lo mismo, asumen que todas las religiones son falsas. La izquierda política, a su vez, presume de su ateísmo, abusa del adjetivo “científico” para referirse a sus doctrinas y habla de un materialismo en la historia. Además, ha impulsado una guerra en contra de la Iglesia a lo largo de sus doscientos años de historia. Materialismo y cientismo por un lado, ateísmo y anti catolicismo, hacen que la izquierda parezca el hogar natural para los jóvenes de hoy, especialmente aquellos de escasa o superficial formación filosófica.

El mito moderno acerca de un supuesto conflicto entre religión y ciencia no hace más que sellar esa unión.

 El sentido moral es un segundo factor que parece identificar a los jóvenes y la izquierda. Los jóvenes, por su breve historia como adultos, tienen poco por lo que pedir perdón o dar gracias, y mucho que exigir. Esto hace que surja en ellos un sentido de urgencia ética, aunque muchas veces ella no esté bien dirigida. Pienso, por ejemplo, en la facilidad con que adhieren a estilos de vida vegetarianos o veganos, o a las causas animalistas.

 ¿Cómo se beneficia la izquierda de esta característica para atraer a los jóvenes? Mediante el análisis marxista. Marx quiso ver la historia como una lucha de clases, donde los buenos eran los trabajadores, pobres y despojados de su trabajo, y los malos eran los capitalistas, ricos y abusadores. Su análisis estaba estrechamente ligado a la situación social concreta en que surgió (la revolución industrial europea) y ningún economista serio lo sostiene. Sin embargo, como herramienta política tiene un valor innegable: describe al mundo como dividido en buenos y malos, fácilmente identificables por su clase social. Ese mismo patrón lo han recogido los feministas (mujeres buenas, hombres malos), los racistas (negros buenos, blancos malos) y los homosexualistas (homo bueno, hetero malo).

 El sentido moral impaciente de los jóvenes descansa por un momento, pensando que ha encontrado una causa fácilmente identificable por la que luchar.

 De nada sirve anotar, por ejemplo, que las grandes fortunas a nivel mundial (Soros, Gates, Tompkins) apoyan ideológica y financieramente a los movimientos de izquierda. O la contradicción evidente entre el materialismo y un imperativo moral fuerte. La formación racional y reflexión rigurosa no son el fuerte de los jóvenes. Más bien al contrario, nuestra cultura mediática y de resultados inmediatos tiende a exacerbar el sentimiento por sobre la abstracción. Y así estamos.

 En conclusión, el materialismo y la urgencia moral son dos características que parecen asentar a los jóvenes en la izquierda. Con la edad y la experiencia del mundo, al ser consciente también de los propios errores, ambas características disminuyen, y se dejan atrás las ingenuidades de la juventud.

 ¿Es inevitable ese vínculo? ¿Existen soluciones? Es esencial recuperar la formación adecuada en filosofía y apologética, y estar preparados para mostrar que la razón está de nuestro lado. Los medios para hacerlo están disponibles en internet, hoy más que nunca.

Pato Acevedo / InfoC.

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