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Una carta de Carmen Castro al colegio Lecároz subraya que el pensador falleció reconciliado con la Iglesia

 Las relaciones de Ortega y Gasset y otros escritores de las generaciones del 27 y 98, entre ellos Machado, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Ganivet y Unamuno, con la jerarquía católica y el Vaticano fueron ríspidas o abiertamente desafectas, pero cuando llegó la hora de la recomendación del alma algunos se reconciliaron con la Iglesia de Pedro.

 El pensador José Ortega (1883-1955) murió confesado y comulgado, según el testimonio de Carmen Castro, hija del historiador Américo Castro y esposa de Xavier Zubiri, discípulo favorito del filósofo, en una carta dirigida a un sacerdote capuchino. Lejos de despedirse de este mundo enemistado con el catolicismo, tal como cabía esperar de sus manifestaciones anticlericales, incluso blasfemas, según sus críticos, Ortega lo habría hecho besando un crucifijo.

 Como la religiosidad de Ortega fue motivo de dudas, análisis y polémicas, la carta de la escritora y catedrática Carmen Castro (1912-1997) al sacerdote José Gonzalo Zulaica, llamado primero padre Antonio de San Sebastián y después, padre Donostia, es valiosa. El autor de La rebelión de las masas, escribe la hija del hispanista, “murió dentro de la Iglesia. De esto no tenemos duda. Besó por dos veces un Cristo llevando él a los labios la mano que lo sostenía. El P. Félix lo confesó -esto, claro, se supone porque el P. Félix no puede decirlo-. Lo que sí dice es que le dio la absolución papal”. Ese capuchino y varios rectores también recibieron cartas de Gregorio Marañón, Joaquín Rodrigo, Andrés Segovia, Ramón Menéndez Pidal y José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

 La Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Lecároz (1888-2004), construido en el centro del valle de Baztán (Navarra), ha rescatado la reveladora carta, la historia, patrimonio cultural, documentos, fotografías, correspondencia, trascendencia y vicisitudes de un centro de enseñanza pionero, singular. Contó con un profesorado erudito, mayoritariamente de sotana y esclavina, hasta la ampliación del claustro docente, orquesta sinfónica, laboratorios, pinacoteca y una de las mejores bibliotecas de la época. El centro fue liberalizándose y el curso 1979-80 arrancó con 13 jóvenes alumnas. Comprado por el Gobierno de Navarra, fue demolido en 2009.

El País / libro: “Lecároz en 100 Palabras” de Fermín Goñi / ForumL..

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