espana_flag

De un tiempo para acá, ha brotado de debajo de las piedras una legión de hispanofobos que pretenden desconocer la historia objetiva y su legado, particularmente lo referente a la Hispanidad…

 España, en general, tiene una historia admirable y ello gracias a que también fue colonizada y romanizada por otra gran potencia del pasado: Roma. Nadie en su sano juicio acusaría a Roma de genocidio a pesar de Numancia y de Viriato, pastor lusitano. Personalmente me alegro de que fuese Roma y no Cartago quien venciese las Guerras Púnicas. También me alegro de que tras una larga Reconquista se impusiese el cristianismo y Europa, frente al Islam y África. Y ello sin la descortesía de no reconocer a los árabes el maravilloso legado que dejaron en la Península, repostería incluida. Tampoco me olvido que antes que ellos también enriquecieron a España, fenicios, griegos y judíos.

 Todos tomaron riquezas de la Península, pero todos fueron generando el humus cultural del que surgiría España, la primera nación de Europa, los españoles lograron en el siglo XV lo que Alemania e Italia solo consiguieron en el siglo XIX: la unidad. Eso por sí mismo ya sería suficiente para apreciar y valorar la historia de España, indudablemente con claroscuros, como toda obra humana, pero milenariamente brillante…

 Estilo de colonización distinto al inglés o francés

España recién conformada en el siglo XV (junto con sus hermanos portugueses), obró al tiempo la gran proeza de expandir los valores ibéricos por el mundo. Portugal circunvalando África, y España descubriendo las Américas. Si, VALORES. Hablo de una cierta ética. Es indudable que el estilo de conquista y colonización hispano, nada tiene que ver el inglés o francés. A la vista está en donde quedaron los indígenas sujetos bajo uno u otro ordenamiento.

 El Derecho de Gentes (que más tarde llamaríamos Derecho Internacional), es también una valiosísima aportación española al progreso de la humanidad. Fue Carlos I, quien exigió garantías de que sus súbditos americanos (si, súbditos y no esclavos o colonos) eran tratados igual en Nueva España que en Extremadura. Y por ello, y por orden expresa del Emperador, Sepulveda polemizó con Bartolome de las Casas, ese dominico mentiroso y bienintencionado cuya obra fue y sigue siendo esgrimida por los enemigos de la Hispanidad. Y conviene recordar que Sepulveda -el militarista que diríamos hoy- perdió el debate. El rey de España no quiso esclavos sin derechos sino súbditos, y por eso se promulgaron “Leyes de Indias” que se obedecieron, aunque no siempre se acataron, y por eso hubo Juicios de Residencia en los que se evaluaba, severamente, el desempeño de virreyes. ¡Ya se quisiera hoy, para políticos en el poder, algo parecido a aquellos Juicios de Residencia!

 Imprenta, universidades y hospitales

Y no solo exportamos una lengua, vehículo de unos valores, sino también una utopía (Tomas Moro ya se leía en México a inicios del s. XVI), y la imprenta, y universidades, y hospitales… Hubo muertes y crímenes, claro, como en la muy “progre” sociedad actual. Nadie lo duda, pero no tantos como se propaga. Sin embargo, es preciso valorar el conjunto, sopesar pros y contras y extraer un balance.

 Y ese balance es una comunidad internacional de 500 millones de personas, con una identidad hispánica – o mejor aún, panibérica- sustentada en valores que ha permitido conservar y florecer el guarany con el español, y mantener los lazos del espíritu desde el mismo día en que nuestros hermanos americanos se independizaron de España, sin renunciar a su espléndido legado, sobre el que siguieron progresando.

 Y frente a esa grandeza cuanti cualitativa no tienen nada que hacer un puñado de resentidos, tan rabiosos como ignorantes. La historia seguirá poniendo a los grandes en su sitio, y se olvidara como siempre hace de los rebuznos.

Fernando Navarro García / LD

Anuncios