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¿Puede el católico permanecer pasivo frente a la historia?

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¿Puede el católico permanecer pasivo frente a la historia , dejando en manos de los que quieren manejar la historia, el fin del hombre? Las leyes sobre los “derechos humanos”, que consideramos ofensivas para la dignidad del hombre, pronto se impondrán, aquellos que no las observen serán castigados. ¿Es demasiado tarde para actuar y evitarlo?

 

Con un cierto grado de miopía, se observa que la presencia de Dios en la historia parece estar en contradicción con el comportamiento de los hombres, que lo ignoran cada vez más. Se podría decir que la historia del mundo ya no se rige de acuerdo a las enseñanzas de Cristo. De hecho, parece que muchos cristianos ya no están convencidos de que Cristo ha vencido a la muerte y el pecado, y por lo tanto, imitándole, ellos pueden hacer lo mismo, convirtiéndose en este sentido en levadura en el mundo para vencer el mal. ¿Por qué el cristianismo parece haberse convertido en una cultura, en lugar de ser vivido (triunfando así sobre el mal)?

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¿Por qué muchos temen , sin duda equivocados, que la Iglesia pueda ser obligada a entregarse al mundo mediante la aceptación progresiva de unracionalismo teológico inmanente cada vez más separado de la trascendencia, y por lo tanto dispuesto a relativizar los dogmas de la fe? ¿Por qué muchos temen, equivocados, que los guardianes de la tradición podrían estar dispuestos a reducir la objetividad de Dios en la esfera intelectual? Lo suficiente como para imaginar que, como resultado, Dios pueda incluso ser considerado un obstáculo a superar, para permitir al hombre aprender a “ayudarse a sí mismo”, emancipando la moral humana. En realidad, quizá, se acaba de dejar al hombre que se ahogue en el mar tempestuoso de la “fe y razón” en el que no ha estado, desde hace algún tiempo, entrenado para nadar.

 

Pero, ¿puede el cristiano  aceptar ser un espectador de estos cambios, limitándose a criticarlos, sufrirlos y soportarlos, resignándose a ellos? ¿Puede un cristiano fingir estar de acuerdo con la cultura dominante que quiere el “mal”, resultado de la ignorancia? ¿Qué quiere él mismo, un animal inteligente, fruto del caos y con la dignidad de los animales?

 

Entiendo la prudencia e incluso el miedo, después de haber visto el final al que llegaron los que expresaron heroicamente la comprensión de la fe, pero ¿hemos entendido que si no reaccionamos ahora vamos a perder la libertad para hacer el bien? ¿Sabemos que no hay verdadera libertad sin Verdad? Si no reaccionamos dejaremos que este “pobre hombre” decida lo que quiere saber y lo que quiere creer, sin haber alimentado adecuadamente el intelecto y el espíritu.

Si no reaccionamos dejaremos que falten el amor, la piedad, el temor de Dios… Vamos a ver leyes globales que establezcan que la verdadera fe es no tener fe.

 

Nosotros todavía sabemos que separando al hombre de Dios , el hombre se degenera paulatinamente, hasta el punto de pensar que él es Dios y creando un trastorno universal. Sabemos que la solución a este trastorno, cuando se propone legislarlo, no está siempre en elegir el menor de dos males, sino en ir con decisión en contra de los males de una vez por todas.

 

Hemos dilapidado los dones del Padre , que la Iglesia ha conservado y transferido a nosotros durante dos milenios. Deberíamos ser como el evangélico “hijo pródigo”. A diferencia de él, sin embargo, la tentación de esta época es la distancia respecto el Padre. Nos han hecho ricos en bienes materiales y bien alimentados. No tenemos hambre de comida ni necesitamos cosas.

Tenemos hambre de Dios, necesitamos fe para fortalecer el espíritu y el magisterio para fortalecer el intelecto.

Tenemos el espíritu cada vez más débil a fuerza de hacer mal uso de la naturaleza, el intelecto y la voluntad.

El pecado nos ha hecho estériles, tanto que por nosotros solos no vamos a encontrar fácilmente la casa del Padre. Tenemos necesidad de ayuda. Ayuda de sacerdotes santos que vengan a confesarnos, que nos vuelvan a enseñar a orar, a “adoctrinarnos” bien. Entonces será un juego de niños (de hijos de Dios), el volver a ser activos frente a la historia y cambiarla para bien…

 

 Ettore Gotti Tedeschi en La Nuova Bussola, Italia.

 

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