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Todo el realismo expreso al que Mel Gibson nos ha acostumbrado (“Apocalypto”, “La Pasión”…) está presente en unas escenas de guerra contundentes (de varios minutos cada una) que no dejan indiferentes por su crudeza y que adquieren el tono de epopeya trágica y esperanzada, según los casos.

En época donde las convicciones profundas son escasas o se califican de posturas ultramontanas, vuelve a la carga uno de los inconformistas más beligerantes de Hollywood, Mel Gibson. Y vuelve con un filme tan original como contracorriente como es Hasta el último hombre [Hacksaw Ridge], donde narra la historia real de Desmond T. Doss, un militar norteamericano que participó en la Segunda Guerra Mundial sin coger un arma y que salvó la vida a más de ochenta de sus compañeros en el frente contra los japoneses.

 Basada en una historia real, cuyo protagonista declara al final del filme, se alistó para servir a su patria desde sus conocimientos de medicina y se declaró objetor contra las armas (fue uno de los primeros en el ejército) porque “matar va contra la ley de Dios”, afirmó, contra viento y marea.

 Su resolución pertinaz le llevó a sufrir los ataques de sus compañeros durante su preparación en la academia militar y un consejo de guerra por desobediencia a sus superiores. Consejo del que salió absuelto porque admitieron su derecho a no llevar armas, reconocido en la constitución americana.

 Todo el realismo expreso al que Mel Gibson nos ha acostumbrado (Apocalypto, La Pasión…) está presente en unas escenas de guerra contundentes (de varios minutos cada una) que no dejan indiferentes por su crudeza y que adquieren el tono de epopeya trágica y esperanzada, según los casos, cuando actúa Desmond para atender a sus compañeros heridos y ponerlos a salvo.

 Perteneciente a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Doss lo hizo con más de ochenta, pidiendo a Dios en su soledad (sus compañeros se habían replegado de las posiciones japoneses) que hubiera uno más para salvar y descolgar por una pared vertical de varias decenas de metros en uno de los frentes de la batalla de Okinawa.

 Por su determinación y crudeza es previsible que Gibson reciba críticas por la violencia de sus escenas y le tilden de extremista por contar la historia, en más de dos horas, de este “extraño” pacifista, dispuesto a servir a su país y sacrificarse por sus semejantes sin más armas que su obstinación en la tarea y su confianza en la Providencia. Para las minorías, su protagonista, Doss (interpretado por el Spiderman Andrew Garfield) es alguien con el que se podría ir a cualquier parte y abordar cualquier cometido sin mirar atrás, porque es uno que cree en lo que hace y hace lo que cree.

Enrique Chuvieco, ReL, 12-16

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