Comunicado del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

1.- Nosotros, laicos católicos del País, representantes del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela y de los Consejos Diocesanos de Laicos, reunidos en Asamblea en Caracas, agradecemos a Dios por el testimonio valiente de fe y de amor de nuestros Pastores, al mismo tiempo que, en comunión con ellos, reafirmamos nuestro compromiso cristiano para obrar movidos por el mensaje de Jesús, y no por otros intereses, dispuestos a denunciar sin miedo todo aquello que va contra los valores evangélicos, que viola la dignidad humana y sus irrenunciables derechos, y a anunciar con entusiasmo, como los primeros cristianos – no obstante las persecuciones, más aún, orgullosos de ellas porque nos asemejan al Maestro – el mensaje del amor.

2.- En consecuencia, queremos alzar nuestra voz en solidaridad con la Conferencia Episcopal Venezolana, su directiva, y en particular con Su Eminencia el Cardenal Jorge Urosa Savino, injustamente denigrados por señalar problemas y verdades que, no sólo ellos, sino también la gran mayoría de los venezolanos sentimos. Además de que no deben renunciar a su vocación y misión de Pastores de la Iglesia, ejercen el derecho constitucionalmente amparado como ciudadanos venezolanos, a la libre expresión de su pensamiento. Rechazamos igualmente las injustas agresiones, por parte de altos personeros del Gobierno, a personas e instituciones, hiriendo inclusive el sentimiento religioso de diversas confesiones y comunidades.

3.-  Apoyamos  y nos adherimos plenamente a cuanto nuestros Obispos han declarado en la Carta Pastoral  con  motivo del Bicentenario de la Independencia de la República y en su última exhortación emanada de la reciente XCIV Asamblea Plenaria Ordinaria. Reafirmamos el amor a nuestra Madre la Iglesia,  al Santo Padre Benedicto XVI  y a su Representante Pontificio en Venezuela, quienes también han sido irrespetados.  

4.- Por encima del clima de división, violencia, agresión y hasta odio, las palabras de Jesús nos iluminan y nos llenan de fortaleza y esperanza: Bienaventurados los pacíficos, los que tienen sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los perseguidos… (cf. Mt. 5,1-12) y con Él, pedimos para todos aquellos que nos están ofendiendo y haciendo sufrir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34).

5.- Anhelamos un País en el que se respire un nuevo aire de entendimiento  y reconciliación; en el que sean posibles el diálogo, la confianza, la seguridad, la paz, pero ello no será realizable si no lo construimos todos juntos, en el respeto mutuo, en la  sinceridad, en la verdad, en la búsqueda del bien común. “Sentimos que Dios y la Patria nos llaman e interpelan, en primer término, a colaborar en la construcción o más bien reconstrucción material y espiritual de la República en un clima de solidaridad y convivencia, que incluya a todos y en la que todos tengamos vida en libertad”. (Carta Pastoral CEV, Bicentenario, 12.01.2010, N.28). Reiteramos, por ello, nuestro compromiso, de palabra y de obra, a involucrarnos en los destinos de  la Patria. Soñamos y pretendemos que se respete el derecho de los ciudadanos a pronunciarnos sobre políticas que, en lugar de ser presentadas para debate y decisión ante la nación, van siendo aplicadas con el ejercicio indiscriminado del poder sin considerar a quienes directamente nos afectan.

6.- Este año electoral es una ocasión para salir de la apatía, superar el desaliento y ejercer, libremente,  nuestro derecho al voto, revisando las propuestas de fondo de los candidatos que los distintos partidos políticos nos ofrecen, porque nuestra participación activa y consciente tendrá consecuencias en el futuro inmediato. Por ello, nos comprometemos a hacer cuanto esté a nuestro alcance para crear en nuestros propios ambientes las condiciones de participación más favorables, sobre la base del diálogo y el respeto mutuos.

7.- Necesitamos pues, más que nunca, crear y reforzar nuestros lazos de fraternidad, de unidad, con todas las personas de buena voluntad, compartiendo las alegrías y los dolores, las tristezas y esperanzas,  los temores y las ilusiones de nuestros hermanos, especialmente los más pobres,  y buscar juntos soluciones a los verdaderos problemas que aquejan al País, que día a día ve truncado el futuro de tantos venezolanos. En las actuales circunstancias, y contra la campaña de amedrentamiento, que tiene como objetivo generar tristeza y pasividad  y lleva a la desesperanza – sentimientos que son ajenos a nuestra fe – se nos presenta una oportunidad para involucrarnos todos, como Iglesia, en la campaña para fortalecer la esperanza. Dios, el Señor de la historia, no abandona a su pueblo.

8.- Confiamos a nuestra Madre, la Virgen de Coromoto, Patrona de Venezuela, nuestras preocupaciones y esperanzas, pidiéndole que interceda ante su Hijo para que nos conceda el don del discernimiento, vigorice nuestra fe y nuestra esperanza y nos inunde con su paz.  Para ello, invitamos a todos los laicos del país a intensificar la oración y la reflexión, así como a organizar una jornada nacional en torno a María, en su fiesta, el próximo 11 de septiembre.

 

Caracas, 18 de julio de 2010

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