documento conclusivo
La Conferencia de Aparecida (el V CELAM) estuvo integrada por una inmensa
mayoría de Obispos. En ella hubo también una representación muy
pequeña de laicos que pudieron manifestar algo muy claro: que la Iglesia no se
limita a la jerarquía sino que, en la misma comunión, es todo el Pueblo de Dios.
Esto estuvo presente a lo largo y ancho del Documento final, pero de manera
especial en el capítulo V donde, al hablar de las vocaciones específicas, dedican
siete párrafos a los “fieles laicos y laicas, discípulos y misioneros de Jesús, Luz
del mundo”.
Aparecida retoma del documento de Puebla una expresión que es la clave de
lectura de todo su mensaje: “los laicos y laicas son hombres y mujeres de la
Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón
de la Iglesia” (Aparecida 209). Es una expresión audaz y en clara continuidad
con el Concilio Vaticano II, que situó el tema del Pueblo de Dios en el corazón
de su eclesiología, expresado firmemente en la Constitución sobre la Iglesia
“Lumen Gentium”. De esta manera, el Documento de Aparecida, al hablar específicamente
de los laicos, se pone en la misma línea del Vaticano de Medellín
y de Puebla al que cita expresamente.

También señala claramente como ámbito propio de los laicos “el mundo basto
y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también
el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los
mass media, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la
familia, la educación y el trabajo profesional” (Evangelii Nuntiandi 70). Insiste el
Documento en el testimonio y actividad que contribuya a la transformación de
las realidades y a la creación de estructuras justas según los criterios del evangelio.
Del mismo modo, hacer creíble la fe mostrando autenticidad y coherencia en
su conducta. Reitera la intención de que los laicos tengan una formación sólida,
doctrinal (hubiera sido mejor decir teológica), pastoral y espiritual.

laico
El Documento les pide a los pastores que tengan una mayor apertura de mentalidad
para acoger el “ser” y “hacer” de los laicos en la Iglesia. Reconoce el
fortalecimiento de los movimientos laicales y los consejos parroquiales (diocesanos
y nacionales) donde participen en un mayor discernimiento y asuman
responsabilidad e identidad. Termina el apartado en una expresión claramente
inspiradora: “la construcción de ciudadanía en el sentido más amplio, y la
construcción de eclesialidad en los laicos es uno solo y único movimiento”
(Aparecida 215). Con estos rasgos se ha ganado claridad, belleza y alegría ser
laicos en América Latina. Nuestros Obispos, de manera todavía intuitiva, nos
ofrecen una serie de aspectos que pueden fomentar una comunión

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